La mecánica de mi vecino

La mecánica de mi vecino

Me llamo Joel y tengo 18 años.

Vivo en un pueblo pequeño, junto a la playa.

Tengo dos pasiones: mi novia y las motos.

Y si se juntan esas dos pasiones, mejor que mejor.

A veces cuando volvemos de fiesta y cojo la moto grande ella mete sus manos bajo mis pantalones y me pajea mientras conduzco.

Lo jodido es cuando me corro y toda mi lefa cae sobre mi camiseta.

Pero bueno, esta historia no va por ahí.

Hace unos años se instalaron en un piso de un bloque de delante de mi casa una familia a la que hace tiempo que veía por el pueblo.

Eran cuatro hermanos, uno de ellos debía tener mi edad. El chaval tenía pinta de ser un empanado.

Al principio casi no salía de casa, luego lo veía de vez en cuando que se iba a coger el tren y a veces se traía amigos a su casa, sobre todo tías que estaban bastante buenas.

Yo flipaba, con la pinta de mosquita muerta que tenía y se tiraba a cada una que no veas.

Yo suelo pasar casi todo mi tiempo libre en el garaje, donde me he montado una mini habitación con un sofá cutre que iban a tirar en mi casa y poco a poco le he ido poniendo más cosas, un equipillo de música, una tele pequeña, y allí voy con mis amigos a fumar porros o a trabajar en alguna moto.

De vez en cuando baja el chaval este y lo veo pasar.

Y más de una vez he notado que pierde los ojos mirándonos, sobre todo si es verano y estamos sin camiseta.

Al principio casi no le prestaba atención, y si nos encontrábamos cara a cara nos saludábamos.

Yo notaba que a veces se ponía nervioso o esquivaba mi mirada, como si le diera vergüenza mirarme.

Con el tiempo noté que dejaba de ponerse nervioso y me miraba más fijamente.

Un día estábamos en el garaje un par de amigos y yo fumándonos unos petas y con la persiana de la puerta medio bajada vimos pasar sus pies. Uno de mis amigos comentó: «Mira, ahí va tu vecino el marica» Yo le pregunté por qué lo decía y me dijo: «Joder, se pasa el puto día mirándonos.

Seguro que no para de pajearse en su habitación pensando en ti» se empezaron a reír, y yo también lo hice, pero medio preocupado.

Miré a mis amigos y me pregunté cómo le podíamos gustar a un tío.

Yo nunca había pensado que fuera realmente atractivo, y por eso le pregunté a mi novia aquella noche si me consideraba guapo.

Ella me dijo que sí, que estaba muy bueno y que no hacía falta que fuera tan modesto.

Al día siguiente me di una ducha y me miré en uno de los espejos de cuerpo entero que hay en mi casa.

Miré cada parte de mi cuerpo, pensando qué era lo que podría gustarle a mi vecino.

Nunca me había fijado en mi cuerpo. Me di cuenta de que sí era realmente atractivo.

Soy bastante guapo de cara, estoy delgado y marco abdominales.

Tengo los pectorales bien marcados, y mis hombros se me marcan bastante y mis brazos están bien musculados. Miré mi culo y vi que era prieto y atractivo y luego me fijé en mi polla.

Era realmente preciosa. Sin empalmar medía unos 17 centímetros, era gorda, igual que mis dos cojones.

De tanto mirarme en aquel espejo me empecé a excitar. Mis pezones se pusieron duros y comencé a acariciarme.

Al momento noté cómo la sangre bajaba hasta mi tranca y empezaba a ponerse dura. Antes de que estuviera totalmente erecta descapullé.

Me enrollé una toalla alrededor de la cintura y busqué un metro, el roce de la tela en mi capullo me excitaba mucho y así no perdía la erección. Cuando encontré el metro me la medí. 22 centímetros.

Y gorda. Era una polla preciosa. Sin poder esperar, allí, en medio del salón, me hice una paja y cuando me corrí recogí mi lefa como pude con mi mano derecha (me gusta pajearme con la izquierda) y lo que salpicó lo limpié con la toalla.

A eso de las 2 vino mi novia y yo, con lo cachondo que estaba, no tardé en llevarla a mi habitación.

Estábamos solos en casa, así que podíamos hacer lo que nos diera la gana. Puse un poco de música y nos estiramos en la cama. No me costó hacer que empezara a comerme el rabo. Me encanta que me la chupen.

