Elena espera en el pasillo G-9 de la biblioteca, sentada contra la estantería de geografía física, después de dejar una nota en Orlando de Virginia Woolf citando que "el mapa más antiguo es el del cuerpo". Cuando llega una mujer de voz grave y postura autoritaria que conoce el lugar mejor que ella
Es la historia de un encuentro apasionado y lascivo tras un reencuentro después de varios años. Espero que lo disfruteis y si alguien se siente identificado o le gustaría tener una encuentro así.... hacermelo saber. Quizá no haga falta que sea un reencuentro.
Una fiesta preparada para ser bien disfrutada por todos
Todo su cuerpo sufrió un espasmo y se puso rígida, arqueándose sobre la cama con mi boca y mi lengua acariciando su húmedo agujero y clítoris. Solté su coño y me incorporé mientras su cuerpo temblaba con fuerza en su orgasmo. Pareció pasar mucho tiempo antes de que soltara la colcha y se desplomara.
Los chicos siguen explorándose, aunque ya están algo creciditos para eso; aunque no podemos culparlos, el bosque de noche inspira algo de lujuria ¿O no? continúa leyendo si quieres saber como siguen las andanzas eróticas de estos tres; a menos que quieras algo más que solo leer...
“Hazlo, Kevin. Córrete dentro de mí. Quiero sentirlo. Córrete dentro del coño de tu hermanita”. Para subrayar esas palabras, Cora se empujó hacia abajo sobre mí, alojando mi polla lo más profundo posible en su coño. Mi mano quedó atrapada entre nosotras, jugando lo mejor que pudo con su clítoris.
De repente, al retirar mi polla, vi sus manos. Estaban entre sus piernas, bajo su tanga de encaje, frotando su clítoris lo más rápido que podían. Esto me llevó al límite. Inclinando mis caderas hacia adelante, atrapé su cabeza entre mi pelvis y el colchón. Gemí cuando mis bolas presionaron.
Para complacer a mi pareja acepté probar polvos usados para que se crucen equinos. Fue solo una mínima dosis.
Una chica visita periódicamente a su médico para ser tratada de un problema de erección del clítoris.
Fui al cesto de la ropa sucia y saqué uno de sus calzoncillos. Estaban llenos de ronchas amarillas y de palominos. Me los llevé a mi cuarto y me acosté con ellos. Me los puse. Me los apreté contra mi vagina. Los pasé por todo mi cuerpo. Lo pasé genial.
La madre necesita tener a alguien a su lado y la hija le consiente todo. Ambas sufren por culpa de los hombres.
Recordaba haberla visto en otra ocasión en una comunión me parece. Hay un cierto parecido entre nosotras. Ella es más alta, rubia pero también estilizada. Sus ojos también son verdes.
Sigue la fascinación de la adúltera por su amante, quien la va conduciendo gradualmente a admitir cualquier perversión.
Siempre he querido coger con mi prima, porque sabía que esas pantorrillas portentosas arriba guardaban la gloria.
Era Mercedita que pellizcaba los pezones de la Juani y se alternaba a acariciar su clítoris, la tía se puso detrás de ella y poco a poco la empujo sobre mi verga, la Juani no ofreció ninguna resistencia, ella después de haber chillado cuando mi glande atravesó su himen, se puso a gemir y a sollozar, la Mercedes le restregaba su clítoris con todos sus deditos como si fuera una guitarra, la tía había encontrado uno de sus juguetes
Como pude alcancé sus rígidas tetas y magreé sus pezones fuertemente, luego bajé una mano y le metí dos dedos en su estrecha vagina y apresé su clítoris en mis labios, Deborah estaba corcoveando, me folló el rostro con fuerza, me lleno de sus copiosos fluidos, aferró mi cabeza con sus manos mientras brincaba apretándome con sus muslos, gritaba y decía mi nombre
Seguían viniéndole a la mente las imágenes mientras pensaba en el trabajo que le esperaba ese día. No se fijó siquiera en el cruce temerario de otro vehículo que casi le hace chocar con el semáforo.
Siempre estoy deseando que me torture ella. La idea del amo es una orgía, con juegos sado incluidos, zoofilia y lluvia dorada que tendrá como condición el que todos los hombres eyaculen dentro de mi ano. Esther, mi hija, como reverso del uso de su vagina, no tendrá derecho a semen por ningún agujero.
Empecé a mamarle el coño a mi novia con unos lengüetazos que llegaban desde el ano hasta su clítoris me dediqué a jugar con él y ella estaba encantada, luego también jugué con el clítoris de mi cuñada hasta que las tuve a ambas a punto.
Ella jamás me penetró, solo me lamía y acariciaba esa partecita de mi chocho que me hacía reír en forma incontrolable, un cosquilleo por todo mi cuerpo descontrolado me revolcaba en su cama y mi pequeñísima vulva se llenaba de fluidos que mamá bebía como zumo del paraíso, era una cosa magnética su chocho, era mi juguete preferido y ella me lo daba todas las veces que yo lo quería.