Capítulo 2
- La provocación interrumpida I
- La provocación interrumpida II
- La provocación interrumpida III
- La provocación interrumpida IV
- La provocación interrumpida V
Parte 2: Hacerme de rogar
Al día siguiente Javier llegó más temprano, con esa cara de quien no había pensado en otra cosa en toda la noche. Yo ya había decidido que no se la iba a poner fácil. Me gustaba verlo desesperado, rogándome con la mirada.
Estábamos solos otra vez en mi habitación. Cerró la puerta con llave y se quitó la camiseta de inmediato, mostrando ese torso negro, definido y brillante.
yo le agarro ese pecho y el resto del cuerpo y me acuesto en la cama
Se acercó a la cama donde yo estaba acostado
—Anoche casi me vuelvo loco pensando en tu boca —me dijo con voz grave—. Hoy no te vas a escapar,
y yo le respondo así entonces Ven, sácala.
Se bajó el short y su verga gruesa saltó libre, ya medio dura y pesada, apuntándome. Me agarró la mano y la puso sobre ella. Estaba caliente, palpitando.
Yo la apreté un poco, sintiendo cómo crecía en mi palma, y no solo eso también me la pasaba de mano a mano
pero luego la solté y me hice hacia atrás.
—Hoy no, Javi… mi mamá puede llegar en cualquier momento — y no quiero que nos vea en esto le dije fingiendo preocupación, aunque en realidad estaba disfrutando provocarlo.
Él sonrió con arrogancia y se acercó más, rozándome los labios con la punta de su verga oscura.
mientras se hacía la paja con la otra mano
—No mientas. Te encanta. Abre la boca aunque sea un rato. Solo chúpame la cabeza, te juro que me corro rápido.
Me hizo de rogar más. Me di vuelta en la cama, dándole la espalda.
—Después… cuando estemos más seguros.
Javier soltó un gruñido de frustración y se me tiró encima, presionando su verga dura contra mi culo por encima de la ropa. Me susurró al oído mientras me apretaba:
comenzo hacer como si me estuviera follando mientras sonaba los chillidos de la cama y nuestros movimientos
—Te voy a coger la boca hasta que llores, te lo juro. Deja de hacerte el difícil que sé que estás duro como yo.
Sentí su mano bajando hacia mi pantalón, buscando quitarme la ropa y metérmela… y justo en ese momento:
¡Clack! La puerta de la entrada se abrió.
—¡Holaaa! Ya estoy aquí —gritó mi mamá, como si el universo se estuviera burlando de nosotros.
entonces antes de pararse me mordió la oreja
Javier se separó de mí como si le hubieran echado agua fría. Se subió el short a toda velocidad, pero su verga seguía completamente dura, marcando una tienda de campaña imposible de esconder. Se tiró en la silla del escritorio cruzando las piernas rápido.
Yo me acomodé la erección y salimos disimulando.
Mi mamá estaba dejando las bolsas en la cocina.
—¿Otra vez aquí, Javier? Qué bueno que acompañas a mi hijo —dijo sonriendo inocentemente.
—Sí, señora… siempre es un placer —respondió él con la voz ronca, todavía excitado.
Cuando mi mamá fue un momento al baño, Javier me agarró fuerte del brazo y me susurró al oído, casi gruñendo:
—Mañana no vas a poder hacerte de rogar. Te voy a poner de rodillas apenas entremos y te voy a follar la garganta hasta que te salga por la nariz. Vas a tragar todo, ¿entendiste?
Me apretó el culo con fuerza y se separó justo cuando mi mamá regresaba.
La frustración ya estaba en otro nivel. Dos días seguidos con la verga negra de Javier hinchada y sin desahogo… pero esa tensión me tenía a mí también desesperado.