Nos encontramos una vez mas, si estás siguiendo mis historias, estimo que debe ser porque te gustan, si encuentras mis relatos por primera vez, espero te gusten y comiences a seguirme.
En este caso, se trata de una historia solicitada por uno de mis lectores, me pedía que escribiera algo sobre un hombre joven que es seducido y feminizado por un travesti, durante algunos días estuve pensando en como desarrollar el relato ya que su trama es muy parecida a «La Vecina Misteriosa», como desarrollar entonces una historia sin repetirme, esa era la pregunta que no podía responder.
Bueno, luego de pensarlo bastante me decidí por cambiar el enfoque, en este caso, si bien las escenas sexuales son muy importantes y frecuentes, intentaré que el foco esté en el proceso de seducción, los sentimientos y las motivaciones de los personajes, en otras palabras, el contenido será en lo posible, mas erótico y menos explícito que lo acostumbrado.
Queda en ti, lector, el decidir si logré mi objetivo.
Como de costumbre, será un placer oír sobre tus fantasías y transformarlas en un relato.
Ana Raquel
Los Personajes
Julián – El protagonista, un hombre joven de 20 años
Débora – Travesti madura, 40 años
Oscar – Hombre de 40 años, dueño del comercio
El Electricista
Capítulo I – El Encuentro
Julián era un joven de 20 años, contextura física menuda, casi ninguna experiencia con mujeres, no por falta de ganas, mas bien se debía a una cierta falla en su personalidad, tímido, nunca encontraba la forma de dirigirse a ellas, menos aún, seducirlas. Hacía seis meses que había comenzado a trabajar en el taller de electricidad y reparación de electrodomésticos de quien era su jefe, Oscar Rodríguez, estaba aprendiendo el oficio y realmente le gustaba, en el momento en que sonó el teléfono se encontraba desarmando un viejo lavarropas que se negaba a funcionar.
– Electrodomésticos Rodríguez, anunció al descolgar el teléfono.
– Buenos días, soy Débora Gómez, necesito un electricista. Sonó una voz al otro lado de la línea, la otra persona hablaba lentamente, consiguiendo darle un tono sensual a un pedido cotidiano.
– Usted es clienta del taller Señora?
– No, encontré su número en un volante que repartieron en el barrio, pero eso no tiene importancia, en este momento hay un cortocircuito en mi casa y necesito de alguien que pueda repararlo.
– No hay problema, deme su dirección e iremos inmediatamente.
Julián anotó la dirección de su cliente y le anunció a Oscar: – Don Oscar, ha llamado una clienta nueva que necesita ayuda urgente, voy a hacer un domicilio.
Mientras tomaba la caja de herramientas, su jefe le respondió: – Mas vale que valga la pena, recuerda que el lavarropas debe estar listo para el fin de semana.
– No se preocupe don Oscar, usted mismo me ha dicho, atender rápido a los nuevos clientes garantiza que vuelvan.
– Y cumplir con las entregas también. Le respondió su patrón.
Julián no se molestó en contestarle, su patrón no era mala persona, pero a veces se tornaba un poco demandante, terminó de colocar las herramientas en la caja, y salió rumbo al departamento de la clienta que se encontraba tan solo a unas pocas cuadras.
Al llegar, se encontró con un edificio por demás imponente, – Seguro que cuenta con piscina, sauna y todas las servicios como le llaman ahora, pensó para sí mismo, don Oscar se alegrará, podremos facturar bastante aquí.
Llamó a través del portero eléctrico al departamento correspondiente y la misma voz le respondió:
– Si?
– Soy Julián, de Electrodomésticos Rodríguez, hablamos hace poco tiempo.
– Gracias a Dios, adelante por favor.
Tomó el ascensor y al salir del mismo se encontró en un rellano frente al cual había una sola puerta, indicando por supuesto que cada departamento ocupaba un piso completo, tocó el timbre y aguardó.
Al abrirse la puerta automáticamente aumentaron los latidos de su corazón al ver la figura que tenía delante de sí.
Una mujer de aproximadamente 40 años, cabello largo y ondulado que caía sobre sus hombros, maquillaje intenso, con ojos de gata, pestañas postizas y un físico exuberante, labios rojos y gruesos, uñas de al menos tres centímetros de largo, pintadas del mismo color.
Vestía un sostén de los llamados «media taza» que hacía su busto mas llamativo aún, medias de nailon negras con liguero, zapatos con tacón aguja de doce centímetros, apenas cubierta con un desabillé negro semitransparente que llegaba hasta sus tobillos y poco hacía por ocultar su figura.
Sin embargo, lo que mas llamó su atención fue que a través de la ropa interior, se percibía claramente el contorno de un generoso pene.
Julián se quedó parado, sin saber que hacer ni que responder. No le molestaba que su clienta fuera un travesti, simplemente quedó fascinado ante su aparición.
– Ocurre algo joven?
– No Señora, dígame cual es el problema.
– Simplemente no hay electricidad, supongo que debe ser un cortocircuito.
– Recuerda haber conectado algo cuando se interrumpió la corriente.
– Si, fue en este tomacorriente, conecté el cargador del celular y de pronto todo se apagó.
– Comenzaré por el entonces, permítame revisarlo.
Julián desmontó el tomacorriente y llegó a un rápido diagnóstico. – Es aquí, aquí está el cortocircuito.
Débora percibió algo en los modos de Julián, quizá fue su timidez, la forma en que se dirigía a ella, y decidió comprobarlo. Se acercó a el, y casi susurró a su oído:
– Es tan complicado, nunca entendí como funciona esto de la electricidad.
Notó como el cuerpo de el se tensaba, no de incomodidad, mas bien por no saber como responder.
Julián desconectó el tomacorriente y dejando los cables expuestos fue a activar el interruptor principal. Inmediatamente volvió se encendieron luces y electrodomésticos en todo el departamento, un equipo de música se activó al fondo del salón y comenzó a sonar un jazz suave.
– Era este tomacorriente, voy a cambiarlo por uno nuevo y estará listo.
– No interrumpirá la electricidad de nuevo? Por seguridad?
– No es necesario, es un trabajo sencillo.
Julián comenzó a introducir los extremos de los cables en los receptáculos del nuevo tomacorriente cuando Débora se paró junto a el, sus zapatos de tacón casi rozando las manos del electricista.
Este tenía su atención dividida, entre el interruptor y los zapatos y las piernas de su clienta. Su mirada se desviaba involuntariamente hacia el calzado, luego se forzaba a continuar con el trabajo. Todos estos movimientos no pasaron desapercibidos para Débora que comenzó en ese momento a elaborar un plan.
Inevitablemente, como resultado de sus constantes distracciones, dos cables que no debían entrar en contacto lo hicieron, una chispa saltó del tomacorriente, y se cortó la electricidad una vez mas.
– Te has lastimado? Preguntó Débora, te has quemado los dedos.
– No es nada, una pequeña quemadura, termino de conectar esto y ya estará listo.
– Espera un momento, tienes que aplicar algo en esa quemadura.
– No por favor, no se preocupe.
Débora no hizo ningún caso, fue hasta el baño y del botiquín de primeros auxilios tomó una crema y una venda.
Al retornar a la sala, acercó una silla y quedó frente a Julián, quien estaba de rodillas terminando la reparación.
– Excelente !!, pensó para si misma, quédate así porque pasarás mucho tiempo en esa posición.
Tomó la mano quemada de Julián y la apoyó sobre una de sus piernas, prestando especial atención a que el tuviera una excelente vista de su pene atrapado en el nailon de la ropa interior.
– Que suave, dijo el al sentir el tacto de las medias.
– Te gustan mis piernas?
– Perdón, me refería a las medias, son muy suaves.
– Quieres decir que no te gustan mis piernas. Respondió ella, jugando con el como un gato lo hace con un ratón.
Julián estaba en una encrucijada, como responder correctamente, le fascinaban sus piernas, su mirada recorría los zapatos, las piernas y el bulto que se veía en su entrepierna, que lo extrañamente lo atraía.
– Tiene usted unas piernas hermosas. Dijo finalmente.
– Gracias, ahora vamos a poner un poco de crema y vendar ese dedo quemado.
Si Julián no hubiera estado tan atento en mirar la protuberancia en la entrepierna de Débora y en intentar ocultar la propia erección, hubiera notado que en ese momento se dibujaba una leve sonrisa en los labios de la mujer.
Una vez que terminó de vendarlo le dice: – Listo, no quisiera que sufrieras por mi culpa.
– No ha sido su culpa Señora, fui yo que me descuidé.
– En fin, cuanto te debo por la reparación?
– Nada, ha sido una cuestión sencilla, me daría vergüenza cobrarle por algo así.
– Es tu trabajo, has venido hasta aquí, quiero pagarte.
– No se preocupe, no faltará oportunidad. Se puso de pié, intentando ocultar su erección con la caja de herramientas.
– Por esta vez solamente, dijo ella mientras se acercaba y le daba un beso en la mejilla. Cuando lo hizo el sintió su perfume y su busto presionando contra su pecho, su erección se tornó insoportable.
– Oh !! te he manchado con labial. Déjame arreglarlo.
En ese momento mojó su dedo pulgar con su lengua, quizá extendiéndola demasiado y mojando todo el dedo, pasó el dedo sobre el rostro de el quitando la mancha y aprovechando también para acariciar levemente su rosto.
Julián en ese momento no supo que hacer, estaba totalmente cautivado por ella, excitado a mas no poder. Simplemente, sin decir nada, dio media vuelta y prácticamente huyó del edificio.
Ella quedó parada frente a una puerta vacía pensando: – Lampiño además, excelente !!!
El volvió al taller, continuó con la reparación del lavarropas, sin embargo, no podía sacar de su cabeza a Débora, recordaba perfectamente su perfume al besarle la mejilla, el gesto al lamer su pulgar, la suavidad de sus medias al posar su mano sobre las piernas, inevitablemente, volvía la imagen del contorno de su pene semioculto por la ropa interior.
Se descubría a si mismo con una erección al recordar los sucesos de la mañana. Soñaba con estar con ella, con sentir nuevamente el roce del nailon, el beso en su mejilla, al mismo tiempo, era para el alguien inalcanzable.
Como una mujer como ella mostraría interés por alguien como el? Era evidente que a pesar de su condición, estaba acostumbrada a codearse con la mas alta sociedad.
Que podía hacer el para llamar su atención?
Cuando por la tarde, Oscar cerró el taller, el ya había tomado una decisión, tenía que hacer algo y aunque fuera evidente que era una excusa, fue hasta el edificio de Débora, tocó el timbre y aguardó.
– Quien es?, sonó la voz de ella por el intercomunicador.
– Soy Julián, el electricista, quería saber si había tenido algún problema con la instalación eléctrica.
