Capítulo 1
Parte I
La verdad nunca creí que me cogería a una travesti, y menos que fuera mi amigo. No daré su nombre pero más adelante les diré su nombre de chica.
Yo lo conocí desde que éramos niños y siempre fuimos a las mismas escuelas, en la misma ciudad. La neta sí se le notaba un poco porque era muy delicado, pero ya cuando iba creciendo se le notaba menos, hasta jalaba más mujeres en la prepa.
Como dije, desde niño se comportaba de una manera diferente y siempre en los recreos se iba con las niñas. Cuando crecimos un poco ya se juntaba con nosotros, pero igual tenía a sus amigas con las que platicaba mucho rato. Aunque todos creíamos por qué, nunca dijimos nada porque sí le teníamos respeto. Era buena onda; además, un día se metió en una pelea de nuestro grupo contra otro y sí llegó a repartir un par de putazos.
Ya en la prepa había cambiado un poco y de ahí se hizo un grupo de amigos en el que estaban dos amigos más, él y yo.
En ese tiempo fue cuando vi cosas de él que no me parecían raras en ese entonces, hasta hace poco que caí en cuenta. Una vez le vi un par de uñas medio pintadas de verde, seguro era esmalte. Otras veces cuando era fin de semana y me lo topaba por el centro, tenía olor a perfume de mujer. Yo decía que ese man se había visto con una morra, pero ya eran varias veces y el mismo olor. No era fuerte, sino algo suave.
La mera verdad siempre creí que era gay, y si en ese tiempo hubiera sabido que hacía todas esas cosas no me hubiera sorprendido. Pero lo que sí nunca me imaginaría es que se vistiera de mujer.
La única vez que me saqué de onda fue cuando lo caché en un tianguis comprando unos calzones, además de unos pantalones, pero de morra, de esos ajustados. Nomás me vio y se quedó mudo. Yo lo saludé y pasé haciéndome pendejo.
Luego de eso casi ya no hablamos en la escuela, ni fuera de ella, ni mensajes, pero todo siguió normal después aunque no dejé de pensar en eso.
Cuando salimos de prepa nos dejamos de ver, pero seguimos en contacto con nuestro grupo. Hasta que un día nos dio por reunirnos de nuevo. Fue más o menos una fiesta, bien casual. Fuimos todos a encontrarnos en la casa de un amigo.
Me sorprendí porque el man que les cuento llegó con una morra que estaba bien guapa, era tipo emo, mientras la mayoría de nosotros andábamos solos. Le dimos al ambiente enseguida, nomás platicando, comiendo y algunos tomándose unas. Yo me solté con las viejas compañeras a ver si se daba algo, pero nomás no.
Se fue haciendo larga la fiesta y todos ya bien en confianza. Platiqué un poco con él mientras su morra andaba chismeando con las otras mujeres. Todo normal y chido hasta que se le sale preguntarme:
—¿Sí viste… viste lo que compré la otra vez?
Lo dijo medio arrastrado porque andaba un poco tomado. Y como ya andaba en confianza con él, le dije medio burlón:
—Pues… la neta sí, we, ¿qué pedo con eso?
Él nomás se rió: —Sí, eso pensé… es que… no le vayas a decir a estos… pero lo compré para mí.
Solo me salió un: —Ah… bueno… pues ya, we, tranquilo que no le digo a nadie—.
—Sí, yo sabía… sabía que lo habías visto y ya mejor te lo digo… Y todavía me compro.. me compro más… mira…
En eso que me señala hacia abajo y veo como baja un poco su pantalón en la parte de la cadera, a la vez que tira de un hilo azul por lo que vi. Ahí mero, con su morra como a dos metros, pero el man no era menso y sabía que no se veía desde allí.
—A su… cabrón… ¿Y ya desde antes?—. Me dejó medio pendejo ver eso.
Él me dijo que sí, tapándose otra vez.
—Bueno, we… cada quien con lo suyo. No voy a contar ni nada… pero ¿qué hay con tu morra?
