Este sitio contiene relatos eróticos explícitos de ficción. Todos los personajes son mayores de 18 años. Debes ser mayor de edad en tu país de residencia para continuar.
En ese momento los otros dos tipos se acercaron y empezaron a tocarme las nalgas y las tetas; a lamerme la espalda, los hombros, en voz baja me decían que tenía un culo rico, que era súper atractivo mi cabello recortado y que querían comerme la conchita.
Estuvo así hasta que le pedí que hiciéramos un 69, lo cual aceptó de buena gana. La tiré a la cama y la bajé la tanga extrafina que tenía. A la vista quedó un chochito espectacular que invitaba a ser comido, eso hice y así estuvimos durante 15 minutos hasta que yo acabé. Me limpió bien la pija con la lengua y me pidió a gritos
Un fin de semana normal, como otro cualquiera, organizamos una cena en casa de mis amigos Bea y Lesmes; yo tengo novia, María, una chica mona pero que pasa desapercibida y Bea pues era muy linda con un culito que llama la atención.
Estuvimos platicando, recordó la boda, me dijo que me había visto en el sauna y que se sorprendió con el grosor de mi verga y el tamaño de la cabezota, que con gusto se la comería, pero no allí, porque podrían reconocerlo, que tomara todas las cervezas que quisiera, que él iba a pagarlas y que cuando yo lo decidiera podíamos marchar a un "nidito" donde estaríamos muy a gusto y me enseñaría "cositas celestiales".
Yo comencé a frotar ese clítoris con movimientos circulares y rápidos así que logre humedecerla pronto. Ella se agarro de mi verga y casi me la parte del apretón tan fuerte que me dio, inmediatamente dio la vuelta hacia mi me desnudó rápidamente y comenzamos a besarnos como poseídos.
Las uñas siempre las lleva larguísimas y de color rojo fuerte en sus delicadas y pequeñas manos a juego con sus carnosos labios y las de sus pies; y las joyas, que joyas todas de oro, haciendo un contraste increíble con su moreno, regalo de mi obeso padre para paliar sus largas ausencias debido a sus negocios de empresa y también a la falta de virilidad a la hora de montar a mi madre creo yo.
Ni bien entro al baño, me dirigí al cuarto de servicio, en donde desplegué la tabla de planchar y comencé a planchar un pilón de ropa que yacía arrugada a mi lado. Aun no había finalizado mi tarea cuando sentí al amo salir de su ducha. Como no me dio ninguna orden seguí en concentrada en mi tarea.
Por lo que supusimos que podían ser desde el novio de mi hermana dándole una sorpresa.. o que incluso podrían ser violadores (por la belleza de nuestras hermanas, y como hay mucho salido por la vida..). El ruido procedía de las habitación de las chicas, y descartamos la posibilidad de tan solo un pareja haciendo el amor, si no de 3 (distinguíamos varios sonidos).
La imagen que veía en su ropero era yo parado dándole la espalda, la tía de mi novia agachada, con una mano agarrándome la pichula y con la otra me estaba penetrando el orto. Ya no aguantaba mas, me estaba apunto de correr, ella lo noto, me dio vuelta, empezó a chupármelo muy fuertemente, sus manos nuevamente se agarraron de mi culo.
Notaba como con los suspiritos y pequeños escalofríos de excitación mi ano se contraía levemente. En uno de esos momentos aproveché para meter el primer dedo, que proseguiría en un trabajo circular hasta poder meter suavemente, sin esfuerzo, el otro, y así hasta tres.
Me fijaba en sus macizos muslos y los veía agitarse con el movimiento de sus caderas al andar, y en sus tetas cuyos pezones se marcaban a la perfección en el top. La pollerita, como les comenté, era cortísima, así que no pude aguantar más y me decidí a pasar a la acción, quería exhibirla un poco.
Al pasar por la estación de servicio más próxima, la veo a ella, preciosa, pantalones ajustados igual que su blusa, botas negras (las cuales se dejaban ver por sus pantalones), ella media como 1,65, unas medidas de 98-65-70, como pueden ver una preciosidad, se acerca y me dice a donde voy, le digo mi destino por lo que me pide llevarla, sin dudar un momento acepto, termino el arreglo del vehículo y partimos.
Cuando Guille terminó su tarea el asaltante ya tenía la pija nuevamente lista para la batalla. Le palmeó la cabeza y lo felicitó. Lo hiciste muy bien, te vamos a invitar a la fiesta, ponete en cuatro patas en el piso, le dijo y me ordenó que le chupara el culo, cosa que rehusé tanto como pude.
Era increíble la sensación, empezamos el ritmo, yo movía mis caderas, rotaba y me enroscaba, el seguía taladrándome la vagina, qué rico sentía, gemía, gritaba en silencio de placer y él también, lo estaba haciendo sentir como nunca me decía yo le decía: más, más, cógeme, no me la saques, métamela, me encanta, dame verga, dame verga por favor, más, métamela, me encanta tu vergota mi amor.
Cuando llegue al salón, vi dos culitos preciosos ofreciéndose para el castigo, completamente desnudos y esperando su ración de cinto, uno junto al otro. Nos les hice esperar y creo que no les defraude. Subí el volumen del televisor, aunque les cambie de canal y les quedé sin fútbol, pues no era de recibo que los vecinos oyesen lo que en mi casa sucedía.
Fue imposible. Eran demasiado grandes para llegar a ella con mi lengua. Me monte sobre ella y empecé a jugar con mi verga entre sus nalgas. Se las abría y la dejaba aprisionaba con tremendas nalgas. Le dije que me la apretara. La gorda apretó sus nalgas y hasta me dolió el apretón pero era exquisito, mientras mi manos apretaban sus tetas que se desparramaban por el lado. Tenía que hacer mío ese culo.
De camino a su casa mi mano no se separó de su culo, y yo disfrutaba como un niño, ella me dejaba, me lo consentía, y aunque por una parte su novio también era amigo mío y tenía remordimientos, mi pene estaba tan duro como no lo había estado nunca, siempre había deseado hacerle de todo pero nunca me había atrevido a proponérselo.
ÉL ya estaba empalmado otra vez, no podía esperar más, le ordené que me metiera la polla, necesitaba sentirla dentro de mi, y eso hizo, me la clavó entera, la sentía entrar y salir, primero despacio... luego más y más deprisa.... más y más.... mientas yo me acariciaba el clítoris... estaba llegando a otro clímax... me paré... no quería acabar aun...
Empezó a revolverse como un toro y a gritar como un poseso pero lo único que consiguió fue que le pusieran una mordaza en la boca y le ataran los pies y lo dejaran en el suelo a unos diez metros del camión.
Mientras se movía lo que permitía la incomodidad de la situación, no paraba de gimotear porque entre la excitación y el dolor de estar siendo penetrada por el culo, seguramente prefería ser penetrada más tradicionalmente, así que me retiré y me fui a los lavabos a lavármela.
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