– Que amor, pasa por favor.
Tomó el elevador y se dirigió al piso, antes de golpear la puerta esta se abrió, allí estaba ella para recibirlo, mas hermosa todavía que hoy por la mañana.
El cabello recogido en un estilo alto, maquillaje perfecto, labios de un rojo profundo, vestía una blusa blanca de seda, de mangas largas, cerrada al cuello con un lazo, por encima de la blusa, un corsé rojo que acentuaba su hermoso busto y reducía su cintura, una falda tubo diez centímetros por encima de las rodillas, muy ajustada que realzaba sus caderas.
Finalmente, medias de seda color natural, con talón cubano y costura, zapatos negros de tacón aguja de doce centímetros.
– Pero que considerado de tu parte, pasa por favor.
– Solo quería saber si había tenido algún inconveniente con la instalación eléctrica.
– Ninguno, gracias a Dios, pasa, ya que te has tomado la molestia por lo menos te puedo ofrecer algo de tomar.
El tomó asiento en un sofá de tres cuerpos que se encontraba en la sala, mientras tanto ella fue hasta la cocina y volvió con una botella de vino en la mano.
– Tengo aquí un excelente chardonnay, estaba esperando la oportunidad para abrirlo y creo que este es el momento adecuado.
– Por favor no se moleste, dijo el, notando por la etiqueta de la botella que era un vino extremadamente caro.
– No es ninguna molestia, al contrario, has sido tan gentil que mereces un premio. Dijo mientras le alcanzaba la botella, ábrela mientras voy a buscar las copas.
Julián abrió la botella y se la alcanzó, ella fue hasta la cocina para servir allí la bebida, donde el no pudiera notar que en su copa agregaba una generosa dosis de viagra y un afrodisíaco, su plan requería que el estuviera permanentemente excitado.
Volvió y se sentó no en el extremo opuesto del sofá, sino a su lado, con sus piernas rozando las de el. Le alcanzó una de las copas y brindó.
– A la salud de los buenos electricistas, dijo ella. Por quién brindarás tu?
– Por usted Señora. Dijo el, cruzándose de piernas intentando ocular su erección.
Ella llevó la conversación de aquí en adelante, el estaba paralizado ante su belleza, como una mujer así podría interesarse en el, sentía su perfume invadiéndolo, un aroma cítrico con un toque dulzón, contemplaba sus labios deseando besarlos, sentía el roce de sus piernas contra la de el, mientras tanto, hablaba y si le hubieses preguntado en ese momento que estaba diciendo, Julián simplemente te hubiera respondido que no sabía.
– Me gustaría seguir charlando contigo pero debo irme, tengo un compromiso.
– Me hubiera dicho Señora, no quise molestarla.
– Llámame Débora, no me molestas al contrario, me gusta recibir la atención de alguien como tu.
Julián no tenía muy en claro lo que había querido decir el «alguien como tu», se refería que le resultaba simpática su timidez, o se sentía halagada por su interés, imposible, ella debía estar cansada de recibir la atención de los hombres y de algunas mujeres también.
Intentando ocultar su erección, se puso de pié y se dirigió a la puerta: – Cualquier cosa que necesite, no dude en llamarme por favor.
– No lo haré, fue la respuesta de ella, y sin aviso previo, tomó su rostro entre sus manos y plantó un beso. Su lengua se abrió paso entre los labios de el y comenzó a explorar su boca.
El no supo como responder, esa hermosa mujer lo estaba besando, le gustaba? haría cualquier cosa para que ese beso continuara. Una vez mas podía sentir su perfume, cítrico con un tono dulzón que lo excitaba aún mas todavía al sentir el busto de ella presionando contra su pecho.
– Cualquier problema te llamo, gracias por venir. Le dijo mientras cerraba la puerta del departamento.
El quedó ahí, parado, sin comprender que había pasado, con una erección en sus pantalones.
Del otro lado de la puerta, ella sonrió y pensó: – La cena está servida, solo hay que esperar un poco.
Capítulo II – Volviendo a Casa
Julián llegó a su departamento todavía con la imagen de Débora en su cabeza, cambió sus ropas de trabajo por un pantalón y una camisa viejos y holgados. Se sentó frente al PC y lo encendió, comenzó a buscar videos de transexuales, en principio, cualquiera que le mostrara el navegador era bienvenido, poco a poco, fue refinando su búsqueda, transexuales maduros, mas de 40 años, cabello oscuro, maquillaje intenso, busto prominente.
Finalmente, cayó en la cuenta que estaba buscando a Débora, o al menos, algún modelo transexual que fuera parecida a ella.
Contemplaba los videos sin parar, uno detrás de otro, masturbándose lentamente, con una erección constante y una excitación que se hacía cada vez mas intensa (producto por supuesto de las drogas que ella le había suministrado con el vino sin el saberlo).
Finalmente, agotado, se durmió sobre el teclado de la computadora.
Por la mañana, el despertador lo sacó de su letargo, con la ropa sucia de los innumerables orgasmos que había tenido la noche anterior, fue y tomó una ducha antes de dirigirse al taller de electrodomésticos. Al enjabonarse no pudo resistir la tentación y se masturbó una vez mas soñando con la transexual que había conocido el día anterior.
– La volvería a ver?
– Tenía alguna excusa para visitarla nuevamente?
La primera pregunta no tenía respuesta, la segunda era negativa, no se le ocurría ninguna excusa, ingenuamente pensaba que había sido discreto el día anterior cuando en realidad, había sido totalmente transparente para Débora.
Durante todo el día estuvo pensando en ella, el viejo lavarropas que ya debería estar reparado seguía esperándolo. Oscar lo regañó señalando lo distraído que estaba y sugiriendo que prestara mas atención o podría sufrir un accidente.
Al cerrar el taller volvió a su departamento, esta vez sin embargo, tuvo una idea sensacional. La buscaría en las diferentes redes sociales, seguramente en alguna debería tener un perfil, fotos o incluso algún comentario, cualquier cosa que le permitiera saber algo mas de ella.
Para su sorpresa la tarea fue sumamente sencilla, si bien había varios perfiles con el mismo nombre, las imágenes de ella eran inconfundibles, encontró su perfil en X, en Instagram e incluso encontró una página personal y esta le llevó a su perfil en Amazon donde tenía una tienda virtual de venta de libros.
Todo lo que veía la hacía cada vez mas inalcanzable, en principio descubrió que en su juventud había sido dominatriz profesional, sin embargo, anunciaba que estaba retirada y solo sesionaba con una selecta clientela y no por dinero, sino por placer.
Además, contaba con una Licenciatura en Historia y un posgrado. Esto no le ayudaba mucho, que haría, tocar el timbre y preguntarle si podía ayudarle con una duda sobre la Revolución Bolchevique? Imposible, este era un camino cerrado.
Lo mas interesante fue la cantidad de libros que vendía en la tienda virtual, por la cantidad de ejemplares supuso que esta era su mayor fuente de ingresos, muchos de ellos eran autobiográficos mientras que otros podríamos llamarlos tutoriales, por ejemplo:
– Guía para feminizar a su pareja.
– Los beneficios de contar con una sissy en casa
– Tutorial sobre bondage
– Como educar un sumiso
– Mis experiencias (una recopilación de historias)
Y la lista seguía, se decidió por adquirir uno de ellos, simplemente impulsado por la idea de conocerla mejor, de acercarse a ella, sabía que era una fantasía, que de ninguna forma encontraría en un libro una llave para conocerla, igual, se animó y compró el texto «Mis Experiencias».
Una vez realizada la transacción, lo descargo y se dispuso a leerlo, el texto era casi una autobiografía, conde relataba (muy bien por cierto) desde sus comienzos, el inicio de la carrera universitaria como hombre y la finalización de la misma como mujer, intercalando su historia personal con los diferentes encuentros que tenía, hasta finalizar como dominatriz profesional.
Nuevamente, se quedó dormido frente a la computadora. Esta vez, soñando con ella, con poder sentir nuevamente su perfume, la suavidad de sus medias de seda.
Capítulo III – Un nuevo encuentro
Al día siguiente, ya en el taller, volvió a trabajar con el viejo lavarropas, tendría que tenerlo listo para hoy o se exponía a recibir un buen reclamo por parte de Oscar, el dueño del taller. Que nuestra responsabilidad es entregar los trabajos a tiempo, que no puede ser que demores tanto, que tienes que enfocarte mas en el trabajo si quieres progresar, etc.
Poco le importaba, seguía pensando en la forma de aproximarse a Débora y no encontraba ninguna.
Suena el teléfono y al atenderlo, oye su voz.
– Julián, que suerte que te encuentro, necesito tu ayuda.
– Por supuesto Señora, ha sucedido algo con la instalación eléctrica.
– Ya te dije que me llames Débora, no hay problema con la instalación, es el televisor que se niega a funcionar. Puedes ayudarme?
– Ya estoy en camino. Don Oscar, voy a hacer un domicilio.
Camino al departamento de Débora su nerviosismo se acrecentaba con cada paso, al llegar estaba literalmente temblando. Acaso la vería nuevamente?, tendría alguna posibilidad con ella?
Sus dudas quedaron resueltas al llegar, ella abrió la puerta, despampanante como siempre, una verdadera diosa fetichista. Directamente se acercó a el, tomo su rostro y estampó un beso en su mejilla.
– Tengo que dejar de manchar tus mejillas con mi labial. Dijo mientras repetía el gesto que había realizado anteriormente, lamió su pulgar y limpió el rostro de Julián, es cierto que quizá su lengua se extendió un poco por demás, que mojó todo su dedo y no simplemente la punta. El sin embargo, no prestó atención, intentó ocultar su erección colocando la caja de herramientas al frente de su cuerpo.
– Pasa por favor, no se que sucede pero el televisor no enciende.
El probó de activarlo y rápidamente llegó a un diagnóstico: – Creo que se ha quedado sin baterías, tengo algunas aquí con las herramientas.
– Pensarás que soy una tonta. Le dijo mientras se sentaba en el sofá y cruzaba sus piernas dejando parte del muslo descubierto.
– Para nada Débora, es mas frecuente de lo que piensas.
Cambió las baterías y probó de activar el televisor. Inmediatamente cobró vida y comenzó a reproducir un video donde se encontraba ella en todo su esplendor, vestía un corsé de cuero que realzaba su figura y su busto, un peinado alto, medias de nailon negras y botas de caña alta hasta la rodilla con un taco de 12 centímetros.
A sus pies, una crossdresser vestida de colegiala, se encontraba lamiendo sus botas.
– Ohh !!!, no deberías haber visto esto. Dijo y rápidamente tomó el control remoto y apagó el televisor.
– No se preocupe Señora.
– Es que acaso te ha gustado?
