Capítulo 6

La noche iba a ser larga. Alex casi no pronunció palabra; estaba aterrado de que Angie supiera su secreto, o de que ya lo supiera y no le dijera nada. En cambio, Angie estaba como niña en juguetería. Alex se disculpó y se fue a dormir con el pretexto de una junta temprana de consejo en la firma.

En la habitación —hoy de Daniela por una semana— estaban acomodando la ropa y accesorios. Platicaban como amigas de toda la vida. Angie trataba de ser discreta con Alex en la habitación de al lado; no tenía planes más allá con Daniela para esa noche.

Alex, inquieto, no podía dormir profundamente. Fue a la cocina por agua; eran aproximadamente las 2 de la mañana. Angie estaba profundamente dormida. Él, en la cocina, tomaba agua de frente al refrigerador. Se gira y ahí está Daniela: en shorts de conjunto para dormir, camiseta que dejaba ver sus pezones, cabello en una coleta.

Alex se quedó frío.

Daniela le dice: «Por fin te vuelvo a ver, corredor. Una noche y saliste corriendo. ¿Qué tenías, miedo?». Se acerca a decirle al oído: «Mira cómo es la vida: trabajo para tu novia y aquí estoy. Ahora soy su amiga, pero la vida me dio la revancha». Ríe. «De aquí no vas a poder salir corriendo».

Él, mareado por el susto, el miedo, todo el olor de ella… Él no se percató, pero tenía una media erección que se notaba mucho en los boxers flojos que traía para dormir.

Daniela, rozando con el borde de su mano, le dice: «Veo que te provoco».

Él, callado, con la boca seca, solo la mira.

«¡Alex!», se escucha un grito. Era Angie, que no lo sintió en la cama. Él va con ella y Daniela se queda con una sonrisa perversa.

Angie pregunta: «¿Qué pasó, amor?».

«Nada, fui por agua. Ven».

Ella lo abraza por la espalda, roza su verga sin querer. Dice Angie: «Mira quién no tiene sueño aún». Ella, mojándose en el momento: «A ver, ven, yo te ayudo a dormir».

Él gira para estar contra la cama. Ya Angie le había sacado la verga erecta. Ella se monta en él y se mueve como diosa, con el camisón de seda puesto, se toca las tetas y cierra los ojos pensando en Daniela. Se mueve con ritmo frenética, sube y baja sin hacer mucho ruido; no quería que Daniela se diera cuenta de que cogía con Alex.

Pero era tarde. Daniela ya llevaba tiempo tocándose las tetas y masturbando su gran verga desde la puerta entreabierta. A cada convulsión de Angie, ella se meneaba más fuerte. Alex gira a Angie, la pone debajo, pone sus piernas en los hombros y él, cerrando los ojos, la embiste. Así como antes fue embestido por Daniela, él pensaba en esa noche que lo marcó.

Daniela, encantada con el espectáculo, le encantó volver a ver la verga de Alex; le gustó desde la primera vez. Daniela termina primero y se va goteando a su cuarto. Alex terminó y Angie lo alcanzó, y tuvieron un orgasmo pensando en la misma persona.

Alex salió muy temprano; no se encontró a nadie, ambas dormían. Daniela, relajada por esa noche y porque no tenía ni casting ni citas esta mañana, se dejó dormir lo más que podía, hasta que sintió dormida cómo tenía mojada la verga. Entre dormida y reaccionando a la mañana, estaba Angie lamiéndole el pito que estaba rojo y muy duro. Angie, como una desesperada, lamía, chupaba, acariciaba las bolas.

Daniela, semi dormida y ebria por la escena, solo tomó su cabello y la hundía más en ella. Angie se separó y le dice: «Buenos días, perra. Bienvenida a mi casa». Se levanta en la cama, se saca el camisón y se monta en Daniela, que rápido la ensartó hasta los huevos y embestía de abajo hacia arriba.

