¿Quién no ha soñado con unas vacaciones en una maravillosa y solitaria playa, alejado de la ciudad y las aglomeraciones, sin horarios para nada y sin un aparato de tv en un radio de 10 kms? Bueno, ¿verdad?, ¿y si además las pasamos acompañados de una bella y exuberante mujer, la cual se presta a tener sexo sin límites contigo, con el recepcionista del hostal y con uno de los camareros? Mucho mejor!!!, ¿no ¿

Mi historia comienza un día del mes de Septiembre, en el cual mi esposa Carolina y yo decidimos tomarnos unos días libres y pasarlos en una maravillosa playa de la costa gaditana, lejos de todo lo cotidiano y del estrés diario que impone el trabajo y la a veces monótona vida de casa.

Nos planteamos ir a un Hostal de Zahara de los Atunes, en Cádiz, una zona costera con unas playas maravillosas y una gente no menos espléndida, para disfrutar unos días de la gastronomía y de los baños de mar y Sol.

Mi esposa, Caroli es como yo la llamo, es una persona a la cual le encanta el sol, en cuanto puede aprovecha un instante para ir a la playa o tomar un poco el sol en la terraza de nuestro piso, por eso su piel es de un tono oscuro, parecido al de una mulata, pero ella tiene unos ojos verdes preciosos, y un pelo moreno largo y rizado que quitan el sentido.

Le encanta cuidarse, cosa a la cual no pongo objeción alguna, y si tuviera que destacar alguna parte de su cuerpo sería su trasero.

Tiene un culo increíblemente firme y duro, moldeado a base de muchas horas de aeróbic en el gimnasio, aunque el resto también le acompaña.

Nunca habíamos estado en esta zona de Cádiz, pero unos amigos nos hablaron muy bien de esa zona, y como vivimos cerca (en Málaga), nos decidimos por visitarla.

En cuanto llegamos al hostal, nos recibió un chico bastante majo, llamado Luis.

Nos explicó los detalles y los servicios del hostal, el cual se asemejaba bastante a un parador rústico, y para ser un hostal tenía unas buenas calidades: estaba en mitad de una playa preciosa, sin ningún otro comercio cercano, ya que tuvimos que adentrarnos en él por un camino a 2 kms. del pueblo, unas amplias habitaciones con decoración rústica, piscina y jacuzzi común, salones exteriores y servicio de camarero a pie de playa.

Más de lo que necesitábamos mi esposa y yo.

Mientras el recepcionista nos enseñaba el hostal, me fijé que no paraba de satirear a Carolina, cosa que era lógica, ya que su vestimenta llamaba a ello: una camiseta de tirantas a través de la cual se transparentaban sus firmes pechos, una minifalda vaquera y unas de esas sandalias de tacón con una sola tira horizontal que a mi tanto me gustan (soy algo fetichista con los zapatos).

Aquello no me molestaba, ya estaba acostumbrado, ya que somos una pareja para nada celosa.

Nos consideramos una pareja con ideas un tanto liberales, tal vez debido a nuestra edad (27 y 28 años) y a nuestra educación, entendemos el sexo como algo natural, sano y enriquecedor, e incluso hemos tenido alguna experiencia con “terceras personas”, así que como comprenderéis, el que aquel chico no apartara la vista de mi esposa, no me produjo ningún tipo de sensación adversa hacia él.

Cuando nos dejó a solas en nuestra habitación, comentamos este detalle entre risas mientras deshacíamos el equipaje, y mi mujer me comentó que el chaval estaba bastante bien, y que si la descuidaba, ya sabía dónde encontrar alguien que la hiciera caso.

Aquello me excitó y entre bromas comenzamos a pegarnos con la almohada y terminamos follando en el suelo de la habitación.

Después de aquello, decidimos ir a tomar un poco el sol, ya que eran las 6 de la tarde y aún quedaban unos minutos de buenos rayos solares, así que me puse mi bañador y ella se colocó uno de esos tanguitas que le dejan todo el culo al descubierto, y un minúsculo bikini amarillo, a juego con el tanga.

Juntos dejamos las llaves en recepción ante la atónita mirada del recepcionista, que no apartaba la vista del culo de mi esposa, y esta a cosa echa, se volvió para preguntarle si le podían dejar algún tipo de tumbona, a lo cual Luis el recepcionista, le dijo que por supuesto que sí, que en 2 minutos, alguien nos acercaría dos tumbonas.

