Una increíble aventura en un campamento de verano

Una increíble aventura en un campamento de verano

El partido de fútbol había terminado perdiendo nosotros 1 a 0.

Fue un gol por penal el que decidió nuestra suerte y a pesar de lo que digan yo venía buscando el balón y no los pies de nadie.

El otro chico se cayó por su cuenta, sin ninguna zancadilla, intentando así obtener el deseado penal y claro al convertirlo ya en los descuentos del segundo tiempo se produjo la desigualdad y ganaron.

El resto de los muchachos no me perdonaron tan fácil lo del penal y todo el camino hacia las regaderas eran sólo palabrotas y sobrenombres los que oía.

En realidad estaba ya con ganas que ese campamento de verano terminara, por un lado nos mantenían todo el tiempo separado de las chicas.

Ellas asignadas a una orilla del lago y nosotros en la opuesta, y por otro, los dos únicos bailes que se hacían durante esos dos meses estaban, para nuestro total aburrimiento, cuidadosamente vigilados por viejas chaperonas.

Ya en las duchas y mientras me jabonaba observé algunas miradas de complicidad y sonrisitas en los otros chavos y al abrir los ojos después de enjuagarme el champú del pelo me percaté que estaba solo en las regaderas, y que los muchachos se habían escabullido llevándose toda mi ropa con ellos.

Como las regaderas eran unas construcciones improvisadas con ramas de eucaliptos y estaban muy alejadas de nuestras cabañas me imaginé que la broma consistía en obligarme a caminar o a correr mejor dicho desnudo como estaba todo el camino de regreso.

Para no darles en el gusto y siendo muy buen nadador resolví entonces hacer el trayecto por el lago que bordeaba el campamento y así llegar a las carpas por la entrada posterior riéndome esta vez yo de todos ellos.

Al introducirme al agua noté sin embargo que no sólo estaba heladísima hasta el punto de dolerme incluso en el área de los sacos sino también que llevaba bastante corriente.

Con todo me sumergí y comencé a nadar.

A pesar que trataba de mantenerme cerca de la orilla, la corriente me hacía alejarme cada vez mas de ella y al cabo de algunos minutos comprendí mi error al ser llevado por las aguas corriente abajo hacia la orilla opuesta.

Continuar nadando por ese lado me conduciría al área de las viviendas de las muchachas y eso era inconcebible y mas aun sin nada encima.

Resolví entonces al divisar un recodo arenoso y cubierto por árboles salir del agua, tomar un descanso y ver la forma de alcanzar nuevamente a nado y en contra de la corriente el lado opuesto.

Me hallaba ya en la arena buscando algún madero para ayudarme a flotar a mi regreso cuando observé helado que a un par de metros sobre mi cabeza en una roca semiplana había un grupo de niñas observándome con gran curiosidad.

Eran cinco muchachas todas luciendo trajes de dos piezas.

Mi primera reacción al verlas fue de lanzarme derecho al lago pero ellas adivinando mis pensamientos me dijeron que no intentara volver al agua porque darían de inmediato la voz de alarma y no llegaría muy lejos.

Sintiéndome inmovilizado y lleno de vergüenza me cubrí con ambas manos mi miembro pero momentos después las chicas se habían deslizado de la roca y se encontraban junto a mi cubriendo la salida al lago.

Una de ellas, rubia de unos diecisiete como yo, rompió entonces el silencio diciendo que no les interesaba saber mi razones de haberme atrevido a llegar a nado hasta el área de ellas y todavía haciéndolo totalmente en bolas, que eso era cosa mía pero que ahora debía seguir sus órdenes y entretenerlas por algún tiempo.

A cambio de eso me dejarían al cabo de un rato volverme por donde había venido.

Cualquier desobediencia sería suficiente para tener allí a las dirigentes en cosa de segundos.

La misma rubia habló entonces nuevamente diciéndome que las manos mas que para cubrirme mi sexo las necesitaría para trepar, que me encaramara de inmediato en aquella palmera de doble tronco que crecía a un costado de la gran roca.

Sentí un alivio al pensar que treparía de espaldas a las chicas y llegué rápidamente a las hojas superiores, siempre manteniendo el estómago y los genitales alejados de la corteza para evitar rasparme.

Una de ellas me dijo riéndose entonces que trepaba mejor que el mismo Tarzán y todavía mucho mas sexi al hacerlo sin taparrabos.

De nada me sirvió descender tratando de juntar bien los muslos porque al llegar abajo se me ordenó hacer 15 lagartijas con las piernas bien separadas.

Mientras las hacía una de ellas comentó a las otras «es un chico estupendo, mira que sexi como tensa ese cuerpo desnudo enseñando sus anchas espaldas y ese trasero fuerte y musculoso».

Que lástima, oí decir a otra, que no observemos esa misma tensión en su miembro ya que me gustaría verlo enseñándonos una buena erección.

Eso no lo conseguirás manteniéndote a la distancia, dijo la primera chica, y antes que me diera cuenta sentí una lengua húmeda besándome por detrás toda la base de mis sacos.

A pesar de encontrarme nervioso por mi precaria situación sentí una sensación muy agradable la que se convirtió en verdadero placer al sentir una segunda lengua introducirse entre mis piernas hasta alcanzar mi verga para comenzar de inmediato a succionarla con toda la boca.

La primera muchacha no conforme con lamerme los sacos recorría ahora toda la partidura hundiéndola incluso en los territorios mas prohibidos y de mayor placer.