Le decía: «Eres una putita, nada más se fue tu macho y aquí estás dándome tu pucha de puta. ¡Sí, dame mi verga, dámela! ¡Tu verga! ¡Sí, sí!».

Daniela la voltea, la pone en cuatro y le mete el pito en el coño por detrás, y la bombea como una máquina. La toma del cabello, la jala hacia atrás y le dice: «Apenas hace unas horas te estabas cogiendo a Alex, y te levantas pensando en mi verga. Eres muy zorra, mosca muerta. ¡Eh! Habla, puta».

Mientras gemía y disfrutaba, Angie, con una voz como de película de miedo, le dice: «¡Síiiii! Soy una amante del pito, quiero vergas. ¡Amo tu verga de mujer! ¡Amo la verga de mi macho! ¡Tengo hoyo para todos!».

Daniela se enciende con las confesiones de Angie, que tenía los ojos en blanco y se convulsionaba hasta llenar de leche esa pucha hambrienta, quedando las dos tiradas en la cama por más de 20 minutos.

Angie se bañó y fue al trabajo. Daniela durmió más, sin querer pensar en otras cosas, solo descansar.

Alex calculó la hora para regresar a su casa y no tener que toparse con Daniela solo. Era muy temprano para sus costumbres, pero así ya estaba en casa él solo. Se puso a navegar en internet, y lo que le dijo Daniela le rebotaba en la cabeza: ¿cómo que trabaja para Angie?

Buscó en el sitio web, en redes, hasta que dio con las fotos de publicidad y del evento de la presentación. Ahí estaba ella: hermosa, dominante. Por fin sabe su nombre completo. La buscó en todo internet y se sorprendió de lo que Daniela había logrado. Y llegó a Instagram, y ahí las fotos subidas de tono fueron un golpe para él, una locura.

No sabía qué hacer, pero su cuerpo sí: se erectó como hace mucho no lo hacía. El link a la página azul era una tentación que no pudo evitar. Sí, él pagó y ya estaba viendo fotos. La verga de Daniela era su obsesión, y sus nalgas. Hasta que llegó a los videos premium, pagó por ver, y ahí ver videos con mujeres, con otras trans y algunos hombres en el departamento que conoció, lo hicieron perder el control: desnudarse, tocarse con furia.

Y ese estado de privación sexual no lo dejó ver que tenía público a unos metros. Era Daniela, vestida de rosa: jeans con un corsé de mezclilla con las tetas de fuera y su verga en la mano saliendo de los jeans rosas. Era una estampa majestuosa.

Él, boquiabierto, no dejaba de masturbarse ahora viendo los videos y a su protagonista a unos metros. Daniela se acerca a él y le pone la verga a unos centímetros. Ella le dice: «No digas nada, mi amor. No vengo a juzgarte, vengo a darte lo que necesitas». Y le mete la mitad de su verga en la boca; ella embiste hasta ahogarlo varias veces.

Lo levanta y le toma la verga junto con la suya, y masturba como maestra las dos vergas. Él se retuerce de placer. Ella ama verlo rendido. Lo desnuda completamente, lo gira, lo pone contra el tocador del cuarto y lo embiste sin dilatación por atrás. Él grita y gime. Le dice a ella: «Espera». Son segundos en lo que él se adapta a la forma y al tamaño.

«¡Dale, sí, dale!».

Ella obedece y lo toma del culo de mil formas: en la cama, de rodillas, con las piernas en los hombros, hasta que lo acomoda encima de ella, viéndolo erecto, subiendo y bajando de ella, hasta que explota brutalmente encima de Daniela. Y ella, al ver ese espectáculo, se viene dentro de él.

Él cae después encima de ella. Él se queda en sus brazos y ella le dice: «No vengo a hacerte daño. Estoy aquí para darte eso que falta en tu vida».

Se quedaron así mucho tiempo, hasta que Daniela reacciona, lo deja casi dormido, lo arropa y se mete a dar un baño.

Así empieza la reconfiguración carnal…

Trilogía carnal

Trilogía carnal V: El destino es travieso