Una vez en la arena colocamos la sombrilla y las toallas, y tal y como dijo Luis, un chico que resultó ser el camarero del Hostal, nos trajo dos tumbonas, no sin antes fijarse también en el trasero de mi mujer, el cual estaba creando afición entre el personal del hotel.

Este chico, (Antonio), nos comentó que si queríamos tomar algo de beber no teníamos más que decírselo y nos lo traería en un instante, y como la verdad es que hacía bastante calor, pedimos unos refrescos, los cuales nos fueron servidos en menos tiempo de lo que tardamos nosotros en acomodarnos.

Antonio se retiró, y esta vez fue Carolina quien me preguntó si me había fijado en las miradas del camarero, a lo que dije que se comportaba de la misma forma que el recepcionista, pero mi sorpresa fue que este se atrevió a rozar con su bragueta el culo de mi mujer en el momento en que ella se agachó para colocar la tumbona, detalle que pasó inadvertido para mí.

Aquello también me excitó, pensar que mi mujer era el blanco de todas las miradas del personal del hotel, que no era mucho, ya que era mas bien un comercio familiar, tal y como nos comentó Luis, todos eran familia.

Estuvimos tomando el sol un buen rato, y cuando empezó a atardecer recogimos nuestras toallas y volvimos a recepción para recoger las llaves.

Allí estaban Luis y Antonio, con una sonrisa de oreja a oreja al vernos llegar, (más bien al ver a Caroli).

Mi esposa les preguntó si había por aquí cerca algún tipo de monumento o eventos que visitar, y nos comentaron que sí que podíamos ver algunas cosas, pero todas en el pueblo ó cercanías, y que si nos apetecía, y gracias a que no habían muchos huéspedes alojados ese día, podíamos cenar con ellos esa noche en su mesa, y nos darían más detalles.

Caroli me miró como pidiendo que le dijera yo algo, y la verdad es que no me pareció mala idea, así que aceptamos.

Caroli se colocó una faldita blanca que le llegaba hasta las rodillas, pero como era de una gasa muy fina, dejaba ver perfectamente su tanguita blanco, unos zapatos blancos de tacón y una blusa beige, con un gran escote que dejaba ver gran parte de su precioso canalillo.

Para colmo dejó su pelo suelto y mojado, envuelta en un aroma de azahar que hacía volar tu imaginación.

Cuando llegamos a recepción, nos estaba esperando Luis, el cual nos acompañó amablemente a una de las mesas del salón que estaba en la terraza, y pudimos observar que éramos los únicos en dicho salón, y no había ninguna otra mesa preparada.

Nos sirvieron algo de Vino tinto, y apareció Antonio con una sra. De unos cuarenta y tantos años, que era la propietaria del Hostal.

Esta sra. tenía familia en Málaga y se interesó por la ciudad, por algunas calles que ella conocía y algunos comercios.

Tras conversar con nosotros durante unos minutos, nos deseó que pasáramos una buena velada, ya que ella se tenía que marchar y dejaba a sus hijos al cuidado, aprovechando que el hostal estaba casi vacío, y a excepción de nosotros dos y otras dos parejas, no esperaban más huéspedes hasta el viernes. Sin más se despidió y nos quedamos allí con Luis y Antonio, los cuales ya habían servido los platos.

Comenzamos a cenar y tomar algunas copas, y conforme consumíamos más vino, la conversación se tornaba más amena y suelta. Luis no paraba de mirar el escote de mi esposa y ella de vez en cuando, le ofrecía una mejor vista, levantándose para alcanzar alguna botella de vino.

No sé cómo surgió la conversación, pero Antonio dio que se alegraban de invitarnos a cenar, ya que la velada estaba resultando muy amena, y que le resaltábamos una pareja muy agradable, a lo cual yo respondí: “Ah, pensaba que nos habíais invitado para poder ver mejor a mi esposa!!”

Hubo un momento de silencio, y Luis se apresuró en disculparse si en algún momento nos había ofendido, a lo cual le contesté que no se preocuparan, que aquellas miradas no nos molestaban para nada, e incluso que nos podían llegar a gustar, a lo cual mi esposa me dio la razón.

