Hola nuevamente mis estimados lectores, lamento haber estado alejada durante tanto tiempo, es que tuve algunos inconvenientes con los discos de mi computadora, primero comenzaron a fallar, luego compré uno chino que no funcionó, finalmente, me vi obligada a comprar uno nuevo, y para colmo de males, estaba trabajando en una historia y cuando ya estaba por darle los toques finales, se colgó la PC (desconozco el porqué) y si bien pude recuperar todo, el archivo en el que estaba trabajando se perdió por completo.

Me decidí entonces a reescribir la historia, el esquema y la trama son las mismas, sin embargo, al reescribir algo, siempre quedan algunas cosas en el tintero mientras que surgen otras ideas nuevas, y la historia será siempre diferente.

Esta es esa historia, en este caso intenté que la trama fuera un poco mas realista si se quiere, es decir, partimos del supuesto que una mujer no se transforma en dominatriz de la noche a la mañana solo por haber participado de algunos foros, de la misma manera, un hombre no acepta ser feminizado luego de llevar un dispositivo de castidad durante una semana, de hecho, el uso del dispositivo de castidad debería ser de alguna forma consensuado en la pareja.

Este relato trata justamente de eso, ambos participantes tienen una fantasía, que puede ser perfectamente inconsciente hasta el momento en que comienzan a explorar nuevas alternativas sexuales, momento en el que poco a poco despiertan.

Espero les guste esta historia, y como siempre, espero sus comentarios y sugerencias los que me ayudan a ir mejorando poco a poco, de más está decirles que como siempre, si tienen alguna fantasía, haganmelo saber que será un gusto transformarla en una historia.

Ana Raquel

Terapia de Pareja

Capítulo I – La Crisis

Juan y Emilia eran una pareja de aproximadamente 45 años, de buen pasar económico, Juan era gerente en una importante multinacional, delgado, pálido y con apenas 1.70 metros de altura, jamás supondrías de la posición de autoridad que gozaba en su empleo, sin embargo era frecuente que al llegar por las noches a su hogar reclamara a su mujer.

– Estoy tan cansado de estar siempre luchando por imponer mis ideas, de tener que cuidar mis espaldas, sabiendo que algún trepador aprovechará cualquier error para llevarme por delante y hacerse con mi puesto.

Su esposa, intentaba contenerlo: – Relájate, llevas veinte años en la empresa, comenzaste como cadete y mira donde has llegado, eres muy bueno en lo que haces.

– Lo sé, conozco mis capacidades, lo que sucede es que en vez de ocuparme de cosas verdaderamente importantes, paso la mitad de tiempo controlando a los demás, y eso me agota.

Su mujer por el contrario, trabajaba desde la casa desarrollando software para clientes particulares, tenía la misma edad y altura que su marido, físicamente era voluptuosa, un busto grande y prominente, caderas amplias y hermosas piernas, todo esto oculto bajo ropas amplias que disimulaban su figura.

– Mis clientes quieren seriedad, solía decir a su esposo, esa es la imagen que intento brindar, no quiero que me miren las tetas, quiero que miren el demo que he preparado para ellos.

Luego de oír a su marido como tantas otras veces, intentar contenerlo, animarlo, ella solía comenzar con sus propios reclamos: – Por lo menos tu puedes imponerte, como me gustaría a mi poder hacer eso, en cambio, me veo obligada a aceptar todos los pedidos que hacen mis clientes por más ridículos que sean.

– No me gusta el color de los iconos, cambia por unos de color azul. Decía imitando la voz chillona de uno de sus clientes mas importantes.

– Desearía poder gritarles en la cara, mira el flujo de datos, comprende que esta aplicación te soluciona tu problema de stock y deja de pedir ridiculeces.

– Parece que ambos estamos agotados, decía su marido, pero ahora estamos solos y podemos disfrutar de nuestra compañía.

El hecho es que hacía poco tiempo sus dos hijos habían decidido irse a vivir solos por su cuenta.

– Durante los últimos veinte años nos hemos encargado de nuestras carreras, de criar a los niños, ahora por fin es el momento de disfrutar, estamos solos, tenemos un buen pasar económico y tenemos toda la casa a nuestra disposición, le dijo Juan a su esposa.

– Lo dices como si fuese una segunda luna de miel.

– Exacto, esa es la idea.

Se podría decir que estaban hechos el uno para el otro, compartían gustos en materia de libros, cocina, disfrutaban de pasar el rato acompañándose uno al otro, era incluso frecuente que mientras uno de ellos cocinaba, el otro leía en voz alta un texto previamente seleccionado.

El único problema era en el ámbito sexual, lo que pensaban se transformaría en una aventura, en ir probando distintas posiciones en absolutamente todos los ambientes de la casa, en realidad se transformó en una rutina cuya monotonía era capaz de desanimar a cualquiera.

Su actividad sexual se limitaba a los sábados por la noche, luego de cenar, veían una película seleccionada de común acuerdo y luego iban a la cama, casi como una obligación.

Emilia comenzaba a jugar con el miembro de Juan, este se subía sobre ella en la posición conocida como «del misionero» y después de unos pocos minutos tenía su orgasmo y se retiraba.

Entonces comenzaba a masturbar a Emilia, jugando con uno de sus dedos en su clítoris hasta que ella llegaba al orgasmo.

Y eso era todo, lo único que quedaba era un beso, un buenas noches y esperar hasta el sábado siguiente.

Hasta que una noche, en vez de darse la vuelta y dormir, Emilia le dice: – Esto no puede seguir así, todavía somos jóvenes, porqué no podemos disfrutar del sexo?

– No es que no disfrute, creo que ya estamos maduros y no nos atrae como cuando nos casamos.

– Te acuerdas nuestra luna de miel? Lo hacíamos hasta tres veces por día. Porqué ahora es mecánico y solo una vez a la semana?

– No sé, piensa que tenemos otras cosas, nuestros hijos, nos gusta nuestra compañía, estamos siempre buscándonos para estar juntos, eso no forma parte de una pareja también?

– Si por supuesto, pero sin la atracción sexual entre nosotros que somos, amigos?

– Yo no te veo como una amiga, al contrario.

– Vamos a tener que hacer algo, tengo la referencia de una sexóloga, el lunes a primera hora trataré de concertar una cita.

– Una sexóloga? Para qué? Nos enseñará nuevas posiciones?

– Un sexólogo no trabaja así, vamos a verla y en el peor de los casos no perdemos nada.

– Bueno, como tu quieras le respondió Juan, al fin y al cabo era cierto que cuando a su esposa se le metía algo en la cabeza no había manera de sacárselo.

El lunes, Juan estaba en su despacho cuando recibió una llamada de su esposa: – Tengo una entrevista para hoy a las 18:00 hs.

– Tan rápido, le respondió el, estás segura que es buena? No me da mucha confianza si tiene disponibilidad de un momento para otro, su consulta debe estar vacía.

– Al contrario, tiene casi un mes de espera, hemos tenido suerte, una pareja canceló a último momento.

– En fin, haremos como tu dices, paso a buscarte por la casa y vamos a ver a esta mujer a ver que nos dice.

Por la tarde, Juan pasó a buscar a su esposa para ir a la consulta, la encontró en su estudio trabajando para el último cliente, como de costumbre, lo recibió con una protesta:

– Que te parece esto, hice una aplicación para que este inútil pudiera rastrear su mercadería en tiempo real y lo único que se le ocurre decirme es «No me gusta ese botón, no se puede cambiar?», ni siquiera fue capaz de prestar atención a las ventajas que el desarrollo le va a otorgar, es siempre lo mismo.

– Entiendo que estés cansada, recuerda el dicho «el cliente siempre tiene la razón».

– Bueno, vamos de una vez, de otra forma llegaremos tarde.

Subieron al auto y se dirigieron a la consulta de la Licenciada Silvia Gutierrez, al llegar, los recibió una mujer de mediana edad, vestida formalmente con falda negra hasta las rodillas, una blusa blanca y de aspecto profesional.

– Buenas tardes, un placer conocerlos, pasen por favor, tomen asiento.

– Mucho gusto Licenciada, respondió Emilia.

Se sentaron en tres sillas tipo presidente, en el centro había una pequeña mesa que dividía el espacio entre la pareja y la profesional.

– Antes de comenzar debo hacerles algunas preguntas de rigor y comenzó a interrogarlos sobre una serie de aspectos como edad, hijos, el trabajo de ambos, etc., todas las respuestas eran anotadas en una carpeta que tenía sobre la falda.

Una vez que hubo terminado con los datos personales comentó: – Bueno, ahora cuéntenme que es lo que los trae por aquí.

Emilia entonces comenzó a relatar como habían quedado solos en una casa inmensa y como aquello que pensaban se transformaría en una aventura, en realidad se convirtió en una monotonía insoportable, Juan, cada tanto realizaba algún comentario o agregaba algún dato que consideraba de importancia.

– Bueno, por lo que veo no hay un problema grave de fondo, la relación entre ustedes es fluida, se complementan y lo mas importante, ninguno intenta imponerse sobre el otro, creo que el problema básico es que su vida cambió radicalmente de un día para el otro y ahora no saben que hacer con ella.

– Eso es cierto, comentó Juan, durante los últimos veinte años hemos estado dedicados a nuestros hijos y al trabajo.

– Ese es justamente el problema, continuó Emilia, ahora hemos alcanzado el éxito laboral y nuestros hijos se han ido a vivir solos, pero porqué no podemos entonces volver a ser como cuando recién nos casamos?