Esa sensación de dominación, de ser tú el que manda. Mientras me la chupaba fue desnudándome poco a poco y lamía todo mi cuerpo. Entonces sonó el timbre. Saqué la cabeza por la ventana y vi que era el vecino, con una bolsa en la mano.

Me puse los bóxers que mi novia acababa de quitarme y bajé a abrir.

Al verme en calzoncillos, sudando y marcando paquete se quedó bastante cortado, supongo que pensó o que estaba hincando o que me la estaba cascando tranquilamente.

Traía una bolsa y dijo que eran unas cosas que mi madre le había dejado a la suya y que le habían pedido que nos las trajera. Le di las gracias y cogí la bolsa. Él se despidió y se fue hacia su casa.

Yo dejé la bolsa en la entrada, y corrí a mi habitación. Después de explicarle a mi novia quién era volvió a chupármela.

Normalmente me gusta correrme en su boca, pero le dije que prefería probar algo nuevo. La puse a cuatro patas y le dije que quería metérsela por el culo. Ella dijo que no quería, pero la convencí. Me puse vaselina de un tarro que guardo en mi mesita (para cuando me apetece pajearme bien) en el rabo y se la comencé a meter lentamente.

Cuando al final conseguí follarla tranquilamente me recosté hacia delante y empecé a acariciarle el coño con un dedo. Y con la otra mano, aunque me apetecía tocarle las tetas, se me ocurrió otra cosa. La llevé hacia mi espalda y empecé a acariciarme el agujero del culo.

Al principio me dio un poco de asco, pero luego le cogí el gusto y me decidí a meterlo un poco.

Como el dedo estaba manchado de la vaselina no me costó mucho meterlo. Era una sensación totalmente nueva y me gustó mucho. Mi novia no veía lo que yo estaba haciendo, así que no se extrañó de que yo gimiera más de lo normal.

Al final antes de correrme saqué la polla de su culo y ella se dio la vuelta para que me corriera en sus tetas.

Después de ducharnos comimos y ella se fue.

Supongo que ya he dicho que ese día estaba especialmente cachondo, así que, como estaba solo en casa, me pasé toda la tarde pajeándome y probando hasta dónde me entraba el dedo. La verdad es que ni se me ocurrió pensar que pudiera estar haciendo nada de maricas, simplemente quería probar algo nuevo.

Pasaron varias semanas y yo seguía con mi vida normal y corriente: follaba con mi novia, fumaba porros con mis amigos y me pajeaba de vez en cuando. Pero ahora me pajeaba con más ganas, metiéndome el dedo por el culo (pensé en comprarme algún vibrador o algo, pero pensé que mejor no).

El caso es que mi vecino seguía pasando de vez en cuando por delante de mi casa y yo cada vez estaba más convencido de que me miraba como decían mis amigos, comiéndome con la mirada.

A mí eso empezaba a mosquearme. Yo estaba muy bien con mi novia y me encantaba follar con ella, pero joder.

Si me había metido el dedo por el culo era por culpa del vecino, que me hacía pensar más de lo que debería. Y ahora se paseaba por ahí, mirándome siempre fijamente.

Una noche me pasé horas despierto estirado en mi cama. Por mi ventana podía ver la ventana de mi vecino, por que vive por encima de mí. Debían ser las 3 o las 4 de la mañana y su luz aún estaba encendida.

Yo tenía la persiana subida, pero como estaba a oscuras si le daba por mirar no podría verme.

El caso es que, no sé por qué, me empalmé.

Estaba aburrido, no podía dormir y por pensar en mi vecino noté mi rabo peleando por salir del pantalón corto de deporte que uso para dormir.

Me bajé los pantalones y empecé a pajearme. Lo hacía lentamente, estiraba la piel con fuerza y luego la subía lentamente. En esto estaba cuando miro por la ventana y veo a mi vecino asomado mirándome fijamente.

Del susto me corrí con fuerza y solté un gemido que, con lo silencioso que estaba la calle, seguramente había oído. Y entonces el metió la cabeza deprisa y corriendo, como si se hubiera dado cuenta de que le había visto.

Al día siguiente yo me levanté a eso de las 12, me puse un pantalón largo de chándal sin nada debajo y bajé al garaje a trabajar en una moto que me habían vendido por cuatro duros y que quería maquear.

Hacía bastante calor y no me puse camiseta, y como estaba entrando y saliendo probando el motor de la moto pues tenía la puerta del garaje abierta. No sé por qué, pero estaba deseando que pasara mi vecino.

