Junto a mi padre conocemos a una chica muy hermosa, que nos invita a participar en un proyecto que ella tiene en mente. ¿Aceptaremos?
Mientras soporto mi luto. Llega mi padre quien no ha estado junto a mi, desde que tengo memoria. Me hace un solicitud que me descoloca.
Después de tanto extremo, hubo un regreso a algo que pretendía ser íntimo, pero que ya estaba corrupto para siempre. Hablamos. No hubo perdón, solo un reconocimiento mutuo de lo que habíamos hecho. De lo que éramos ahora.
Trato de acomodarme en mi vida para pensar en un futuro mejor, pero es inútil, mis hormonas no me dejan entrar en el mundo que yo quiero...
Mi virginidad, lo más preciado que tenía, aquello que había cuidado por tanto tiempo, se convertía en un volcán a punto de hacer erupción, la morbosidad que sentía a mis 18 años por saberme desvirgada, me asechaba cada día. Un fuerte deseo que me llevo a ser desvirgada por un albañil.
Las secuelas. Una depresión profunda de su parte, pero también una extraña liberación. Ya no había máscara que poner. Mi deseo se volvió técnico, obsesivo. Quería conocer los límites físicos de su cuerpo, empujarlos.
Una joven se introduce en el mundo del sexo viendo a sus dos perros coger.
No se puede hacer una vida ejemplar si las tentaciones te persiguen, siempre están esperando una oportunidad para hacerte caer...
Un viaje a dedo por la provincia y la posibilidad de "algo" ante un gentil camionero que me transportó.
El abismo. La idea de compartirla nació de un deseo retorcido: verla siendo usada por otros para reafirmar que, al final, era mía. Convencí a Marco y Diego. Se lo presentó como un “juego extremo”. La negociación fue sucia: usé la grabación, su miedo al escándalo, y también el dinero (ellos pagarían)