Capítulo 3

Parte 4: No me dejan parar

Al cuarto día ya no había disimulos. Javier y Raúl llegaron juntos otra vez, con esa mirada de animales que llevan varios días sin desahogarse. Apenas entré a la habitación y cerré la puerta, los dos se me echaron encima.

Javier me empujó contra la pared suavemente pero firme, mientras Raúl se paraba justo enfrente.

—Hoy no te vamos a dejar ni respirar, maricón —gruñó Javier al oído, mordiéndome el lóbulo—. Cuatro días con la verga dura por tu culpa. Ya basta de rogarte.

Raúl me bajó el short sin pedir permiso y sacó mi verga, que ya estaba completamente dura. La apretó fuerte con su mano grande y negra.

—Mira cómo estás… te encanta que te presionemos.

Los dos se bajaron los pantalones al mismo tiempo. Dos vergas negras gruesas, venosas y pesadas quedaron balanceándose frente a mí. Javier me agarró el pelo y me frotó su cabeza contra los labios, mientras Raúl me daba golpecitos con la suya en la mejilla.

ambos estaban pegando por toda la cara con esas 2 vergas

—Ábrela —ordenó Raúl—. Vamos a turnarnos en esa boca hasta que te duelan las mandíbulas.

Yo intentaba hacerme un poco el difícil, mientras ellos pasaban sus vergas por mi boca girando la cara, pero ellos no me dejaban.

Javier me metió la punta entre los labios y empujó despacio, gimiendo bajito. Sentía su sabor fuerte, salado. Raúl me agarraba la mano y me obligaba a masturbarlo al mismo tiempo.

—Chúpala más profundo… así, buen puto —susurraba Javier, moviendo las caderas.

Estaban los dos encima de mí, respirando pesado, frotándose contra mi cara y mi boca, sin dejarme ni un segundo de descanso. Mi propia verga palpitaba mientras ellos me usaban. Por un momento pensé que esta vez sí iba a pasar todo…

Pero entonces sonaron tres golpes fuertes en la puerta de la habitación.

Toc, toc, toc.

—¡Hijo! ¿Estás ahí? —la voz de mi mamá justo al otro lado de la puerta—. Te estoy esperando en la puerta de la calle. Vamos al supermercado juntos, ¿no te acordabas?

le dije justo ahora

ella me respondio si justo ahora

en ese momento le dije que esta bien

Los tres nos congelados. Javier todavía tenía la verga medio metida en mi boca. Raúl soltó una maldición casi inaudible y se subió el pantalón a toda prisa. Yo me separé rápido, con los labios hinchados y la cara roja.

—S-sí mamá… ya voy —respondí con la voz entrecortada.

Javier me miró con pura frustración y rabia contenida, acomodándose la erección imposible dentro del pantalón.

—Esto ya es una mierda —susurró—. Cuatro días seguidos con las bolas hinchadas. Mañana vamos a otro lado o te vamos a coger aquí mismo aunque esté tu mamá en la casa.

Raúl solo me apretó el culo fuerte antes de salir, susurrándome:

—Te vamos a llenar la garganta hasta que te corras sin tocarte. Aguanta un día más.

Salimos los tres disimulando. Mi mamá estaba en la puerta principal con las llaves en la mano, sonriendo inocentemente.

—Qué bueno que tus amigos te acompañan. ¿Todo bien?

—Todo bien, señora —dijo Javier con la voz ronca, todavía visiblemente excitado.

Mientras caminábamos hacia el carro, sentía las miradas de los dos quemándome la espalda. Cuatro días de pura provocación, vergas duras, bocas rozando… y nada. Solo frustración acumulada y mi mamá siempre apareciendo en el peor momento.

La provocación interrumpida

La provocación interrumpida II