Una penitencia algo extraña tras perder al juego de la prenda

Una penitencia algo extraña tras perder al juego de la prenda

Los hechos que les voy a narrarles se inicio, a principios de un no lejano verano, nos acostumbrábamos a reunir, Mingo, y la Leo, y yo, perdónenme, yo soy Andrés, ya que eramos vecinos y nos reuníamos para pasarlo bien, ya fuera saliendo o jodiendo por hay de vez en cuando.

En una de esas tardes del caluroso verano, el Mingo trajo algunos cigarrillos artesanales, y entre los tres decidimos dar un paseo a pie mientras nos los fumábamos.

Al rato Mingo nos abandono ya que se había acordado de que tenia un compromiso de trabajo esa noche y se tenia que ir a bañar y cambiar de ropa, al retirarse le regaló los cigarrillos a Leo.

Por su parte ella y yo continuamos caminando, sin rumbo fijo, cuando luego de pensarlo un rato Leo me propuso «Acompáñame a casa, que quiero oír música, los viejos se encuentran en la casa de la playa y no regresan hasta pasado mañana».

Yo por mi parte estaba de acuerdo ya que no me gustaba la idea de continuar andando sin nada que hacer.

Al llegar a su casa, nos dirigimos directo a una gran habitación con equipos de sonido, TV. alfombrada de pared a pared, y grandes ventanales.

Leo puso a funcionar el CD. con música «Rock», y mientras lo hacia prendió otro cigarrillo y lo compartió conmigo, hablamos un rato sobre cosas sin importancia, y de lo bien que lo estábamos pasando cuando a ella se le ocurrió buscar una botella de ron en el armario de la cocina, cuando se presentó frente a mí, Leo traía la botella dos vasos y un paquete de naipes, la música continuaba sonando al fondo.

Leo propuso que jugáramos una mano de carta y el que perdiera, entregaba una prenda, yo por divertirme o pasar el rato estuve de acuerdo, yo conocía a la Leo desde que los dos ibamos a la escuela primaria, y ella siempre había sido algo diferente al resto de las muchachas que yo conocía, Leo participaba en los juegos de los varones, es más ella siempre actuaba como varón, su forma de andar, su pelo siempre corto, nunca me acuerdo haberla visto vestida con falda o vestido, en la urbanización la conocían como la macha, por lo que no me extraño su ofrecimiento.

Al rato de estar jugando, Leo me propuso que el que perdiera debía tomarse un trago de ron seco de un solo golpe, a mí, al principio no me gusto esa idea, ya que tenía que luego irme para mi casa a dormir y no quería llegar borracho, a lo que la Leo me contesto » te puedes quedar a dormir aquí, no seria la primera vez, antes lo hacías y eras pequeño» ante la insistencia de la Leo, estuve de acuerdo con la penitencia que ella había decidido imponer al que perdiese una mano además de dar una prenda.

No había pasado una hora cuando ya los dos habían perdido la mayor parte de nuestras ropas, y nos encontrábamos algo mareados, por la gran cantidad de ron y cigarrillos consumido, a Leo solo le quedaba el sostén y la pantaleta, mientras que a mi tan solo me quedaba una media y el interior, en las siguientes dos manos perdí de forma corrida, por lo que quede completamete desnudo ante Leo.

Ella se me queda mirando, y en su rostro había una mirada de envidia, horas mas tarde me comento » Andrés tu tienes razón, te envidio por que eres hombre, y yo no».

En eso mientras me miraba, a la Leo le dio un arranque y dirigiéndose a mí me ordeno » bueno tu penitencia va a ser que te vista de mujer».

Al principio no estuve de acuerdo pero, ella me recordó que eso era parte del juego, y que como solo estaba ella y yo, nadie lo iba a saber, por lo que acepte y me comienzo a poner los pantalones de ella y su camisa.

Al ver eso, Leo se dirigió a mi bien molesta y me dijo con un tono de voz ronco como imitando a un hombre » no que va a mí tu no me agarras de pendejo, yo te traigo la ropa y tu te la pones» a lo que me opuse, pero Leo mientras tanto había guardo mi ropa, en uno de los cuartos de la casa y cerro la puerta con llave y me dijo »

Tu fuiste la primera…. persona que perdió, por lo que a ti te toca cumplir con la primera penitencia, luego me tocara a mi, no seas agua fiesta, y pontela al fin yo soy el única que te va a ver» . A mi no le gusto la idea, pero ella tenia razón, yo fui el primero en perder y luego le tocaría a mí imponerle una penitencia a ella.