En un principio no supieron qué decir, ya que ellos no esperaban esa reacción, pero tras unos momentos de incertidumbre, Antonio sonrió levemente y tomó su copa para realizar un brindis por nosotros, y así lo hicimos.

Ya más tranquilamente nos preguntaron que si realmente nos gustaba el que ellos se hubieran fijado en mi esposa, cosa que según Luis era normal, porque Caroli tenía un cuerpo increíble, y lo que era mejor, sabía como provocar la excitación de un hombre con tan solo verla.

Yo le respondí que nos sentíamos alagados por aquella opinión, y mi esposa les dijo que siempre es agradable ser piropeada y más si es por dos chicos tan atractivos.

Como la conversación se tornaba un poco más pícara, en un momento de la misma les recordé el incidente del roce de la bragueta de Antonio con el culo de mi mujer. Antonio reconoció aquello, y se enrojeció un poco, pero afirmó que fue casi sin querer.

Caroli le dijo que para ser sin querer, fue un roce bastante prolongado y firme, pero que también fue muy placentero.

Tras esto Antonio me miró, y como vio que yo sonreía ya que sabía perfectamente a dónde quería llegar mi esposa, le preguntó que si quería lo podía volver a repetir cuando ella quisiera, siempre y cuando a mí no me importara.

La reacción de mi esposa no podía ser otra: se levantó de la mesa y se sentó en las rodillas de Antonio, el me volvió a mirar, pero como yo no puse ningún impedimento y Caroli no le dio margen para reaccionar, el comenzó a besarla mientras con una de sus manos le acariciaba las piernas. Luis permanecía inmóvil y a la vez atónito ante lo que estaba sucediendo delante de nuestros ojos.

Mi esposa había despojado de su camisa a Antonio, y le estaba desabrochando su pantalón.

Tras esto, metió su mano en sus calzoncillos, los cuales no podían retener por más tiempo su excitada polla, que asomaba en gran parte.

Así comenzó a pajearlo suavemente mientras él ya estaba acariciando sus pechos bajo la blusa. Alentada por el momento, le desprendió de sus pantalones y ropa interior, dejando totalmente al descubierto una polla de dimensiones considerables.

Caroli me miró sonriendo, mientras se arrodillaba frente a él, sujetando su polla con una mano, y con la otra sus genitales, se acercó lentamente y comenzó a lamérsela lentamente, desde la base hasta la punta, haciendo con esto, que él soltara un grito de placer, que fue ahogado cuando mi esposa se introdujo completamente aquella polla de un golpe en la boca.

Me fijé entonces en que Luis tenía su polla fuera del pantalón, y estaba haciéndose una paja (al igual que yo), mientras ambos observábamos como mi mujer tragaba a duras penas aquella verga, la cual veíamos chocar con las paredes de su boca.

Aquella situación me estaba sobreexcitando, y a Luis le ocurría lo mismo.

Este me preguntó si de verdad aquello no me importaba, y le dije que no, y que si mi esposa estaba de acuerdo, él podía unirse a ellos.

Vaciló un instante, y tras mirar a la pareja , se levantó de la silla para acercarse a ellos.

Hizo el ademán de pedir permiso, pero esto no fue necesario, ya que cuando mi mujer le vió acercarse con la polla fuera, acercó una de sus manos y comenzó a pajearlo bruscamente.

Él mismo se despojó de sus pantalones y ropa, y ayudó a mi esposa a quitarse la blusa y falda, dejándola tan sólo con el tanguita y sus tacones blancos a juego.

No era la primera vez que veía a mi esposa arrodillada en el suelo, comiendo dos pollas a la vez, pero en otras ocasiones una de ellas era la mía.

Al ver a mi mujer en esa postura y situación, no pude remediar intervenir en la pequeña fiesta que tenía lugar en el salón del hostal.

Me despojé de mis ropas, y me acerqué a Caroli por detrás, aprovechando que estaba arrodillada y bastante ocupada, le aparté su minúsculo tanga y comencé a lamerle su por entonces húmedo coño, el cual estaba perfectamente depilado, como no podía ser menos en ella.

