Favor a una compañera

En cierto momento, al separar sus nalgas un poco para ayudar a mi polla, vi el ojete de su culo y pensé que seguro que por ahí no había entrado ni una mosca, moje mi dedo en saliva y comencé a acariciarlo con mucha suavidad, ella no dijo nada, no se si por corte o por lo excitada que estaba; con disimulo metí un poco mi dedo en el interior y procedí a masajearlo; vaya vaya, sigue sin decir nada, solo gime que te gime y yo ya tenía mi dedo metido por completo en su culo.

Compañera

Esto ocurrió 3 veces más esa semana, cada vez que yo entraba a tomar algo, ella me seguía y allí se quedaba, quería que la contemplase pero que fuese yo el que diese el primer paso. El lunes siguiente no lo pude evitar y al fin empecé a hablar con ella, su voz era dulce y parecía muy simpática, nos empezamos a reír y hablamos de trabajo, estábamos en el mismo proyecto pero en fases distintas.

Masaje relajante

Todo comenzó cuando yo acababa de tomar un nuevo puesto en la empresa y las cosas no estaban saliendo tan bien como yo quería y traía una tensión acumulada que me estaba generando un fuerte dolor muscular a la altura de los hombros. Ese día después del turno de trabajo llego a mi oficina decidida a quitarme esa molestia en los músculos, me dijo que me sentara de espaldas a ella y comenzó la sublime labor.

Unos muchachos de viaje de fin de curso tienen la noche de su vida cuando una de las chicas del instituto y su profesora entran en su habitación

La profesora estaba realmente asustada al punto de no ofrecer la menor resistencia. Tenía unas piernas bastante delgadas pero bien torneadas que terminaban en finos tobillos y pies pequeños. Aquella noche usaba una tanguita blanca que lucía una rosa bordada sobre el pubis. Tenía el vientre chato y estando así boca arriba, resaltaban los huesos de la cadera.

La esposa del síndico I

Un alto ejecutivo de la empresa está loco por follarse a la mujer de uno de los empleados y aprovechará la ocasión para ir con ella a su dormitorio y tomarla por la fuerza.