La provocación interrumpida
Cada vez que mis papás salían, Javier se ponía insoportable.
Era mi mejor amigo desde la secundaria: alto, piel bien negra y brillante, cuerpo de gimnasio y esa sonrisa arrogante que sabía que me ponía loco. Vivía cerca y venía a casa casi todos los días después del cole
Parte 2: Hacerme de rogar
Al día siguiente Javier llegó más temprano, con esa cara de quien no había pensado en otra cosa en toda la noche. Yo ya había decidido que no se la iba a poner fácil. Me gustaba verlo desesperado, rogándome con la mirada.
Estábamos solos otra vez en mi habitación. Cerró la
Parte 3: Los dos amigos negros
Al tercer día ya no era solo Javier.
Llegó acompañado de su primo Raúl, otro moreno bien negro, alto, con brazos fuertes de quien entrena pesado y esa misma actitud dominante que me ponía la piel de gallina.
Los dos entraron a la casa con esa confianza de quien sabe
Parte 4: No me dejan parar
Al cuarto día ya no había disimulos. Javier y Raúl llegaron juntos otra vez, con esa mirada de animales que llevan varios días sin desahogarse. Apenas entré a la habitación y cerré la puerta, los dos se me echaron encima.
Javier me empujó contra la pared suavemente pero fi
Parte 5: Mamá afuera de la puerta
Al quinto día llegó un amigo nuevo. Se llamaba Kevin, otro negro alto y musculoso, amigo de Javier y Raúl. Tenía la piel bien oscura, tatuajes en los brazos y una forma de mirarme que me hacía sentir pequeño. Los tres entraron a mi habitación con cara de pocos amigo