– Allí radica el problema, porque no están recién casados, no pueden volver el tiempo atrás y retomar la rutina de hace veinte años, necesitan nuevos objetivos, nuevos proyectos, la época que describen ya pasó, forma parte de sus recuerdos pero es imposible vivirla nuevamente.

– Y entonces, nos conformamos con lo que tenemos, preguntó Juan?

– De ninguna manera, vean, ahora les voy a pasar el enlace a una página de contenido explícito que está muy bien categorizada.

– Ese es su consejo?, preguntó Emilia un poco decepcionada, que veamos películas pornográficas para excitarnos?

– No se apresure, déjeme terminar, esta página que les estoy enviando tiene un sistema de categorías, lo que quiero que hagan, es que exploren estas categorías, que vean las distintas prácticas y que investiguen sobre ellas.

– Y entonces? Vamos a adquirir conocimiento de prácticas nuevas?

– El ejercicio que les propongo es el siguiente, cada uno por separado confeccionará una lista de las cinco categorías que mas le atraigan o que piensan que pueden resultar interesantes, luego, el viernes, los espero con su respectiva lista, entonces veremos que actividades les atraen y confeccionaremos una lista común para los dos.

– Nos vemos el viernes entonces Licenciada?

– El viernes los espero, cada uno con su lista y veremos en que coinciden y en que no.

No muy convencidos de los resultados que tendría el armar la lista, ambos se retiraron, no obstante, luego de cenar, cada uno se retiró, Emilia a su estudio y Juan a la sala con el laptop a explorar el sitio sugerido.

La exploración duró toda la semana y finalmente, el viernes al asistir a la consulta, cada uno de ellos llevaba una hoja impresa con las prácticas que mas le habían llamado la atención.

– Bien, dijo la licenciada, Emilia puedes leerme tu lista:

Emilia tomó la hoja de papel y comenzó a recitar:

1. Dominación / Sumisión

2. Hipnosis Inconsciente

3, Castidad Forzada

4. Feminización

5. Sexo Anal

– Juan, tienes alguna duda sobre la lista que confeccionó tu esposa?

– No tengo muy en claro a que se refiere Hipnosis Inconsciente y me llama mucho la atención la Feminización.

– Por lo que estuve investigando, la hipnosis inconsciente no se refiere a clásico método del péndulo y que el sujeto entre en trance, es mas bien una sugerencia, una palabra susurrada en el oído mientras te acaricio, una inducción mas suave que propone cosas acompañada por un estado de excitación, es correcto Licenciada.

– Lo has descripto correctamente, el hipnotizador no sumerge en un trance al sujeto, mas bien seduce, pide y convence al sujeto para que haga ciertas cosas.

– Me lo han aclarado perfectamente, sigo confuso con la fantasía de feminización, dijo Juan.

– No es que quiera que recorras todo el camino, respondió su esposa, me gustaría si que entraras en contacto con tu lado femenino, que puedas adoptar mi punto de vista, además, creo que te verías muy bien con un par de medias y zapatos.

– No tengo inconvenientes con tu lista entonces.

– Y tu Juan, léenos tu lista por favor.

Juan tomó la hoja de papel del bolsillo de su saco y comenzó a leer:

1. Dominación / Sumisión.

2. Castidad Forzada.

3. Sexo Anal.

4. Fetichismo.

5. Bondage

– Fetichismo? Típico de un hombre, respondió Emilia.

– Bueno, sabes que me atraen los zapatos de tacón alto, los corsé, las medias y como bien dijiste, creo que se verían espectaculares en ti.

– Veo que ambos incluyeron castidad forzada, que es lo que te atrae de ello Juan? Preguntó la Licenciada.

– Por lo que investigué, crea un vínculo emocional muy fuerte con quien posee la llave y dicen que luego de la liberación, los orgasmos son mucho mas intensos.

– Perfecto entonces, veo que no hay objeciones a ninguna de las listas, esto es lo que haremos, tómense una semana de tiempo para los preparativos, comprar algunos elementos que consideren necesarios para llevar adelante estas prácticas, luego comenzaremos con lo que podemos llamar «La Semana de Juan», durante la primer semana, Juan determinará que actividades realizan, al finalizar la semana, ambos discutirán como se sintieron, que les gustó, que prefieren no volver a hacer, etc., recuerden que la comunicación es esencial.

– Y luego? Preguntó Emilia.

– Luego viene lo que podemos llamar «La Semana de Emilia», en este caso, se invertirán los roles y será ella la que determine que se hace y como se hace. Una vez mas, al finalizar la semana, discutirán sus sensaciones y sentimientos.

– Y ya está? Dijo Juan.

– No ese es solo el comienzo, luego irán alternando una semana cada uno, incorporando nuevas prácticas o perfeccionando aquellas que mas le hallan gustado, verán que descubrirán muchas cosas uno del otro y alcanzarán una nueva dinámica, en cualquier momento, ante cualquier duda o conflicto, concierten una nueva entrevista e iremos ajustando.

No muy convencidos, pero dispuestos a cumplir con los objetivos que la Licenciada había propuesto, dedicaron la semana siguiente a adquirir los elementos que cada uno de ellos consideraba necesarios, independientemente buscaron en catálogos y realizaron compras por internet, todos los días llegaban distintos paquetes que eran almacenados en el sótano de la casa.

Juan de hecho ante la cantidad de bultos que se acumulaban, tuvo un momento de duda sospechando que estaban comprando cosas por duplicado, cuando le comentó a Emilia con la intención de comparar la lista de compras, esta se rehusó completamente argumentando que si hicieran eso, se arruinaría la sorpresa y que en el peor de los casos, un par de artículos duplicados no dañaría su economía.

Durante el fin de semana y próximo a comenzar «La Semana de Juan» y aprovechando los cuartos que habian quedado libres, distribuyeron las compras en uno de las habitaciones acomodaron todas las compras que utilizaría Emilia, mientras que en el otro pusieron todas las cajas que utilizaría Juan.

Capítulo II – La Semana de Juan

Llegado el lunes por la noche se dispusieron a comenzar, cada uno de ellos se dirigió al cuarto que tenía asignado, Juan se desnudó y luego vistió por así decirlo un complicado arnés de cuero que no tenía otra finalidad que darle una apariencia BDSM, acompañado por un slip de cuero que apenas cubría sus genitales y finalmente, una máscara de látex con aberturas solo para sus ojos y boca.

Esta fue una concesión que realizó a su esposa, ya que como bien ella dijo «Si voy a utilizar la ropa que quieres, por lo menos tienes que jugar tu parte».

Una vez listo, fue hasta la habitación matrimonial, se sentó en la silla que había junto a la ventana y se dedicó a esperar. de alguna forma, sabía que ella demoraría mucho mas que el en prepararse.

Luego de un tiempo, se abre la puerta lentamente e ingresó ella, al verla, quedó virtualmente paralizado, estaba sencillamente hermosa, una máscara de látex similar a la que tenía el, su cabello emergía en una cola de caballo a través de un orificio en la parte posterior de la máscara, sus ojos con sombras de color oscuro y los labios rojos resaltando sobre el negro de la máscara.

Sus brazos estaban cubiertos casi hasta los hombros por un par de guantes de látex, un corse de cuero negro realzaba su cintura mientras que el sostén cubría la mitad de sus pechos, ocho tiras descendían del corsé para ajustar un par de medias negras de nylon, completaba el atuendo un par de zapatos negros con un taco aguja imposible de al menos doce centímetros.

Cuando Juan recuperó el habla se puso de pie: – Estás hermosa.

– Gracias, era esto lo que querías?

– Mucho mas de lo que esperaba, ven aquí. Dijo mientras la tomaba del brazo y la llevaba hasta la cama matrimonial.

Al recostarse ella boca arriba en la cama, el sujetó sus brazos y piernas en cruz con cintas de velcro que había preparado previamente. Así inmovilizada, comenzó a acariciarla, bajó la copa del sostén y jugó mordisqueando sus pezones, fue descendiendo lentamente hasta llegar a su vagina y comenzó entonces a besarla, al oír los gemidos de ella se interrumpió y colocó una mordaza de bola en la boca de su esposa.

– Así no me distraigo, le dice.

Luego tomó un vibrador pequeño y comenzó a aplicarlo en el clítoris mientras continuaba besando la entrada de su vagina, los gemidos de ella se intensificaron a través de la mordaza, comenzó a intentar moverse pero los amarres se lo impedían.

Juan sabía que estaba a punto de llegar a un orgasmo se detuvo, aguardó un momento y luego comenzó a estimular el clítoris nuevamente, repitió este proceso varias veces, llevándola al borde del orgasmo y luego deteniéndose brevemente, cuando finalmente permitió que tuviera un orgasmo, en este caso no se detuvo, continuó besando y aplicando el vibrador.

Había estado investigando y algunas mujeres eran capaces de tener lo que se llamaba orgasmos a repetición, claro, dependía de multitud de factores, pero tenía la esperanza de que Emilia era una de ellas.

Había decidido que por ser el primer día, se dedicaría completamente a ella, ahora que suponía estaba saciada, comenzó a masturbarse contemplando su cuerpo, sintiendo el roce de sus medias contra las suyas, hasta que finalmente se derramó sobre su entrepierna.

Pasó entonces a liberarla, primero las cintas de velcro y luego la mordaza.

– Fue increíble, me ha gustado mucho. Le dijo a su esposa.

– Desgraciado, le respondió ella, me tuviste al borde, creía que no me dejarías llegar y cuando llegó, no te detuviste, seguiste, perdí la cuenta de cuantos orgasmos tuve.

– Entonces te gustó.