– Tengo que confesar que sí, ayer estuve leyendo uno de sus libros y me gustó mucho.
– Has leído mis libros, que simpático.
– Solo uno.
– Pero tienes que leerlos todos, dame tu correo y te enviaré una copia.
– No es necesario.
– Insisto, además, por lo que veo creo que estás excitado. Dijo mientras se acercaba a el y acariciaba su erección a través de los pantalones. Déjame compensarte por todas las molestias que te has tomado.
No terminó la frase que se arrodilló a sus pies y exponiendo su pene, lo tomó entre sus labios. Comenzó a succionar mientras el sentía como sus uñas acariciaban sus testículos.
Poco tiempo pasó hasta que Julián sintió que se aproximaba un un orgasmo, en cuanto su cuerpo comenzó a tensarse, ella lo percibió y se retiró.
– Estoy segura que tienes un sabor excelente, pero no debemos apurarnos, dejemos algo para la noche.
– Para la noche?
– Por supuesto, me gustaría que cuando cierres el taller, te des una vuelta, te propongo algo, tomamos un trago, conversamos y quien te dice, quizá puedo terminar de agradecerte.
– Será un placer Señora.
– Es un trato entonces, no me falles, te estaré esperando.
Se estaba retirando cuando ella lo detuvo. – Un beso de despedida?
Se acercó, y le plantó un beso en la boca, sintió como su lengua se abría paso entre sus labios.
No supo que responder, completamente turbado simplemente se retiró, con una erección mas que evidente en sus pantalones.
Ella lo contemplo alejarse mientras sonreía. – Poco a poco querido, me excita que seas tan dócil.
Capítulo III – La Cena
El resto del día se hizo eterno para el, intentó terminar por fin con el dichoso lavarropas que se negaba a funcionar. Pasó toda la tarde echando miradas al reloj de pared que tenía frente a sí, parecía estar detenido, sus agujas se movían tan lentamente.
Por fin terminó de reparar el lavarropas, verificó su funcionamiento y cuando faltaban todavía unas pocas horas para la cita le anunció a Don Oscar. – Terminé por hoy, ya está lista la reparación.
Quería estar presentable para Débora esta noche, así que fue solo llegar a su departamento que se afeitó, tomó una ducha, y comenzó la difícil tarea de elegir la ropa que usaría.
Por supuesto, no quería ir con ropa de trabajo, así que seleccionó una camisa celeste de mangas largas, un pantalón negro, dejó de lado las zapatillas y optó por un par de zapatos de vestir con cordones, finalmente, se peinó y usó un poco del perfume que guardaba para las muy raras ocasiones en las que saldría con una mujer.
Al llegar al piso de ella, cuando abrió la puerta la encontró despampanante como siempre, es que esta mujer está siempre arreglada, pensó para si mismo.
Ella tenía un atuendo similar al de la primera noche, su cabello negro estaba peinado en un estilo alto, con una especie de rodete en la cima de su cabeza, su maquillaje impecable, en tonos oscuros, ojos de gata, con pestañas postizas y labios de un rojo intenso. Uñas largas pintadas del mismo color, anillos y pulseras adornaban sus muñecas y dedos.
Vestía una blusa de seda blanca, de mangas largas, con los puños y cuello con volados, por encima de la blusa, un corsé de cuero rojo que realzaba su busto y afinaba su cintura, dándole la figura de una avispa.
Una falda tubo, muy ajustada al cuerpo, que realzaba sus nalgas, de un material similar al látex y que terminaba diez centímetros por encima de sus rodillas.
Finalmente, las infaltables medias de seda, talón cubano y costura, color natural y zapatos negros con un tacón aguja de doce centímetros.
– Es posible que esta mujer se sienta atraída por mí? No puede ser, estoy confundido y está jugando conmigo. Pensó para sí mismo.
Ella simplemente acarició su rostro con una de sus manos, se acercó y le dio un beso en la boca mientras rozaba su busto contra el pecho de el.
– Que gusto que hallas vuelto, dijo susurrando en su oído con una voz sensual.
Esa voz, solo escucharla lo excitaba, sintió una vez mas su perfume, cítrico con un fondo dulzón. – (Haré cualquier cosa para estar con ella pensó para sí mismo), conociendo algunos de sus gustos al haber leído su biografía, estaba dispuesto a servirla incondicionalmente, solo deseaba que lo aceptara.
– Pasa por favor, no seas tímido, siéntate que voy a preparar algo de tomar. Quieres un whisky, creo que hoy necesitarás algo fuerte.
Sin saber que significaba esa pregunta, Julián simplemente le dijo: – Si Señora, como a usted le parezca.
Ella sirvió dos vasos, salvo que en uno de ellos agregó una mezcla de su reserva personal, un poco de viagra (quería que el no tuviera ningún inconveniente), un afrodisíaco y una droga que combinada con el alcohol lo haría muy dócil.
Le alcanzó su vaso, se sentó muy junto al lado de el, a su derecha de forma tal que sus piernas se rozaron y percibió como el cuerpo de el se tensaba. Excelente respuesta !!! pensó.
– Porqué brindamos? Le preguntó
– Por usted Señora.
– Que galante, muchas gracias, pero mejor brindemos por una noche única, que te parece?
– Como usted diga.
Chocaron sus copas y comenzaron a beber, ella depositó su vaso en una mesa ratona que se encontraba frente al sofá, giró su cuerpo de forma tal que su pecho izquierdo se apoyara contra el brazo de el, cruzó su pierna derecha y apoyó su brazo derecho en el hombro de el, acercó su boca a su oído y con una voz sensual preguntó:
– Se sincero por favor, te gusto?
– Mucho Señora, usted me enloquece.
– No te molesta mi particularidad?
El no supo que contestar, en un primer momento no entendió a que se refería, guardó silencio.
– Me refiero, sabes que tengo una sorpresa entre las piernas?
Comprendió entonces a que se refería. – No Señora, he leído su libro y no hay absolutamente nada que me moleste de usted.
– Te gustaría acariciar mis piernas?
– Mucho, daría cualquier cosa por hacerlo.
– Cualquier cosa? Te tomo la palabra, adelante entonces, me gustaría sentir tu caricia.
Ella avanzó y lo besó en la boca, abriendo camino con su lengua. El posó su mano sobre la pierna derecha de ella y una vez mas sintió la suavidad de la seda de las medias.
Débora interrumpió el beso, bajó su mano del hombro a la entrepierna y comenzó a acariciar su erección por encima del pantalón.
– Termina tu trago, necesitaba no solo que tomara todo, también quería hacer tiempo para que la combinación de drogas hiciera su efecto.
Mientras el bebía, ella continuaba masajeando su erección y besándolo en el cuello.
– Porqué no sacamos este molesto pantalón? Preguntó ella, para a continuación abrir el cinturón y comenzar a bajarle los pantalones y la ropa interior. Yo quitaré esta falda, así estaremos mas cómodos.
Débora no tenía ropa interior, al retirar la falda descubrió un generoso pene, mas grande que el suyo, completamente erecto y que tenía en su base un anillo (para mantener la erección por mas tiempo y demorar el orgasmo, su intención además era esa, que el se sintiera humillado levemente al ver que ella tenía unos genitales mas grandes que el).
Reforzando la idea le dice: – Te molesta que sea mas grande que el tuyo?
– No Señora, no me importa.
– Que dulce, el tuyo es muy bonito, tengo ganas de besarlo.
Se levantó, en el momento de hacerlo, su propio pene pasó apenas a centímetros del rostro de el. Luego se arrodilló entre sus piernas, y mientras con una mano acariciaba sus testículos, comenzó a besar primero el glande y luego todo el miembro, para finalmente introducirlo por completo en su boca.
El no podía creer lo que estaba sucediendo, era la realización de todos sus sueños, ahí estaba ella, una Diosa, arrodillada a sus pies y mamando como si no hubiera un mañana.
Luego de un tiempo, le dice:
– Quiero sentirte dentro mío. Tomó un preservativo que tenía guardado quien sabe donde, lo colocó con la boca y luego se sentó a horcajadas mirándolo de frente, sus pechos rozando contra el tórax de el, lo abrazó y comenzó a besarlo mientras lo montaba.
Interrumpió el beso y comenzó a cabalgarlo, sus pechos rozando ahora contra la cara de el.
Acercó sus labios a su oído. – Te gusta?
– Mucho Señora.
– Quieres que siga?
– Si por favor.
– Me darás tu leche?
– Lo que quiera Señora.
– Seguro, no te arrepentirás después?
– No Señora. Seguro que no.
Ella incrementó el ritmo hasta el no pudo mas. – Estoy por llegar Señora, dijo entre jadeos.
– Adelante, dame tu orgasmo. Le respondió mientras lo abrazaba nuevamente y repetía, dámelo, dámelo !!!
Julián no pudo más y se derramó dentro de ella.
– Te ha gustado, le preguntó.
– Ha sido increíble.
Débora se retiró, removió el preservativo y comenzó a masturbarse.
– Ahora debes ayudarme a llegar a mi.
– Que debo hacer? Como puedo ayudarla?
Ella se puso de pié frente a el, acercó su pene a su rostro y ante la falta de respuesta le indicó: – Espero que me beses, es lo menos que puedes hacer. Esta vez usando un tono levemente mas autoritario.
– No se, nunca he hecho algo así.
– Te arrepientes, acaso no tienes palabra? Hace un momento me prometiste que harías cualquier cosa.
Se acercó un paso más, casi rozando sus labios. – Estoy esperando, le dijo.
El primero tímidamente, extendió sus labios y comenzó a lamer su glande. Ella lo estimuló simplemente colocando sus manos en la nuca y ejerciendo una leve presión.
Cedió ante su insistencia y finalmente introdujo el pene en su boca, de una forma totalmente inexplicable, luego recordaría que tenía el mismo perfume que ella, probablemente serían las sales de baño que utilizaba.
Poco a poco fue ganando confianza y se dejó llevar por la excitación de su Señora. El escuchar sus gemidos, la forma en que lo estimulaba, y probablemente por efecto del alcohol y las drogas que le había suministrado la pasión fue creciendo y se descubrió a si mismo tomando con sus manos las nalgas de ella e introduciendo el pene por completo dentro de su boca.
– Si, así, como deseaba esto. Le indicó ella.
De pronto, su cuerpo se tensó, las manos que hasta ahora ejercían una leve presión en su nuca, ahora comenzaron a ejercer mas fuerza, como queriendo violar su boca, finalmente, en un último espasmo, sintió como su boca se llenaba de un líquido tibio, por sus comisuras se escurrieron algunas pequeñas gotas.
– Traga para mostrarme que me quieres. Le indicó ella.
