Me acerque lentamente a ella y bese sus labios, mientras la tomaba con mis manos de la cintura...
El beso duro unos 10 segundos aproximadamente...
Puse mi mano en su pierna y comence a subirla lentamente en dirección a su mini falda... Ella comenzo a sonrojarse...
El uso del uniforme de enfermera como contraste: la “sanadora” termina siendo la “putita del sótano”. La frase final —“avergonzada de que ya estuviera contando las horas”— convierte la humillación en necesidad; la vergüenza se vuelve adicción.
Hola les cuento primero tenia 48 años me junte muy joven pues salí embarazada ahora estoy llenita unas tetas grandes caídas por la edad pezones cafés clarito y gordo antes eran rositas tengo un rollito por panza y unas piernas gruesas un culote que ya no está tan firme de joven
Mientras yacía boca abajo con las nalgas y espaldas llenas de semen, disfrutaba recordando el momento tan excitante que había disfrutado. Entendí que me encantaba mamar verga y ser penetrado.
Yo tenía la fantasía de ver a mi esposa sometida por un perro... y por suerte una noche de mucho vino, mi fantasía finalmente se hizo realidad... y ahora es ella la que quiere más y más...
Tengo una silueta marcada por curvas suaves: piernas torneadas, caderas amplias y un trasero generoso que no pasa desapercibido ni siquiera para mí. Soy muy blanco, de piel clara y tersa, porque desde niño aprendí a cuidarla. Mis pies, pequeños —talla 36—, delicados y bien formados.
Recogiendo a mi hijastra de un antro por la madrugada, ella venía toda ebria y algo tomada, ella vestía de forma muy sexy y a mi me gano la tentación por su escultural cuerpo y como venia vestida...
Viviendo juntos mi esposa y mis hijastras...
Pero en mi mente empece a cruzar esa delgada línea que yo no quería llegar a cruzar, porque al hacerle el amor a mi esposa Kimberly esa noche, aunque obviamente yo no se lo dije a ella, yo empece a fantasear con mi hijastra mayor...
Esteban se levantó y de un solo movimiento me cargo, yo me agarre fuerte de su cuello y con mis piernas trate de rodear su cintura pero el era muy grande, mi negro con sus manotas me agarraba mis grandes nalgotas y su miembro grande e imponente y duro como el metal...
El uso del sonambulismo como máscara de consentimiento: don Raúl no necesita amenazar ni atar; basta con la ilusión de “no despertar al sonámbulo” para que Valeria acceda. El beso final en la cocina, con la nalgada y la promesa de “guiarte despacio”, convierte la infidelidad en pacto erótico y casi
"Carolina buscaba en mi vicio la intensidad que su esposo ignoraba. Una historia de traición, deseo y el descubrimiento de su verdadera naturaleza bajo mi mando."