– Que si me gustó, si no me temblaran las piernas estaría dispuesta a empezar de nuevo.

Esos fueron los sucesos del primer día, durante el resto de la semana Juan intentó incrementar la intensidad del juego agregando nuevos instrumentos y prácticas, aunque los acontecimientos seguían mas o menos el mismo ritmo, el la amarraba a la cama, sujetaba una mordaza y luego incorporaba alguna actividad nueva. Así por ejemplo:

– El martes luego de jugar un tiempo y lubricarla, le colocó un plug anal mientras la penetraba vaginalmente.

– El miércoles invirtió el juego y la penetró analmente mientras jugaba con un vibrador en su clítoris.

– El jueves no usó la mordaza y le ordenó que le practicara sexo oral y terminó derramándose en su rostro.

– El viernes repitió, mas se derramó dentro de su boca.

– El sábado fue mas o menos de lo mismo, combinando algunas de las actividades de la semana, la penetró analmente y luego se derramó en su boca.

Si bien la actividad sexual había sufrido un cambio de 180 grados con respecto dos semanas atrás, Juan no dejaba de sentir que quizá, le faltaba un poco de creatividad.

Emilia parecía complacida y es cierto que sus orgasmos eran mas intensos, sin embargo, pensaba que estaba atrapado en una nueva rutina, amarrarla a la cama, amordazarla se habían transformado en una nueva costumbre, era posible que su imaginación fuera tan poco fértil que le era imposible crear nuevas situaciones, estando limitado a repetir una y otra vez lo mismo.

Capítulo III – La Semana de Emilia

Comenzando la semana el día transcurrió normalmente, desayunaron juntos y luego Juan se dirigió a su trabajo mientras Emilia se encerraba en el estudio pensando en continuar con sus proyectos.

No fue un día muy productivo para ella, estuvo todo el tiempo imaginando el encuentro por la noche, repasando tanto el vestuario que eligió como las cosas que haría con su marido, los pasos que daría, la respuesta de el y el devenir de los sucesos durante esta, su semana.

Luego de cenar, cada uno fue a cambiarse al cuarto que tenía destinado, al salir, abrió la puerta de la habitación matrimonial y encontró a su marido ya listo, esperándola sentado en la cama.

– Hoy no haremos nada aquí, ven, vamos sótano, le dijo mientras lo tomaba de la mano guiándolo.

Juan, cuando recuperó el aliento después de verla, se levantó y la siguió sumisamente.

Estaba convertida en toda una Diosa, su atuendo era similar al de la semana anterior, el corsé sin embargo, era mas armado y sus pechos parecían querer salir del sostén, no se había puesto la máscara de látex, en cambio, su cabello estaba amarrado en una cola de caballo, el maquillaje intenso, en tonos oscuros, acentuando sus ojos de gato.

Al sótano, pensó, si está virtualmente abandonado, hace tiempo que lo usamos como depósito. Se llevó una sorpresa al descender la escalera detrás de ella y ver que estaba totalmente cambiado, obviamente, había utilizado la semana previa, mientras el estaba en su oficina, para amueblar el ambiente.

En un extremo, había una cama sencilla de dos plazas, en el centro de la habitación, una silla de madera con respaldo, lo que mas le llamó la atención fue que una de las paredes estaba cubierta por una multitud de elementos, desde mordazas, esposas, dildos de todo tipo y tamaño mas algunos artículos cuya función no fue capaz de distinguir.

– Bienvenido a mi salón de juegos, ven siéntate aquí, dijo señalando la silla.

El sin saber muy bien que decir, simplemente siguió las instrucciones de su esposa. Cuando estuvo sentado, ella tomó un par de esposas de metal y las sujetó a su espalda, por detrás del respaldo de la silla.

Oyó como se alejaba, el sonido de sus tacones retumbando en el piso de cemento, tomó algo de la pared repleta de artículos, se acercó por detrás y le susurró al oído mientras retiraba la máscara: – Hoy no precisaremos esto, sin embargo, si vamos a probar algo nuevo.

Inmediatamente que la máscara de látex fue retirada, una venda de cuero cubrió sus ojos. – Así está mucho mejor, no me gustaría que tu vista te distraiga, hoy quiero que prestes atención a tus otros sentidos.

De donde había sacado ella esa voz, seguramente ha estado practicando, suave, sensual, con una lenta cadencia, hablando suavemente a su oído, sus palabras lo envolvían, su sonido lo excitaba, ahora por fin estaba comprendiendo el significado de la hipnosis inconciente, totalmente lúcido, pero al mismo tiempo a merced de sus sugerencias.

– Confías en mi? Le preguntó

– Si Emilia.

– Ahora no soy Emilia, Ama o Señora para ti, está claro.

– Si Ama.

– Vamos aprendiendo, ahora de nuevo, confías en mí?

– Si Señora.

– Harás lo que yo te pida?

– Si Ama.

– Prometes ser un buen chico?

– Si Ama.

Mientras decía esto, susurrando a su oído, comenzó a jugar con los pezones de el, pellizcándolos levemente.

– Te gusta esto?

– Si Señora.

– Quieres que continúe? Que harás por mi para que continúe?

– Lo que usted quiera Señora.

– Cualquier cosa?

– Absolutamente cualquier cosa.

– Olvidaste Señora, por ahora lo dejaremos pasar, espero sin embargo que no se repita, está claro?

– Perdón Señora, no se va a repetir.

– Buen chico, y si hago esto te gusta? Preguntó mientras comenzaba a masturbarlo lentamente.

– Me gusta mucho Señora.

– Sigo entonces?

– Por favor Señora.

– Pero tienes que hacer algo a cambio, un pequeño favor.

– Lo que usted quiera Ama.

Estaba completamente desesperado, ella masturbándolo muy lentamente, aproximándolo cada vez mas al orgasmo y deteniéndose justo antes, acompañado por esa voz suave y sensual, haría cualquier cosa que ella le pidiera para que continuara.

Oyó una vez mas el sonido de los tacones alejándose, tomando algo y luego acercándose, se posicionó delante de el y le dijo: – Levanta la pierna izquierda.

El obedeció y casi inmediatamente sintió como una media de nylon se deslizaba por su pierna hasta llegar al muslo.

– Ahora la otra pierna por favor.

Otra media de nailon subió por su otra pierna, luego, un par de manos acariciaron sus piernas, ascendiendo desde los tobillos hasta llegar a su entrepierna, donde comenzó a masturbarlo nuevamente.

– Las medias te quedan muy bonitas, sin embargo, me gustaría pedirte un favor.

– Lo que usted desee Señora.

– Buen chico, quiero que para mañana te depiles completamente, todo el cuerpo, lo harás?

– Mañana me presentaré completamente depilado Ama.

Sintió entonces el calor de su aliento, respirando sobre su pene, pensó que le practicaría sexo oral, pero nó, a último momento se detuvo y continuó respirando mientras lo masturbaba lentamente, poco a poco aproximándose al orgasmo.

Cuando ella percibió las primeras contracciones, cesó todo movimiento, el terminó eyaculando por puro reflejo sin llegar a sentir la relajación propia de un orgasmo, mas tarde descubrió que esto se denominaba «orgasmo arruinado», fue llevado al límite, justo en el último momento cesó la estimulación, eyaculó por así decirlo pero fue completamente insatisfactorio.

– Que vamos a hacer con esto preguntó?

El, con los ojos vendados ni siquiera sabía a que se refería, pronto lo averiguó cuando ella dice: – Ya sé, lame mis guantes.

Obedeció y al instante percibió que estaba lamiendo su propio semen de las manos de ella.

Nuevamente oyó el sonido de sus tacones alejándose, tomando algo de la pared y volviendo.

– Falta un pequeño detalle, harías algo por mí, preguntó susurrando una vez mas a su oído.

– Si Señora, cualquier cosa.

– Buen chico, traje un regalo para ti, como premio por haberte portado tan bien.

Percibió como ella daba la vuelta, se posicionaba frente a el y tomando su pene que ya estaba fláxido, colocó algo en el, luego, el clic de algo cerrándose.

Le quitó la venda mientras decía: – Cha Chan.

Entonces pudo confirmar lo que ya suponía, ella le había colocado un dispositivo de castidad.

– Eso se quedará ahí por el resto de la semana le anunció.

– Si Señora, como usted diga.

Procedió entonces a liberarlo de las esposas, tomó su mano, y le dijo: – Vamos a dormir ahora.

– Ahora, yo no puedo quedar así.

– Ya van dos veces que olvidas el tratamiento, no creo que quieras averiguar que pasa si lo olvidas una tercera vez, hoy por ser la primera noche lo dejaré pasar.

– Si Señora.

– Ahora vamos a dormir, y deja puestas las medias, te quedan muy bonitas.

Se acostaron, el demorando en conciliar el sueño en parte por la frustración y en parte por la sensación de las medias rozando contra la ropa de cama. Una cosa había aprendido esta noche, Emilia era mucho mas creativa que el.

Por la mañana se levantó y fue a tomar una ducha, en el momento de hacerlo encontró sobre la repisa del baño un pote de crema depilatoria, estaba completamente seguro que nunca lo había visto y sospechó que su esposa lo había dejado allí adrede.

Leyó las instrucciones de la etiqueta: – aplicar una capa en la zona a depilar, esperar diez a quince minutos, remover luego con agua templada.

Siguió las indicaciones, aplicando la crema en absolutamente todo el cuerpo, dejando solo un pequeño triángulo alrededor de su dispositivo de castidad, incluso, con cierto temor, aplicó también alrededor de su ano y en sus testículos.

