Capítulo 2
No respondí nada cuando me lo preguntó porque aún estaba mirándolo como pendejo.
—Oye… ¿entonces?… dime.
—Pues… así como estás, pues sí.—Le dije sin más.
—Ay, gracias… en verdad. —Me dijo.
Yo creo que casi iba a llorar, solo me quedé en silencio.
—Bueno, cámbiate y esperemos a las morras.—Le dije mientras quitaba el seguro de la puerta para salir.
—No, espera… van a tardar un poco más. ¿No quieres ver más de cerca? Ven… mira mi cabello y dime qué tal.
—No, we, ya te dije que sí te ves como morra, vámonos.
Ya iba a salir, pero él se apresuró y me sujetó del brazo.
—No… espera, solo el cabello, ¿sí? Ándale, tócalo un poco
Volví a sentir pena por él, así que cerré de nuevo la puerta por si acaso. Se dio media vuelta muy lento y me dejó frente a su cabello. Estaba a poca distancia de mí y la neta ese perfume que llevaba me estaba bajando la guardia. Después de unos segundos solo viéndole el pelo, por fin lo toqué. Era más o menos ondulado, era suave y también se notaba su rico olor. Y mero ahí pensé:
«Verga, ¿qué madres estoy haciendo?»
Le quité la mano enseguida.
—Pues, está bien… ahora sí, ya estuvo..— Ahí quise dar un paso atrás, pero estaba justo pegado a la puerta.
—Ay… está bien —Dijo él, así medio agüitado, se le notaba en la voz. En eso se acomodó el pelo y caminó hacia adelante, pero por sus zapatillas dio un mal paso y casi se tropieza, según él. Pero en lugar de irse para adelante, se fue de espalda hacia mí.
No me quedó de otra que agarrarlo de la cintura para que no se diera un madrazo. Él se levantó enseguida. Ahí estábamos muy pegados, con su pelo dándome en la cara, su perfume pegándome fuerte y mis manos en su cintura, además que su corazón parecía restregarse contra mi entrepierna.
—Ay, gracias… —Dijo con un tono muy suave, sonaba a mujer.
Allí, con esa voz, ese perfume, ese vestido ajustado, las medias hasta los muslos, el pelo, las zapatillas y mi mano en su cintura, supe que había perdido.
Ahí hay una parte que no me acuerdo, pero después me veía agarrándolo mientras se pegaba más a mi. Ya sentía la presión entre él y la puerta. Sobre todo como sus nalgas se restregaban contra mi entrepierna. Estaba manoseándolo poco a poco, apenas habían pasado unos segundos y escuché como respiraba fuerte.
—Hey…— Me susurró.
—Qué…— Le dije mientras seguía en lo mío.
—¿Te gusta?
No le dije nada, pero ya me estaba metiendo en su pelo y respirándole cerca del cuello. Él se retorcía, se movía como una morra queriéndose aparear, y se me pegaba bien cachondo y con sus manos igual buscaba donde manosearme.
—Hey… ¿Vas a darme?— Jadeaba un poco.
La verdad ahí ya tenía la sangre bien caliente, y como ya desde hacía un año que estaba más solo que perro bajo la lluvia, me animé a darle camote. En ese momento ya estaba subiéndole el vestido para tocarle esos muslos, y además empecé a chuparle el cuello.
—Ya no preguntes si ya sabes we, mejor quédate calladito.
—Si… ay… está bien… pero ya no me trates de amigo… trátame como mujer.
—Bien pues.
«Aquí en adelante estaré mezclando él y ella para describir a mi amigo, y como único detalle les diré que se hacía llamar Karla. Le gustaba ese nombre.»
Yo ya andaba bien prendido y con el trozo como tronco, mientras ella se lo restregaba moviéndose como bailarina. Le manoseé todo hasta donde llegaban mis manos, por debajo del vestido. Ahí caí en cuenta que estaba depilado el man, y por eso tenía la piel como mujer. Ya me valía todo, pero en eso recordé a las morras.
—Hey, nos van a cachar si vienen.
—No… ay… está bien, no te preocupes. Eso era mentira, ellas… vienen hasta la tarde—. Dijo en voz baja mientras seguía empujándose hacia mi.
—Te pasas, pendeja—. Le dije respirando como toro. Eso en vez de molestarle más bien lo prendió más.
