Nuestro amigo el pene reclama a la administración un aumento de salario por su complicada faena.
Lo cierto es que su novio, que venia de lo mas excitado ante la perspectiva de lo que iba a suceder, en teoría, se quedo muy sorprendido al ver el desastroso estado en el que le recibió Lorena, que aun no había terminado de recuperarse del todo de lo que había acaecido anteriormente.
Como cada mañana dejaré que una mano permanezca posada sobre su montículo divino, ardiendo con el calor y las sensaciones que se desprenden bajo su palma, mientras que con la otra mano empezare a subirle el camisón desde las rodillas... como cada mañana.
Sobre el tanga por encima de unos pantis sin refuerzo (los pantis con refuerzo debieron inventarse en un convento de abadesas de santas costumbres) se percibía un reflejo húmedo, como una moneda brillante. ¡A veces se moja tanto!.
Ella aun estaba medio sentada medio de rodillas junto al sofá, con una mano apretando su conejito por encima de la minifalda, señal inequívoca de su deseo insatisfecho y una turbia mirada de pasión en sus ojos.
La tienda era más bien pequeña pero contaba con un amplio sótano que hacía las funciones de almacén. Lo deduje, en un principio, ya que la muchacha bajaba numerosas veces a reponer el pan que vendía.
Martina y yo chupamos ese delicioso trasero provocándole varios orgasmos hasta que mi verga estuvo dura una vez mas la acerque a su ano, apoye mi glande en su entrada y agarrándola por los pechos la metí hasta el fondo, evidentemente ella estaba acostumbrada porque no se quejo y solo dejo escapar una grito de placer.
Cerré todos los intersticios porque no quería perderme nada de su líquido regalo, sentí la primera descarga caliente y la dejé escurrir por mi esófago, quemándome con esa corriente espesa, tragando ahora todos sus sueños.
Me estire de espalda a el, buscando unos instantes de caricias, quería que su boca acariciara mi espalda, que sus dedos la recorrieran y no me fallo, sus manos sus labios, su pene recorrieron toda mi espalda, me obligaron a estremecerme una y otra vez, sus dedos acariciaban mi nuca, al final no pude mas y me gire, mirando al cielo que empezaba a recibir las primeras luces del día.
Nos apartamos de la pista y me llevo hasta la puerta de los baños me le quede mirando y le hice una pequeña seña con la cabeza en dirección al baño de las chicas y asintió.