Últimos relatos eróticos:

Motel III

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Después de mucho tiempo prostituyéndose, decide acostarse por placer con una joven que vive en el mismo motel que él (Tercera parte de "Banned Pleasure Palace").

La fascista, el liberal y el democristiano

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La fascista estaba sentada en un trono, descalza. El liberal y el democristiano estaban de rodillas ante sus pies y se los iban lamiendo, desde la planta hasta los tobillos, sin olvidarse de sus diez deditos. El liberal prefirió quedarse con el pie izquierdo, por aquello de que son el ala izquierda.

Carla y su peculiar zumo de cebada

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A Carla se le ocurre un plan para vengarse de esos guiris asalvajados. Coge una jarra vacía y entra en los baños de mujeres. Descarga su vejiga en la jarra. Un tercio de su capacidad queda llena de orina. Sale del servicio y le dice a la camarera, que es una buena amiga...

Carla y su peculiar café cargado

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En el espacio de tiempo en el que Carla se quedó sola en la mesa, quedó pensativa, se le había caído el cielo encima. Entonces ideó un plan de venganza. Estaba acatarrada, tenía carraspeo. Comenzó a acumular saliva en la cavidad bucal. Carraspeó dos o tres veces, con tanto ímpetu, que...

Carla y su peculiar sopa de pezuñas

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En una palangana de agua caliente remojó sus pies unos minutos. Después se fue cortando las uñas, aprovechando que estaban blanditas. También se cortó las uñas de las manos y las depositó en el interior de la palangana. El agua estaba muy turbia ya. Recordó que debía rasurarse los sobacos.

Una pareja de lesbianas me usó a su capricho

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Me arrodillé y comencé a lamer las cuatro plantas de sus esbeltos pies. Tragándome casi sin saborear mucho, mi propia lefa. Emma y Rosa se reían al ver la desagradable cara que yo ponía. Después fui chupando los veinte deditos, muy despacio. Succionaba y mordisqueaba cada uno de ellos.

En la tranquilidad de Montana

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Eleanor toma una decisión: invitar a Maya a acompañarla junto a su hijo, James, en un viaje a su cabaña en Montana. El pretexto es simple y lógico: realizar algunas reparaciones necesarias y aprovechar la oportunidad para disfrutar de un fin de semana lejos del implacable mundo empresarial de BD-SBS

Una mansión que acoge infinidad de orgías IX

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Lourdes ideó una sesión peculiar de sadomaso. Ata a la pared a sus clientes, a unas argollas, totalmente desnudos. Ella se dedica a darles patadas en su entrepierna. Primero descalza y luego cambiándose de calzado, desde el más suave (como unas alpargatas), hasta el más rudo (como zapatones).

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