El obedientemente, tragó el delicioso néctar de Débora y luego abrió la boca para mostrarle que no había quedado nada.
– Eres un muchacho excelente, no tenía dudas que hoy sería una noche especial.
Se relajaron en el sofá, cada uno de ellos con las manos en los genitales del otro. Ella sirvió una nueva ronda de bebidas.
Cuando terminaron le dijo: – Vendrás mañana?
– No faltaría por nada del mundo.
Capítulo IV – La Segunda Noche
El día siguiente transcurrió con una lentitud que era exasperante, los segundos parecían minutos, los minutos horas, realizaba sus tareas de forma automática, mirando de reojo el reloj de pared que tenía delante suyo, ansioso porque llegara el momento de cerrar el taller y poder concurrir al encuentro de Débora.
Siempre intentando imaginar que sorpresa le aguardaba, sabía por las lecturas de sus libros que ella difícilmente se repetía, constantemente estaba explorando nuevos caminos, nuevas fuentes de placer y era demasiado consciente que el mismo, era su último proyecto.
Cuando por fin llegó el momento de cerrar, casi salió corriendo a su departamento, una ducha rápida para estar presentable, un juego de ropa limpia y tan rápido como pudo, se encontró en su puerta.
El cambio en su aspecto fue tan radical que una vez mas, el quedó sin palabras, como era posible que sorprendiera todos los días?
El maquillaje por supuesto era impecable, esta vez en tonos oscuros y con ojos de gata como era su costumbre. Sin embargo, ahí terminaban las similitudes, su cabello estaba amarrado en una cola de caballo, sus labios hoy eran del color del vino tinto.
El cambio mas radical se data en su ropa, hoy vestía un catsuit de látex negro que cubría todo su cuerpo, casi como una segunda piel, probablemente con un sostén armado ya que su busto era mas prominente (si eso era posible) que de costumbre, su cintura reducida al mínimo por un corsé de cuero negro también, botas de caña alta hasta la rodilla, con el infaltable taco aguja de doce centímetros.
– Adelante Julián, espero te guste lo que llevo puesto, lo elegí pensando en ti.
– Está hermosa como siempre Señora.
– Siéntate mientras preparo algo de tomar.
Se alejó con un paso lento y sensual hasta el bar donde comenzó a mezclar bebidas. Demás está decir que en el trago de el agregó una dosis generosa de la droga que lo haría mas dócil.
Se sentó a su lado en el sofá, igual que el día anterior, rozando con su pecho el brazo de el mientras que sin perder tiempo, con su mano libre acariciaba su entrepierna.
– Te gusta lo que llevo puesto.
– Me fascina Señora, está mas hermosa que nunca.
– Quieres tocar, apreciar la textura.
El acarició una de sus piernas y no pudo resistir la tentación de subir hasta la entrepierna, sintió entonces la erección de ella bajo su mano.
– Esto es culpa tuya, le dijo ella. Tu eres el culpable de ponerme así. Espera, tengo una sorpresa que creo te va a gustar.
Salió un momento de la habitación, consciente de la mirada de el hacia sus nalgas y por supuesto, contoneándose lo suficiente como para darle un buen espectáculo.
Cuando volvió llevaba puestos además, un par de guantes negros de látex que se fundían con el catsuit, tenía además un pequeño paquete en sus manos, volvió a sentarse a su lado y se lo mostró. Contenía un par de medias de nailon, vio en la etiqueta que decía 5 denier, indicando que eran las mas finas, delgadas y frágiles del mercado (esto por supuesto lo supo después).
– Te gustan? Siente su tacto.
– Me gustan mucho, son tan suaves.
– Sabes una cosa, he estado pensando, creo que si te gustan tanto deberías probártelas.
– Yo? No creo Señora.
– Si, tu, por supuesto, siente su suavidad.
Sacó las medias de su empaque y frotó con ellas el rostro de Julián, luego tomó una de sus manos y prácticamente lo obligó a sentir tu tacto.
– Evidentemente son muy suaves y delicadas.
– Quedarías tan mono si te las pones.
– No lo se. Nunca he hecho algo así.
– Por favor, compláceme, te aseguro que no te arrepentirás.
El por supuesto, era ingenuo pero no tanto, había leído sus libros y sabía muy bien el camino por el que ella quería llevarlo. Poco le importaba, en tan solo unos pocos días había tenido mas placer que durante toda su vida, hasta ahora casi su única actividad sexual había sido la de masturbarse, y ahora tenía la oportunidad de tener coito todos los días, en su interior, sabía muy bien que haría cualquier cosa que ella le pidiera.
– Muy bien, lo haré por usted Señora.
– Bravo !!!, desnúdate, y yo te asisto.
Quedó completamente desnudo frente a ella, que comenzó a enrollar las medias.
– A ver, levanta un pié.
El levantó el pié izquierdo y ella comenzó a desenrollar la media sobre su pierna hasta casi llegar a su muslo. Su erección en ese momento estaba en su máximo.
– Por lo visto, parece que te gusta. Levanta la otra pierna ahora.
Repitió el proceso y luego de colocar la segunda media, comenzó a acariciar sus piernas.
– Definitivamente te gusta, ahora roza tus piernas una contra la otra.
Si hubiera sido posible, la suavidad del roce habría provocado que su erección fuera mayor todavía.
Comenzó acariciar sus piernas enfundadas ahora en el nailon mas delicado, un escalofrío y una ola de placer recorrió su cuerpo al sentir sus manos enfundadas en látex contra su cuerpo.
– No seas tímido, recorre toda tu pierna con tu mano, siente su suavidad contra tu piel. Mientras decía esto, comenzó a sobar su pene.
– Ahora tendrás tu premio, dijo ella. Procedió a ponerse de rodillas sobre el sofá, con sus brazos en el respaldo, exponiendo su cola. Abrió el cierre que tenía el catsuit en su entrepierna, exponiendo su ano y liberando su pene.
– Bueno, acaso no quieres reclamar tu premio?
– Por supuesto Señora. Se colocó detrás de ella y comenzó a penetrarla lentamente.
Ella arqueó su espalda y se estiró hacia atrás, invitándolo a que se introdujera mas profundo.
Cuando estuvo por completo dentro de ella comenzó a cabalgarla. El bufaba de placer y excitación, ella gemía.
– Si mas profundo, no seas tan delicado. Piensa que soy tu puta.
– Eres mi puta.
– Si !!!, soy tu puta, haz conmigo lo que quieras.
– Quiero cogerte durante toda la noche, quiero verte llorar de placer.
Quien había dicho eso? No se reconocía a sí mismo con ese vocabulario. La excitación le estaba haciendo hacer y decir cosas que jamás habría soñado.
No pudo mas, quería durar toda la noche, era imposible, se tensó, la tomó de las caderas y en un último empujón se derramó dentro de su culo.
– Has sido fantástico, le dijo, falta ahora un pequeño detalle.
El estaba recostado sobre el sofá, transpirado y agotado, ella se colocó sobre el, sus nalgas apoyadas en su pecho, le ofreció su pene mientras le decía:
– Se un buen muchacho, sabes lo que tienes que hacer.
Introdujo su pene en su boca y sin duda alguna, comenzó a recorrerlo con su lengua, mientras acariciaba sus testículos con una de sus manos.
– Te ves hermoso con un pene en tu boca, no sabes como me excita, sigue chupando, llevame al orgasmo. Mientras decía esto, una de sus manos se dirigió hasta su ano e introdujo primero uno, y luego dos dedos.
Poco tiempo pasó hasta que ella se derramó en su boca.
– No lo tragues todavía, quiero que me beses con mi semen en tu boca.
Se acercó y comenzó a besarlo, sorbiendo de su boca su propio orgasmo.
Cuando terminó, pasó un dedo enguantado por la comisura de su boca, recogiendo un poco de semen que se había escurrido, luego lamió su dedo cubierto de látex con un gesto sensual, como una gata acicalándose.
– Excelente, quieres otro trago? Te lo has ganado.
Sirvió nuevamente dos vasos de whisky y quedaron ambos recostados en el sofá recuperándose, sintiendo ambos el calor del cuerpo del otro.
Luego de vestirse, y cuando Julián se estaba retirando, ella le propone:
– Me harías un favor?
– Por supuesto, lo que usted quiera.
– Esta noche, antes de dormir, depila tus piernas y luego ponte estas medias. Le dijo mientras le alcanzaba un nuevo sobre conteniendo un par de medias similares a las que había vestido antes.
– No se, no estoy seguro, no podría ir a la playa con las piernas depiladas.
– Y que prefieres, ir a la playa o estar conmigo, acaso no te gusta venir a mi casa?
– Me fascina Señora, tiene razón, haré lo que usted me pide.
– Verás que la sensación es todavía mas intensa. Te espero mañana a la noche, con las medias puestas y me cuentas.
El sabía el camino por el que lo estaban llevando, al igual que antes, poco le importaba, haría lo que le pedían.
Capítulo V – La Tercera Noche
Julián cumplió las instrucciones de Débora, llegó a su departamento, preparó un baño caliente, y luego, con mucha paciencia depiló completamente sus piernas, encontró una crema hidratante que ni siquiera recordaba haber comprado y la aplicó sobre toda la zona afeitada.
Luego, tomó el paquete de medias que ella le había entregado antes de retirarse, eran del mas fino nailon, color natural y con un puño elástico que las sujetaba en la parte superior del muslo.
Fue solo comenzar a ponerse la primera de ellas que lo inundó el tacto del nailon, ella estaba completamente en lo cierto, el roce contra su piel era increíble, extremadamente erótico, terminó de colocar la media y se apuró a hacer lo mismo con la otra, luego, tal como unas horas antes, comenzó a rozar una pierna contra la otra, el tacto era impresionante, continuó acariciando sus piernas y se descubrió con una erección como pocas veces antes había tenido.
Inevitablemente se masturbó, teniendo cuidado al eyacular, de no manchar las medias.
Esa noche poco pudo dormir, en parte porque se dedicó a leer los libros que Débora le había enviado, se diría que los devoró, terminaba uno para continuar con el siguiente, mientras leía los textos en la pantalla de la computadora, jugaba con sus piernas enfundadas en nailon, con una mano arrastraba el mouse y con la otra acariciaba sus muslos, luego al acostarse, sentía el roce de las sábanas contra sus piernas, incluso las movía adrede buscando continuar esa deliciosa sensación.
Al día siguiente, como siempre fue hasta el taller de reparaciones e intentó trabajar en algún electrodoméstico pendiente. Su éxito fue relativo, es comprensible se decía a si mismo, estoy distraído, después de haber leído los textos de Débora, tenía una idea bastante clara de cuales eran sus intenciones y estaba decidido a confrontarla.
