Mi virginidad, lo más preciado que tenía, aquello que había cuidado por tanto tiempo, se convertía en un volcán a punto de hacer erupción, la morbosidad que sentía a mis 18 años por saberme desvirgada, me asechaba cada día. Un fuerte deseo que me llevo a ser desvirgada por un albañil.
Las secuelas. Una depresión profunda de su parte, pero también una extraña liberación. Ya no había máscara que poner. Mi deseo se volvió técnico, obsesivo. Quería conocer los límites físicos de su cuerpo, empujarlos.
El abismo. La idea de compartirla nació de un deseo retorcido: verla siendo usada por otros para reafirmar que, al final, era mía. Convencí a Marco y Diego. Se lo presentó como un “juego extremo”. La negociación fue sucia: usé la grabación, su miedo al escándalo, y también el dinero (ellos pagarían)
La historia se trata de yo y un amigo llamado jerry que conocemos a una maestra voluptuosa, nalgona, ojos verdes y sexy llamada tere que la conocemos de algunos años en la universidad y que de sorpresa nos llevan en vez de estudiar a tener sexo con ella desquitandose con con su amante.
Martín llevaba casi dos años trabajando como administrativo en la recepción, justo al lado del box de enfermería y asistencia donde Rosario pasaba sus jornadas. Ella era el eje sobre el cual giraba todo su mundo, el centro de gravedad de una obsesión silenciosa que crecía con cada tic-tac del reloj.
Los roles se invirtieron. Yo era quien decidió. Empecé a elegir su lencería, a marcar sus salidas. Hablábamos de fetiches con una crudeza clínica. Introduce juguetes en nuestra dinámica.
Siguen las andanzas de Helena por el viejo continente, esta es la última entrega con ese título, ya que a su pedido las nuevas versiones llevaran otro.
La nueva y envenenada normalidad. Las conversaciones se volvieron un campo minado. Yo empezaba a hacer preguntas sobre su “trabajo”, pidiendo detalles sórdidos. Era un juego cruel, y ella intentaba poner límites con una voz que ya no tenía convicción. Su cuerpo me había dado la razón.
Les presento mi mundo. La infancia de silencios incómodos y ausencias nocturnas. Los primeros indicios: espiarla salir de la ducha, robar su ropa interior usada, la tensión eléctrica que llenaba el aire cuando, ya viviendo solos como adultos, nos cruzábamos en poca ropa.
Todo empezó la noche en que Selene regresó a casa borracha, con el maquillaje corrido y oliendo a sexo ajeno. Se quitó la ropa frente a mí, me mostró su coño mojado y la follé como un animal en mi propia cama, corriéndome dentro de ella mientras gemía mi nombre.
El ambiente en el cuarto era cálido gracias al calor de la chimenea, estábamos en un piso 17 y las luces de la ciudad nocturna daban un toque mágico a nuestra velada intima. Mientras observaba por la ventana, ellos entraron. Quedé fascinada al verla.
Mi amiga Carmen se convierte en mi amante y profesora de sexo, su experiencia me ayudo a conocer el cuerpo de la mujer, ser generoso en el sexo, hacer buenos preliminares y desde luego hacerlas gozar siempre.
Después de 10 años con mi novia, me cogí salvajemente a su hermana mayor y más rica (Carla) en la fiesta familiar, mientras todos dormían. Una noche prohibida y caliente que no vamos a parar.