Capítulo 1
Soy Andrew, ingeniero de profesión, artista plástico por vocación y me considero hetero, sin embargo, me gusta explorar los rincones eróticos del ser humano. En este relato quiero hablar sobre la fruta prohibida para nosotros los hombres; esa fruta que si la pruebas te lleva a un posible camino de placer sin retorno. Los personajes, nombres y experiencias aquí descritas solo reales, así que vamos a penetrar en el relato.
Debo decir que, por alguna razón, me ha parecido exótico, desde el punto de vista anatómico el pene humano; la forma de la cabeza, el color, la textura, las venas, sus dimensiones, la interacción en su conjunto con los testículos. Desde joven me gustó ver mi pija, su forma en estado flácido y duro. A los 19 años exploraba mi desnudez frente a un espejo y me dibujaba. Recuerdo que en mi primer auto desnudo me dibujé sentado en el piso, de frente al espejo; cuando finalicé el borrador vi mi pija y percibí que tenia buenas proporciones, no muy larga, de buen grosor. Le mostré este dibujo a mi amiga Marta Zea, mi confidente y cómplice del curso de dibujo a lápiz. Recuerdo que ella dijo que si me atrevería a dejarme dibujar por ella y accedí. Durante la sesión de dibujo me preguntó si yo había visto el dibujo a lápiz de la chica trans hecho por el maestro Rubén. Le respondí que sí, que me había resultado algo bizarra pero sugestiva la pose de la modelo. Ella rio y me dijo: “ojo con la fruta prohibida”.
Eso de la fruta prohibida quedó sonando en mi cabeza, pero no le di mayor trascendencia. La primera vez que sentí una curiosidad por una chica trans fue en el año 2006, época aquella que no había apps pero existían las cadenas de correos. En una de esas interminables cadenas de correos con mis amigos de la universidad, de repente apareció un mensaje con una presentación llena de fotos que ellos habían armado de mujeres desnudas y al final de esta había una foto de una chica trans de piel blanca con pinta emo. Su nombre en internet: Baily Jay. Aunque no me atraían las chicas trans, pues me consideraba un hetero bien plantado en mis gustos, aquella me pareció la chica más bella. Pelo negro, piel de porcelana y una pija rosada con una cabeza cónica y circuncidada. Debo reconocer que su verga generó un magnetismo extraño en mí, primero repulsión y después atracción. Muy en mi interior afirmé que sería la única chica trans con la que tendría sexo. Como pueden ver, la semilla quedó planteada en mi ser.
Pasados 10 años, en la terminal de buses del norte de Medellín, me disponía a viajar hacia Bogotá y coincidí en la fila para comprar pasaje con dos travestis. Se veían operadas, algo rudas en su rostro, pero con cuerpos bien esculpidos; una de ellas llevaba una falda corta que le permitía mostrar sus piernas. Yo me quedé mirándolas disimuladamente, pero una de ellas se percató, me sonrió y me giño el ojo. Compré mi tiquete y me senté cerca a zona de salida de los buses y de repente llegaron las dos trans y se sentaron en las sillas frente de mí. La chica de la falda me miraba fijamente con picardía, de pronto disimuladamente levantó ligeramente su falda y me mostro su verga y bolas, y se rió. Yo miré hacia otro lado y luego decidí cambiar de puesto. Por alguna razón volvió a mi mente Baily Jay y contemple la posibilidad de estar con una chica trans diferente a Baily.
En ese momento me encontraba soltero y era bastante promiscuo; experimentaba con todo tipo de mujeres, pero nunca había probado una chica trans. Así que decidí buscar por internet chicas trans prepagos. De vez en cuando, me gustaba contratar prepagos, por medio de una página web, así que busqué en mi página habitual para contratar prepagos y accedí a la opción del menú travestis. Allí vi una trans paisa de nombre Valery Henao. Una rubia, alta, con curvas, muy femenina. Con un tatuaje de una pluma en una de sus nalgas y otro tatuaje de un árbol en el costado derecho de su abdomen. Sinceramente es de las trans más bellas y cotizadas; un rostro perfecto, delicado, sonrisa amplia y blanca. Mostraba las uñas de sus manos y pies, impecablemente cuidadas. Lo único que no mostraba era su verga.
