Internet historias reales I

Se bajo, comenzó a chuparme el pene, no sabia hacerlo bien, me raspaba mucho con sus dientes, debido a mi ardor, me producía dolor mas que placer. Tuve que frenarla y muy didácticamente enseñarle a hacerlo. así estuvo por largo rato, yo ya no la estimulaba, solo prestaba mi pene erecto que aun no había descargado.

Una semana santa, no tan santa II

Él lo notó y me regaló una sonrisa que me hizo sonrojar, sin embargo esa pequeña vergüenza se me fue inmediatamente, cuando de un solo movimiento separó mis piernas, subió mis caderas y puso una almohada bajo mío… finalmente… en una sola embestida me penetró, de una forma muy fuerte.

Una semana santa, no tan santa

Se levantó bruscamente, me echó boca arriba y puso su pene cerca de mi boca… yo no sé cómo  entendí lo que quería… lamí su pene y lo mojé bien… él con la otra mano, sacaba más jugos de dentro mío y los untaba entre mis senos… puso su pene entre ellos y yo lo presioné cerrando mis tetas una contra otra… las cuales lo rodearon fácilmente y cubrieron una buena parte de él…

Amigo virtual I

Vivía en el casco antiguo de la ciudad, en un viejo piso reformado, de techos muy altos y exquisita decoración, todo muy ordenado y limpio, me invitó a entrar a su despacho, donde tenía ciento y un trastos, revistas de informática y su herramienta de trabajo, un Pc.

Cybernovios

Nos acostamos en la cama y baje sus pantalones que traía la verdad es que tenia unas hermosas piernas, y no me espere mucho para bajar sus bragas dejándome ver a Ana en todo su esplendor estaba delicioso era bellísima ella también me quito la ropa rápidamente.

A través de la red

Al poco, apareció Alberto con un albornoz y me dijo que le siguiera. Me condujo a su habitación. Estaba a oscuras y cuando acostumbré mi vista a la penumbra, pude ver la silueta de ella recortada sobre la cama. Llevaba un pequeño jersey de angora y unas braguitas blancas. Él se quitó el albornoz, se acercó a la cama, empezaron a besarse y me indico que me desvistiera.

La unión entre ellos había sido muy fuerte, necesitaba verla y estar con ella de nuevo, con lo que decidió buscarla a través de Internet

Con el tiempo su recuerdo había crecido en mi memoria La extrañaba y sentía un inmenso deseo de verla, no sabía muy bien para qué ni por qué. Tal vez solo para encontrarme un día y saber de su vida, como un ejercicio de curiosidad. O más que eso: por momentos pensaba en ella como hijastra y deseaba actuar como padrastro, ayudarla en sus cosas, orientarla y apoyarla con todo cariño. En otros momentos mi deseo era distinto, como si quisiera que fuéramos amigos, simplemente muy buenos amigos disfrutando de las cosas lindas y puras que tiene la vida.

En un chat cualquiera de cualquier rincón perdido de Internet

Mis manos toman el relevo y siguen acariciándote los pechos, mientras subo con mi boca hasta llegar a tu cuello. Lo encuentro caliente y palpitante, lo adivino muy sensible. Mis besos y lametones en tu cuello hacen estremecerte levemente, pero yo continúo subiendo hasta alcanzar tu boca, donde mi lengua se encuentra con la tuya, que parecía esperarle.

Mensaje en el chat

Al cabo de unos cuantos minutos lo estaba introduciendo tanto como mi cuerpo se lo permitía, para por consiguiente hacerlo a su gusto, mientras en medio de susurros me hacía saber, el placer que le causaba el entrar en mí de aquella forma.