Mi primera vez

Mi primera vez

Fue mi primera experiencia sexual y hasta hoy que tengo 32 ha sido una de las mejores.

En esa época en mi natal Cuba yo estudiaba enfermería.

Por razones docentes teníamos que realizar horas en el hospital todos los días, en diferentes horarios.

Por la mañana, la noche y la madrugada.

Cerca de la escuela vivía una persona que había sido mi profesor de geografia en noveno grado.

Un hombre al que siempre se le vio las características femeninas pero siempre fue muy respetuoso con los alumnos.

Confieso que nunca me llamaron la atención los hombres a pesar de que siempre fui tímido para declararmele a las mujeres, y siempre desde niño me llamaron la atención los zapatos de tacones que mi madre usaba.

Al extremo que muchas veces cuando no había nadie en casa yo me los ponía y me masturbaba con ellos puestos.

Hoy por hoy me siguen gustando y mientras más altos mejor.

Al entrar en la escuela de enfermeria recuerdo que habian muchos maricones estudiando allí.

Yo llegue por casualidades del destino.

Un amigo mio me dijo que el profesor vivía cerca de la escuela y me enseñó la casa.

Pasamos por alla y estuvimos conversando un rato.

Durante el primer año de la carrera cada vez que tenía una oportunidad pasaba por su casa y conversábamos un rato.

Muchas veces había algunos pájaros visitandole, algunos de ellos eran profesores de la misma escuela a la que yo había asistido.

Siempre noté algo extraño en su mirada, pero como dije antes nunca me llamaron la atención los hombres.

Al comenzar el segundo año las horas en el hospital también eran de madrugada.

Comenzaba a las 11:00 de la noche hasta las 7:00 de la mañana.

Siempre que me tocaba ese horario yo salía de mi casa mucho más temprano y pasaba a visitar a mi amigo.

A veces pasábamos horas conversando.

Durante ese año él me invitó a su casa a comer en más de una ocasión pero yo nunca fui. Me daba pena.

Una noche el me dijo cuando pase por su casa que tenía una cosa para que yo leyera, y que el sabia que me iba a gustar.

Me fui a mi hospital esa noche preguntándome qué sería aquello tan interesante.

Mi profesor siempre tenía puesto shorts bien cortos y no usaba calzoncillos lo que le hacía los huevos brincar.

Al día siguiente salí de casa más temprano que de costumbre.

Cuando llegue a su casa el se puso de lo más contento.

Me sentía en confianza.

Nunca me hubiera imaginado lo que sucedio despues.

Porque nunca insinuó nada.

Nos sentamos a ver televisión y a conversar un rato.

Luego el me trajo dos hojas de papel mecanografiadas por las dos caras.

Aquella historia se llamaba «Hermanitas cariñosas».

El nunca me dijo de que se trataba.

Solo me dijo que le prestara mucha atención y que lo disfrutara.

Cuando comencé a leer aquello me llamó mucho la atención.

Era la historia de dos hermanas que acuerdan irse a la cama con el mismo hombre a la vez.

Luego de disfrutarlo a plenitud las dos hermanas terminan comiéndose la una a la otra.

En mi tierra le dicen a eso hacer tortilla.

Mientras yo leía aquel papel yo notaba que la pinga mia se ponía cada vez más dura.

Al eso ocurrir yo sentía pena que el profesor me viera así, y mientras mas leia mas dura se ponía.

Nunca me había sucedido nada semejante.

Mi profesor sentado al lado mio se mantenía callado y observaba de reojo.

Yo estaba inclinado hacia delante ensimismado con la tortilla que hacían aquellas dos hermanas.

El uniforme que yo usaba para la escuela era un pantalón y una bata blanca.

La bata llegaba hasta más abajo de la cintura.

Cuando termine la lectura confieso que estaba peor que nunca.

Mi pinga parecía una antena de lo parada que estaba.

Me recoste en el sofá con la bata por encima del pantalón por que sentia pena que el me viera así.

Le devolví el papel cuidando de que no me viera excitado.

-Te gusto? Preguntó el

– Si (le conteste de forma muy vaga)

En ese momento yo siento que el me pasa la mano por la pinga mía y me la acaricia.

Me quede loco.

Estaba tan excitado que aquel toque de el me gusto.

En ese momento me dije a mi mismo que él era maricón.