Al salir de la ducha se contempló en el espejo: – Liso como la cola de un bebé, dijo para si mismo.

Preparó el desayuno y se lo sirvió a su esposa en la cama, con la esperanza de complacerla y que esa noche lo liberara del dispositivo y le permitiera tener un orgasmo de verdad.

– Buen Día Amor, le dijo.

– Buenos Días, respondió ella todavía medio dormida, luego al verlo agregó: – Que lindo, me gusta así sin vello en el cuerpo, pero has olvidado algo.

– Que, no creo, apliqué en todo el cuerpo.

– No me refiero a eso, donde están las medias?

– No me las puse, ahora tengo que ir a la oficina.

– No hay excusa, nadie notará nada por debajo del traje, si quieres, puedes usar un par de pantymedias que te resultarán mas cómodas.

Obviamente, todavía con la esperanza de que le permitieran tener un orgasmo, obedeció y vistió un par de pantymedias color natural por debajo de su traje, no había previsto sin embargo la sensación del nailon sobre sus piernas depiladas, era increíble, su esposa lo estaba guiando en un camino de nuevas sensaciones.

Por la noche, una vez mas, luego de la cena, su esposa le alcanzó un paquete conteniendo un par de medias: – Ponte estas para esta noche, no uses la máscara, no la necesitamos mas y luego espérame directamente en el sótano.

El obedientemente se cambió, colocó el complicado arnés, ajustó los broches del slip de cuero por sobre su dispositivo de castidad y nuevamente, una sensación de placer lo inundó al sentir el roce del nylon de las medias sobre sus piernas depiladas.

A continuación, fue hacia el sótano y se sentó pacientemente a esperar su llegada.

Oyó como se abría la puerta y dirigió su mirada hacia la escalera, si el día anterior había quedado impactado, hoy no fue para menos, vestía un corsé rojo muy armado que dejaba su busto prácticamente descubierto, guantes de cuero rojo cubrían casi la totalidad de sus brazos.

Se adivinaba un par de pantymedias de lycra, color natural y muy brillantes y sus piernas estaban cubiertas por un par de botas rojas altas hasta el muslo y con un tacón imposible de doce centímetros.

Maquillaje intenso como siempre y completaba el atuendo con una capa también roja que caía desde sus hombros, llegando a pocos centímetros del piso, el material de la capa no era cuero, tampoco látex.

Se acercó a el y dándole la vuelta, sujetó sus muñecas con un par de esposas a su espalda, tomó una vez mas la venda de cuero y en el momento de colocársela dice: – Hoy tengo algunas sorpresas nuevas, estás dispuesto a probarlas?

– Si Señora.

– Harás cualquier cosa que te pida?

– Si Señora.

– Buen chico, espera un momento entonces.

Como siempre, oyó el taconeo sobre el piso de cemento mientras ella se alejaba y al retornar le dice: – Levanta tu pie izquierdo.

El obedeció de inmediato, no era que tuviera muchas oportunidades de negarse.

Casi inmediatamente, sintió como un zapato era colocado en su pie. – Ahora levanta el otro.

Otro zapato vistió su otro pie, al pisar percibió que tenía un tacón. Zapatos de mujer, esto era nuevo, hasta donde llegaría su esposa? Pensó que pronto lo averiguaría.

– Se ve muy bonito, exclamó ella, veamos ahora como caminas.

Soltó entonces sus brazos e hizo que se incorporara.

– No veo nada, me voy a matar así.

Zass, un golpe en su nalga izquierda. – Te advertí que debías tratarme con el debido respeto, zass, otro golpe en la otra nalga, estamos de acuerdo?

– Perdón Señora, no se repetirá nunca más.

– Lo siento, no me gusta castigarte pero es por tu bien, comienza a contar.

Zass, comenzaron las nalgadas alternando entre una y otra, hasta llegar a veinte.

– En mi experiencia tu cuerpo guardará la memoria de este momento y estos episodios no se volverán a dar.

– Si Señora.

– Ahora, basta de discusiones. Lo tomó por un brazo y comenzó a hacerlo caminar con los tacones y los ojos vendados guiándolo.

– Un pie delante del otro, no pises con la punta del pie, pisa con el talón como lo haces siempre. Así fué instruyéndolo en la forma de caminar.

Luego de varias vueltas en torno al sótano, el ya estaba agotado, le dolían los pies por la falta de costumbre, desorientado completamente al dar vueltas con los ojos vendados. Ella por fin estuvo conforme.

– Bastante bien, te falta cierto contoneo al caminar, mañana lo solucionaremos, ahora, te guiaré hasta la cama.

Lo llevó de un brazo hasta el borde de la cama, el se recostó boca arriba y ella procedió a amarrarlo en cruz con correas de cuero y velcro.

– Que sientes al estar así?

– Me siento indefenso y a merced suya Señora.

– Esa es la idea, dijo mientras el sentía los guantes de cuero recorrer sus piernas. Sabes que tienes unas piernas hermosas, fue una excelente idea que te depilaras.

No sabiendo que decir, el simplemente agregó: – Si Señora.

Ella procedió entonces a remover el dispositivo de castidad y lubricando su pene, comenzó una vez mas a masturbarlo lentamente.

– Te gusta?

– Si Señora.

– Quieres que siga?

– Si Señora, por favor.

– Como negarme a tal pedido. Siguió masturbándolo muy lentamente, cuando estaba a punto de tener un orgasmo se detenía, esperaba un momento y luego continuaba. Este proceso se repitió varias veces, una y otra vez llegando al borde del éxtasis y luego deteniéndose.

Tal como el día anterior, en cierto momento el comenzó a eyacular y ella se detuvo, privándolo una vez mas de un orgasmo completo.

– Ten, bebe tu semen y muéstrame que obediente eres, le dijo mientras acercaba su mano enguantada a su boca.

Una vez mas, el lamió hasta que su Ama estuvo satisfecha.

Lo liberó de sus ataduras, removió la venda de sus ojos y le dice: – Vamos a dormir ahora, estoy agotada.

Con la experiencia previa, el ni siquiera pensó en reclamar por su falta de orgasmo. Al llegar al cuarto matrimonial, ella le alcanzó un baby doll rosa de seda.

– Póntelo, quiero que duermas con el. Le dijo mientras pasaba por su cabeza la lencería.

Se acostaron y tal como la noche anterior, a el le costó conciliar el sueño, las experiencias del día, el roce de sus medias contra la ropa de cama, la seda del camisón contra su cuerpo depilado, eran demasiadas sensaciones y se sentía completamente inundado.

Antes de finalmente dormirse, un último pensamiento surgió en su mente. – No había lugar a dudas, Emilia era mucho mas creativa que el, que tendría planeado para mañana?

Al día siguiente, Juan se levantó, decidió quedarse con el camisón y las medias, calzó los zapatos de tacón, pensando en practicar un poco con ellos y esperando también complacer a su Ama.

Su Ama, en que momento pensó, había dejado de ser Emilia para pensar en ella como su Ama. Las cosas estaban cambiando demasiado rápido? De cualquier forma tenía que reconocer que en los últimos días había recorrido un abanico de emociones que desconocía por completo y, salvo la falta de orgasmos satisfactorios la experiencia era extrañamente fascinante.

Preparó el desayuno y lo llevó en una bandeja a la cama matrimonial: – Buenos Días mi amor.

– Buen día, que bien te queda ese camisón, te gusta?

– Tengo que reconocer que el roce de la seda contra la piel es muy excitante, podrías liberarme por favor?

– Todavía no, ten un poco de paciencia, portate bien y tendrás tu recompensa.

– Como digas, confío en ti, ahora voy a la oficina.

– No olvides ponerte tus pantymedias debajo del traje.

El resto del día transcurrió con cierta normalidad, salvo por el hecho que en varias oportunidades recibió un mensaje de ella ordenándole que le enviara fotos de sus genitales con el dispositivo de castidad.

Cada vez que lo hacía recibía una respuesta del tipo: – Que lindo, me gusta como te queda, – Que sientes al no poder tocarte?

El respondió todos los mensajes, indicándole que le hacía sentir sumiso, que estaba permanentemente excitado, pidiéndole por favor que lo liberara.

Ella a su vez le contestaba, paciencia, falta poco, debes aprender a controlarte, si te portas bien tendrás tu premio.

Por la noche, se repitió la rutina, salvo que esta vez, ella le alcanzó un nuevo par de zapatos, estos con un tacón de cinco centímetros. Una vez que se había acostumbrado, tuvo que volver a practicar para adaptarse a la nueva altura.

La esperó sentado en la silla del sótano, al abrirse la puerta y verla descender quedó paralizado frente a su visión, es que su repertorio de ropa no terminaba nunca? En esta oportunidad estaba cubierta por un catsuit de látex que la cubría por completo desde el cuello hasta los pies, incluídos sus manos y brazos, llevaba también un par de botas altas hasta casi las rodillas ajustadas a la pierna y con un tacón de doce centímetros.

Como siempre, se acercó por detrás de el y mientras mordisqueaba su oreja le susurra – Hoy no te voy a amarrar, quiero verte caminar.

Lo ayudó a ponerse de pie y le indicó que se paseara por el sótano.

– No está mal, te falta cierta cadencia, veamos si podemos solucionarlo.

Le indicó que se apoyara con las manos en el respaldo de la silla, exponiendo su cola, ella entonces, comenzó a acariciar con sus dedos la entrada de su ano, primero con movimientos suaves, luego, introduciendo un poco uno de sus dedos, lubricando la entrada para después volver a introducir un dedo y jugar con la entrada.

– Te gusta?

