Viendo la vergüenza que le daba, antes de que se arrepintiera, empecé a bajarle la cremallera del pantalón. Una vez se la había bajado, metí mi mano liberándole aquella polla que ya empezaba a estar dura y tiesa por la excitación que estaba sintiendo.
Cuando le vi salí de la clase, esperé unos segundos y entré detrás de él sin que me viera. Él se bajó la cremallera (todavía sin verme) y se puso a mear en el urinario de la pared. Yo aproveché para mear en el de al lado, y así ver la polla que tanto había ansiado durante esas semanas.
Tiré de la cintura del pantalón hacia abajo, saltando al momento que tiraba del pantalón, una enorme polla, es lo que en aquellos momentos me pareció. Quedé con la boca abierta y los ojos abiertos como platos, no creyendo lo que estaba viendo; era la primera polla que veía. Había visto algunas en vídeos, pero siempre había creído que no eran reales, pero aquello que estaba viendo, sí lo era.
Nunca supe como pero si se que sucedió, de una manera increíble, todo comenzó hace una semana, estaba en mi apartamento cuando desde la parte de afuera estaban realizando trabajos de arreglo de la fachada del conjunto y podía escuchar la canción de una voz varonil, que mientras trabajaba hacia cantaba un ballenato, en ese momento estaba en el apto.
De inmediato mi verga se paro, volví a ver hacia donde había entrado y decidí regresar para ponerle llave. Lo que no calcule en ese momento fue que la cerradura haría un leve chasquido que de inmediato alerto a los dos hombres.
Bastó una sola mirada, para hacerme saber lo que me iba pasar aquella noche. Son de esas miradas que lo dicen todo, son miradas que te perturban, te dejan hipnotizado y sabes lo que quiere y desea de ti. Es la mirada con la que te está reclamando, te grita que le perteneces, que quiere sodomizarte y hacerte suyo, que seas sumiso y le entregues el culo.
Me llamo Rodrigo y esto sucedió cuanto tenía 18 años, en ese entonces estaba yo haciendo mi servicio militar, ahora tengo 38 años, o sea que hace 20 largos años y aun me acuerdo y me pongo bien cachondo y me llena de satisfacción haberlo hecho.
Justo en ese momento en que empezaba a culearme, y yo a gemir de placer, se abrió la puerta de los aseos, haciendo entrada en ellos un joven de unos 21 años al igual que tenía yo.
Yo, que lo esperaba hacía tiempo, no puse objeciones, por lo que se puso un preservativo y me hizo acostar boca arriba. Levantó mis piernas y comenzó a meter su puntita.
Los dos tíos se guardaron sus pollas y se fueron y yo me quede un par de segundos sin reaccionar, de rodillas en el suelo de los lavabos con los pantalones bajados y el culo súper abierto por la follada y la cara llena de semen de dos tíos, y otro tío que me estaba mirando con la polla en la mano y que se había corrido mirando como me follaban.
Tan pronto como mi novia desapareció en la lancha que la llevaba hasta el barco, me acerque a Julio. Sabia que existía la posibilidad que me estuviera equivocando, pero a juzgar por su mirada al ver que Karla se marchaba la esperanza de tener algún ligue con el, creció (así como mi pene que casi se salía de la tanga azul que yo llevaba puesta).
Lo consideraba mi amor platónico hasta que tuve la suerte de quedar junto a el en un grupo de trabajo, eso implicaba verlo casi a diario durante tres meses para nuestro trabajo de curso, el era un chico fascinante, tenía una novia típico de los galanes.
Dios, el cabrón estaba empalmado, se le notaba un rabo duro y muy abultado, debía de ser una polla de grandes dimensiones, y efectivamente tenía una polla bien grande. Noté como la punta de aquel rabo rozaba mi culito, sintiendo como una corriente me recorría desde mi ano subiendo por toda mi columna vertebral. Sin poder evitarlo, solté un gemido a causa de aquella corriente que me había recorrido desde el ano por toda la columna, haciendo que me empalmara al momento.
Entonces me dijo que hiciéramos abdominales, que empezaba él. Se estiró en el suelo y yo me agaché para sujetarle los pies. Al tener las piernas dobladas y mover su cuerpo el pantalón se le fue deslizando poco a poco hacia abajo y pude ver que no llevaba calzoncillos.
