El voyeur metódico, cruza su umbral. La familia convierte la trampa en una sesión de dominación psicológica y placer retorcido, quebrando su fachada. Parecen ganar, hasta que un mensaje final revela una verdad aterradora: solo son un eslabón en una cadena de depravación más larga.
El horror se profundiza: encuentran una cámara espía dentro de su propia sala. La violación es total. El sexo se convierte en un acto de guerra desesperada, una pila animal para reclamar su espacio. Pero el acosador anónimo les da un ultimátum: déjenme unirme en persona, o serán destruidos.
Dante sabe. Su chantaje no es por dinero, sino por entrada a su intimidad. Forzados, la familia lo permite en una noche de sexo grupal sórdido y dominante. El enemigo ya no está fuera; es un participante en su ritual, mancillando su santuario.
El deseo se institucionaliza en encuentros nocturnos planificados. Exploran cada combinación, cada fantasía, creando un lenguaje propio de gemidos. Su casa es un templo al secreto, hasta que la mirada persistente del vecino Dante empieza a filtrarse a través de las persianas.
Sin vuelta atrás, abrazan su nueva realidad. Gael y Renata exploran su deseo fraternal, mientras los padres redescubren su pasión con un cómplice perturbador. La euforia de la transgresión se mezcla con el miedo latente: alguien más podría estar observando su pecado.
Un apagón los aísla en la oscuridad. Lo que empieza como un juego de verdades se transforma en un beso prohibido entre hermanos. Esa chispa enciende un fuego que promete consumir todos los límites familiares, llevándolos al borde de un abismo de lujuria desconocida.
Les comparto cómo la ausencia de Roberto, que trabaja lejos y largas horas, crea un vacío en casa. Con Sofía también afuera mañana y tarde, El vínculo con Tomás, que estudia en el mismo liceo en el turno nocturno, se va intensificando. Esa conexión sutil, despierta en mí preguntas sin respuestas.
Me sumerjo en un laberinto de culpa y deseo al descubrir cómo Arturo mi hermano somete a nuestra madre a actos cada vez más degradantes, desde mamadas forzadas hasta el uso de un dildo, la línea entre lo correcto y el placer se difumina.
Todo empezó cuando acompañé a mi mamá a una reunión en la escuela de Arturo. El profesor y el director nos dijeron que mi hermano tenía problemas serios, que era agresivo y no se llevaba bien con los demás. Mi mamá, siempre tan dedicada, decidió hacer lo que fuera necesario para ayudarlo, incluso si
Jacob seguía teniendo problemas con su miembro debido a la receta de hormonas que le habían recetado, pero su madre, que tenía algunas dudas, seguía ayudándolo.
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Las series o sagas eróticas, son un conjunto de relatos eróticos que tienen un argumento central y que son publicadas por entregas. Crea el titulo y una descripción de tu serie, luego podrás añadir relatos a esta.
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