relatos eróticos autosatisfacción

Disfrutando del sexo sin compañia.

76 relatos

Máximo placer

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Esa noche cuando nos disponíamos a dormir el calor era sofocante y decide tomar una ducha antes de dormir mis dos compañeros y yo nos peleábamos por bañarnos primero así que les gane entre primero al baño me desnude y bajo el chorro de agua comencé a disfrutar del baño, mis dos compañeros no se resignaron así que entraron al baño sorpresivamente.

El lado positivo

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En una página sobre juguetes sexuales, descubrió que existía un vibrador especial para el punto "G" que por extensión también era utilizado por muchos hombres como estimulador prostático.

Rita II: Conociéndome

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Como ya te fui contando, cada vez que mi cuerpo necesita relajarse y sentir menos el cansancio de casi todo un día en el cole, tengo que estar a solas sí o sí, encerrándome donde sea y con una frenética sesión de placer íntimo antes de hacer la tarea o de dormir me puedo sentir una chica completa y bien satisfecha.

Crónicas de un Pajero

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A veces ese juego lo hacía con mis primos, pero en vez de apoyarme en una mesa, silla o cama, lo hacíamos alternadamente sobre nuestros glúteos, esto sucedía cuando jugábamos al doctor, pero nunca nos penetramos.

Rita I: Soy una nena

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Voy a un colegio privado (uso ese uniforme que tanto calienta; falda azul tableada, camisa blanca como las medias, corbatita y zapatos) y aunque me masturbo casi a diario, todavía soy virgen (no quiero iniciarme yo misma ni con un chico cualquiera).

Paja en directo

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Vivo solo, tengo una profesión bastante estresante y al llegar la noche, para relajarme leo algún relato como he hecho esta misma noche, los leo totalmente desnudo y me encanta de vez en cuando al tiempo que leo mirar hacia abajo, y ver como mi pene va cogiendo tamaño sin tocarme

Aprendiendo en el baño

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Una de las tardes que estábamos solas en casa, nos metimos a mi baño y cerramos la puerta con cerrojo, como tales niñas que éramos nos gustaba ir juntas al baño y quedarnos allí un buen rato encerradas, hablando.

El mejor de todos

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A los treinta y ocho años en esa mañana de domingo la vista del jardín de la quinta (heredada de sus padres) a la media mañana, contemplando por la ventana el parque tan bien mantenido, lleno su mente de recuerdos, cayo como otras veces desde los 19 años en la autosatisfacción

La botella

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En la ducha casi al mediodía , su goce de esa mañana lo rememoraba con el jabón dentro de su concha, la dilatación le hizo posible en pensar en los grandes falos , imaginándoselos dentro suyo , se puso el bikini partiendo a la quinta de su amiga Clara, la necesidad de tener adentro de ella algo verdaderamente grande, le hacia cerrar las piernas y apretar con sus dedos su vagina.

El reemplazo

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La botella se había roto en un juego de orgía al caer sobre un pie de bronce de una lampara, el nuevo amigo la reemplazo es un plástico quirúrgico que succionado deja pasar pequeñas cantidades de agua simulando semen, el manejo de sus labios y músculos del canal por varias sesiones previas estaban a pleno, acabar gozada fue el primer paso en busca de la aventura necesaria para calmar la tormenta en su sangre iniciada.

Que aburrido es estudiar

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Pero Sonia permanecía con los ojos cerrados y frotando su raja, apretando los dientes mientras el caluroso roce de la ropa interior la encendía más y más hasta llegar irremediablemente a un delicioso orgasmo, que apagó entre pequeños gemidos. Según recuperaba la respiración contenida, jadeando silenciosamente, abría los ojos, sin apenas darse cuenta de que aquel miembro de goma le miraba directamente a la cara situado en el valle que formaban sus tetas.

Los comienzos. Una experiencia PG-13

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Mi relación con Harold se limitaba a la ayuda que me prestaba con la clase de alemán. Con Klaus nunca había tratado mucho fuera de clases debido a que poco se juntaba con los de la clases porque sus actividades bomberiles que le quitaban mucho tiempo. Ya tienen una idea entonces de cómo serían mis compañeros de cuarto.

Mi historia I: La primera vez que me vió

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Sin embargo, como mi apetito sexual ha sido siempre considerable, de alguna forma tenía que aliviarme, y para eso recurría a la tradicional paja, puñeta o como quieran llamarla. Lo cierto es que desde que tenía 10 años, tenía que hacerlo 2 ó 3 veces casi a diario y cuando pasé de los 15, incluso lo tenía que hacer hasta 7 u 8 veces.