Me giré a la vez que me erguía, contestándole que sí, que solo era que había devuelto. Al vernos a la cara, reconocí a aquel hombre, era Jaime, el maduro que me había citado en su casa, después de sodomizarme en los aseos públicos de la calle Fernández Latorre, hacía ya unos meses.
No se veía un alma en la plaza, por lo que seguí el camino hacia los aseos públicos. Nada más girar para seguir la acera que llevaba a los aseos, vi bajar a un chaval joven hacia ellos. El corazón se me aceleró al verlo bajar. Sabía que, en ocasiones, iban jovencitos después de salir de los Pub que hay en la zona del Orzán, buscando un polvo rápido. Como solía hacer yo en múltiples ocasiones.
Normalmente me gusta correrme en su boca, pero le dije que prefería probar algo nuevo. La puse a cuatro patas y le dije que quería metérsela por el culo. Ella dijo que no quería, pero la convencí. Me puse vaselina de un tarro que guardo en mi mesita (para cuando me apetece pajearme bien) en el rabo y se la comencé a meter lentamente.
Me quitó el vaso de la mano y lo puso en una mesita donde ya había puesto el de él y me volvió a abrazar y nuevamente me empezó a besar, yo me dejé llevar, me entregué totalmente y deje que todo siguiera su curso, me desabrochó la camisa y me la quitó, luego sin dejar de mirarme me volvió besar, y luego se desabrochó el pantalón y dijo que le lastimaba la panza por la posición en que estábamos, me empezó a acariciar el pecho, jugueteando con mis tetillas y pasando su mano por mi vientre.
Fui bajando con mi boca, deteniéndome en sus pezones, que en cuento notaron mi lengua se pusieron duros como su polla. Seguí bajando y llegué a mi manjar favorito. Empecé a respirarle y morderle con ternura por encima del calzoncillo para acabar bajándoselo.
Su manera de hablar era pausada pero siempre con un dejo de humor y una sensualidad que hacia que yo contestara a sus preguntas pero que mi mente no procesaba realmente, pues lo único que quería era besarlo y cogerlo.
Entonces cuando tuvimos que hacer otro ejercicio el largó atrás mío y cuando llegamos al otro lado el me llamó antes de que largue y me preguntó si último no había sido accidental como los otros y le dije que sí, entonces el me dijo que no creía lo mismo ya que con los anteriores ni se le cruzó la idea por la cabeza y con este último sí.
Con varias horas por delante realmente no se me ocurría nada apasionante que hacer. Inexplicablemente estaba muy caliente; quizás la adrenalina acumulada durante el viaje por la tensión de una entrevista de trabajo tan importante me había preparado el cuerpo para un interrogatorio tipo tercer grado, pero la reunión fue tan corta y tan sosa que casi salí igual que entré; osea, que necesitaba expulsar la tensión de alguna manera y no sabía como.
Yo seguía dudando, cuando veo que lleva la mano a su entrepierna, se agarra el paquete con la mano, haciéndome señas para que fuera, a la vez que me ofrecía su polla, girándose e indicándome aquel pasillo estrecho y oscuro.
Mientras estaba agachado bebiendo, noté que me agarraban por detrás, al principio pensé que era alguno de mis 2 compañeros, pero pronto pude comprobar que no se trataba de ninguno de ellos, ya que, aunque noche cerrada, pude divisar como ambos compañeros, iban andando por el camino. Iban ambos hablando, y no se percataron de lo que estaba pasando allí en la fuente, donde me habían dejado bebiendo.
Me llamo Ismael, y desde que tuve uso de razón supe que me gustaba ser puto como generalmente se nos hace llamar, yo vivía con mis padres y dos hermanos mayores que yo, y un tiempo vivió con nosotros un primo lejano llamado Miguel, él en ese entonces tenía recién cumplidos 18 años, era moreno delgado muy atractivo, yo tenía como 12 años, era muy finito moreno claro.
Me agache un poco, y puse mi boca en aquellas nalgas que parecían una roca. Las mordisquee y luego saque mi lengua para dar con ella círculos sobre sus nalgas casi carentes de vellos.
Llegó el domingo y a eso de las 3 de la tarde me encontré con él y empezamos a hablar de muchos temas, hasta que yo empecé a hablar de que raro lo nuestro que casi nunca nos hablábamos y ahora somos re amigos, entonces por fin le pude sacar lo que quería y fue ahí cuando me dijo que sentía algo por mí y que no era amistad solamente.