Y cuando estaba yo en la calle, agachado trabajando en la moto, oí a mis espaldas la puerta de su bloque. No sabía si girarme (podría pensar que le estaba esperando) o esperar a que pasara para ver si era él.

El caso es que me levanté y, disimulando, me pasé el brazo por la frente para secarme el sudor y me di un poco la vuelta para ver quién era. Y era él. Iba bastante arreglado, y estaba pasando por delante de mí.

Sin saber por qué, me quedé un rato quieto mirándole (asustado por saber si me había visto machacándomela o no) y sólo se me ocurrió hacer una cosa. Metí una mano en mi pantalón y me sobé los cojones.

No sé por qué lo hice, pero noté que él se asustaba un poco. Yo me puse muy cachondo por culpa de aquella muestra de lo macho que soy y no tardé en entrar en el garaje, cerrar la puerta y hacerme otra paja.

Luego llamé a mi novia y le dije que se pasara por casa aquella tarde y ella dijo que vendría sobre las seis.

Subí a casa a comer y cuando terminé me lié un peta. Luego bajé al garaje y estuve ahí viendo un rato la tele antes de ponerme a trabajar otra vez en la moto.

Por supuesto estaba fumándome un peta y se había llenado el garaje de humo, así que cuando me puse con la moto abrí un poco la puerta para que se ventilara.

Al rato estaba yo liado cuando oigo que pican en la puerta. Yo esperaba que fuera mi novia, aunque era pronto, así que me giré esperando ver sus pies.

Pero no. Aquellos eran los pies de un tío. Levanté la puerta hasta la altura de la cabeza y vi a mi vecino, acababa de llegar de donde hubiera ido y ahora estaba allí delante de mí. Me miró de arriba abajo, parecía estar bastante nervioso.

Le pregunté que qué quería, pero no dijo nada. Supuse qué era lo que quería, pero lo tenía un poco negro. Por que vamos, a mí no me importaba meterme un dedo (mío) por el culo, pero de liarme con un tío nada de nada.

Como no decía nada miré el reloj. Eran las 5 y cuarto, mi novia no tardaría en llegar. Volví a preguntarle qué quería, y otra vez, no contestó.

Le dije que si no quería nada que me dejara en paz. La verdad es que me puso nervioso. El maromo estaba ahí quieto, mirándome como un subnormal, sin decir nada. Me di la vuelta, pero cuando iba a ir hacia la moto me cogió de la goma del pantalón.

Yo no llevaba nada debajo, así que supuse que me había visto el culo. Yo me giré para pegarle un puñetazo pero él me miraba tan fijamente que dejé el puño en el aire, sin entender qué coño estaba pasando.

En ese momento él me dijo «Te vi ayer por la noche». Yo no contesté (no sabía qué contestar) y él siguió: «Quiero chupártela, quiero que me folles».

Dejé ir mi puño y le di el puñetazo. «Lárgate de aquí, maricón» le dije. Pero él, que se había caído al suelo cuando le di el golpe se levantó y me dijo que sabía que yo quería. «Si no, no te meterías el dedo por el culo cuando follas con tu novia»

Yo me quedé flipando. No tengo ni idea de cómo lo sabía, supongo que me habría visto por la ventana. Habría jurado que cerraba la persiana cuando follábamos, pero si él lo sabía era por que nos había visto.

El caso es que me hizo dudar. Y mientras pensaba si darle otro puñetazo o dejarle entrar él me volvió a coger de la goma del pantalón, me acercó a él, y me dio un pico en los labios.

Yo estaba totalmente paralizado. Él deslizó su mano por debajo de la goma de mi pantalón y me agarró la polla. Primero la agarró muy fuerte y luego comenzó a acariciarla suavemente.

Yo era incapaz de hablar. Recuerdo que comencé a temblar, estaba tan asustado que no sabía qué hacer.

Aquel maricón me tenía la polla cogida mientras me besaba en los labios y se dedicaba a mirarme desde su ventana mientras yo follaba con mi novia.

«No te asustes» me dijo «Te va a gustar» En ese momento me entraron ganas de pegarle una paliza, pero mi capullo rozó la tela de mi pantalón y del gusto sólo pude emitir un leve gemido. Me empujó suavemente hacia dentro y me soltó el rabo.

Se dio la vuelta y empezó a cerrar la puerta del garaje.

