Desde ese día eran ellos los que solían venir a menudo por nuestra casa, o invitarnos a la suya, para hablar de negocios, o pasar la velada. Allí se turnaban en entretenerme; así, uno de ellos me daba conversación, para que el otro pudiera beneficiarse a mi esposa.
Mientras esperaba que le llegará una nueva remesa, mi esposa, comprensiva con sus clientes mas asiduos, cumpliendo así las órdenes que le daba Luis, les dejaba que permanecieran con ella en el interior del probador mientras se ponía las pocas prendas que le quedaban por vender.
Creía que venían, sobre todo Raúl, por mi hija, pero pronto me di cuenta que me prestaban mucha mas atención a mi que a ella. Sobre todo porque en casa suelo vestir con ropas mucho mas ligeras, y sin la odiosa opresión del sujetador, dejando que mis pesados senos se muevan en total libertad.
Abrí los ojos, su braga estaba exactamente frente a mi, ella estaba parada e inclinada apoyando sus brazos sobre el respaldo del sillón, un botón muy brillante y rojo emergía por encima de la tela, un enorme clítoris húmedo esperando ser chupado por mi boca
Esta historia comienza con unos contactos entre Carlos y Juan a través del correo electrónico. Ellos dos compartían el mismo tipo de fantasías sobre sus esposas, y cosas de la vida, acabaron descubriendo que sus respectivas mujeres eran muy similares en cuanto a sus actitudes y gustos sexuales.
Sin dejar de enjabonarlo, me acerqué a él y le empecé a morder el cuello, lo pegué a mí y ahí pude ver su pija, que hasta entonces había pasado desapercibida por mi. Era hermosa, llena de venas y bien gorda, de unos 16 cm.
Se me iluminó la cara de felicidad, el me agarro como si fuera un trapo, colocó mis piernas a la altura de sus hombros y abrió mi culo, para por fin sentir su verga dentro de mi, puso saliva en mi culo y se preparó para penetrarme.
A veces sentada en mi habitación, muchas veces pensé, como sería, que diría, que sentiría, tantas cosas que me pasaban por la mente, trataba de imaginar un rostro, una mirada, una sonrisa, cuantas noches pasé en vela pensando si nunca podría conocer alguien así, me tocaba imaginándome tantas cosas, pero al día siguiente la luz del nuevo día
Mi nieta, en esta postura, podía absorber golosamente el afilado dardo que su tercer amante le introducía cómodamente en la boca. Al tiempo que este, arrodillado sobre la cabeza de su colega, compartía los voluminosos senos con el que le daba por detrás.
Entonces le rodeé la cabeza con mi brazo izquierdo y apreté fuerte su cabeza contra mi polla, con mi mano derecha le sujeté el mentón por debajo de la papada, y arqueé mi cuerpo hacia delante pegando mis abdominales a su frente.