Cuando finalmente llegó la hora de cerrar el local, fue caminando hasta su departamento directamente, sabía muy bien que si estaba en lo cierto, era innecesario cambiarse y estar presentable para ella.
– Has vuelto, que alegría. Le dijo ella al abrir la puerta. Pasa y siéntate mientras preparo algo de tomar.
El se sentó en el sofá cuando ella volvía ya con dos copas en la mano. – Hoy he preparado una bebida especial.
– Señora, no quiero interrumpirla pero necesito decirle algo.
– Que es querido, dime lo que quieras.
– He leído sus libros por supuesto, y creo que tengo una idea bastante precisa de lo que está haciendo conmigo.
– Y sin embargo estás aquí. Si no te gustara simplemente podrías no venir nunca mas.
– Y estoy aquí.
– Eso que significa?
– Que no quiero perderla, que estoy a sus órdenes para que haga conmigo lo que desee, estoy dispuesto a cualquier cosa para seguir viéndola.
– Cualquier cosa, estás seguro que has comprendido mis textos?
– Si Señora, se que me feminizará, me transformará en su esclavo, en su sierva personal y estoy dispuesto a todo.
– Excelente entonces, ahora podremos avanzar mas rápido verdad?
– Como usted disponga Señora.
– Perfecto, el primer paso es entonces, cambiar nuestra relación, no quiero que me llames mas Señora, de aquí en adelante seré Mami o Mamá, está claro.
– Si Mami.
– Buena chica, toma tu trago y desnúdate, deja solo las medias puestas mientras busco algo.
El obedeció quedó desnudo sentado en el sillón, dando pequeños sorbos a su bebida mientras ella fue hasta un armario y volvió con un objeto en la mano.
– Sabes lo que es esto? Dijo mientras se lo mostraba.
– He visto fotografías en sus textos, es un dispositivo de castidad con una sonda uretral.
– Vamos a ponerlo entonces, abre tus piernas.
El obedeció mientras ella tomaba el dispositivo, – Creo que este anillo es del tamaño adecuado, no queremos que quede flojo y se salga, pero tampoco debe apretar mucho.
Luego de colocar el anillo detrás de sus testículos – Ahora vamos a lubricar la sonda.
– Me dolerá?
– Para nada, verás que incluso la sensación es agradable.
Lubricó la sonda y comenzó a introducirla en su uretra, el realmente tenía cierto temor que le doliera, sin embargo, fue al contrario, gracias a la lubricación ingresó suavemente, sin producir molestia alguna, al contrario, nuevas sensaciones le invadieron, por supuesto, pensó, nunca en mi vida esa zona había sido estimulada antes.
Fue en ese momento preciso que se pensó: – Hasta ahora he descubierto muchos placeres nuevos con ella, pero cuantos mas descubriré con su ayuda?
– Has visto? Te molestó o te dolió?
– No Madre, para nada, de hecho es distinto y agradable.
– Listo entonces, ahora colocamos la última parte, insertamos la llave y lo cerramos.
Tomó la pequeña llave y la colgó en una cadena alrededor de su cuello.
– Este es el primer paso, debes dejar de pensar como hombre y aprender a gozar con otras zonas del cuerpo. Aguarda un momento, agregó y fue hasta una de las habitaciones en busca de algo.
Cuando retornó, ya no tenía el vestido, solo un corsé negro de cuero, con el sostén que realzaba su busto, medias de seda negras con costura y talón cubano por supuesto, mostraba su pene totalmente erecto, traía en su mano un par de zapatos stiletto negros, con un taco de tres centímetros.
– Comenzaremos de a poco, dijo mientras le ponía el calzado.
Mientras su nueva Madre colocaba los zapatos el no podía dejar de mirar sus genitales, eran bastante mas grandes que los de el, al mismo tiempo, la nueva sensación de estar calzando zapatos de tacón lo mantenía en un estado de perplejidad.
– El tacón es pequeño, camina un poco para tu Madre.
Se puso de pié e intentó caminar, ella le fue corrigiendo, – No, no pisas con la punta del pié primero y luego apoyas el tacón, pareces un pato así. Pisa primero con el tacón, como lo haces normalmente.
Con su ayuda fue adquiriendo confianza, habida cuenta que el tacón era pequeño, a los pocos minutos ya había adquirido destreza suficiente.
– Quieres que te eduque?
– Si Mami.
– Serás una niña buena y obedecerás a tu Madre?
– Si Mami, haré lo que tu digas. Verás que te sentirás orgullosa de mi.
– Muy bien, así me gusta mi niña, y ahora, para demostrar obediencia, quiero que beses mis zapatos.
El obedeció, se arrodillo a los pies de Débora y comenzó a lamer sus zapatos, recorriendo toda su extensión con su lengua, y luego besando su tacón como si fuese un pequeño pene.
– Excelente mi niña, de ahora en adelante no eres mas Julián el Electricista, ahora eres Juliana mi Putita.
– Si Madre.
– Ahora vamos a hacer lo siguiente, hoy es miércoles, irás a tu departamento, llevate las medias y los zapatos, practicarás caminar con ellos todos los días, toma una de estas píldoras dos veces por día y el sábado, a las nueve de la mañana te estaré esperando.
– Para que son las píldoras Mami? Tengo que esperar hasta el sábado?
– Ya empiezas a discutir conmigo?
– No Madre, es solo curiosidad.
– Por esta vez te explicaré, la medicación que te he dado te mantendrá excitada y obediente.
Juliana entonces se vistió, colocó el calzado y las drogas en una bolsa y se retiró.
– Perfecto, pensó Débora, el plan se acelera, para el sábado serás una niña dócil y obediente, lista para ser educada.
Capítulo VI – El Sábado por la Mañana
Llegó el Sábado, faltando diez minutos para la cita, Débora ya estaba lista esperando a su nueva hija. Como era su costumbre, su cabello negro estaba peinado en un estilo alto, el maquillaje intenso, pestañas postizas, ojos de gata, labios pintados de un color rojo intenso, sus uñas de tres centímetros del mismo color.
Un corsé de cuero negro le daba una cintura de avispa, el sostén, media taza, realzaba su llamativo busto. Medias de seda negras y los infaltables zapatos stiletto con un tacón de doce centímetros.
Previamente había tomado una pastilla de viagra, aunque no era necesario, agregó un anilla de pene pasando por detrás de sus testículos garantizando de tal forma un orgasmo demorado.
Sentada en el sillón, acariciaba su pene erecto, anticipando el momento de la llegada de su nueva hija.
Un toque en el timbre anunció su llegada justo dos minutos antes de la hora convenida. – Perfecto, pensó, con la seguridad que Juliana estaría ansiosa por comenzar, al fin y al cabo, la finalidad del dispositivo de castidad era garantizar que no tuviera oportunidad alguna de descargarse durante estos días.
El plazo establecido por ella tenía justamente esa finalidad, en parte, disfrutaría al tener disponible todo el fin de semana y además, los días de espera darían por resultado un estado de ansiedad, dejándola mejor dispuesta a cumplir sus instrucciones con tal de contar con algún tipo de satisfacción.
Las drogas que le había suministrado eran simplemente un relajante, que reduciría sus inhibiciones de forma tal a como lo podría haber hecho un par de copas de alcohol.
Se tomó su tiempo en responder, – Dejemos que los nervios actúen un poco, se dijo a si misma.
Caminó hasta la puerta, sus tacones resonando en el piso de mármol, asegurándose que Juliana pudiera oírla acercarse desde el otro lado de la puerta.
– Buenos Días hija, has llegado puntual.
– Si Madre, moría de deseos de estar contigo, llevo veinte minutos dando vueltas esperando la hora.
– Bien, bien, pasa y quítate esas ropas por favor, quédate solo con las medias.
– No quieres que use los zapatos?
– Hoy no, espero que hallas practicado.
– Si Madre, todas las noches y por la mañana antes de ir al taller.
– Entonces no tendrás inconveniente, hoy incrementaremos el tamaño de los tacones, pero eso será mas tarde.
Ya desnuda y parada en el centro de la sala le preguntó: – Me quitarás este dispositivo Mami?
– Porqué tanto apuro, ten paciencia, sígueme por favor.
La tomó de la mano y la guió hasta una de las habitaciones.
– Esta será tu habitación cuando estés en casa.
Era una habitación espaciosa, quizá tres metros de longitud por casi cuatro metros de ancho, en la pared opuesta a la puerta de entrada se veía un amplio ventanal, a su lado, un sillón de respaldo alto, en la pared izquierda, una cama de dos plazas con sus correspondientes mesas de noche, frente a la cama, un amplio tocador con una serie de artículos de maquillaje, sobre el que descansaban varios espejos con retro iluminación.
Al ingresar Juliana pudo apreciar que la pared opuesta al ventanal estaba ocupada por un ropero con espejos en las puertas que reflejaban la luz del exterior.
Apenas pudo responder: – Es inmensa, casi mas grande que todo mi departamento.
– Disfrútalo entonces, pero primero debemos completar tu transformación. Ven siéntate aquí. Dijo Débora señalando una silla recta que se encontraba frente al tocador.
– Primero debemos aplicar un maquillaje adecuado. Presta atención al proceso por favor.
– Si Madre.
Durante la próxima hora Débora se dedicó a aplicar y también explicar la técnica del maquillaje, como utilizar este producto, porqué usar este y no aquel otro, etc.
Pintó sus ojos dando el mismo aspecto de gata que ella utilizaba, aplicó pestañas postizas, sombras, corrector de ojeras, rubor en los pómulos, delineó sus labios para hacerlos mas gruesos y marcar la v en el labio superior.
En todo momento, mientras le explicaba, su pene totalmente erecto oscilaba frente a sus ojos, rozaba su hombro, se acercaba a su boca, lo sentía presionando contra su espalda.
Cuando Juliana se contemplaba en el espejo la imagen que este le devolvía era confusa, casi andrógina. No sabía si parecía un hombre afeminado o una caricatura, esto cambió cuando Débora trajo consigo una peluca negra larga hasta los hombros y con flequillo.
Al colocarla, su imagen cambió radicalmente, ahora el espejo le devolvía la imagen de una mujer, quizá un poco mas madura que los veinte años que tenía, pero indudablemente una mujer.
A continuación, Débora continuó con sus manos, limó las uñas y luego aplicó extensiones postizas de tres centímetros para finalmente, pintarlas del mismo color rojo oscuro de sus labios.
Aros de colgar, anillos y pulseras fueron los accesorios.
Ahora no solo su rostro era el de una mujer, sus manos también.
Débora entonces abrió las puertas del ropero y comenzó a seleccionar las prendas que utilizaría su hija. Primero un sostén armado, tipo torpedo, color crema, que luego de colocar, rellenó con unas prótesis mamarias de excelente calidad.
