Fuego en la noche prohibida
El reencuentro de Felipe y Alex desata una pasión latente que se transforma en una noche inolvidable de deseo y triple entrega, cambiando su relación para siempre
Relatos eróticos sobre consolador
El reencuentro de Felipe y Alex desata una pasión latente que se transforma en una noche inolvidable de deseo y triple entrega, cambiando su relación para siempre
Lo embarré con el jugo que ya estaba escurriendo, lo completé con el lubricante que me diste y me dispuse a colocarlo en la entrada de mi culito, el cual respingó al sentir por primera vez algo que se disponía a invadirlo, empujaba y soltaba, empujaba y soltaba, no lograba meterlo, hasta que se me
Abrió los labios para formar un anillo y lo deslizó desde el glande hasta la base del fuste. Se la mamó durante un buen rato hasta que, al intuir el inminente orgasmo —la respiración agitada de León, sus ronroneantes gemidos, la elevación de sus caderas—, apartó la cara y agarró la polla para...
Clara tiene una educación tradicional pero termina descubriendo que los juguetes sexuales pueden ser muy divertidos. Con uno de ellos tuvimos uno de los mejores polvos de nuestra vida.
Se trataba de una señora con el pelo rubio de unos 40 años tendida en el suelo totalmente desnuda y que se estaba metiendo un consolador negro por el coño y otro más chico asomaba por su culo , nosotros dos ocultos tras la maleza nos estábamos poniendo a cien, yo en particular estaba notando que mi pija se estaba hinchando y pedía a gritos que la sacara y la masajeara hasta sacar toda la leche que tenía dentro.
Hoy tenia unas ganas locas de carne, de un pene, o lo que fuera que me penetrara desesperadamente, y como no tenía ninguna cita previa, y soy una mujer muy ardiente, me metí en el sex shop casi a la hora del cierre.
Completa el relato con la narración de lo sucedido despues de la costa atlantica y concluye con nuestra separación.
Historia de una mujer madura que descubre circunstancialmente el desenfrenado deseo sexual que despierta en uno de sus alumnos.
Cuando cruzo la entrada, se aparta ligeramente y noto como sus manos, vestidas con guantes negros, me acarician por detrás y se detienen en mis nalgas.
Susan me follaba como una posesa y no podía parar de gritar y decirle cosas inconexas, porque me volvía completamente loca y acabé corriéndome, sintiendo que al estar así de pie, doblada, me corría mi flujo por el interior de los muslos y un poquito de sangre.
Una noche cálida y aburrida. La luz de las farolas no daba demasiado resplandor. Estaba en casa. La televisión no tenía nada interesante.
A los treinta y ocho años en esa mañana de domingo la vista del jardín de la quinta (heredada de sus padres) a la media mañana, contemplando por la ventana el parque tan bien mantenido, lleno su mente de recuerdos, cayo como otras veces desde los 19 años en la autosatisfacción
Nuestros primeros años de casado fueron de gran actividad sexual y un sin número de juegos eróticos, producirnos nuestras películas eróticas, sacarle fotos desnudas en poses dignas de una estrella porno y todo lo que se puedan imaginar.
Pero Sonia permanecía con los ojos cerrados y frotando su raja, apretando los dientes mientras el caluroso roce de la ropa interior la encendía más y más hasta llegar irremediablemente a un delicioso orgasmo, que apagó entre pequeños gemidos. Según recuperaba la respiración contenida, jadeando silenciosamente, abría los ojos, sin apenas darse cuenta de que aquel miembro de goma le miraba directamente a la cara situado en el valle que formaban sus tetas.
Lo eche en el depósito del consolador y me dediqué a chuparlo, en mi habitual entrenamiento (quería hacerlo todos los días y así practicar), pero esta vez pensaba que era la polla de I en vez de la de K. A los pocos minutos presioné la pera y me tragué esa eyaculación.
Vero al darse cuenta de eso, me pidió que me pusiera en cuatro patas en la cama, cosa que hice por que intuí las intenciones de ella y la verdad que ya estaba cansada de sentir 1 o dos dedos únicamente en mi ano. Por lo que me gire. Ella siguió con el metí y saca por mi concha pero comenzó nuevamente a lamer y a introducir 1 y dos dedos en mi ano.
Cuando termino con mi tetas, me tumbo en el sofá, me quito el pantalón, me bajo las braguitas y empezó a acariciarme el coño, tan suavemente que me estremecía aun mas.
Su cuerpo le dolía, la extraña posición de brazos y piernas obligadas por las esposas y la presión de su espalda contra el suelo. Pero su confianza se resquebrajó cuando Bill, el armario negro se desabrochó los pantalones. No había visto en su vida una polla tan grande y ni siquiera usado un consolador tan descomunal así que se dio cuenta de que aquello iba a dolerle.
Y puso dos copas de vino y las lleno hasta arriba, entonces cogió una y se fue hasta su habitación, yo la seguí sin saber porque, entré en la habitación y vi lo más increíble de toda mi vida, en la habitación al entrar estaba el armario, después la cama, y a la derecha de la cama, había una mesa pequeña con varios consoladores de diferentes formas, yo me que dé parada, y vi como María, dejaba el consolador junto a los otros, se sentó en la cama me miró y me dijo.
Desde época muy lejanas los seres humanos han usado juguetes sexuales para gozar más del sexo. El dildo y los vibradores son un buen ejemplo.