– Es extraño Señora, no estoy acostumbrado pero me gusta.

– Ya te acostumbrarás, respondió ella mientras continuaba dilatando su entrada.

Cuando estuvo satisfecha con la relajación que había alcanzado el, tomó un pequeño plug y luego de lubricarlo comenzó a introducirlo.

– Es muy grande Señora, le dijo el, con la esperanza de detenerla.

– Es el mas pequeño que tengo, no te comportes como una niña, respondió ella mientras continuaba insertando lentamente el plug.

Cuando el plug estuvo firmemente insertado dentro de el le dice: – Ya está, ves que no fue tan difícil.

– No Señora.

– A ver, camina ahora.

Comenzó a caminar en círculos recorriendo el sótano bajo la mirada atenta de ella.

– Mucho mejor, continúa practicando.

– Gracias Señora.

– Mañana aumentaremos el tamaño del plug y la altura de los tacones.

El perdió la cuenta de las vueltas y el tiempo transcurrido, hasta que finalmente no pudo mas, le dolían los pies, sentía la presión del plug estimulándolo, cierto es que el discomfort inicial había dado lugar a un extraño y nuevo placer.

– Ven recuéstate sobre la cama. El obedeció y tal como el día anterior, lo amarró en cruz, retiró el dispositivo de castidad y comenzó a masturbarlo lentamente, llevándolo al borde del orgasmo y luego deteniéndose, una y otra vez, el proceso se repitió muchas veces hasta que finalmente, comenzó a eyacular.

Como todos los días anteriores, ella se detuvo y una vez mas tuvo una eyaculación sin un orgasmo satisfactorio, la presión y la incomodidad iban en aumento, recogió su semen en una de sus manos y se lo ofreció.

El obedientemente, sabiendo lo que se esperaba que hiciera sin necesidad de decírselo, comenzó a lamer la mano cubierta de látex que le ofrecían. – Bebe, eso es, lame mis dedos como si fuera un pequeño pene.

Cuando sus guantes quedaron completamente limpios, ella se mostró satisfecha y mientras le colocaba nuevamente el dispositivo de castidad le dice: – Te has portado muy bien, si sigues así dentro de poco tendrás tu premio.

– Ahora vamos a dormir, deja puesto el plug.

Era imposible dormir en esas circunstancias, el roce de las medias, la seda del baby doll, enjaulado y ahora con el plug dilatando su ano, conciliar el sueño era una tarea absurda, sus pensamientos oscilaban entre el temor y la ansiedad por lo que le deparaba el día siguiente.

Por la mañana, como ya se había hecho costumbre, dejó las medias, el camisón y el plug, se puso los zapatos ahora con un tacón mas alto y preparó el desayuno, reflexionó sobre la nueva rutina, aparentemente todos los días se agregaba un artículo nuevo a su vestuario.

Despertó a Emilia con el desayuno: – Buenos Días amor.

– Hola querido, buenos días, me encanta como te queda ese baby doll.

– Gracias, pero ahora debo cambiarme para ir a la oficina.

– Deja el plug puesto y no olvides las pantymedias por favor.

Ahora además de las pantymedias debería llevar el plug todo el día? En fin, tenía que reconocer que era «La Semana de Emilia» y que el pacto implicaba que la obedecería.

Al igual que el día anterior, en repetidas oportunidades recibió llamadas de Emilia pidiéndole que le enviara fotos, ahora no solo de su pene encerrado en el dispositivo de castidad, sino también del plug que llevaba puesto.

– Como te sientes?, le preguntaba al recibir las imágenes.

– Extrañamente inquieto, excitado y al mismo tiempo humillado.

– Excelente, esa es la idea, te quiero excitado y la humillación es un bono, te hará mas obediente.

– Mas todavía? He cumplido todas tus órdenes.

– Y deberías sentirte orgulloso por ello, sigue así y dentro de poco tendrás tu premio.

– Hoy será posible?

– Que apurado, cuanto mas te contengas, mayor será el placer, confías en mi?

– Sabes que sí.

– Muy bien, nos vemos esta noche.

Esa noche encontramos a Juan sentado en la silla del sótano, vistiendo el camisón, medias, zapatos y por supuesto, con el dispositivo de castidad y el plug enterrándose firmemente dentro suyo.

Cuando ella llegó había cambiado nuevamente su vestuario, esta tenía un vestido de látex, sin mangas, con escote cuadrado que resaltaba su busto, el maquillaje mas intenso y oscuro de lo habitual, con los labios pintados de color vino tinto, uñas postizas pintadas de negro, medias con puño elástico que se ajustaban a sus muslos y un par de botas altas, obviamente con un taco de doce centímetros.

– Confías en mí, susurró una vez mas a su oído mientras mordía suavemente su oreja y pellizcaba sus pezones con sus uñas.

– Si Señora.

– Harás lo que yo te pida.

– Por supuesto Ama.

– Sabes que hora es?

– No Señora, he perdido la noción del tiempo.

– Es hora de cambiar el plug.

– Cambiarlo? Lo he tenido puesto todo el día dilatándome Señora.

– Por eso, el que tienes es el mas pequeño, es hora de aumentar su tamaño. Levántate.

El obedeció y luego sintió como el plug era retirado, comenzó nuevamente a jugar con sus dedos en su ano, introduciendo primero uno, moviéndolo un poco, luego sintió una incomodidad cuando ingresó con un segundo dedo.

– Es cierto, estás mas dilatado que ayer, vamos por buen camino.

Siguió jugando con dos dedos, para luego sentir la presión de un objeto penetrándolo, poco a poco ella comenzó a jugar, introduciéndolo un poco, retirándolo después, volviendo a introducirlo un poco mas, este proceso se repitió varias veces hasta que por fin la parte mas gruesa del plug traspasó su esfínter, quedando de tal forma firmemente dentro suyo.

– Es un poco incómodo Señora.

– Tranquilo, ya te acostumbrarás, ahora desfila un poco para mí.

El cada vez mas sumiso, obedeció inmediatamente y comenzó a caminar en círculos por el sótano.

– Mucho mejor, con este plug tu caminar es mucho mas sensual, me gusta. Pero falta algo, que es?

– No se Señora, haré lo que usted me pida.

– Ya sé, le dijo, quítate el camisón y momento y espérame.

El retiró el camisón pasándolo por encima de su cabeza y emitió un gemido en parte de sorpresa y en parte de placer al sentarse en la silla y sentir como el plug se enterraba aún mas dentro suyo.

Ella volvió con un sostén negro que ya tenía incorporadas un par de prótesis mamarias de considerable tamaño, obviamente, todo formaba parte de un plan y la escena previa de pensar que le faltaba algo, era solo una actuación.

Le ayudó a colocarse el sostén en posición, el sintió el peso de las prótesis sobre su pecho, mas realistas no podían ser, incluso se percibía la forma de los pezones artificiales por sobre la tela de la prenda, luego pasó por sobre su cabeza el baby doll, y lo contempló de pies a cabeza.

– Mucho mejor, a ver ahora párate de nuevo y desfila para mí.

El inició nuevamente el ritual de caminar en círculos alrededor del sótano, en cierto momento ve que ella estaba sentada en la silla, con un teléfono en la mano, filmándolo.

– Es necesario filmar y sacar fotos, Señora (recordó a último momento el apelativo).

– Por supuesto, quiero documentar todo el proceso.

– Que proceso Señora?

– Ya te enterarás, ahora sigue practicando, además agregó, solo estoy tomando imágenes de tu cuerpo, del cuello hacia abajo eres toda una mujer.

Caminó, caminó y caminó hasta que sus pies comenzaron a doler, agotado pidió: – Por favor Señora, no puedo más.

– Lo has hecho muy bien, estoy orgullosa, ahora ven a la cama.

El pensó que por fin tendría al menos un orgasmo completo luego de los halagos de ella, sin embargo estaba completamente engañado ya que se repitieron los sucesos de las otras noches, una y otra vez lo llevó al borde, cuando finalmente comenzó a eyacular, ella lo dejó frustrado, para después darle a beber su propio semen y colocar nuevamente el dispositivo de castidad.

– Vamos a dormir ahora, solo quítate los zapatos, deja puesto todo lo demás.

Ya casi era de día cuando por fin pudo conciliar el sueño, a la intrusión del plug ahora se sumaba el peso de su nuevo busto postizo, no podía encontrar posición, y peor aún, ahora había llegado a tener la convicción que todo lo que había sucedido hasta ahora, solo era una especie de preliminar de lo que le esperaba.

Estaba seguro de una cosa, fuera lo que fuera lo que Emilia tenía en mente, lo sorprendería.

Por la mañana, como era la nueva costumbre, preparó el desayuno y lo llevó hasta la habitación matrimonial.

– Buenos Días mi Amor.

– Hola Buenos Días, que lindo se ve tu busto nuevo.

– Gracias, todavía me estoy acostumbrando a su sensación, pero tengo que confesar que es agradable.

– Que bien, es bueno que te acostumbres porque me excita verte así.

– Ahora debo cambiarme para ir a la oficina.

Una vez mas, como todos los días, la recomendación: – No olvides dejar el plug puesto y ponerte las pantymedias.

Otra vez, durante el día fueron frecuentes las visitas al baño privado de su oficina para enviarle fotos a Emilia de su pene encerrado, del plug dilatándolo y de las medias cubriendo sus piernas.

Las humillaciones ya se estaban haciendo costumbre.

Al llegar la noche, se cambió colocando el sostén con relleno, las medias, los zapatos y por supuesto, dejando el plug y el dispositivo de castidad puestos.