Me pidió que me la sacara y yo accedi un poco tímido pero cada vez más me gustaba lo que estaba pasando.

Al aquella verga estar afuera completamente el seguía pasando la mano por la cabeza. Nunca había sentido algo tan sabroso.

-Que pinga mas linda (dice el)

-Si (contesto yo tímidamente)

-Yo la tengo mas grande que tu

-Si (otro si timido)

-También soy mayor que tu

-Cuantos años tienes?

-37

En ese momento el se la saca.

Nunca había visto una delante de mis ojos.

Tengo que confesar que tenía un señor pingon, con todas las de la ley.

En ese momento comencé a sentir algo raro dentro de mi.

Aquella verga me llamaba la atención.

Parada media como 10 pulgadas.

Él se inclina y me comienza a mamar. Senti la sensacion mas sabrosa de mi vida.

Estuvo un rato y luego me preguntó

-Nunca te la habían mamado?

– No- le respondí.

– Ven

Me llevo al dormitorio.

Alli tenia su cama, muy limpia y perfumada y me pidió que me acostara.

Me quito la ropa y los zapatos.

Comenzó a mamarme la pinga y se puso en la posición 69.

Aquello era la gloria.

Su enorme pinga estaba próxima a mi cara.

Me preguntaba yo si me la metia en la boca o no.

Luego de titubear un poco decidí metermela en la boca y empecé a pasarle la lengua.

Me resulto un poco extraño al principio pero despues me gusto.

Por el otro lado yo sentía aquella mamada y era el placer más grande de mi vida.

Me lameteaba las piernas pero cuando me paso el dedo por el culo fue lo mejor de la noche.

Note que mientras más metia el dedo en el culo la pinga se ponia mas dura.

Yo seguía mamando y él se movía hacia arriba y hacia abajo.

Siento en una de esas que me estoy viniendo con todas las de la ley.

Nunca había sentido una sensación igual a esa.

Al venirme en su boca el se trago mi leche, y continuaba mamando.

Yo brincaba de placer.

En ese momento siento que el se viene en mi boca.

Aquello me gustó y me la trague. Se la segui mamando por un rato hasta que el decidio parar.

-Te gusto? me pregunto.

-Si

Nos fuimos a bañar y yo sali despues rumbo al hospital.

El me dio un beso en la boca y me despedi de el.

Durante esa noche la pase pensando que había cometido algo malo.

Tenía una educacion catolica donde se ataca a los homosexuales y se les considera algo contranatural.

Pero por el otro lado había sentido el placer mas rico de mi vida.

Al dia siguiente salgo para el hospital nuevamente a la noche.

Me encuentro con él muy sonriente que iba camino a su casa.

Yo sentía curiosidad por hacerlo de nuevo pero a la vez sentía un poco de miedo porque me fuera a gustar más.

Cuando llegue a su casa no hizo falta tanto rodeo.

Fuimos directo a la cama.

Esta vez el me acaricio los pezones.

Yo me retorcia de placer en la cama, me pasaba la lengua por el cuello, por el ombligo.

Me sentía en otro mundo.

Después de haberme revolcado de placer comenzó a mamar de nuevo.

Aquello me encantaba.

Me viro boca abajo y comenzó a acariciar la espalda, me daba mordiscos y me pasaba la lengua a la vez que me acariciaba la pinga. Iba bajando la espalda y me llego al culo, le comenzó a pasar la lengua.

Yo me quería venir pero el no me dejaba.

El alternaba la lengua con el dedo el el culo.

Al cabo de un rato siento que me esta metiendo quel pingon.

Me dolió pero al cabo de un rato siento algo dentro del culo que la pinga me toca y mi rabo estaba más parado que nunca.

El me masturbaba y metia y sacaba aquella verga de mi culito virgen.

Me vine como un perro.

Esta noche el placer fue mejor que el de la noche anterior.

Después de aquel rato de placer fuimos al baño, yo no me podía parar, estaba extenuado. Me siento en el inodoro, la leche me sale por el culo y el me dice

-Ahí se van mis hijos

Yo sonrio porque este hombre me había dado el mayor placer de mi vida.

Durante un tiempo estuvimos acostandonos juntos.

Confieso que de nada me arrepiento.

Hoy estoy casado y me gusta metermela de vez en cuando. y si son prietas mejor.

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