El medio millón de pesos nos duró menos de lo que imaginábamos. No porque lo gastáramos en tonterías, sino porque mi mamá, Perla, tenía planes mayores. Pagó seis meses de renta por adelantado del nuevo departamento en Polanco
Una de mis fantasías eróticas más soñadas. Finalmente, se dio la oportunidad de lograr un encuentro sexual con un taxista arriesgado; pero muy delicioso hasta quedar mojado.
Los veinte mil pesos por la primera sesión se convirtieron en cien mil después de que Eduardo distribuyera el material entre sus suscriptores premium y las regalías empezaran a fluir.
Mi cuerpo, marcado por la doble penetración y por la verga de Eduardo, se recuperó con una rapidez que me asustó. Los moretones en las caderas se volvieron amarillos y desaparecieron.
Mi mamá, Perla, se transformó en una productora implacable. Hablaba por teléfono con Eduardo decenas de veces al día, discutiendo conceptos, vestuarios, horarios.
La idea de ser filmadas, de convertir nuestra lujuria en un producto, en arte según él, era a la vez aterradora y excitante. Mi mamá, Perla, estaba encantada.
Soy una mujer, y no soy de piedra. Mi marido se ausento de casa unos años, y yo no pude aguantar tanto sin coger. Despues se lo conté, y no solo me perdonó, sino que me pidio que lo volviera a hacer.
Mis piernas abiertas hasta doler por las manos de mi mamá. El aire se me había ido de los pulmones. Solo veía su punta rosada, gruesa, apuntándome como un dedo acusador.
Los días después de que mi mamá me chupara el dedo del pie fueron una niebla caliente. Cada vez que me ponía unos calcetines, sentía el fantasma de su boca en mi piel. Cada vez que la veía pasar por el pasillo, casi desnuda, mi panocha se estremecía como si me hubieran dado un toque con un cable...
Mi mamá siempre dijo que la vida era muy corta para andarse con tapujos. “Si te gusta, hazlo. Si te prende, ve por ello. Y si duele, aguanta, porque hasta el dolor puede ser rico si sabes cómo tomarlo.”
Un evento benéfico de zumba, bachata y merengue le cambian el final al feriado largo. Reencuentro con una mujer que conocí hace más de 30 años y fue amante ocasional hacen unos 20.
Las niñas ya se fueron a su habitación a cambiarse amor... Le dije a mi esposa mientras me bajaba la ropa interior y la llevaba a una de las orillas de la piscina y le abri las piernas recargandola contra la pared de la alberca y en ese momento comence a hacerle el amor ritmicamente bajo el agua...
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