Victor llegó borracho otra vez. Después de una pelea llena de verdades hirientes, intentó compensarlo bañándome. Pero sus manos ya no lavaban. Tocaban. Exploraban. Con cada caricia indebida, con cada dedo que se deslizaba donde no debía, sentí cómo el hermano que conocía desaparecía....
Víctor lo sacrificó todo por mí. Vendió la casa de nuestros padres, gastó hasta el último centavo en mis tratamientos y terapias. La herencia desapareció. Los lujos se fueron. Hasta que solo quedamos nosotros dos, atrapados en un diminuto cuartucho.
Lo llevé hasta el sofá grande de la sala. Me acosté boca arriba, abrí bien las piernas y le mostré mi pussy completamente depilado, suave, rosado y ya brillante de excitación. Mis labios hinchados se separaban ligeramente, revelando mi interior húmedo.
Si vas a hacer una travesura, no la hagas a medias. Sonia y su hijo Joaquín quedan atrapados por un huracán en un hotel de lujo. Él, pura inseguridad; ella, mujer de negocios que no admite negativas. Lo que empieza con pequeños juegos para quitarle la timidez, termina rompiendo todos los límites.
Desde esa noche, mi culo dejó de ser virgen, y ahora lleva su nombre. Cada vez que él quiere, me toma por detrás y me penetra desenfrenadamente con su enorme polla mi estrecho culo. El placer de sentirlo llenarme de semen el culo es el mejor regalo que un hijo le puede dar a su madre.
El riesgo de ser sorprendida y la excitación que me produce masturbarme en público, me han llevado a tener un squirt a bordo de un taxi de app. Y bueno, como dicen por ahí, una cosa lleva a la otra. He sido descubierta por el conductor y terminé aceptando una invitación a disfrutarnos en un motel.
El voyeur metódico, cruza su umbral. La familia convierte la trampa en una sesión de dominación psicológica y placer retorcido, quebrando su fachada. Parecen ganar, hasta que un mensaje final revela una verdad aterradora: solo son un eslabón en una cadena de depravación más larga.
El horror se profundiza: encuentran una cámara espía dentro de su propia sala. La violación es total. El sexo se convierte en un acto de guerra desesperada, una pila animal para reclamar su espacio. Pero el acosador anónimo les da un ultimátum: déjenme unirme en persona, o serán destruidos.
Dante sabe. Su chantaje no es por dinero, sino por entrada a su intimidad. Forzados, la familia lo permite en una noche de sexo grupal sórdido y dominante. El enemigo ya no está fuera; es un participante en su ritual, mancillando su santuario.
Este relato es real y llega hasta la actualidad, eso sí, aunque en estos relatos aparecerán cuatro sumisas, realmente, solo son tres, aunque espero conseguir a Conchi, la madre de Miguel, porque a pesar de sus años, me trae por la calle de la amargura. Todo lo demás lo narro tal y como sucedió.
Cuando tienes un don, hay que usarlo. El don de Amanda White, es particular, consiste en que los seres sobrenaturales no pueden resistirse a follársela. En este caso en particular tendrá que vérselas con una extraña criatura salida de la tumba ¿O quizás sea otra cosa?
Cuando Matilde recibe su robot doméstico no pudo estar más que contenta. Lo que no sabía es lo mucho que están dispuestas estas máquinas a complacer a los humanos. Aunque sea sin su consentimiento
El deseo se institucionaliza en encuentros nocturnos planificados. Exploran cada combinación, cada fantasía, creando un lenguaje propio de gemidos. Su casa es un templo al secreto, hasta que la mirada persistente del vecino Dante empieza a filtrarse a través de las persianas.
Sin vuelta atrás, abrazan su nueva realidad. Gael y Renata exploran su deseo fraternal, mientras los padres redescubren su pasión con un cómplice perturbador. La euforia de la transgresión se mezcla con el miedo latente: alguien más podría estar observando su pecado.
Un apagón los aísla en la oscuridad. Lo que empieza como un juego de verdades se transforma en un beso prohibido entre hermanos. Esa chispa enciende un fuego que promete consumir todos los límites familiares, llevándolos al borde de un abismo de lujuria desconocida.