Después del viaje y de regreso a Medellín la contacté. Cuadramos para vernos un domingo en la tarde en su apartamento. Yo ese día me depilé completamente y me vestí para la ocasión. Recuerdo llegar a un edificio y en una zona céntrica y residencial. Me anuncié en la recepción y luego me hicieron pasar al apartamento 605. Mientras esperaba el ascensor me sentía ansioso y algo tembloroso, aunque mi verga estaba completamente dura. Llegué finalmente al apartamento y toqué a la puerta. Me abrió otra chica y me invitó a pasar y me dijo que Valery ya saldría. Minutos después Valery salió con una tanga y brasier diminuto y me invitó a pasar a su habitación. Era tal cual las fotos, tetas grandes y operadas, culo redondo y bien cuidado, unas piernas de infarto, pelo lacio y largo. Con una tanga diminuta que permitía marcar su verga y bolas, por lo cual quedó descartado que fuera una mujer pues la verdad se veía muy femenina. Luego me cobró el dinero pactado y luego me dijo: “ponte cómodo”.
Yo inmediatamente me desnudé y me senté en un borde de su cama y le dije que era mi primera experiencia con una chica trans. Ella, al ver mi erección, me miró y sonrió diciendo: “que rico chimbo, la tienes super dura, relax lo vas a disfrutar mucho”. Ella procedió a desnudarse y vi que también tenia su chimbo parado y duro. Me encantó lo que vi… unas bolas rosadas, una pija también rosada y una cabeza redondeada y de piel brillante que me recordaban a Baily Jay. Yo no vacilé y de una se lo chupé. Me sorprendió la rigidez de una pija erecta, se siente diferente cuando se agarra una verga que no es la propia, es una sensación muy placentera. Ella no se lo esperaba así que me miró de manera pícara y se rio diciendo: “disfruta mi chimbo, perra”. Era la primera vez que chupaba un chimbo y a decir verdad me gustó mucho. Me pareció extraordinario la suavidad de la piel de la cabeza, el sabor, todo. Ahí entendí porque a las mujeres con las que había estado les gustaba tanto chuparme la pija. Yo seguí chupando esa cabeza y después pasé a chupar sus bolas que le colgaban ligeramente. Hice eso porque a mi me excita mucho que me las chupen, así que pensé que también le gustaría y funcionó. Yo no me quería despegar de su chimbo, pero pasados unos minutos, ella lo sacó, se dio media vuelta, se puso en cuatro y me dijo: dame lengua en el culo. Allí le di lengua a ese culo y ella lo disfrutaba.
Después ella se arrodilló y comenzó a chuparme la verga hasta el fondo. Una experta chupándolo. Debo decir que mi verga es de largo promedio (15 cm) pero es gruesa y venosa, así que ella abría bastante la boca para meterla toda. Luego la sacaba de su boca, me miraba y sonreía nuevamente diciendo: “me gustan así, gruesas”. Finalmente me chupó las bolas y eso me encendió más. Ella se acostó boca arriba en posición de misionero, se lubricó un poco el ano y me dijo: “rómpeme, después te rompo yo”.
Yo me puse el condón y de una se lo metí; se notaba que ese culo era bien tragón porque al momento de meter la cabeza sentí como me la succionaba; Yo se la metí completa y ella gimió un poco, después la comencé a penetrar con cadencia y buen ritmo, Ella gemía, me miraba a los ojos y me decía: “empuja duro, párteme el culo”. Mientras yo lo hacia sentía como lo disfrutaba. podía ver su chimbo duro todo el tiempo. Debo decir que clavar por el culo a una chica trans se siente muy diferente que a una mujer. Se siente más apretado, tal vez porque la próstata se va dilatando internamente previo a la eyaculación. Yo le di por el culo a ella alrededor de 10 minutos y después me vine bastante. Yo estaba muy excitado y nervioso y tal vez eso hizo que no durara más tiempo. No se si les ha pasado que cuando se tiene un orgasmo tan intenso, uno queda sin ganas de hacer nada más. Eso pasó… Ella me dijo que era su turno de abrirme el culo, pero yo estaba tan nervioso de que me clavara que le dije que mejor me iba. Me vestí muy rápido y salí de allí. Ella se rio y me dijo: “tranquilo, ese culo tarde o temprano te lo van a partir y te quedará gustando mucho, ya lo verás”.
Me arrepentí días después de no haberme quedado para disfrutar más, pero en mi mente tenía pensamientos encontrados, por una parte, me juzgaba duramente porque un supuesto hetero como yo hubiese vivido una experiencia así, pero por el otro lado, la semilla plantada de ese futuro fruto decía que estuvo bien hacerlo, pues llevaba 10 años deseándolo. En esta primera experiencia mi culo salió sano y salvo, pero no lo estaría por mucho tiempo.
Continuara…