Luego un corsé, del mismo color que el sostén, le pidió a Juliana que se ponga de pié, y comenzó a ajustar los lazos a la espalda de ella, poco a poco, comprimiendo su cintura cada vez un poco mas, hasta que finalmente estuvo satisfecha.
– Apenas puedo respirar Madre. Le dijo esta.
– Paciencia hija, es el precio a pagar por ser femenina. Te irás acostumbrando e incluso, con el uso constante, el corsé irá poco a poco moldeando tu cuerpo. Verás que dentro un mes, la diferencia será notable.
Luego le pidió que se cambiara las medias, eligió unas de seda color natural, que ajustó el liguero del corsé.
– Casi estás lista, ahora ponte estos. Dijo mientras le alcanzaba un par de zapatos color crema con un tacón aguja de diez centímetros.
– No sé si podré caminar con un tacón tan alto?
– Si has practicado tal como te indiqué, te costará poco acostumbrarte. Vamos, pruébatelos.
Juliana obedeció y su madre entonces se paró frente a ella y tomándola de ambas manos, la sostuvo mientras ella daba sus primeros pasos por la habitación.
Cuando adquirió cierta confianza, la hizo caminar por el pasillo y luego se dirigieron a la sala. Allí siguió otra clase sobre modales, como sentarse correctamente, cruzando las piernas al nivel de los tobillos, la destreza necesaria para ponerse de pié con los tacones.
Luego sirvió unas bebidas, y le indicó como beber, como realizar gestos femeninos al dejar la copa sobre la mesa ratona, etc. De todo este proceso el recuerdo que quedó grabado en la mente de Juliana fue justamente la de la marca de su labial en el borde de la copa.
Otra hora había transcurrido, cuando Débora finalmente estuvo satisfecha la acompañó nuevamente a su habitación y abriendo el ropero comenzó a seleccionar la ropa para ella.
Primero una blusa blanca de seda, mangas largas con volados en sus puños y en el cuello, luego una falda tubo que resaltaba su cintura y sus nalgas, que llegaba apenas diez centímetros por encima de sus rodillas.
– Ya estás lista para tu debut.
– Mi debut? Que quieres decir con eso Madre?
– Justamente, que ya estás lista, son casi las doce, es un buen horario para salir, ir al centro comercial y luego almorzar algo.
– Salir a la calle? No Mami por favor, me reconocerán, se burlarán de mi.
– Al contrario, solo verán una mujer hermosa con su madre, paseando.
– No se, me muero de nervios de solo pensarlo.
– Tonterías, ya verás que tengo razón, además es un paso necesario. Espérame un momento que me cambio y salimos.
Juliana se sentó en uno de los sillones de la sala, con las piernas cruzadas a nivel de los tobillos tal como le habían enseñado, esperando que regresara su madre. Cuando lo hizo, vestía una blusa de seda blanca, muy similar a la de ella, una falda tubo también por encima de sus rodillas y había reemplazado el corsé por otro rojo que vestía por encima de la blusa, haciendo así su busto todavía mas llamativo.
– Casi lo olvido, no puedes salir así.
Juliana pensó que lo decía pensando en que no tenía ropa interior, estaba equivocada porque su Madre, suavemente lo indicó que se pusiera de pié, con sus manos apoyadas en los brazos del sillón, de forma que sus nalgas quedaron expuestas.
Débora levantó la falda un momento y comenzó a aplicar lubricante en su ano, jugando primero con un dedo y luego con dos. Cuando consideró que este se encontraba lo suficientemente relajado, comenzó a introducir en el un plug que si bien era bastante pequeño, era al mismo tiempo bastante mas grande que cualquier cosa que ella hubiera experimentado antes.
– Tranquila, es solo un momento, luego te acostumbrarás. Le dijo mientras lo introducía.
– Ahora sí podemos salir.
– Me siento incómoda con eso dentro mío Madre.
– Dale un tiempo, dentro de poco verás que no solo te gusta, de hecho lo vas a extrañar cuando no tengas uno puesto.
La tomó de la mano y la guió hasta el elevador, bajaron hasta el subsuelo donde se encontraba el estacionamiento. Débora tomó un juego de llaves de su bolso y pulsando el botón de la alarma dijo:
– Donde lo dejé, siempre olvido donde dejo el automóvil. En ese momento pulsaron las luces de uno de los vehículos y se oyó el pitido de una alarma.
– Ahí está, vamos.
Cuando se acercaron Juliana descubrió que el automóvil de su madre era un Porsche 911 rojo descapotable.
– Discreto, verdad? Vamos sube de una vez.
El Porsche rojo salió del estacionamiento rumbo al Centro Comercial, en el camino Débora disfrutaba de las miradas que otros automovilistas (sentados en vehículos mas altos) lanzaban a sus piernas y busto, Juliana en cambio, se sentía intimidada, constantemente ajustaba su falda intentando cubrir sus piernas todo lo posible.
– Relájate y disfruta de la atención, le dijo su nueva Madre con una sonrisa.
Al llegar, tomaron el ascensor desde el estacionamiento hasta la planta superior del establecimiento, allí, su madre tenía muy en claro que locales visitar.
Primero, lencería, allí se dedicó a seleccionar para su hija una colección completa de corsés, sostenes, medias y ropa de cama.
Luego, vestidos, de todo tipo, informales, conjuntos de chaquetas y faldas, el infaltable LBD (pequeño vestido negro) con escote cuadrado. Juliana en un descuido tomó un pantalón femenino de seda, el cual fue inmediatamente arrebatado de sus manos por su madre. – Ni sueñes con que usarás un pantalón. Fue su único comentario.
Mas tarde, un taller de pelucas, una rubia de cabello largo, otra pelirroja con bucles y una negra, larga hasta los hombros con rulos.
El último local fue una zapatería, de más está decir que ningún calzado tenía un tacón de menos de doce centímetros, negros, marrones y rojos, sus diferentes colores haciendo juego con los vestidos que habían adquirido anteriormente. Para completar agregó dos pares de botas, unas altas hasta la rodilla y otras hasta el muslo, ambas con cierres laterales, muy ajustadas a la pierna.
Luego de haber gastado lo que Juliana consideraba una pequeña fortuna, fueron acompañadas hasta el automóvil por dos asistentes que llevaban una ingente cantidad de paquetes.
Una vez acomodados todas sus compras, Débora indicó: – Creo que nos merecemos un almuerzo, me fascina realizar compras para ti, pero estoy agotada.
Juliana, poco a poco se había relajado, luego de probarse incontable cantidad de vestidos y mas tarde zapatos, estaba aprendiendo a disfrutar de la atención que generaba en los hombres a su paso.
– Buena idea Madre, tengo que confesarte que tenías razón, no solo estoy mas relajada, de hecho me gusta provocar a los hombres (y algunas mujeres) y tenías razón en otra cosa también, el plug ya no es una molestia, al contrario, es agradable.
– Ves, y todavía falta algo. Tomó entonces de su bolso un pequeño control remoto y al pulsar el botón, el plug que su hija tenía puesto comenzó a vibrar.
Juliana sintió que sus piernas se aflojaban ante la estimulación, su madre la tomó de los brazos y la sostuvo, apretando su busto contra el de ella.
– Calma niña, disfruta, poco a poco, pero esto es solo el comienzo.
La joven pensó para sí misma: – Solo el comienzo, tenía una idea vaga de las lecturas de su madre, pero estaba totalmente perdida en la red que ella había tejido.
Desactivó el plug para darle un respiro y se dirigieron a un elegante bar que se encontraba a pocos metros.
Al sentarse, Débora le dice: – No te sientes así, pareces una monja con los tobillos y las rodillas pegadas, observa como lo hago yo.
Cruzó sus piernas a la altura de las rodillas, dejando que su zapato oscilara en la punta de su pié y exponiendo parte de su muslo al hacerlo, una mirada atenta incluso percibiría que llevaba medias con liguero.
Su hija la imitó, quizá torpemente al principio, mas rápidamente comprendió el truco y adoptó una postura similar.
Nadie que entrara al local o que pasara frente al mismo dejó de fijar su mirada en esas dos mujeres.
Se acercó un camarero que aunque intentó, no pudo disimular la mirada que dirigía alternativamente al busto y las piernas de ellas.
– Desean la carta Señoras?
– No es necesario respondió Débora. Un whisky para mi y un margarita para mi hija por favor.
– Ya se los traigo.
– Has visto como te miraba? Preguntó Débora.
– Si Madre, y me gustó mucho, me sentí poderosa, creo que le podría haber pedido cualquier cosa y el hubiera obedecido.
– Estás comprendiendo.
Llegó el camarero con su pedido y mientras posaba las copas en la mesa, Débora sin previo aviso activó nuevamente el plug de su hija.
Ella dio un respingo y casi vuelca la copa con su bebida.
– Madre, eres terrible, deja de hacer eso.
– Acaso no te gusta?
– Si, me fascina, la sensación es increíble, pero me tomas por sorpresa, que hubiera pasado si derramaba el trago?
– Nada, el simpático muchacho que nos atendió, se hubiera limitado a limpiar la mesa y le habrías dado una alegría al aprovechar la oportunidad para contemplar tus piernas.
Juliana suspiró. – Es verdad, y pensar que hace tan solo una semana yo ni siquiera podría haber entrado en este local, mucho menos llamar la atención de nadie.
– Olvídate de eso, Julián ya no está entre nosotras, has nacido de nuevo como mi hija.
– Como puedo hacer para pagarte todo lo que has gastado Madre?
– No te preocupes por eso ahora, tengo algunas ideas al respecto, te enterarás en su debido momento. Por ahora confía en mí.
Siguió una conversación intrascendente sobre muchos temas, moda, hombres también, Juliana no se cansó de preguntar a su nueva madre, como había sido su transición, como se ganaba la vida, que experiencias había tenido, etc.
Algunas preguntas fueron respondidas, otras en cambio, Débora cambiaba de tema rápidamente, no porque no quisiera hablar de ello, mas bien, quería que su nueva protegida, fuera descubriendo sus secretos de a poco, al fin y al cabo, no era cuestión de revelar todos sus planes el primer día. Había comenzado un recorrido, si se apuraba, corría el riesgo de perderla en el camino.
– Bien, ya es suficiente, es hora de volver a casa.
Mientras decía esto, Débora pagaba la cuenta, dejaba una buena propina al camarero y no pudo dejar de notar como su hija le sonreía al levantar este la mesa. – Excelente, pensó mientras sonreía, ya está aprendiendo a utilizar sus encantos.
El regreso al departamento de Débora no presentó ninguna novedad. Al llegar esta anunció:
– Quítate la ropa, deja solo el corsé, las medias y los zapatos.
– Porqué Madre?