Yo no sabía qué hacer. Podía pegarle perfectamente un buen par de hostias y acabar con la tontería pero ¿por qué iba a hacerlo? Al fin y al cabo yo iba bastante salido (demasiado últimamente) y él sólo iba a hacerme una mamada. Así que pensé en dejarle hacer. Él cerró la puerta se me quedó mirando.

Yo le dije que qué coño quería y él contestó que sólo quería chupármela, que se moría por comerme la polla.

Yo le dije que no era marica, que se fuera, pero él dijo que daba igual si lo era o no, que hacerme una mamada no significaba nada.

Él comenzó a acercarse a mí y me dijo que me dejara hacer. Y oye, yo he sido (y soy) hetero, pero en ese momento me dejé hacer. Tenía un empalme interesante y ganas de follar. Mi novia no vendría hasta dentro de un rato y aquella era una oportunidad bastante buena para probarlo con un tío.

Mi vecino vino, se arrodilló delante de mí y tiró fuerte de mis pantalones. No se anduvo con tonterías y se metió la polla rápidamente en la boca.

Empezó a chapármela con ansia, intentando metérsela hasta el fondo. Noté su campanilla un par de veces en mi capullo.

Mientras seguía chupándola me cogió los cojones con una mano y comenzó a apretarlos y con la otra me acariciaba el abdomen y me apretaba los pezones.

Yo estaba bastante incómodo, pero no era más que una mamada.

Le agarré del pelo y le estiré con fuerza.

Él soltó un pequeño grito, pero no se sacó la polla ni un momento de la boca. Puse una mano detrás de su cabeza y comencé a guiarle, como me gustaba hacerlo con mi novia.

Luego cogí la mano que él tenía en mi abdomen y la lleve hacia mi culo. Él entendió lo que quería y con un dedo empezó a acariciarme el agujero. Luego se sacó la polla por primera vez de la boca, me miró se chupó el dedo y volvió a llevarlo hasta mi culo.

Dejó la mamada para concentrarse en meterme el dedo por el culo. Al meterlo me hizo daño, pero me gustó.

Yo llevé mis manos y separé el culo para dejar el agujero más abierto y facilitarle las cosas. Empezó a meterlo lentamente, con suavidad.

Luego lo introducía y lo sacaba rápidamente, el agujero se me abrió tanto que cuando metió otro dedo casi ni lo noté.

A todo esto él había empezado a chupar mi capullo con su lengua, yo notaba que estaba a punto de reventar. Se metió otra vez mi tranca en la boca y siguió mamándola.

No tardé en correrme, Sus dedos y su lengua me daban demasiado placer, y no pude aguantar más.

Al notar la primera tralla él se apartó y abrió la boca, para recibir toda mi lefa. Cuando terminé de correrme me tambaleé y estuve a punto de caerme.

Solté un gemido de gusto y le dije «Sí cabrón». Miré el reloj. Eran las 5 y media. Pensé que se había tragado la leche.

Él se levantó y me sonrió. Yo me agaché y me subí los pantalones después de limpiarme el capullo con un trapo que había en el garaje. Le dije que se fuera y él negó con la cabeza.

Se acercó a mí, puso su mano detrás de mi nuca, me acercó a su cara y me dio un beso.

Con su lengua hizo fuerza hasta abrir mis labios y luego noté como si me escupiera.

El cabrón había guardado mi lefa en su boca y ahora me la estaba pasando. Yo le di un empujón y lo separé de mí. Parte de la leche cayó sobre mi abdomen y algunas gotas fueron a parar en el suelo.

Él se levantó, se limpió el semen que le había quedado en los labios y me dijo que aquello no había acabado. En ese momento se levantó la puerta del garaje y apareció mi novia.

Al principio se extrañó de vernos allí a los dos. Yo reaccioné y le dije a mi vecino que no me quedaba chocolate, pero que si volvía mañana por la tarde seguramente tendría.

Él se dio cuenta de la excusa y dijo que bueno, que se pasaría mañana. Antes de irse el cabrón me guiñó un ojo.

Al salir del garaje saludó a mi novia y se fue.

Ella se acercó y me dio un beso. Me dijo que mi boca sabía rara (supongo que sabía a lo que sabía, por que le he hecho tragarse mi semen más de una vez). Luego fue, bajó la puerta del garaje y se agachó para hacerme otra mamada.

No me costó empalmarme otra vez ni follar con ella toda la tarde. La única preocupación que tenía era el cabrón de mi vecino.

Esperaba que todo aquello sí hubiera terminado y que no dijera nada de lo que había pasado. Pero me equivocaba.

No había terminado.

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