Como la postura era un poco incómoda, decidimos subirla a la mesa, la cual era bastante amplia, y así quedó ella tumbada hacia arriba, Luis y Antonio a cada lado de la mesa ofreciéndole por turnos sus miembros para que ella siguiera mamándolos, y yo pude seguir lamiendo el clítoris de mi esposa.

Para Antonio aquella situación era incontenible, y avisó de que estaba a punto de correrse, entonces Caroli, dejó la polla de Luis y se dedicó a mamar la de Antonio, no quería desperdiciar ni una gota de semen que pudiera brotar de tan hermosa verga.

Antonio no tardó en eyacular, provocándole espasmos de placer, y Caroli intentó tragarlo todo , cosa que le fue imposible, dejando caer parte del semen por cara y cuello.

No contenta con tragar parte de su “esencia” tuvo que limpiarle la polla con suaves lametones, lo cual terminó de enloquecer al resto de los allí presentes.

Luis quiso recibir el mismo trato que Antonio, y se dispuso a entregar su polla para que Caroli hiciera lo propio, y así fue. Pero esta vez habría un aliciente extra.

Cuando mi esposa aún se estaba reponiendo de la mamada que le acababa de realizar a nuestro camarero preferido, se encontró con una segunda polla en su boca, dispuesta a descargar en su boca.

Comenzó a chupársela con una avaricia desmesurada, como si no hubiera tenido contacto con un hombre en años.

Todo hacía pensar que también el se correría en su boca en breve, tal y como hizo Antonio, el cual se estaba recuperando por momentos y su enorme verga estaba recobrando la vitalidad que la caracterizaba, pero…..Yo no lo iba a permitir!

Me acerqué con sigilo a mi esposa y le separé y levanté bastante las piernas dejando a mi merced sus dos preciosos agujeros, y sin darle tiempo a reaccionar, empujé mi polla introduciéndola de golpe en su coño.

Ella paró durante un instante de chuparla polla de Luis para ver quién le estaba proporcionando tal envestida, cuando vio que era yo, me sonrió y siguió mamando, cosa que Luis agradeció enormemente.

El ver a tu mujer chupando una polla que no es la tuya mientras tú la penetras duramente es algo increíblemente excitante, pero también es verdad que no todo el mundo puede soportar ni entender.

La imagen era digna de una película pornográfica de primera calidad: Luis de pie a un lado de la mesa, mi esposa tumbada hacia arriba mamando la polla de este aun teniendo restos de la corrida que acababa de recibir de Antonio, yo penetrándola duramente y Antonio recuperado totalmente sentado en una silla, masturbándose al contemplar tal imagen.

Pero yo no estaba satisfecho aún, y aprovechando que a mi esposa parecía molestarle algo el cuello debido a la posición que estaba adoptando, decidimos girarla, dejándola sobre la mesa pero apoyada en sus rodillas (a cuatro patas) y yo me coloqué debajo de ella.

De esa forma ella podía seguir chupándole la polla a Luis mientras yo la seguía follando, y mi vista era inmejorable: desde mi posición podía ver el movimiento de los pechos de mi esposa causados por la ida y venida de su boca sobre la polla de Luis, y este vaivén era aprovechado al máximo por mí para penetrarla.

Aquello era inmejorable… ¿o aun se podía superar?. Por supuesto, no me quería olvidar de Antonio, nuestro camarero superdotado.

Le hice un ademán para que se acercara y le propuse algo que ningún hombre en su sano juicio rechazaría: le pregunté que si le gustaba tanto el culo de mi esposa como para follárselo, por supuesto el contestó que sí.

Visto esto le dije que intentara dilatarla un poco antes, y que no se lo pensara, ya que la posición le era inmejorable para ello.

Caroli seguía entretenida con Luis, y no se imaginaba lo que estaba a punto de suceder. Antonio se le acercó por detrás, y comenzó a introducir uno de sus dedos en el culo de mi esposa, no sin antes haberlo empapado en un poco de aceite de oliva que tenía en la mesa.

No le costó mucho dilatar el esfínter de mi esposa, la cual pensaba que era yo quién le estaba introduciendo el dedo en el culo, práctica muy común entre ambos cuando practicamos sexo, así que en menos de un minuto Antonio ya le había introducido dos dedos en el culo a mi mujer y seguía dilatando, así que no esperó más, escupió un poco de saliva sobre su mano y se la aplicó en su polla, y comenzó a introducir esta en el culo de Caroli, no de golpe debido a su tamaño, pero sí sin pausa.