Se sentó en la silla del sótano a esperarla, en parte imaginando no solo con que atuendo aparecería hoy, sino también que nueva propuesta traería, que le haría hacer hoy? Esperaba que al menos, no fuera tan cansado como estar horas desfilando y practicando con sus tacones.

Cuando bajó las escaleras, traía las mismas ropas que el lunes, corsé de cuero armado, medias de nylon con ocho portaligas, guantes de látex hasta los hombros, botas de caña alta hasta la rodilla con un tacón de doce centímetros y de más está aclarar, maquillaje severo, con el cabello amarrado en una cola de caballo.

Le sorprendió si, que en una de sus manos cargaba un bolso, que era lo que traía allí? Creía que pocas cosas lo sorprenderían a estas alturas, no obstante, la creatividad de su Señora no dejaba de asombrarlo.

– Hoy traje un regalo para ti, pero primero vamos a cambiar ese plug.

– Cambiar el plug Señora, ya me estaba acostumbrando a el.

– Justamente, debemos aumentar el tamaño.

Dicho esto, tomó un plug de la pared. – Levántate y muéstrame la cola, le ordenó.

El obedeció, apoyó sus manos en el respaldo de la silla y ofreció sus nalgas. Ella retiró el plug e insertó uno nuevo de ya generosas dimensiones, aún lubricado, estuvo dilatándolo durante un buen tiempo, entrando un poco, retirándolo, volviendo a colocarlo, esta vez un poco mas profundo, hasta que finalmente pasó por el esfínter, dilatando su ano un poco mas.

– Ahora siéntate que voy a darte tu regalo, le dijo mientras tomaba la bolsa.

Jamás hubiera esperado lo que ella tomó de la bolsa, un estuche de plástico transparente, de considerables dimensiones que contenía un set de maquillaje completo, tomó un pequeño banco y lo colocó a su lado, abrió el estuche que mostró tener tres estantes distintos, conteniendo todo tipo de elementos, sombras, pinceles, base, uñas postizas y una cantidad de artículos que no supo identificar.

– Vamos a ver si podemos hacer algo con tu rostro, dijo tomando una pinza de depilar y comenzando a trabajar en sus cejas.

– Señora, por favor, mañana tengo que ir a la oficina.

– No te preocupes, apenas se va a notar, solo quiero darles un poco de forma.

En eso tenía razón, apenas las perfiló, retirando solo los pelos fuera de lugar, cuando terminó seguían siendo las mismas, mas delgadas, con mejor forma y no impediría su rutina diaria.

Luego continuó pegando las uñas postizas, de considerable longitud, y pintándolas de color rojo intenso.

Cuando terminó, continuó con su rostro, delineó sus párpados, aplicó pestañas postizas, luego sombras, rubor y finalmente pintó sus labios del mismo color que las uñas.

– Casi listo, solo falta un pequeño detalle. Le dijo mientras tomaba una peluca de negra con corte cleopatra del bolso.

La puso en su cabeza, luego la acomodó y peinó.

– Listo, casi no te reconozco, estás hermosa y eso me excita.

– Gracias Señora.

– Tenemos que trabajar un poco la voz, además, ahora no podemos llamarte mas Juan y Juana me suena aburrido, creo que tienes aspecto de Débora. Está bien si te llamo Débora?

– Como usted desee Señora.

– Muy bien, volvió al bolso y tomando un espejo lo puso delante de su flamante creación.

– Casi no puedo reconocerme Señora, dijo la recién nacida Débora.

– Creo que he descubierto mi bisexualidad, le dijo ella, no sabes como me excita verte así, ahora ven aquí.

Fue esta la cama y se acomodó en cuatro, exponiendo sus nalgas. – Agradéceme besando mi culo, quiero sentir tu lengua dentro de mi ano.

Débora obedeció y comenzó a besar primero sus nalgas, dejándolas marcadas con su lápiz labial, poco a poco se fue acercando a su ano, comenzando primero a besarlo y después introduciendo tímidamente su lengua dentro del orificio.

– Más profundo, pon un poco mas de voluntad o tendré que castigarte.

Extendió su lengua lo mas que pudo, con sus delicadas manos ahora adornadas con uñas postizas, abrió sus glúteos para dejar mas expuesto su ano y entonces introdujo su lengua lo mas profundo que pudo. Pudieron oírse entonces los gemidos de su Ama.

– Que delicia, tendría que haber hecho esto mucho antes, sigue, sigue.

Por supuesto, ella obedeció tratando virtualmente de penetrar a su Señora con su lengua.

– Espera, ahora ponme este plug, quiero sentirme bien llena.

Tomó el plug que ella le alcanzaba y comenzó a introducirlo lentamente, repitiendo el juego, dejando que entrara un poco, luego retirándolo para después volver a colocarlo, cada vez un poco mas profundo.

Cuando estuvo por completo dentro de ella, se dio vuelta y le ordenó.

– Ahora quiero sentir tu lengua sobre mi clítoris.

Comenzó entonces a besarla, lamiendo con fuerza sobre su sexo, sintiendo como el orgasmo de ella se aproximaba cada vez mas, hasta que por fin, la tomó de la cabeza, presionó mas fuerte y comenzó a gemir.

Débora continuó tratando de prolongar su orgasmo lo mas posible hasta que finalmente, ella, exhausta la separó.

– Ha sido excelente, tendríamos que haberlo hecho mucho antes.

– Cuando usted lo desee Señora.

– Ten la seguridad que se repetirá con frecuencia. Ahora vamos a dormir, solo quítate los zapatos, quiero dormir con mi nueva esposa.

El viernes por la mañana, al levantarse automáticamente calzó los zapatos de tacón, se miró en el espejo y pensó que su maquillaje necesitaba un retoque, sin saber como hacerlo, simplemente pintó sus labios y acomodó su peluca, esperando que Emilia reconociera sus esfuerzos, procedió luego a preparar el desayuno.

– Buenos Días mi Amor.

– Buenos Días, que bonita estás hoy, veo que pintaste tus labios.

– Esperaba que te agradara, no supe como corregir el resto del maquillaje.

– Hoy corregiremos eso, ahora que lo recuerdo, ayer por la noche con la emoción olvidé algo.

– Quizá liberarme de este artefacto? Dijo refiriéndose al dispositivo de castidad.

– Eso no, por ahora debes ser un poco paciente, dentro de poco tendrás tu premio. Lo que olvidé fue darte esto, dijo mientras le alcanzaba un plug de mayor tamaño.

– Quieres que lo use?

– Por supuesto, quiero que estés bien dilatada y preparada para cuando recibas tu premio. Vamos, póntelo de una vez.

Sabiendo que ella esperaba que se humillara en el proceso, dio la vuelta y mostró a su Ama como retiraba el plug y luego de lubricarlo, colocaba el nuevo, sintiendo como su ano se dilataba un poco mas.

– Ahora debo cambiarme para ir a la oficina.

– Por supuesto.

Ya no era necesario aclararle que debía dejar el plug en su lugar durante todo el día.

Los sucesos de esa noche sufrieron una ligera variación, Débora la estaba esperando en el sótano cuando su Ama llegó vestida otra vez como si fuese la Bruja Escarlata.

– Hoy no vamos a jugar aquí, vamos a tu cuarto que te enseñaré a maquillarte.

– Si Señora, la siguió hasta la habitación donde estaban sus cosas.

Al llegar al cuarto, encontró una pequeña pero significativa alteración, frente al tocador había una silla, siempre había estado ahí, con un espejo que que había sido instalado hacía un par de días, donde podía contemplar su transformación.

Ahora, el centro de la silla estaba ocupado por un dildo realista fijado a la silla mediante un mecanismo de succión.

– Vamos, siéntate le dice su Ama.

– Señora, es muy grande.

– Ya debes estar acostumbrada, además, es levemente mas pequeño que el plug que tienes ahora, solo es un poco mas largo simplemente. Vamos, no me hagas esperar o tendré que castigarte, yo te ayudo.

– Si Señora, retiró entonces el plug y alineó la entrada de su ano con el glande del dildo.

Ella lo tomó por los hombros y ejerció presión hacia abajo, el consolador comenzó a penetrarla lentamente, en algo tenía razón, entró fácilmente.

– Ves? No ha sido tan difícil.

– No Señora, usted tenía razón.

– Ahora presta atención, voy a enseñarte lo básico del maquillaje, de ahora en adelante tendrás que hacerlo tu sola.

Comenzó entonces una lección a la que intentó, realmente intentó prestarle toda su atención, no pudiendo evitar distraerse con la sensación del dildo llenando su culo.

Le explicó como aplicar las pestañas postizas, el uso del color para realzar sus pómulos y afinar el mentón.

Como difuminar la sombra de sus párpados y finalmente, delinear los labios y luego pintarlos para hacerlos parecer mas gruesos.

Por último, la última lección fue como aplicar y luego pintar las uñas postizas y como fijar la peluca.

Cuando hubo finalizado, una vez mas, no quedaba rastro de Juan y solo podía ver a Débora.

– Bien, ahora necesito que te quedes quieta. En cuanto le dijo esto, tomó un par de esposas y amarró sus brazos por detrás del respaldo de la silla, luego tomó unas cintas de velcro y aseguró sus tobillos a cada una de las patas de la silla.

Así inmovilizada, quitó el dispositivo de castidad y comenzó a masturbarla como tantas otras veces, acercando su boca al glande, deteniéndose a último momento cuando pensaba que lo besaría y debiendo conformarse con sentir solo su aliento caliente sobre sus genitales.

