Última entrega de un fin de semana con Dina, la camarera del patio de comidas del shopping. Había que romper sus bloqueos y mostrarle que podía disfrutar del sexo pleno.
Después de una sesión de cine muy caliente en la que nadie vió la película pero todos salieron muy calientes de la sala y con gans de mucho más... las hermanas Isabel y Melisa, con sus amigos Sara y Marcos se fueron juntos al apartamente de Sara entre luz cálida, unas cartas muy picantes
Mientras mi esposa estaba fuera, convertí el ano de mi hija en un recipiente, la llené de crema, chocolate y fresas… la follé, la revolví y la usé hasta que el pastel estuvo listo.
Mientras llevaba a mi hija a la escuela, la lujuria nos dominó. En un estacionamiento abandonado, la follé sin piedad sobre el capó… y fue ahí, entre gemidos y lágrimas de vergüenza, que Sabrina me confesó su fantasía más retorcida…
Siguiendo sugerencias de un amigo, se hace un cambio de imagen y vamos en busca de sangre joven. Dina, una mesera del patio de comidas del shopping, es la beneficiada.
Todo comienza al crear una cuenta compartida con una ex pareja, yo no tenia más almacenamiento y al querer usar esa cuenta descubrí que ella ya me había ganado en la idea
De madrastra, a madre y ahora amante. A mi papá le queda más fácil resignarse a que ya perdió a una extraordinaria mujer, y que con su comportamiento, me allanó el camino para hacer feliz a la mujer más completa que pudo pasar por nuestra vida.
A veces el amor no llega en la forma que imaginamos. Me terminé enamorando de la mujer menos esperada: aquella que apareció sin promesas, sin planes y sin buscar ocupar un lugar en mi vida. Pero fue precisamente su manera de mirarme, de entender mis silencios y de quedarse cuando nadie más lo hacía.
Tengo 23 años y estoy casado con Luna. Siempre supe que mi pene es demasiado pequeño para satisfacerla. Desde antes de nuestra primera vez fantaseaba con verla follar con otros. Cuando lo hicimos, vi su decepción. Tras años de sexo malo, ella me confesó que extrañaba penes grandes.
Imagínate que le estás metiendo la verga mientras me estás dando a mí.
Se subió encima, se bajó las bragas y se sentó sobre mi verga. Estaba mojada. Muy mojada. Se dejó caer despacio, gimiendo cuando me sintió entrar en su vagina.
¿Y si vendía mi cuerpo? Solo una noche. Sin compromisos. Sin riesgos. Yo ponía las reglas. Me registré en un sitio web para escorts de alto perfil. Cuidé cada detalle: fotos sugerentes pero finas, luz suave, mirada traviesa
La hice venir una vez con la boca. Después la volteé en cuatro y se la metí de un solo empujón. Esta vez no fui suave. La cogí con fuerza mientras Dariana gemía sin control, empujando su culo hacia atrás para recibir mi miembro tan duro.
La escuché quitarse la ropa. El sonido de la blusa y la falda cayendo al suelo. Luego sentí cómo se metía a la cama, despacio, con cuidado de no despertarme.
Las temperaturas altas, el calor sofocante, el sudor extremo, testigos en primera plana del amor prohibido y del deseo carnal, en calor en el miembro es algo inevitable.
Clímax del retiro: sesión de doce horas ininterrumpidas. Érica y Camila son usadas en ciclos metódicos; los hombres deben aguantar y cambiar de posición antes de correrse. Escenas de sexo obsceno, dobles penetraciones y sexo anal intensivo llevan sus cuerpos y mentes al límite absoluto.
Un retiro aislado de tres días con los seis hombres. Serie de juegos, pruebas y usos constantes diseñados por Javier, explorando límites con el frío, inmovilización y humillación verbal. La familia es llevada al borde de su capacidad.
La familia regresa a casa, pero la obsesión consume su vida diaria. Practican con dilatadores y juguetes para prepararse para un "evento mayor", mostrando su creciente dependencia de la adrenalina del sexo grupal.