Leo salio de uno de los cuarto con otra botella de ron y la ropa de mujer que ella quería que él me pusiera, me ayudo a vestirme y cada vez que podía le daba por agarrarme una de mis nalgas, al principio no le puse atención, pero luego ella se paraba por detrás de mí y daba unos movimientos rápidos de cadera, en uno de esos movimientos, le indique que yo había cumplido que ahora le tocaba a ella cumplir con su penitencia.

Ella acepto y yo tontamente la mande a vestirse de hombre, hay me di cuenta de mi error cuando vi su cara de felicidad, en un dos por tres ella se quita el sostén y la pantaleta, quedando completamete desnuda frente a mí, fue en ese instante que yo al verla así se di cuenta de la hermosa mujer que tenia ante mis ojos, nunca le había puesto atención, en ese aspecto ya que siempre la había visto como a un muchacho desde que estaba en la primaria, Leo tenia la piel de color blanca su vientre era delgado y firme, sus hermosos senos apuntaban de forma insolente hacia mi, aunque tenia el cabello mas corto que el mio, al mover su cabeza parecía flotar en el aire, sus caderas no eran ni muy anchas ni muy delgadas, parecía una escultura de esas que se ven en los libros de arte, a partir de ese momento comencé a pensar en la Leo como mujer que era.

Se veía que estaba sabrosa, sus nalgas se bamboleaban con una gran gracia, y me la imaginaba como se vería con mi verga adentro.

En un dos por tres ella se puso mis interiores y el resto de mi ropa, y la alegría que ella demostraba la expresaba abiertamente, y me dijo, vente vamos a bailar, tenia una copa llena de ron en una mano para ella y otra para mí en la otra mano, y engolando la vos me dijo «Nena quiero bailar contigo» al tiempo que me entregaba una copa y ella se daba un gran trago de ron. Se acerco con una mirada rara en su rostro, y con su brazo derecho, me tomo por la cintura pegándome a su cadera, con su mano izquierda agarro mi mano izquierda y se la puso en su hombro, posteriormente tomo mi mano derecha y la agarro con fuerza con su mano izquierda, para indicarme que era ella quien marcaba el paso, no opuse resistencia y me deje llevar por ella suavemente, yo sabia que de seguirle su juego, ibamos a terminar revolcándonos en la gran alfombra esa noche.

Leo con la voz engolada se dirigía a mí como nena, mientras bailaban una vieja canción de Rock lento, como si fuera un bolero, ella apretaba contra su cintura, como si ella fuera un macho, a todas estas yo no hablaba, solo pensaba que lo mejor era dejarme llevar por ella, ya que si me adelantaba, de seguro no iba a disfrutar de nada.

En una de esas Leo poco a poco fue acercando su boca a mí boca y me plantó un beso, ante la sorpresa, retire mi cara con rapidez, pero ella insistió y yo accedí a ser besado, al mismo tiempo con suavidad pero de manera firme ella fue bajando su mano derecha hasta mis nalgas y poco a poco fue frotandolas con mucho cuidado, a todas esta yo ya había empezado a excitarse hace buen rato y trataba de mantener cierta distancia entre ella y yo, para que no se fuera a cortar su inspiración, yo sentía que tenia que esperar.

De golpe Leo dejó de bailar me tomo una mano y cuando le iba a decir algo me puso su mano en mi boca y me dijo «mantén silencio, nena que te voy a hacer pasar el mejor rato de tu vida», y me ella me llevó a uno de los cuartos, me sentó en la cama y me siguió besando con dulzura, al principio, pero poco a poco lo fue haciendo con mayor fuerza, a la vez que le metía la mano por debajo de la falda que ratos antes ella me había puesto.

Leo se encontraba completamente excitada, y me abrazó por la espalda mientras me fue quitando parte de la ropa, yo a todas estas también se encontraba excitado pero quería mantener su control por lo que el darle la espalda a ella me permitía el poder mantener mi miembro erecto aplastado en contra de mí mismo, ya que me sentía sumamente confundido por la acción de ella.