Él escuchó y se rió un poco.
—Está bien… está bien… no pasa nada. Sales, ya dijiste… tú sí eres amigo… vales mil. Hay que vernos más seguido… así como cuando íbamos en la prepa…
Yo nomás movía la cabeza haciendo que sí.
—Pues ahí a ver cuándo. Nomás no pienses que yo le doy pal otro lado.
Se quiso reír, pero se contuvo al escuchar eso.
—No… cómo crees… Si quieres, mi novia ahí tiene unas amigas… a ver si te hago paro y que te presente alguna.
Nomás le dije: —Va pues—, y ahí terminó el tema. Seguimos hablando de otras cosas. La fiesta siguió un par de horas más y luego cada quien por su lado.
No lo volví a ver durante un par de semanas. Y tampoco me molesté en enviarle un mensaje. Hasta se me había olvidado en lo que quedamos, como esos compromisos que haces pero te imaginas que nunca pasará.
Como dije, durante la prepa, después de lo del tianguis, dejamos de hablar más seguido y casi nada después de graduarnos, hasta en la fiesta. Justo en ese tiempo ya pasábamos los 24 años. Algunos ya habían terminado la universidad, yo solo me puse a jalar después de la prepa.
Fue como tres semanas después de la fiesta que él me envió un mensaje, decía: «Qué onda wey, ¿qué haces?»
De ahí empezamos a conversar un poco y hasta quedamos de vernos con otro par de amigos. Además de que me dijo que su morra iba a presentar a unas amigas, así que yo andaba bien animado para ir.
Cuando nos vimos, éramos como 7 personas: cuatro vatos y dos mujeres. Fuimos a dar una vuelta al centro a comer pizza y ver una peli.
De ahí nos separamos y mi amigo me invitó al departamento que rentaba en una colonia cercana, junto a su novia y la amiga de ella. Yo me animé y fuimos.
Ahí fue donde descubrí que sus gustos iban más allá de usar hilos.
Parte II
Estuvimos cotorreando y tomando un poco en su departamento, que estaba en un segundo piso. Tenía cocina, sala y baño. Su morra, su amiga y él lo compartían.
Después de un rato, por fin se me dio con la amiga de su novia, y ahí mero nos dábamos buenos besos mientras ella se sentaba en mis piernas. Ya bien prendido le metía mano a veces, y ella nomás se reía, pero también se notaba que le gustaba. Los otros dos también se daban, pero estaban más calmados y platicando.
En una de esas, cacho al amigo viéndome mientras me besaba con la amiga. Y no era que me viera lo que me descolocó, sino que lo hacía como coqueto, porque sonreía mientras él también se besaba con su morra.
Dejé de prestarle atención porque la neta, sí me puse cachondo con la amiga, aunque no pasaría nada más que esos besos.
Así, en el mejor momento, el man se levanta del sofá y me dice: —Oye, we, ven… ven para enseñarte algo… un ratito nomás.
Yo nomás miraba como pendejo y volteé con la morra que tenía en las piernas, y me dice:
—Ve pues, aquí te espero.
Con hueva me levanté y le dije a mi amigo:
—Ora pues, ¿qué me vas a enseñar?
—Nomás vente, vas a ver qué está chido.
Lo seguí hasta una de las habitaciones, de él, y entramos. De ahí, cerró la puerta con seguro, y yo sacado de onda, pero no dije nada, solo esperé.
—Ya… ya que tengo confianza… te quiero mostrar algo…
Apenas dijo eso, se dio media vuelta, quedando de espaldas a mí, y se baja completamente el pantalón. Llevaba el mismo hilo del otro día.
—Mira… qué te parece… —Medio que se reía diciendo eso.
—Ora, wey, no mames, ¿por qué me enseñas eso?—Dije con los ojos bien abiertos. Aparte de eso, a él como que le cambió la voz, le sonaba más aguda.
—¿Qué, no te gustó?… ándale… dime cómo se me ve. O mejor, mira esto otro.
