Capítulo 3

Parte 3: Los dos amigos negros

Al tercer día ya no era solo Javier.

Llegó acompañado de su primo Raúl, otro moreno bien negro, alto, con brazos fuertes de quien entrena pesado y esa misma actitud dominante que me ponía la piel de gallina.

Los dos entraron a la casa con esa confianza de quien sabe que mis papás no estaban… o eso creían.

—Vine con mi amigo espero que no haya problema —dijo Javier cerrando la puerta de mi habitación con llave, sonriendo con malicia—.

Porque sé que te gusta mirar. Y porque Raúl también quiere probar esa boquita que me tienes loca.

Raúl era un poco más corpulento que Javier, piel más oscura, con una barba corta bien cuidada. Se quitó la camiseta sin decir nada y se sentó en la cama, abriendo las piernas. El bulto en su pantalón de chándal ya se notaba grueso y pesado.

Javier se paró detrás de mí, me agarró por la cintura y me empujó suavemente

en ese momento cogió y metió sus manos a mi pecho y me estaba tocando los pezones mientras que yo solo tenía las manos hacia abajo sin hacer nada.

—Anda… arrodíllate y salúdalo como se debe. Llevas días haciéndote el difícil conmigo, hoy te vamos a poner a trabajar.

Raúl se bajó el pantalón y sacó su verga. Era aún más gruesa que la de Javier, oscura, con una cabeza grande y venosa.

debia medir como unos 27 cm de largo

La sacudió despacio frente a mi cara mientras Javier me presionaba los hombros para que me agachara.

—Chúpala,—gruñó Raúl con voz profunda—. Javier me contó lo rico que la mamas. Quiero sentir esa lengua.

Yo estaba durísimo, el corazón me latía fuerte. Me hice un poco de rogar, girando la cara, pero los dos se rieron. Javier me agarró el pelo con suavidad y me acercó más. Sentía el olor fuerte de sus vergas, esa mezcla de sudor y deseo que me mareaba.

—Solo la punta —susurré, fingiendo que aún dudaba.

solo les voy a chupar la punta ok

entonces ambos rieron y no dijeron nada

Raúl me rozó los labios con la cabeza gruesa de su verga. Javier ya se había sacado la suya también y me frotaba la mejilla con ella. Los dos me tenían rodeado, dos vergas negras grandes y duras listas para usar mi boca…

Y entonces se escuchó el ruido de llaves en la puerta principal.

¡Mierda!

—¡Hijo! Llegué temprano hoy —gritó mi mamá desde la entrada, con voz cansada pero alegre.

Los dos se separaron rápido. Raúl se metió esa verga gruesa dentro del pantalón como pudo, maldiciendo por lo bajo. Javier se subió el short y se tiró en la silla, cruzando las piernas. Yo me levanté de un salto, con la cara roja y la erección apretada contra el pantalón.

Salimos los tres fingiendo que estábamos jugando en la PlayStation.

Mi mamá nos miró un segundo desde la cocina.

—Uy, tres muchachos hoy… ¿todo bien? —preguntó sonriendo.

—Todo perfecto, señora —respondió Raúl con una voz ronca que aún tenía restos de excitación—. Solo pasando el rato con su hijo.

Los dos sentados en el sofá, con los bultos todavía medio duros marcándose, lanzándome miradas que prometían venganza. Cada vez que mi mamá iba a su cuarto, uno de ellos me apretaba el culo o me rozaba la mano contra su verga por debajo de la mesa.

Javier me susurró al oído cuando mi mamá fue al baño:

—Esto ya se está pasando de cínico. Mañana vamos a encontrar la forma… y te vamos a llenar la boca entre los dos hasta que no puedas hablar.

Raúl solo sonrió y se tocó el bulto disimuladamente, mirándome con hambre.

Tres días seguidos de pura provocación y frustración… y yo cada vez más desesperado por que por fin pasara algo.

La provocación interrumpida

La provocación interrumpida II La provocación interrumpida IV