De momento Leo se quito los pantalones y mis interiores que tenia puestos, y me indicó que me volteara, ella con suavidad me retira las pantimedia y me subió la falda, pero manteniéndose ella siempre arriba de mí, tomo mi miembro y con seguridad se lo introdujo entre sus piernas, al principio los movimientos de ella fueron suaves, sus manos exploraban mi pecho me apretaba las tetillas como si yo tuviera senos, cuando trate de tocarle sus senos a ella, de un manotazo me retiro las mano, y dijo » que date quieta que eso solo lo hago yo».

Como pude, la tome por la cadera y la presionaba cada vez más y más, cuando Leo se da cuenta, se levanta un poco, y agarrándome mi cara se la pone entre sus piernas, al principio restregó mi boca contra su clítoris el cual se encontraba todo hinchado, por el ejercicio realizado, tome el mensaje y con mi lengua y sus labios empece a jugar con la intimidad de Leo, llego el momento en que ella no pudo más y se separo su vulva de mi cara, pero volviendo a su posición original, y con grandes movimientos de cadera, se coloco sobre mi verga, pero en esta oportunidad se lo introdujo con fuerza, entre sus piernas totalmente, de tal forma que solté un pequeño quejido de dolor, a lo que ella con el mismo tono de voz gruesa que había estado imitando anteriormente, me dijo «Que te pasa nena te volé la virginidad» a lo que le respondí «tómalo suave que así no se trata a una virgen» Me dijo «te gusta verdad, muévete canto he puta, que si yo pudiera te lo metía por el culo» en ese momento Leo se tornaba más agresiva sus movimientos eran más y más fuertes, y con sus mano en mi pecho, llego a su clímax, justo en ese momento el torrente del liquido blancuzco broto entre nosotros, me vine, ya no pude aguantarme más, lo habíamos disfrutado los dos al máximo, o por lo menos eso pienso yo.

Ella se deja caer a un lado y cuando trate de tocarla, Leo se paro como impulsada por un resorte, desnuda como se encontraba se dirigió a la sala, al regresar traía en una de sus manos una pequeña botella de Brandy, y en su boca un cigarrillo el cual trataba de prender con la torpeza propia de una persona que ha tomado más de la cuenta, se acerco a la cama pero antes ella sola de un solo viaje se bajo lo que quedaba en la pequeña botella y acto seguido se tiro en la cama, le dio unos cuantos jalones al cigarrillo y me lo paso, luego de darle dos bocanadas se lo entregue a ella.

Ella rompió el silencio y con su propia voz me dijo » Andrés, la pasamos bien verdad» yo solo alcance a decir estupendamente, Leo continuo hablando al tiempo que me quitaba el resto de la ropa de mujer «tengo ganas de seguir, pero quiero que me lo metas por el culo, quiero sentirlo» le respondí que cuando quisiera, luego se paro de repente con el cigarrillo en la boca y se dirigió al baño, cuando regreso traía un par de pequeñas toallas, se coloco a mi lado y se dio a la tarea de limpiarme mi aparato.

Me quede tendido en la cama completamente desnudo, cerré los ojos, y mientras recibía las caricias que ella me producía al limpiarlo, le dije a ella «si tú lo quieres verlo parado otra vez, dale una buena mamada para que tu veas como se pone» Leo no lo pensó y con gran diligencia agarro mi flácido pene y se lo introdujo en su boca, acto seguido comenzó a jugar con mi verga y con su lengua, sus labios, subía y bajaba la cabeza de forma rítmica, pero con suavidad, en menos tiempo de lo que ella esperaba mi hierro se tonifico de nuevo, pero ella continuo saboreándolo y chupándolo cada vez con más energía, la agarre por su cabellera y me la separe con suavidad, al tiempo que le preguntaba » todavía quieres que te lo meta por el culo» a lo que ella cerro sus ojos y respondió de forma afirmativa con su cabeza. Me iba a incorporar pero ella me lo impidió y dijo «quédate así acostado que yo me siento sobre ti poco a poco, si me duele me paro y lo dejamos así OK.», me quede callado y con su mano hice un gesto afirmativo, y tal como ella lo dijo se puso en posición de cuclillas sobre mí, dándome la espalda, me tomo el miembro y se lo coloco entre sus blancas y firmes nalgas, de inmediato fue doblando las rodillas con gran suavidad y lentitud, al principio sintió una pequeña molestia la que soportó, ella no sabe que fue lo que paso pero sus piernas le fallaron y la penetración fue total.