Mi mujer, dejó de chupar la polla de Luis y soltó un grito de dolor y sorpresa, giró la cabeza y cuando vio a Antonio detrás suya me miró a mí y me dijo que era un vicioso y que si quería que su esposa fuera follada por el culo por otra persona lo podía haber consultado antes.

Por un momento creía que aquello se había acabado, pero una vez más mi esposa me sorprendió, se volvió a girar hacia Antonio y le pidió que la follara duramente, pero que si en algún momento ella le pedía que se parara lo hiciera sin contemplaciones, a lo que él asintió.

Ella volvió a girarse para decirme: “¿ya estás contento?”, y siguió chupando la polla de Luis como pudo.

Yo Tenía una sensación rara, notaba la polla de Antonio entrar y salir por el culo de mi mujer, y la sentía a través de la fina piel que la separaba de la mía.

Antonio comenzó a follarla cada vez más deprisa, y los movimientos de ella eran cada vez más bruscos, de repente Luis advirtió que no aguantaba más y comenzó a descargar su leche en la boca de mi esposa, pero esta vez no pudo tragarlo ya que las envestidas de Antonio no se lo permitieron, por lo cual Luis se corrió prácticamente en su cara. También a él le dejo bastante limpio una vez que terminó de correrse.

Como comprenderéis, todos estábamos a cien por hora, y yo tampoco podía aguantar más, pero no quería ser menos que ellos dos, así que conseguí salir de allí, sujeté a mi esposa por la barbilla con una mano y le introduje mi polla en la boca.

Ella me miró y su cara reflejaba una mezcla de placer y dolor a la vez, tal vez por culpa del tamaño de la polla de Antonio, pero por cabezonada suya y tal vez por hacerme un desaire, no quería ni rechistar, así que tomó mi polla y la comenzó a succionar.

En el preciso instante en que ella me comenzó a chupar yo comencé a correrme.

Ella hizo el ademán de separar su cabeza, pero yo no estaba dispuesto a que dejara escapar mis fluidos, así que la apreté contra mí, y ella no tuvo más remedio que tragarlo todo.

Aquello coincidió con la eyaculación de Antonio, el cual tuvo la “delicadeza” de sacar su polla del culo de mi esposa y correrse sobre él.

Una vez que hizo esto, se acercó a nosotros y poniéndose a mi altura, ofreció su enorme miembro para que Caroli, cordialmente se lo limpiara, cosa a la que todos nos estábamos acostumbrando.

Ella lo hizo sin ningún reparo, alternando mi polla con la de Antonio, dejando ambas totalmente limpias.

Después de aquellos todos nos recompusimos un poco y nos sentamos en las sillas para apurar el vino que aún quedaba en la botella.

Minutos más tarde, mi esposa dijo que estaba muy cansada, lo cual era lógico, y me pidió que nos retiráramos a la habitación para descansar, lo cual me pareció bien.

Se despidió de Antonio y de Luis con un besos en la boca a cada uno y yo les dí las gracias por la cena. Durante el trayecto hacia la habitación mi esposa me recriminó levemente mi actuación, le molestó un poco que no la consultara antes, y me dijo que si le hubiéramos preguntado antes de follarla por el culo ella hubiera accedido de buen grado.

También me dijo que Antonio le había hecho daño y que ahora tenía molestias en el ano, pero si no había dicho nada fue para escarmentarme, y que ahora no tendríamos sexo anal mientras ella se acordara de aquello, pero yo sé que tan sólo decía aquello empujada por su coraje, que se le pasaría en breve, y es precisamente su coraje lo que la hacía tan atractiva en la cama.

Aquella fue una de mis mejores noches con mi esposa, ya que pude realizar una de mis fantasías más deseadas, y si alguien no ha soñado alguna vez con realizarla, creo que se miente a sí mismo.

El ver a tu esposa en esa situación es algo muy excitante, que raramente se puede superar, ¿o no lo creéis así?. Si tenéis otra opinión diferente a la mía, os agradecería que me la enviarais, así podríamos compartir y comparar puntos de vista.