Mi institutriz

Mi institutriz

Me llamo Elena, por usar un seudónimo, vivo en un piso pequeño en medio de la ciudad, los vecinos apenas nos conocemos, un día por la tarde, volvía de dar una vuelta y ver tiendas, cuando volví a mi edificio para descansar y merendar algo, me encontré en el pasillo que hay en la entrada del edificio, que lleva a las escaleras y al ascensor, a mi vecina de la puerta de la izquierda si miro de frente a la mía, que esta en el tercer piso, estaba cargada de bolsas de la compra, del supermercado, al verla que estaba muy cargada, le pregunte si quería que la ayudase, ella me dijo que si, y cogí tres bolsas y nos metimos en el ascensor, mi vecina a la que pocas veces veo, solo en contadas ocasiones por casualidad como ese día, (era una mujer de unos veintiocho años, rubia de ojos marrones claros, con rasgos faciales acentuados pero guapa de verdad, con un cuerpo bien formado), al llegar al tercer piso, le dije que le llevaba las bolsas hasta su casa, ella me sonrió, como dándome las gracias, abrió la puerta y nos metimos en su casa, era de grande como la mía, aunque adornada de manera diferente, nos fuimos hasta la cocina y allí dejamos las bolsas de la compra, ella me dio las gracias y me dio un par de besos, casi en los labios, yo sonreí, y ella me dijo que si la ayudaba a colocar las cosas en su sitio, yo como no tenía prisa le dije que si, que no me importaba, y empecé a coger cosas de las bolsas, y colocarlas en su sitio, donde ella me decía, cuando solo quedaba una bolsa, fui a coger lo que parecía una caja pequeña, para colocarla en su sitio, cuando al sacar la caja me di cuenta que aquello no era nada de comida, era un consolador, de plástico, yo me sorprendí mucho, mi vecina que se llama María, estaba lavándose las manos, y me volví hacia ella y le pregunte.

-Donde has comprado esto.

Ella me miro, miró la caja y con toda la naturalidad dijo.

-En un sex-shop. Y me pregunto

-¿Tu no tienes ninguno?.

-No le conteste.

Entonces María cogió la caja y la abrió, sacando el consolador de plástico de color rosa, apretó un botón y empezó a vibrar, y me dice.

-No sabes el gustito, que esto me da cuando esta dentro de mi.

Yo estaba algo cortada, pero al mismo tiempo estaba intrigada, incluso algo caliente al ver aquel consolador vibrar, entonces ella me dice.

-¿Quieres una copa de vino?

Yo le contesté. -Si gracias.

Y puso dos copas de vino y las lleno hasta arriba, entonces cogió una y se fue hasta su habitación, yo la seguí sin saber porque, entré en la habitación y vi lo más increíble de toda mi vida, en la habitación al entrar estaba el armario, después la cama, y a la derecha de la cama, había una mesa pequeña con varios consoladores de diferentes formas, yo me que dé parada, y vi como María, dejaba el consolador junto a los otros, se sentó en la cama me miró y me dijo.

-Pasa, no te quedes hay.

Yo entré y me puse al lado de ella sin sentarme en la cama, mirando los consoladores.

Ella sonrió y me dijo -¿Te gusta alguno?.

Yo cogí uno con mi mano derecha, pues la izquierda tenía la copa de vino, era de color azul muy largo que estaba enroscado, al levantarlo se desenroscó y era super largo, María sonrió y me dijo. –Has cogido mi preferido, el de doble cabeza, te lo puedes meter por el coño y por el culo a la vez.

Yo al ver aquello tan largo me puse super caliente, y María me pregunto otra vez, mientras terminaba de darle otro sorbo al vino. –¿Eres virgen verdad?.

Yo la miré me puse roja y le contesté.

-Tanto se me nota.

-No pero al mirar los consoladores de esa manera me he dado cuenta, aunque me extraña que una chica tan guapa todavía sea virgen (yo soy morena pelo largo, de ojos marrones, tengo buen cuerpo, me cuido mucho, pero lo que mas impresiona de mi, son mis pechos, grandes redondos con los pezones duros y suaves, la verdad es que es de lo que más orgullosa estoy de mi).

Yo miré a María y le dije. –Si la verdad es que ya tengo edad, para dejar de serlo. Entonces ella se hecho a reír.

-Yo empecé a masturbarme con catorce años y a los quince ya practicaba sexo. Me dijo.

Yo puse cara de impresionada y entonces salió de mi boca, casi sin darme cuenta sin pensarlo.

-Me podrías enseñar.