Leo lanza un grito de dolor, pero se quedo quieta, pensé que se iba a levantar de inmediato, pero no fue así, con mucho cuidado comenzó a mover sus caderas de lado a lado y se fue acomodando a mi cuerpo, con mucho cuidado, la abrace por la cintura y completaba los movimientos que ella había iniciado.

Nosotros lentamente fuimos dando la vuelta como si ya lo hubiéramos hablado, ahora era yo quien se encontraba arriba y ella abajo, había levantado sus caderas mientras que yo con una de mis manos le sobaba entre las piernas de ella, hasta que se tope con su clítoris y hay concentre mi atención, ella no había experimentado nunca esa rara sensación, mezcla de dolor y de placer, yo le daba pequeños mordiscos por el área de su nuca, a los que ella respondía contorneando más las caderas, cada vez los movimientos de los dos se hacían más y más pronunciados, así pasamos un tiempo interminable, me sentía que me encontraba en el tope del mundo, y Leo por su parte trataba de alargar más y más sus movimientos como si buscara con ello alargar su gozo, llega el momento en que ambos no pudimos contenernos más y dimos rienda suelta a nuestras emociones.

Leo grito de dolor y placer, yo aumente la velocidad de mis frenéticas envestidas hasta que llego el momento en que un chorro de leche, invadía las entrañas de Leo el momento en que me fui deteniendo y quedando acostado sobre ella, que aun se movía un poco.

Luego de estar tendidos sobre la cama en silencio, le pregunte como se encontraba, a Leo el alcohol le habían hecho su efecto toxico, se encontraba completamente mareada, ella quería ir al baño pero a duras penas se logró sentar en la cama, dirigió su mirada a mi y me dijo » Flaco llévame al baño, creo que me voy a vomitar, me siento muy mareada, y necesito lavarme» yo no me hice esperar con sumo cuidado la ayude a levantarse, y la acompañe al baño, ya en el baño Leo me indico que me metiera con ella en el Yacusi, y así lo realice, ya en la tina japonesa abrimos el agua y ella trato de incorporarse, pero debido a su estado se quedo sentada en la tina, se dirigió a mi y me dijo » pasame la ducha vaginal que no quiero quedar preñada» se la alcance, pero al agarrarla se le fue de las manos, por lo que ella se me quedó viendo y me dijo » ayúdame a lavarme, que casi no veo de la …, que tengo» Leo se encontraba con las piernas abierta y se veía sin dificultad los labios y el clítoris toda su vulva en todo su radiante esplendor, tome el dispensador de la ducha vaginal y se lo introduje con cuidado en el área vaginal de ella, al tiempo que con la otra mano se la frotaba con jabón.

Leo con todo y su borrachera le hecho mano a mi verga, y comenzó a darle un movimiento rítmico para arriba y para abajo, y mientras yo se la fui lavando, ella le fue dando un masaje, de tal manera que entre los nos masturbamos mutuamente, algo que no hacíamos desde hace mucho tiempo, cuando niños, ya que como les dije.

Leo y yo desde pequeños nos conocíamos, y uno la consideraba uno más del grupo, de tal manera que en más de una ocasión ella llegaba al escondite de la pandilla, en los momentos que veíamos las revistas del hermano mayor de Mingo, y nos masturbábamos con ellas, Leo por imitación, trataba de hacer lo mismo que nosotros, pero hasta que ella me la hizo en el yacusi no había reparado, en lo mucho que ella había cambiado.

Al terminar de bañarnos los dos nos fuimos desnudos a la cama, supuestamente nos ibamos a vestir, pero debido al ejercicio y la borrachera que teníamos nos quedamos dormidos, uno encima del otro parcialmente.

Habían pasado unas cinco o seis horas, desde que nos dormimos, Leo fue la primera en abrir los ojos no se lo digas a nadie, tu sabes a mi no me gustaban los hombres, lo de anoche fue estupendo» le respondí »

Si yo se que fue estupendo, y por mi a nadie se lo voy a decir a menos que tu quieras que yo lo diga OK.» Dicho eso los dos tomamos nuestras respectivas ropas y nos vestimos, ya eran las once del día cuando salimos de la casa.

A partir de ese día Leo no ha vuelto a vestir ropa de hombre, es más su gusto por las mujeres se ha ido reduciendo, y en innumerables ocasiones la hemos vuelto a pasar de lo mejor.

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