Últimos relatos eróticos:

Mujer y sumisa XXV

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-Daniela. -¡¡¡Gracias!!!, lo necesitaba —hasta se le saltaron las lágrimas— gracias… -Bésame ESCLAVA… Mientras la hacía botar en mi polla, me iba dirigiendo a la mazmorra de mi despacho, no dejó de besarme… Así terminó el último capítulo…

Marcela, la contadora deseada II

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El arquitecto observa cómo su esposa es acosada por sus jefes en la obra. La excitación de verla ser tocada y deseada confirma su fantasía, preparándola a ella y su matrimonio para un futuro de sumisión y compartimiento.

Mujer y sumisa XXIV

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La única que se dio cuenta fue Maca, que cogiendo con fuerza a María, que dándose cuenta en ese momento ella también, sonriendo se tumbó del todo, en el cuerpo sudoroso de Maca, dejando su culo totalmente expuesto… -María. -¡¡¡Fuerte!!!... Así terminó el último capítulo…

En una sex party en Miami Beach

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En esta fiesta a la que asistía con cierta frecuencia con macho Top que conocí allí mismo un tiempo atrás. Pero en esta oportunidad, luego de una rica sesión con este amigo, me singó la pinga más grande que hasta ahora me he metido

Gangbang con los albañiles de la bodega

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Una experiencia inolvidable la que viví aquella noche, en la que seduje a seis albañiles para que me cogieran brutalmente hasta cansarse, rompiéndome el culo en la bodega de una empresa constructora, poseída por una lujuria insaciable que me llevó a coger sin límites con dos taxistas de regreso.

Aventuras por el mundo – Elena

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Ella hacía todo lo posible por resaltarlos y ahí, con el calor de prácticamente todo el año, la labor era fácil. Desprenderse del sujetador y dejar sus pechos completamente libres sería una gran apuesta. Después el tiempo y la excitación harían resaltar esa parte de su anatomía, que muchos y muchas

Voyeur

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Los encuentros sexuales de mi pareja con otros muchos hombres...seguidos y consentidos como forma de dar morbo y sumisión

Marcela, la esposa deseada I

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Un esposo se excita con miradas ajenas hacia su esposa, descubre su egoísmo posesivo y lo transforma en morbo: el deseo se vuelve violento, exhibicionista y oscuro, mezclando orgullo, culpa y fantasías de ser observados.
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