Se dio la vuelta, y como si fuera una fiera me quiso quitar la camiseta. Yo le dejé, después se fue contra mi pecho, me lo besó y pasó la lengua como si fuera un puto dulce para él. Hacía eso mientras bajaba de a poco, hasta que llegó a mi abdomen. Sus manos ahi tomaron mi cinturón y lo desabrocharon con agilidad.
Yo estaba que reventaba mi pantalón y la neta lo único que pensaba es que su boca me lo mamara. Sentía su aliento cerca de mi abdomen y eso me hacía sentirme como brasa.
Me bajó el pantalón y el calzón de golpe. Saltó mi trozo de carne mientras él lo miraba de cerca.
—Mira pues, ya veo que si te gustó lo que te estuve enseñando—. Me dijo, ahí sonreía y ponia cara de maldita.
Nomás le hice una mueca. Entonces sujetó mi carne y lo levantó un poco. Sentí como su lengua húmeda pasó por debajo de mis huevos y recorrió todo mi tronco hasta llegar a la punta, donde empezó a lamerlo y chuparlo como si fuera su comida favorita
—Pinche puta—. Se me salió decirle en voz baja. Y la muy cabrona se atrevía a provocarme más, mirándome fijamente mientras me lo lustraba.
Ya me la estaba devorando y mojando de saliva, mientras una de sus manos parecía usar un molcajete con mi tronco, y con la otra me sujetaba fuerte del muslo y casi me entierra sus uñas.
Al sentir esa boca y lengua cachonda, llevé mis manos a su cabeza para que me lo hiciera más profundo. Me dejé llevar por la sensación húmeda y los sonidos lascivos de de su mamada. Así siguió por unos minutos. Después se levantó y volvió a lamerme el cuello, pero con una mano seguía estrujando mi verga. —¿Y ahora qué?— Me dijo con la respiración agitada.
—Ya sabes—. Le dije mientras le manoseaba el culo por debajo del vestido. Caminé empujándola hacia la cama, y la aventé allí. Le dije que se diera la vuelta. Ella rapidito lo hizo dejándome ver sus nalgas, se levantó el vestido y la vi con un hilo negro cubriendo la línea de su culo. Se puso bien empinada y moviendo su cadera.
Le hice a un lado ese hilo y empecé a lamerle el chiquito como un perro. Ahí vi que el puto estaba preparado y se notaba que se lo había limpiado bien, yo nomás le comía el durazno sin ninguna vergüenza y con las manos se las abría para que mi lengua se abriera paso. Me gustó mucho hacerlo, y más cuando escuchaba como el cabrón gemía como morra.
Ya no aguanté más, ya queria cogerme esas nalgas, pero antes de eso ella me pasó un condón, cómo dije ya iba preparada la muy cabrona. Me lo puse. De ahí solo recuerdo que entré en su culo, que me apretaba bien rico y caliente. Solo diré que me le monté como semental a su yegua, dándole todo mi trozo y sujetándola bien de la cintura para que la recibiera hasta el fondo. Al principio oi como gemía bajo, pero después se soltó a gemir más fuerte, y bien que aguantaba las metidas que le estaba dando.
Después de unos minutos, donde seguía empujando hasta donde alcanzara mi tronco, mientras ella se la aguantaba como prostituta, entre los ruidos que hacía ese choque y los gemidos de ella, en uno de esos momentos le sale decirme:
—Es de mi novia… ¡ay!… el hilo… hmm… que traigo puesto.
—¿Qué?— Se me fue el aire al escuchar eso.
—El hilo que traigo puesto es de mi novia… ay…
Sentí como si hirviera todo mi cuerpo. Escuchar eso me puso al límite, la neta. Hasta sentí que mi verga se ponía más dura y ya con ganas de escupir. Pensar que el hilo que llevaba era de su morra hizo que despertara lo más salvaje de mi. En ese instante le caí por completo encima. Ella boca abajo sobre la cama, yo sobre ella bajando y subiendo para ensartarla como un toro. Ya se imaginarán que ahí fue donde explotó todo. Lo que sentí fue un éxtasis brutal que casi me nubla como un putazo.
Después de que todo terminó, recuerdo estar subiéndome el pantalón y él acomodándose el vestido. Estábamos callados. No le dije nada ni esperé a que me dijera algo, salí del cuarto sin mirarlo y me fui.