María termino de beberse el vino y me dijo que me bebiese el mío, yo en dos tragos me lo bebí, ella me cogió de la mano y me tumbo en la cama, se hecho encima mía, yo estaba muy nerviosa cogió el consolador, que tenía en mi mano y empezó a chuparlo por un lado, lo chupaba con esmero, metiendo se lo hasta el fondo de la boca y lamiéndolo todo, después se lo saco y me dijo que yo también lo chupara, me lo metí en la boca hasta el fondo y lo chupe, me dijo que no parase de chuparlo, mientras ella beso mi cuello y empezó a quitarme el vestido corto que llevaba puesto, dejándome con la ropa interior, se quedo mirando mis tetas y las toco manoseándomelas, eso junto con el consolador que tenía en la boca, me hizo empezar a ponerme realmente caliente, ella lo notó y me quito el consolador de la boca, después fue a por mi tanga negro, me lo quitó de un tirón, chupo el consolador y empezó a tocarme mi rajita, me puso a cien, estaba húmeda, no había tenido relaciones con nadie antes, a si que aquello me ponía a cien, María empezó a meter me el consolador por el coño despacio, mientras con un dedo de su otra mano me apretaba mi clítoris, yo gemía mucho me agitaba, estaba super mojada, ella me metió el consolador en el coño y lo dejo dentro, después empezó a moverlo dándole vueltas dentro de mi, vi como ella se quitaba su ropa, unos vaqueros ajustados y una camisa y se quedo desnuda era muy guapa, y unas tetas pequeñas duras y redondas, con unos pezones rosados, cogió el otro lado del consolador y empezó a chuparlo, estaba de pie junto a mi que estaba tumbada en la cama, María empezó a meterse el consolador por su coño hasta dentro, y se tumbó en la cama a mi lado, me dijo tu dame gusto a mi y yo a ti, y ella empezó a meter y sacar el consolador por mi coñito al igual que yo por el suyo, ella también me chupaba los pezones y las tetas aunque yo estaba super caliente y apenas podía respirar, oía como ella me decía, -Me encanta tus pechos, son enormes me ponen a cien. Yo me ponía mas caliente todavía, y sin darme cuenta me corrí mojándolo todo a mí, a ella, y la cama, ella me saco el consolador.

-Veo que te ha gustado mucho. Yo exhausta, le dije.

-Si es increíble lo que he sentido.

Entonces María se acercó a mi coñito, y me lo empezó a chupar, metiendo su lengua por mi rajita, lo que volvió a provocarme un nuevo calenturón, me metía la lengua apretando mi clítoris, me di cuenta que tenía un poco de sangre en las piernas, por mi orgasmo, y le dije.

-¿Esa sangre es mía?.

-Si me contesto ella, pero no te preocupes, yo te la limpio. Y empezó a lamerla, yo al ver aquello me quedé muy impresionada, pero al mismo tiempo me calenté aun más.

Me estuvo chupando el coño un rato, después me metió dos dedos y me dijo toma chúpalos, pruébate a ti misma huele como es tu sexo, y así lo hice, me gusto, no paraba de chorrear líquidos, y entonces María me puso de lado se acerco a mi oído, y me dice.

-Te he desvirgado por tu coño, pero por tu culo no lo he abierto todavía.

Y abrió mis glúteos y empezó a besar mi culo y chuparlo con la lengua, eso me ponía nerviosa y al mismo tiempo caliente, entonces le dije.

-¿No me dolerá verdad?

-disfrutarás tanto como por tu coño. Me respondió.

Y empezó a introducir un dedo despacio en mi culo, sentía como me penetraba, me dolía un poco, pero al mismo tiempo me gustaba, después empezó a sacar el dedo y meterlo rápidamente, la tiempo que me metía el consolador por el coño, lo que a los pocos minutos me provocó otro orgasmo, pero ella no paraba, seguía penetrándome por ambos lados, era deliciosa aquella sensación, estaba en el cielo, me empezó a decir mientras me follaba.

-Eres una zorrita, te encanta que te folle verdad, nunca pensaste que te pudieran dar tanto placer, te voy a follar toda, por todos tus agujeritos, vas a suplicarme que pare putita.

Al oir aquello en vez de querer parar, lo que consiguió es ponerme más caliente, me gustaba como me insultaba y me follaba al mismo tiempo, y pronto tuve mi tercer orgasmo, entonces le dije que ya no podía más, que parase, ella me dijo, que se lo suplicara, y le suplique que parase de follarme, porque estaba agotada, y entonces paró, y me dijo.

-Descansa, mi putita, porque después voy a follarte mucho más, y va ha ser aún más salvaje, ya veras te vas a poner como una moto, a toda velocidad.

Yo le pregunte.

-¿Que me vas hacer?

Ella me miró y me dijo. –Ya lo veras morena, voy a por la botella de vino.

Antes de salir por la puerta en dirección a la cocina, se dio la vuelta y me dijo con una sonrisa.

-Te he elegido para que seas mi alumna, en el sexo y a partir de ahora, harás todo lo que yo te mande y yo seré tu institutriz.

La tarde fue larga y muy caliente, pero esa es otra historia, y María es ahora mi institutriz, y sus palabras son deseos para mi.

Esto me paso hace un año, desde entonces he aprendido mucho con ella.

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