– A ver señorita, si tengo que explicar cada cosa no avanzaremos nunca. De ahora en adelante cuando te ordene algo quiero que lo cumplas inmediatamente. Está claro?
– Si Mami, dijo sumisa Juliana comenzando a desvestirse.
Dejó la blusa y la falda sobre uno de los sillones y quedó parada en el centro de la sala aguardando instrucciones.
Capítulo VII – La Iniciación
– Ven conmigo, le dijo Débora tomándola de la mano.
La guió hasta una habitación que se encontraba al fondo del pasillo, tomó una llave de su cuello y abrió la cerradura.
– Este es mi cuarto de juegos, está prohibido para ti, solo debes entrar cuando yo te lo indique.
Abrió la puerta y activó el interruptor de la luz, Juliana se encontró entonces en el centro de un verdadero calabozo medieval.
La habitación no tenía ventanas, o al menos estas se encontraban cubiertas de forma tal que la iluminación era completamente artificial, proveniente de una garganta que rodeaba todo el techo, de esta forma, no se proyectaban sombras.
A su izquierda, contra la pared, una cama de dos plazas y media, con sábanas que supuso serían de látex por su apariencia.
Frente a si, una grilla que ocupaba toda la pared de la cual colgaban diferentes juguetes sexuales, algunos pudo identificarlos como plugs anales de distintos tamaños, penes realistas que imitaban tanto la forma humana como la de un caballo, pequeños látigos de cuero (que luego supo se llamaban floggers), esposas, correas y una serie de artículos que por el momento era incapaz de identificar.
Detrás suyo, al lado de la puerta que recientemente había traspuesto, un perchero ocupaba toda la superficie disponible, del cual colgaban todo tipo de prendas, uniformes de mucama francesa, vestidos de cuero y látex, cajones con distintas pelucas y accesorios, guantes de distintos materiales.
La última de las paredes disponibles, aquella que se encontraba a su derecha, estaba cubierta por completo con un espejo.
En el centro de la habitación, un potro de madera, salvo que este contaba en su zona superior con una superficie plana.
– Ahora entiendo por que lo llamas cuarto de juegos Madre. Es aquí donde sesionas?
– Si Juliana, pero hoy es solamente para nosotras. Ven aquí.
Mientras decía esto, la guiaba hacia el potro, – Recuéstate sobre el.
Juliana obedeció y entonces su nueva madre procedió a sujetar sus tobillos a cada uno de los pies del potro. Luego se dirigió al frente y tomando primero una mano y luego otra, ajustó sus muñecas a los soportes delanteros del artefacto.
– Estás cómoda hija?
– No mucho madre.
– Tranquila, es la idea.
Luego procedió a retirar el plug que tenía puesto y reemplazarlo por uno de mayor tamaño.
– Debemos ir dilatando de a poco esa cola.
A continuación, fue hasta la grilla que tenía enfrente y volvió con una mordaza de bola, luego de pedirle que abriera bien la boca, procedió a ajustarla con una correa en su nuca.
Finalmente, el último artículo, una venda de cuero que cubría completamente sus ojos. Besó su espalda expuesta mientras le decía: – No te muevas, ya vuelvo.
– Como pensaba su madre que podría moverse? Estaba completamente inmovilizada, además ciega y muda.
Pasó el tiempo, Juliana había perdido la noción del mismo, seguramente habría sido una hora por lo menos, quizá dos. Sus brazos y piernas estaban dormidos por la posición, de su boca caía saliva que estaba formando un charco frente al potro.
Al fin, con el único sentido que tenía disponible, oyó la puerta que se abría y luego cerraba, un taconeo sobre el piso indicó que su madre había vuelto.
Esta había estado sentada en la sala simplemente esperando que su nueva hija entrara en un estado mental de sumisión, ya no tenía la falda y su pene estaba completamente erecto.
Se acercó a la grilla con los juguetes y tomó un flogger,
Juliana sintió que se acercaba, luego acariciando su espalda le susurra al oído.
– Desde que te vi por primera vez que quise hacer esto. Empezaremos de a poco.
Dejó el flogger sobre su espalda. – Primero debemos renovar esto.
Retiró el plug que Juliana tenía puesto y lo reemplazó por uno mas grande, ella sintió como una vez mas, el intruso de látex la estaba dilatando.
Débora entonces comenzó a azotar las nalgas de su hija, no con mucha fuerza, su intención no era causar dolor, sino, mas bien, que la joven entrara en un estado de humillación y sumisión mas profundo todavía.
Con cada uno de los azotes enunciaba:
– Así que has estado coqueteando con el camarero en el centro comercial?
– Como es posible que seas tan puta?
– No quiero pensar que hubiera sucedido si te dejaba sola tan solo un momento.
– Por fortuna tenías puesto el dispositivo de castidad.
– Que hubieras hecho de no tenerlo, seguramente habrías ido al baño a tocarte verdad?
Cada una de las frases, que iba acompañada por un golpe en sus nalgas, tenían su efecto en ella, se sentía humillada, porqué su Madre primero la había llevado al centro comercial, la había estimulado y ahora la estaba castigando por eso?
Si tan solo pudiera hablar, le pediría perdón, le explicaría que ella solo quería complacerla.
– Bien, si tanto lo deseas, es momento de poner esa cola a trabajar. Dijo Débora.
Le quitó la venda de los ojos para que su reciente hija pudiera apreciar su pene completamente erecto, dejando la mordaza puesta.
– Lo quieres?
Ella solo pudo asentir.
Débora se acercó, susurró a su oído con voz sensual, mientras acariciaba su espalda.
– Deseas recorrer todo el camino y convertirte en mi hija?
– Quieres sentirte una mujer?
– Sabes que tengo muchos deseos de penetrarte?
– Quiero ver como gozas cuando estoy dentro tuyo.
Juliana hubiera aceptado cualquier cosa que le propusiera su madre, su voz en su oído tenía un efecto hipnótico, la deseaba, ansiaba por fin sentirla dentro suyo, quería satisfacer todos sus deseos, sentía que le pertenecía, su vida hasta este momento había sido una rutina de reparaciones y soledad.
Ahora en cambio, sentía que era parte de algo, existía otra persona que era tu tutora, su guía en este camino de erotismo que estaba descubriendo.
Asintió como pudo, con la esperanza de indicarle a su madre que hiciera con ella lo que quisiera.
Aparentemente lo logró, rodeó el potro, se colocó detrás y luego de retirar el plug, presionó en la entrada del ano de su hija con su hermoso pene.
Poco a poco, casi con una lentitud exasperante, la fue penetrando, hasta que finalmente sus testículos presionaron contra los glúteos de Juliana.
– Ya estoy por completo dentro tuyo. Me sientes?
Ella asintió.
– Te he causado dolor? Preguntó mientras apoyaba su busto contra la espalda de Juliana al abrazarla.
Ella negó con la cabeza.
– Te gusta?
Asintió
– Deseas que siga?
Asintió una vez mas.
– Eres muy dulce, siempre quise una hija como tu.
Comenzó entonces a cabalgarla, penetrándola profundamente, con cada embestida estimulaba la próstata de su hija, quien, al cabo de un tiempo tensó su cuerpo para luego ser recorrido por una serie de espasmos, por primera vez en su vida estaba teniendo un orgasmo prostático, un charco de semen se formó a sus pies.
Débora sonrió y continuó cabalgándola hasta que ella misma sintió como un orgasmo la invadía, llenando a su hija con su semen.
Procedió entonces a quitar las ataduras de manos y pies, luego la mordaza.
Las piernas de Juliana no la sostenían, tan intensa había sido la experiencia que todavía estaba temblando. Débora la tomó de un brazo y guiándola hacia la cama:
– Vamos a recostarnos un poco, la primera vez siempre es muy intensa.
Ambas se acostaron, Juliana abrazó a su madre, sintiendo el calor de su cuerpo, su perfume y por primera vez en mucho tiempo se sintió segura, protegida. Débora no dejaría que nada malo le sucediera, la protegería como había hecho hasta este momento, quería permanecer bajo su cuidado, casi sin darse cuenta, quedó dormida.
Cualquiera que hubiese contemplado la escena, habría visto que estaba relajada, feliz y en paz.
Capítulo VIII – El Domingo
Al día siguiente, por la mañana encontramos a madre e hija tomando el desayuno en una espaciosa cocina, ambas por supuesto vestidas con su corsé (negro el de Débora y blanco el de Juliana) medias con costura del mismo color que la lencería, zapatos stiletto de doce centímetros haciendo juego y parcialmente cubiertas por un desabillé transparente de mangas largas.
Por supuesto, el maquillaje y peinado impecables.
Débora se encontraba tomando un café, contemplando a su hija con deseo, calculando que nuevas prácticas le enseñaría hoy cuando notó que Juliana se encontraba pensativa, abstraída y sin prestar ninguna atención al plato con tostadas que tenía frente suyo.
– Que sucede Juliana, tienes dudas del camino que hemos recorrido?
– No para nada Madre, al contrario.
– Y entonces? Que te preocupa?
– Es que estaba pensando, bueno, no se muy bien como expresarlo, es que no se como haré para ir al taller mañana.
– Acaso pensabas que yo permitiría que tu te disfrazaras de hombre para ir a reparar tostadoras y lavarropas.
– Es mi trabajo Madre, tengo que hacer algo para vivir.
– Ya pensaremos en eso, de hecho tengo algunas ideas al respecto, pero métete una cosa en tu cabeza, a partir de hoy vives aquí como mi hija de forma permanente.
– Pero mis cosas, el departamento?
– Que cosas? Ropa de hombre que espero no uses nunca mas, una computadora obsoleta y un departamento alquilado, pequeño en el que no hay nada para ti?
– En eso tienes razón, allí solo han cosas de Julián y como has dicho correctamente, el ya no está mas entre nosotras. Pero que haré para vivir, de alguna forma tengo que devolver todo lo que has gastado en mi.
– Ese es otro tema, por lo pronto me interesa comprarle el local a Don Oscar, podemos transformarlo y allí tendrás un espacio donde ganar dinero.
– Haciendo que? No me tomes a mal, no quiero reparar electrodomésticos.
– Tampoco quiero que hagas eso, por lo pronto, tendremos que comprar el local.
– Don Oscar no querrá.
– Espera que lo llame y arregle una reunión, verás que no tendrá problemas en venderlo.
– Lo conozco, se negará, ese local es su vida.
– Has visto El Padrino, Vito Corleone? Le haré una propuesta que no podrá rechazar. Tomó el teléfono y marcó el número. Solo se podía oír lo que ella decía y no las respuestas del otro lado de la línea.
– Hola Don Oscar?
– Si soy la Señora Débora, necesito que venga a mi domicilio.
– No, no hay ningún desperfecto, es sobre Julián.