Ahí, rápido, fue a buscar algo en un cajón y sacó un vestido rojo y se lo puso por encima de la ropa.
—¿Qué tal?… dime.
—No, wey, ya deja eso. Ya te dije que yo no le hago a eso.
—Pe-pero, solo dime.
—Que no, ya andas bien tomado, hay que regresar con las morras. No te voy a decir nada ni juzgarte, pero ya párale.
—Bueno, pues…
Se quitó el vestido y regresamos. Al chile, ahí sí me incomodó bastante, y pensé que esa sería la última vez que lo vería. Regresé con la amiga y seguimos con lo nuestro. En el resto de la tarde y la noche, ya no le hablé al amigo. Después tuve que irme, y al final, los besos ahí se quedaron nomás.
Luego, llegó el día en que la calentura me ganó.
Unos tres o cuatro días después, el man me habla para decirme que lo perdonara, que sí se pasó con lo de esa vez, y que de nuevo me invitaba para pasar el rato con su morra y su amiga. Al principio le dije que no, pero como esa morra sí me prendía, al final dije que sí.
Cuando llegué, no estaban las chicas, solo él.
Yo le pregunté qué pedo, y él respondió que llegaban después porque habían ido a comprar algo para traer y pasarla bien. Yo nomás dije —Ah, bueno—, pero se me hacía un poco raro.
—Oye, ya en serio, siento lo de otra vez, es que sí andaba un poco pasado.
—Ya, we, ya hablamos de eso, así déjalo.
—Sí, pero… es que solo quería saber qué te parecía, ya que te considero mi amigo desde la prepa. Aunque después ya no hablamos, pero siempre te tuve confianza, por eso te lo dije.
En ese momento, ya no hablaba normal, sino que ponía la voz más como niño.
—Sí, man, ya te dije, cada quien lo suyo.
Hubo un poco de silencio.
—Oye… entonces, así de compas, ¿me dejas mostrarte?..
—¿Qué?—. De nuevo me saqué de onda, no dije nada más.
—Sí, solo esta vez, por favor, solo te muestro un poco y ya.
—¿Pero, por qué, we?
—Es que quiero que me veas y me digas qué te parece, no si te gusta, solo dime la neta si me veo como una morra.
Aquí ya empezaba a molestarme, pero también me dio un poco de lástima, porque se le veía agüitado. Di un buen respiro.
—Ora pues, pero rápido, que las morras vienen.
—Sí, será rápido, igual no te preocupes, porque acaban de salir antes de que llegaras.
Se fue rápido a su cuarto y yo esperé.
Ahora es un buen momento para decirles un poco de cómo era este amigo físicamente. Pues, él siempre fue güerito, su madre era güera y de ahí lo sacó. Era delgado, así durante todo el tiempo de escuela y así se mantuvo. Me compara en altura, como de 1,70, más o menos; en ese tiempo llevaba el pelo corto.
Como dije, estuve esperando ahí. Pasaron como 10 minutos y no salía, pero me gritaba que ya casi.
Fueron como 15 minutos, y entonces él me dijo que fuera a su habitación, así sería más discreto. Yo dudé, pero al final fui para terminar rápido esa madre.
Cuando llegué y abrí la puerta, estaba todo oscuro. Él había cerrado las ventanas y corrido las persianas.
—Ora, ¿qué pasó?—Le pregunté.
Nomás me dijo que el interruptor estaba al lado de la puerta y que lo había dejado así para que fuera una sorpresa. Apenas y le reconocía la voz, ya que la cambiaba, como dije antes. Le dije —Bueno, pues— Encendí la luz y lo vi.
Nada que ver con el otro día, esta vez se había arreglado completamente. Llevaba un vestido negro corto y ajustado, zapatillas, de esas medias de encaje que le llegaban a los muslos, una peluca negra que le llegaba a los hombros, y también tenía un poco de maquillaje. Además de que olía mucho a perfume de mujer. Ese no era mi compa, era otra persona.
Él notó mi sorpresa, solo sonrió y me dijo:
—Entonces… ¿me veo como morra o no?