Acariciaba sus testículos con una mano, mientras con la otra continuaba masturbándolo, se detenía, luego continuaba, muy despacio, llevándola al borde del orgasmo una y otra vez, hasta que como tantas otras noches, no pudo contenerse mas y comenzó a eyacular, ella por supuesto, se detuvo, arruinando su orgasmo y recibiendo en su boca todo el semen.

Se incorporó y acercándose a su rostro le dice: – Bésame.

Abrió su boca y extendió su lengua, ella la besaba como si fuesen dos lesbianas, sus lenguas entrelazándose y al hacerlo, le pasaba todo su orgasmo.

– Bebe, muéstrame que eres una buena chica y tómalo todo.

Débora obedeció sintiendo como el líquido descendía por su garganta. Que cambio pensó, hace una semana jamás habría soñado estar en esta posición, con un consolador enterrado en su culo, bebiendo su propio semen y adorando a una mujer que apenas reconocía.

La liberó de sus ataduras y le dice: – Ponte nuevamente el plug y vamos a dormir que mañana será un día agitado.

Capítulo IV – Débora Florece

El sábado por la mañana, se dirigió al cuarto que tenía destinado y arregló su maquillaje intentando seguir las enseñanzas de Emilia de la noche anterior, acomodó su peluca y calzó los zapatos de tacón, extrañamente estaba tan acostumbrada a utilizarlos que ahora le resultaban mas cómodos que los zapatos masculinos que debía utilizar durante los días de semana.

Obviamente, todas las vueltas y todo el esfuerzo empleado en el sótano habían rendido sus frutos.

– Buenos Días amor, aquí está el desayuno.

– Gracias, buen día, como siempre, estás hermosa, veo que has arreglado tu maquillaje.

– Hice lo posible, aún me falta práctica.

– No te preocupes por eso, hoy debo salir a hacer unas compras.

– Te acompaño?

– No, te he dejado sobre el tocador una lista de tareas que debes realizar, como así también la ropa que espero uses, dedícate a ello mientras no estoy, volveré por la tarde.

– Como desees.

Fue hasta el cuarto donde se encontraban todas sus cosas y encontró el papel impreso con la lista.

Querida Débora:

Hoy será un gran día para ti y quiero que todo esté listo, presta atención a tus deberes.

1. En tu laptop he dejado dos listas de reproducción, la primera de ellas consta de una serie de tutoriales de maquillaje, quiero que la veas y que practiques los trucos que allí se indican.

2. La segunda lista de reproducción contiene una serie de vídeos sobre postura, ademanes y modales femeninos, espero que practiques los consejos que figuran en la misma.

3. Luego que hallas perfeccionado tu maquillaje y tus modales, espero que hagas el aseo de la casa, usa para ello la ropa que he separado para hoy.

4. Por último, prepara la cena, deberá estar lista para las 9:00 de la noche, hora en la que espero llegar.

5. Cuando llegue, quiero que estés esperándome en la sala, realizaré una inspección y en caso de haber cumplido con estos encargos tendrás la recompensa que durante tanto tiempo has esperado.

Examinó entonces la ropa que había preparado para ella, era un uniforme completo de mucama francesa, había indicado en su lista inicial el fetichismo de ropa, pensando en que sería Emilia quien la usaría, jamás habría imaginado que se encontraría en esta posición.

Comenzó ajustando el corsé de cuero, ajustándolo lo mas que pudo a fin de reducir su cintura, luego el sostén con las prótesis mamarias que le le daban un busto formidable, ajustó los ocho tirantes a las medias negras de nailon prestando especial atención a que la costura de las mismas estuviera recta, luego calzó los zapatos, negros, con un tacón aguja de doce centímetros.

Caminó un poco para acostumbrarse a la nueva altura y una vez que se sintió segura, se sentó en la silla y activó la primera lista de reproducción.

Siguió los consejos, trucos para agrandar los ojos, como usar sombras para acentuar sus pómulos y reducir su barbilla, la forma correcta de colocar las pestañas postizas, como hacer parecer sus labios mas gruesos, etc. Perdió la noción del tiempo, cuando finalmente terminó el último de los videos, contemplo su imagen en el espejo y se sintió bastante conforme, le faltaba práctica pero el resultado era aceptable.

Eligió una peluca negra también, pero con un peinado alto, que esperaba resaltara su cuello, en su cuello, ajustó una cinta negra de aproximadamente cuatro centímetros de altura, con un gracioso moño blanco al frente, luego pasó a aplicar las uñas postizas y pintarlas del mismo color de sus labios, rojo por supuesto.

Un último detalle, anillos en sus dedos que le daban una apariencia mas femenina.

Llegó el momento de ponerse el vestido y completar su transformación, se trataba de un vestido negro, con mangas cortas que apenas llegaban a los codos, escote cuadrado que resaltaba su busto artificial y tan corto que al inclinarse, dejaba al descubierto sus nalgas.

Se contempló en el espejo, bastante bien, era la fantasía erótica del Juan de hacía dos semanas, si su pene no estuviera encerrado, tuvo la seguridad que se habría masturbado ante su propia imagen.

Pasó entonces a la segunda lista de reproducción, como caminar, debido a la infinidad de vueltas en el sótano, consiguió destreza rápidamente, la altura de los tacones acentuaba aún mas el contoneo de sus caderas.

Mas trabajo le costaron los modales, como sentarse con los tobillos cruzados, como levantarse graciosamente, gestos y ademanes cotidianos tenían una contraparte femenina que debía practicar una y otra vez.

El último de los vídeos trataba sobre la voz, la idea no era hablar en falsete, sino hablar lentamente, con un tono suave, grababa una frase para luego reproducirla y ver como sonaba, perfeccionando su estilo hasta que una vez mas, estuvo conforme con el resultado.

– Bueno Débora, se dijo a si misma frente al espejo, es hora de comenzar con tus tareas.

Dedicó el resto del día al aseo de la casa, al limpiar los baños, una de sus medias sufrió una rasgadura, corrió rápidamente al cuarto con la esperanza de encontrar otro par, su Ama no le perdonaría que la recibiera con una de sus medias rotas.

Por fortuna, encontró un par de repuesto y ya mas tranquila comenzó a preparar la cena.

Estaba terminando cuando escuchó el automóvil de su esposa ingresando a la cochera, fue entonces hasta la puerta, colocó sus manos entrelazadas en su regazo y esperó la llegada de su Señora.

– Buenas noches señora, la cena está casi lista, espero que esté todo a su gusto.

Ella entró con un paquete en la mano, otra sorpresa quizá? Ya estaba acostumbrada a que su esposa la sorprendiera.

– Veo que has estado trabajando en tu voz, te felicito.

– Gracias Señora.

– Termina con la cena, mientras revisaré la casa para verificar que hallas cumplido con tus obligaciones.

– Como desee Señora, verá que no tendrá ningún reclamo.

– Eso espero.

Se dirigió a la cocina y terminó de ultimar los detalles de la cena, preparó la mesa para su Señora, y se dispuso a esperarla.

– Bastante bien, le dijo cuando regresó, has superado las expectativas.

– Gracias Señora.

– Pero, porqué hay un solo plato? Hoy cenarás conmigo, tenemos que celebrar.

Agregó otro plato y sirvió la cena.

– Estás muy bonita hoy Débora.

– Gracias Señora, hice mi mejor esfuerzo.

– Es increíble como me excita verte así, como te dije antes, creo que he descubierto mi bisexualidad gracias a ti.

– Usted también ha despertado en mi muchas sensaciones y experiencias que desconocía, estaré eternamente agradecida por ello.

Cuando terminaron con el postre Emilia le dice: – Ha estado todo excelente, espérame en el sótano para recibir tu premio.

– Si Señora.

Débora descendió al sótano lo mas rápido que pudo, al fin había llegado el momento de tener un orgasmo completo. Se sentó en la silla y se dispuso a esperar a su Ama.

Oyó la puerta abrirse, luego el sonido de sus tacones golpeando contra los escalones, inmediatamente dirigió su mirada hacia ella, botas de caña alta ajustadas a la pierna, con un tacón de doce centímetros, medias de nailon negras, sujetas al corsé de cuero por medio de ocho tiras al igual que las que tenía ella, un busto hermoso y prominente que parecía querer escapar del sostén, guantes de látex negros hasta los hombros, el cabello amarrado en una cola de caballo y el maquillaje como siempre, en tonos oscuros.

La imagen perfecta de una domina.

No obstante, lo que atrajo su atención era que tenía puesto un strap-on, de su pelvis emergía un pene de aspecto realista, mas grande aún que el que había probado la noche anterior, ligeramente curvado hacia arriba, ella lo exhibía obscenamente, realizando movimientos con su mano derecha como si se estuviera masturbando.

– Te gusta tu premio?

– Señora, es muy grande, que es lo que quiere hacer.

– Hoy te convertirás en mi mujer. Dijo dando la vuelta y acercándose una vez mas por detrás, susurrando a su oído con esa voz sensual y seductora tan ensayada.

– Harás lo que yo te pida?

– Si Señora.

– Quieres que te haga mi esposa?

– No estoy segura Señora, me da mucho miedo.

– No seas tonta, confías en mi?

– Por supuesto Señora.

– Verás que te va a gustar. Comienza besándolo.

Cambió de posición y se paró frente a Débora, ofreciéndole su pene artificial para que lo bese.

– Vamos, yo te ayudo. Le dijo mientras tomaba su cabeza con sus manos y ejercía presión acercándolo a su falo.

– Bésalo primero, comienza por la punta y luego recórrelo con tu lengua.