Aparentemente las cinco chicas querían participar y viéndolas así todas excitadas y ahora en posiciones tan comprometidas comprendí que ya no darían la voz de alarma y que de mi dependía prolongar esta increíble experiencia, eso sí, recobrando de paso mi orgullo de macho.

Cuando me puse de pie pude ver que tenía la verga erecta como un sable y a pesar que una de ellas ya se había hincado como hipnotizada para comenzar ahí mismo a mamarla la detuve y dirigiéndome a las cinco les indiqué que a pesar que me tenían muy caliente como se veía por el tamaño y tensión de mi miembro, las cosas se harían desde ahora a mi manera, y si yo iba a ser un Adam desnudo quería a las Evas de la misma forma.

Momentos después no podía creer mi suerte al verlas a todas en sus preciosos cueros, con sus deliciosos melocotones ya liberados del biquini y mas abajo con una vista perfecta de sus exquisitos sexos, cuatro de ellas coronadas con bello, la chica rubia, en cambio, sin ellos y mostrando así los deliciosos labios de su sexo.

Decidí entonces que esta última sería la primera en probar mi herramienta y llevándola a la arena le introduje mi lengua en su boca recorriendo con ella el interior de sus labios, llenando la mía de su saliva la bajé hasta sus senos, duros y grandes, dejándola caer libremente en ellos.

Sentí entonces deseos de besarla en su sexo y ya había llegado a sus piernas y me disponía hacerlo cuando sentí que la cabeza y el frenillo de mi verga era succionada por una lengua ávida de deseo al tiempo que otra chica introduciéndose con su preciosa cara entre mis cachetes me lamía al mismo tiempo, toda la partidura y orificio.

Al sentirla ahondar en él no me pude contener mas y me vine con todo en la boca y cara de la que estaba succionando mi órgano.

Me puse entonces rápidamente de pie y con mi propias manos agarré mi palpitante miembro permitiéndole a cada chica y con cada derramada bañar sus preciosas caras y cuellos con mi fresca leche.

Conociéndome sabía que no tardaría en reponerme, mas aun con una de ellas lamiéndome ahora las tetillas y otra al desviarla por el momento de mi órgano, me producía placer en toda el área de los muslos próxima a los sacos.

Momentos después, nuevamente con la verga rígida y apuntando muy por encima de mi ombligo me decidí a penetrar primero a la rubia por haber sido ella la que me obligó a ese juego de trepar en la palmera y rasmillarme una rodilla en el descenso y además porque estaba loco de ganas de introducirme en su interior.

La puse como perrita con las piernas bien abiertas, quedando a la vista su culo colosal.

Al penetrarla comprobé que no siendo virgen estaba muy bien lubricada y con cada envestida llegaba mas y mas a fondo.

Las otras no queriendo ser sólo espectadoras besaban y lamían por detrás y con verdadera hambre la parte de mi sable y sacos que se mantenía libre después de cada retirada.

Sentía que todo el sexo de la rubia era una honda cueva de puro placer, y a ello se sumaban las ardientes y húmedas lenguas de las otras que intentaban devorar lo que quedase afuera.

Seguí follándola con toda mi pasión teniendo cuidado de mantener el trasero no muy tenso y las nalgas algo sueltas para no venirme esta vez tan rápido y así poder probarlas a todas.

Entonces vino la desgracia; las otras muchachas, algo impacientes, y con el deseo de también tener su turno, habían estado pasándonos la lengua a los dos y trabajando arduamente en el clítoris de su amiga y de repente ésta inundada por el placer tuvo un orgasmo salvaje con gritos tan altos que incluso el taparle la boca no fue remedio para ahogarlos.

Su placer incontenido había dado con furia la voz de alarma y comprendiendo la delicada situación decidí venirme rápidamente con toda mi leche en su interior, sintiendo sobre todo en el área de los sacos un tremendo placer.

Me separé entonces velozmente de ella y corriendo hacia el lago salté casi los dos metro de juncos para introducirme de inmediato en el agua.

Ya al oír el sonido de rápidas pisadas seguidas por voces altas y roncas me decidí a emprender el regreso nadando contra la corriente.

Al cabo de casi una hora de extenuantes brazadas tratando de salvar un poco mas de una milla pude alcanzar el otro extremo del lago, divisando la sección de carpas de los muchachitos del primer nivel.

Entre las risas de estos al verme todo mojado y en cueros pude conseguir que me facilitaran unos shorts diminutos con los que llegué hasta mi sección ubicada a casi tres millas de distancia de pura subida.

Mis compañeros, en un comienzo, al verme se alegraron muchísimo ya que mi gran tardanza los tenía sumamente preocupados, pero luego al terminar de relatarles mi hazaña estaban todos los chavos tan envidiosos por no haber participado de mi loca aventura que terminé defendiéndome a puñetazos como pude.

A pesar que llegaron vagos rumores que habían sorprendido a un grupo de chicas procurándose placer entre ellas, el baile de fin de campamento se llevó a cabo como estaba programado.

Luciendo un terno azul con corbata roja y bien peinado hacia atrás, tuve la ocasión de bailar esa noche con las cinco muchachas de mi aventura.

Mientras bailábamos ellas sonriendo en sus elegantes vestidos de noche dejaban escapar picaronas miradas de complicidad.

Mi último baile, ya casi de madrugada, resultó ser con Verónica, la exquisita rubia que tanto placer sexual me había procurado algunos días antes en aquel verano.

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