– No, tampoco, no tengo ninguna queja de el.
– Mañana es imposible, tiene que ser hoy, es urgente.
– Si, se que es domingo, pero necesito hablar con usted.
– No se preocupe, le retribuiré la molestia.
– Perfecto, lo espero a las cuatro de la tarde entonces, no se arrepentirá.
– Ya está, vendrá hoy a las cuatro y me venderá el local.
– Como puedes estar segura Madre?
– Ten un poco de confianza en mí, conozco a los hombres. Ahora ven conmigo al cuarto de juegos, tengo algunas cosas nuevas que enseñarte y de paso te contaré mi plan.
Tomó de la mano a su hija, entraron al cuarto de juegos y luego de amarrarla y amordazarla una vez mas, mientras besaba su cuello, le explicó lo que debían hacer cuando llegara Don Oscar.
A las cuatro de la tarde en punto, Débora estaba en la sala aguardando a Don Oscar, su cabello negro estaba peinado en un estilo alto, maquillaje oscuro con ojos de gata impecable, labios de un rojo profundo, delineados para parecer mas gruesos, una camisa de seda blanca de mangas largas, cerrada al cuello con una corbata de lazo.
Un corsé de cuero rojo por encima de la blusa resaltaba su busto aún mas y definía el contorno de su cintura. La falda, elegida expresamente, era tipo tubo, muy ajustada, terminaba unos diez centímetros por encima de las rodillas. Medias de seda con costura de color natural y los infaltables tacones aguja de doce centímetros de altura.
Las uñas largas, pintadas del mismo color que sus labios, sus manos adornadas con anillos y pulseras en sus muñecas.
El detalle, había agregado unos lentes (sin aumento) con marco de metal con la intención de parecer mas severa.
Mientras tanto, Juliana esperaba en su habitación el momento en que su madre la llamara. El maquillaje similar al de su madre, una peluca rubia peinada con dos coletas a los costados de su cabeza, una blusa de seda blanca también cerrada con un lazo, debajo, un sostén armado, tipo torpedo, con las prótesis mas grandes de su madre, que hacía imposible no mirar su busto.
Una minifalda de tela escocesa que apenas cubría los puños de las medias de nailon blancas y finalmente, los zapatos con tacón de doce centímetros.
Al verla, era una extraña combinación de inocencia y perversión. Su vestimenta y peinado parecían las de una colegiala, mientras que su maquillaje, su busto y la falda extremadamente corta transmitían un deseo sexual incontenible. Al sentarse además, quedaba expuesto su dispositivo de castidad, revelando sus genitales encerrados.
Al llegar la hora convenida, suena el timbre y Débora abre la puerta para dar paso a Don Oscar.
– Buenas tardes Don Oscar, le agradezco mucho que halla venido. Dijo mientras le daba un beso en su mejilla para luego repetir el mismo gesto que había realizado el primer día con Julián, lamer su dedo pulgar para limpiar el rostro del hombre.
– Lo siento, tengo que tener mas cuidado con el labial. Pase por favor. Desea tomar algo, tengo un whisky excelente.
Este simple gesto desarmó al visitante, era demasiado atrevido, no sabía muy bien el motivo de la reunión, pero el ambiente de alguna forma estaba cargado de sensualidad. Más todavía cuando Débora sirvió dos vasos y luego se sentó en un sillón frente a el, cruzó sus piernas cuidando de exponer parte de su muslo a la vista del dueño del local.
La mirada de Don Oscar no podía centrarse en su rostro, oscilaba entre el busto y sus piernas.
– Bien Don Oscar, se estará preguntando porqué lo he citado con tanto apuro.
Con un esfuerzo, desvió su mirada de las piernas de ella y contestó: – Efectivamente, no se porqué no podía esperar hasta mañana.
– Iré directo al grano, deseo comprar su local, usted ponga el precio.
– Imposible, es mi fuente de trabajo.
– Por eso le dije, ponga el precio, con el dinero usted podrá comprar otro local, quizá hasta mas grande.
– Y porqué desea comprar ese local precisamente?
– Se lo explicaré en un momento. Juliana, puedes venir por favor?
Juliana entró a la sala, caminando lentamente, dejando que cada uno de sus pasos resonara en el piso de mármol. Su ex – patrón la estaba comiendo con la mirada, tal como estaba previsto, su madre lo había preparado correctamente, puesto que se notaba el bulto en sus pantalones.
– Como está usted Don Oscar? Le saludo la hija.
– Como puede apreciar, dijo Débora, Juliana no está en condiciones de ir al taller a reparar electrodomésticos.
Juliana se sentó al lado de su madre, en el brazo del sillón que esta ocupaba, cruzó sus piernas y al hacerlo, cuidó que el hombre percibiera que llevaba un dispositivo de castidad. Luego, se inclinó y besó a Débora en la boca, ambas extendiendo sus lenguas en un show privado para el.
Don Oscar se removió inquieto en su sillón, imposible de ocultar su excitación, comenzó a sudar frente al espectáculo que tenía ante sí.
– Además, tanto Juliana como yo misma, podemos ser muy agradecidas de ser necesario. Porqué no le muestras a nuestro invitado hija?
– Como no madre.
La joven se levantó y acercó lentamente al sillón donde el estaba sentado, se arrodilló entre sus piernas y comenzó a bajar sus pantalones y para después liberar sus genitales.
– Que hermoso pene tiene usted Don Oscar, le molestaría si lo beso.
– Eemm, uff, no, por supuesto que no niña.
Ella comenzó a acariciarlo lentamente, notando como crecía en su mano, luego, mientras lamía el glande, el sintió como las uñas rozaban sus testículos, enviando oleadas de placer.
Luego, lo introdujo por completo en su boca. El se revolvía en el sillón, se sentía como una mosca atrapada en una telaraña, mientras las arañas jugaban con el.
– Hay Don Oscar, no sabe lo necesitada que estoy, querría usted llenar mi cola? Preguntó con la mas inocente de las voces.
Luego, giró y expuso su ano dilatado por el plug, movió sus caderas, invitándolo a que la penetrara.
El, directamente se levantó, rápidamente removió sus zapatos y pantalones y se acomodó detrás de ella. Retiró el plug con muy poco cuidado, no quería jugar, quería penetrarla, ese culo era el centro de su existencia en ese momento y quería hacerlo con la mayor violencia posible. De una sola embestida entró en ella y comenzó a cabalgarla con furia.
Mientras lo hacía, sintió los pechos de Débora contra su espalda. – Ve Don Oscar, si nos vende el local podrá disfrutar de ella todas las veces que desee.
– No, no, es imposible.
– Vamos, a ver, inhale esto. Dijo colocando una pequeña botella marrón bajo su nariz (poppers).
El inhaló y los vapores accedieron directamente al cerebro. – Contenga un momento, uno, dos, tres, cuatro, cinco, ahora exhale.
Un calor lo invadió, la excitación se hizo mayor todavía.
– No quiere vender, está seguro?
– No puedo, se lo ruego, le pido me entienda.
– Pruebe otra vez, uno, dos, tres, cuatro, cinco, ahora exhale.
El de pronto se percibió que ella se había despojado de la falda, exhibía un pene mayor que el suyo y se estaba acomodando entre sus piernas.
– Que va a hacer? Deténgase.
– Shhh, tranquilo, relájese, verá que le gustará. Fue la respuesta de Débora, mientras le alcanzaba nuevamente la botella para que aspirara.
– Muy bien, uno, dos, tres, cuatro, cinco, ahora exhale.
El estaba mareado, calor en todo el cuerpo, la excitación lo controlaba por completo, no era dueño de sí mismo. Sintió como estaba siendo penetrado y no le importó, lo único que deseaba era seguir cabalgando a Juliana.
– Que hermoso culo tiene usted. Le dijo la mujer.
En ese momento, la joven se retiró y dejó a Don Oscar en cuatro patas, siendo penetrado por su madre. Esta retiró de su cuello la llave del dispositivo de castidad y se la entregó.
Juliana liberó su pene, el cual teniendo en cuenta los días de excitación y abstinencia, rápidamente cobró vida. Se paró frente al hombre y lo ofreció para que lo besara.
– No le gusta Don Oscar, preguntó? Porqué no le da un beso por favor, yo también estoy necesitada.
Ante la negativa de el, Débora propuso:
– Quizá quiere besar el mío hija. Porqué no ocupas mi lugar?
Ella se retiró y Juliana lo penetró de una sola embestida.
– Que culo delicioso Don Oscar.
Débora se posicionó delante de el y le ofreció sus genitales. Tomó su cabeza y forzó su pene dentro de la boca de Don Oscar.
– De su culo directo a su boca, resultó bastante puerco y me encanta que así sea.
Se retiró un momento y le ofreció una vez mas la botellita para que inhalara. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, exhale. Va aceptar el trato ahora?
– Si, si, acepto, lo que ustedes quieran, dijo completamente rendido y a merced de las dos mujeres.
– Excelente, ahora abra la boca que le voy a dar un regalo.
No terminó de decirlo que comenzó a eyacular en su boca, simultáneamente, el cuerpo de Juliana se tensó, tomó al hombre mas firmemente por sus caderas y tuvo su orgasmo dentro de el.
Epilogo
El local no era el mismo, ahora su frente había cambiado por completo, contaba con una vidriera donde se exponían diversos artículos de belleza y un cartel en la zona superior indicaba «Centro de Estética Rodríguez».
Al trasponer la puerta e ingresar al local, el ambiente era completamente distinto a aquello que uno hubiera esperado, se encontraba con un verdadero calabozo medieval completamente equipado y correctamente iluminado, un potro en el centro, una cruz de San Andrés en una de sus paredes, al fondo, un sillón de madera sobre una tarima, que en realidad solo podría ser descripto como un trono.
Sentada en el se encontraba Juliana, su madre había compartido los contactos de sus viejos clientes y ahora era la Ama y Señora del local, regenteando un mas que próspero negocio.
Por supuesto, no había dejado de sesionar con Débora, siendo su asistente y día a día aprendiendo nuevas prácticas, era completamente consciente que todavía tenía por delante un largo camino de placer para alcanzar la excelencia de su madre.
Suena el teléfono y ella lo atiende:
– Hola, si Don Oscar, un gusto oír su voz.
– Si, tengo un horario disponible para usted.
– Sabe que es mi cliente preferido.
– Como no, lo espero dentro de una hora entonces.
– Un detalle Don Oscar, he encargado unas botas en la zapatería de costumbre, usted sería tan amable de pagarlas y traerlas cuando venga?
– Siempre tan atento. Muchas gracias.
Colgó y comenzó a acariciar su pene lentamente, excitada pensando en las cosas que le ordenaría a Don Oscar, se había rebelado como un excelente esclavo.