Era de un aspecto realista increíble, salvo su tamaño por supuesto, replicaba perfectamente el glande, su cuerpo recorrido por venas, incluso los testículos.

Débora, obedientemente comenzó a besarlo tal como le había indicado su Ama, recorriendo el glande artificial con su lengua, luego su cuerpo y finalmente acariciando los testículos con una de sus manos.

– Ahora abre tu boca preciosa.

Ella obedeció y sintió como invadía su boca, sintió una arcada en el fondo de su garganta, que por fortuna pudo contener. El pene se retiró un poco para volver a ingresar nuevamente, esta vez un poco mas.

– Tendrás que practicar, no espero que hoy lo consigas, pero ten en cuenta que quiero ver como te lo tragas entero.

Ella con la boca llena, no pudo responder, solo asentir levemente.

– Basta de preliminares, ve hasta la cama y acuéstate boca arriba.

Se posicionó como su Ama le había indicado, esta se acercó lentamente, su atención se dividía entre los movimientos de masturbación que su Señora estaba practicando, el sonido de los tacones contra el cemento del sótano, y una emoción extraña, en un sentido temía ser penetrada con semejante objeto, en otro, ansiaba entregarse a Emilia y que la hiciera su mujer.

Cuando estuvo a tan solo diez centímetros, retiró el dispositivo de castidad mientras decía: – Hoy no vamos a necesitarlo, vas a tener un orgasmo completo.

Se acercó aún más, tomó sus piernas y las colocó sobre sus hombros y luego presentó el pene contra la entrada de su ano, comenzó a ejercer presión lentamente, entrando un poco, sintió como el glande atravesaba su esfínter.

Se retiró, para volver a penetrarla otro poco, repitiendo el proceso varias veces, cada una de ellas penetrándola un poco mas. Finalmente, sintió como los testículos artificiales golpearon contra sus nalgas.

– Ya está, has tenido algún dolor.

– No Señora.

– Quieres que siga?

– Si Señora.

– Quieres que te haga mi mujer?

– Si Señora.

– Entonces debes pedírmelo.

– Por favor Señora, hágame su mujer, quiero convertirme en su esposa y servirla.

– Puedes hacerlo un poco mejor.

– Quiero ser su puta, por favor penétreme, se lo ruego.

– Así está mejor, dijo ella y entonces Débora descubrió que el pene tenía un vibrador que ella había activado, la sensación de plenitud, sumada a la vibración fue demasiado.

– Por favor Señora, siga, no me deje así.

Su Ama comenzó entonces a cabalgarla, introduciendo el pene por completo, para retirarlo y volver a penetrarla, una y otra vez, el orgasmo dentro de ella fue creciendo y como siempre, justo a último momento se detenía, la llevó al borde innumerables veces, deteniéndose siempre justo en el instante en que Débora estaba por eyacular.

Esta vez en cambio, cuando tuvo las primeras contracciones, su Ama en vez de retirarse, la penetró profundamente, dejando que el extremo del pene, vibrando, estimulara su próstata.

El orgasmo que sobrevino fue único, estaba eyaculando sin estimular sus genitales, el semen brotaba una y otra vez, su esposa continuaba ejerciendo presión, estimulando su próstata y las convulsiones no cesaban, incluso, cuando ya no tenía mas semen que expulsar, los espasmos continuaron, una y otra vez, hasta que finalmente, cedió su esfínter y comenzó a orinarse.

Recostada sobre un charco de sus propios fluidos, inundada por las emociones, luego de haber tenido el mejor orgasmo de su vida, totalmente agotada física y emocionalmente, Débora no pudo con todo eso y comenzó a llorar, lágrimas recorrían sus mejillas arruinando su maquillaje, los sollozos preocuparon a Emilia, quien inmediatamente se retiró.

– Estás bien? Preguntó con genuina ansiedad.

– Si, no te preocupes, es que fue demasiado intenso, no esperaba algo así.

– Te dije que hoy disfrutarías.

– Y no te has equivocado, ha sido increíble, nunca tuve un orgasmo así. Gracias mi amor.

– Ahora vamos a descansar, ambas lo necesitamos.

Débora se incorporó y notó que sus piernas no la sostenían. – Ayúdame por favor, me tiemblan las piernas.

Emilia la abrazó y la sostuvo, guiándola por las escaleras del sótano, permitiendo que se apoyara en ella.

Al llegar a la habitación matrimonial, le dice: – Cámbiate de ropas, pero deja las medias, el sostén, la peluca y arregla tu maquillaje, hoy quiero dormir con mi nueva esposa.

Siguió las instrucciones, pasó por su cabeza el baby doll y al acostarse percibió que Emilia estaba desnuda, salvo que había colocado nuevamente el strap-on.

Al acostarse, ella la abrazó por la espalda, sintió la punta del pene artificial contra la entrada de su ano y se dispuso a dormir.

Capítulo V – Un Nuevo Pacto

Por la mañana del domingo, Débora se levantó, fue hasta el cuarto donde se encontraban sus cosas y luego de tomar una ducha comenzó a producirse, primero el maquillaje, ahora utilizando colores mas claros, aptos para el día, eligió la peluca negra de corte cleopatra, el sostén con las prótesis mamarias, corsé lo mas ajustado que pudo, medias de nailon color natural.

Que ropa usaría? Seleccionó una blusa blanca cerrada en el cuello, con mangas largas y volados en los puños, una falda tubo cinco centímetros por encima de sus rodillas color café con leche, zapatos al tono.

Completó su atuendo con un par de pulseras en su muñeca derecha y tres anillos, dos en su mano derecha y uno en su izquierda.

Mientras preparaba el desayuno no pudo evitar reflexionar durante los sucesos de la semana, como era posible que en tan solo siete días hubiera recorrido semejante camino, el lunes era un hombre completamente heterosexual y el sábado por la noche terminó convertida en una mucama francesa, rogando a su esposa que lo penetrara.

De cualquier forma, la experiencia había sido increíble y no estaba bajo ningún concepto arrepentida.

Cuando terminó de preparar el desayuno lo sirvió en la cama.

– Buenos Días amor.

– Buenos Días Débora, que linda estás hoy.

– Gracias, quería demostrarte lo mucho que disfruté anoche.

– Con respecto a eso, hay cosas que quiero conversar.

– Por supuesto, yo también necesito hablar de algunas cosas.

– Primero yo, le dijo Emilia, creo necesario aclarar que «La Semana de Juan» fue excelente, me animo a decir que nunca en mi vida tuve tantos orgasmos y no tengo nada que reprochar.

– Me alegro querida.

– Déjame terminar, no me interrumpas por favor.

– Adelante.

– Sin embargo, la segunda semana, a pesar de haber tenido menos orgasmos, fue mucho mas placentera. No puedo explicarte, es como si la sensación de estar en el control de la situación, el poder, la capacidad que tenía de inducirte a hacer cosas resultara mas excitante que la actividad sexual en sí.

– Te entiendo.

– Aguarda, no he terminado aún, como sabes, durante el día tengo que lidiar con clientes que no saben lo que quieren pero que tienen la arrogancia de decirme que es lo que tengo que hacer. Las actividades durante la noche eran en cierto sentido liberadoras, casi podría decirte que el poder que tenía era como una droga, inicialmente no tenía ninguna intención de llegar a las cosas que hicimos ayer a la noche.

– Pero pasó algo.

– Exactamente, cada día sentía la necesidad de avanzar un poco mas, de explorar mis límites y los tuyos, como te dije antes, cada día quería un poco más, y aquí estamos. El hecho es que no me gustaría ahora volver a «La Semana de Juan», no se si ahora podría aceptar un rol sumiso.

– Si tengo que ser sincera, dijo Débora, mi caso fue exactamente el contrario, has visto que llego todos los días reclamando de la necesidad de imponerme, de mostrar que soy el jefe, de cuidarme de todos aquellos que están esperando un error mío para ocupar mi puesto.

– En mi caso, continuó, la experiencia fue liberadora si se quiere, solo me importaba complacerte, mi única obligación era obedecerte. Sabiendo por supuesto que no me causarías daño, y al mismo tiempo, con la expectativa de que nuevas actividades tendrías reservadas para mí.

– Entonces, que piensas? Preguntó Emilia.

– Pienso que a mi también me costaría volver a «La Semana de Juan», casi te diría que fue una experiencia estresante para mí, luego de salir de la oficina, lejos de relajarme, me veía obligado a pensar que haría, como podría darte placer, temeroso siempre de equivocarme. No podría volver a ello.

– Entonces, seguimos así como estamos?

– Me encantaría, además, no podemos desperdiciar toda la ropa que has comprado para mí.

– Excelente, esa es mi chica, ahora, como muestra de devoción, quiero que beses mi pene.

Débora entonces, obedientemente, se arrodilló al costado de la cama y comenzó a besar el pene artificial de su esposa.

– Madre mía, que puta que sos y como me gusta.

Epílogo

Seis meses después de los sucesos aquí relatados, Juan llegó por la tarde a la casa, buscó a su mujer en el estudio.

– Hola querida, ya llegué.

– Hola mi amor, que bueno verte.

– Si quieres, busco a Débora y le pido que venga así te ayuda a relajarte.

– Por favor, no sabes cuanto la necesito.

Hasta aquí el relato, espero les halla gustado, como siempre, espero sus comentarios y sugerencias para perfeccionar mi estilo.

Me fascina escribir relatos, pero como te imaginarás, lleva mucho tiempo y esfuerzo, y si crees que lo merezco, te pido colabores mediante un aporte voluntario en mi cuenta de patreon, te lo agradeceré mucho.