Hola, ¿qué tal? En esta ocasión les vengo a contar cuando estuve por primera vez con una chica trans.

Fue cuando más o menos tenía 20 años. Recién me había mudado a la ciudad, a unos 45 minutos de viaje en autobús. En ese momento tenía mujer y un hijo chiquito de un año y medio. En ese tiempo me manejaba en bicicleta para ir a trabajar y a veces iba en bicicleta hasta la estación de tren, viajaba en tren, luego me bajaba y seguía en bicicleta hasta el lugar de trabajo.

Cada vez que volvía a la tarde me llamaba la atención, cuando bajaba de la estación de tren, unas vías que se dirigían no sé a dónde, pero que apenas se veían por la maleza que había y se distinguía un caminito muy pequeño en medio. Un día que volví temprano de trabajar, un sábado me acuerdo, alrededor de las 3 de la tarde —como yo siempre llegaba a mi casa a las 8 de la noche—, dije: «Tengo tiempo para investigar ese lugar que me llamaba mucho la atención». Tomé mi bicicleta y empecé a caminar por ese lugar. A cada lado de esas vías de tren había pasto y árboles, y más o menos cada 20 o 30 metros había caminitos que bajaban de las vías hacia esos árboles. Yo, curioso, empecé a entrar en cada caminito. Al bajar hacia abajo había lugares bien espaciosos, en el piso solamente había tierra y restos de preservativos usados. Todo eso me excitaba porque me daba cuenta de que ahí bajaban a tener relaciones.

Las vías se extendían más o menos unas 10 cuadras. De los dos lados de las vías había distintos lugares, unos más grandes y otros más chicos. Había lugares que desde arriba de la vía podías ver hacia abajo y otros que no, que solamente eran caminitos y una vez que bajabas no veías ni para arriba ni te veían de arriba hacia abajo.

Una vez que recorrí toda la vía de punta a punta entrando y mirando cada lugar, empecé a caminar por el medio de la vía volviendo hacia donde había entrado. En eso que voy caminando veo adelante mío a alguien que viene caminando hacia mí. De lejos se veía una mujer con bolsas plásticas a los costados de supermercado. Al cruzarme con ella me doy cuenta de que no era una mujer, que era una travesti. Me mira sonriendo y me saluda: «Hola», me dice, a lo que yo le contesto con un hola. Era flaca, alta, de pelo largo negro, piel blanca. Tenía puesto un vestido largo hasta pasando las rodillas.

Al cruzarnos ella sigue caminando, yo también. Yo iba fumando un cigarrillo con la bicicleta al lado. En un momento escucho que me habla, me doy vuelta. Había dejado las bolsas de mandado a la orilla de la vía y me llama. Yo me acerco y me pregunta:
—¿Tenés un cigarrillo para convidarme?
A lo que yo le respondo:
—Sí, toma.

Ella pone el cigarrillo en la boca, lo prende con una sonrisa y me pregunta:
—¿Qué andás haciendo por acá?
—Nada, hace mucho que este lugar me llama la atención cuando me bajo del tren y entré a investigar qué había.
—Ah sí, acá viene mucho a coger —me dice mientras se ríe pícaramente.
—Así le digo yo, haciéndomelo sorprendido.
—Sí —me dice—, ¿y vos qué onda? ¿Querés coger o ya cogiste?

Mientras me dice esto se acerca un poco más y su mano va hacia mi entrepierna. Al instante se me puso la pija dura. Ella me tocaba por arriba del pantalón mientras me miraba, fumaba y se sonreía, y me decía:
—Uy, ya estás al palo.

No alcanza a terminar el cigarrillo, lo tira, lo pisa, me baja el pantalón y mi pija dura sale. Ella la toma entre sus manos y empieza a masturbarme mientras me repetía:
—Qué linda pija que tenés, papi. Mmmmm, qué dura que la tenés. ¿Querés que te la chupe?
—Sí —le digo yo.

Ella se agacha y en el medio de la vía empieza a chupar la pija. Yo sentía como se la metía toda en la boca, como me lo succionaba. Se lo agarraba de la cabeza y me movía en su boca. Pasaron varios minutos y se separa, se da vuelta y se levanta el vestido. Yo podía ver una tanga bien metida en su colita. Empieza a refregar su cola contra mi pija dura. En un momento me agarra la pija, se corre la tanga y se la mete. Mi pija entró entera, toda mojada. Se sentía su agujerito bien caliente. Yo la agarré de la cintura y empecé a moverme metiendo y sacando mi pija de esa hermosa cola. Ella gemía y me decía lo mucho que le gustaba mi pija dura. Ella se inclinaba más y más para sentir toda mi pija adentro. Yo le agarraba los pechos, la cintura, hasta que en un momento llevé una de mis manos hacia la parte de adelante de ella agarrándole su pija, que la tenía muy pero muy dura. Esa mami calentó. Su pija era gruesa y larga, de unos 20×6. Mientras la cogía se la apretaba con fuerza. Ella gemía y me decía:
—¿Te gusta? ¿Te gusta mi cola?

—Sí —le decía yo mientras me seguía moviendo con más fuerza. En un momento se hace hacia adelante y mi pija sale de su cola. Se da vuelta mientras me besa la boca metiéndome la lengua hasta la garganta. Me sigue tocando la pija, se vuelve a agachar y me la sigue chupando. Luego me da vuelta, me abre las nalgas y empieza a pasar su lengua por mi agujerito y por toda mi raya. Con sus manos me abre bien las nalgas y me dice:
—Ay papi, ¿quién te cogió esta colita ya?

A lo que yo me quedo callado y no le contesté nada. Me agaché más y se me abrieron bien las nalgas. Siguió chupándome mi colita. Al ratito siento que se para. Yo me doy vuelta y podía ver cómo el vestido se levantaba por la erección de su miembro. Ella se levanta el vestido y deja al aire su miembro, me mira y me dice:
—Vení, chúpame la conchita.

Yo me arrodillo en el suelo y empiezo a chuparle la pija. Me costaba mucho metérmela en la boca porque era muy gruesa. Pasaba la lengua desde los huevos hasta la punta de su miembro bien duro. Cuando lo metía en la boca ella ya me agarraba de la cabeza y trataba de meterlo más adentro haciéndome hacer arcadas. A los pocos minutos me dice:
—Nos vamos más acá abajo.

Agarra las bolsas del supermercado y bajamos por un caminito. Las deja a un costado y me dice:
—Ponete contra ese árbol.

Me puse contra el árbol y ella se acerca y me empieza a chupar la pija otra vez. Luego me da vuelta, me abre bien las nalgas, me chupa bien la cola otra vez. Luego se para, me agarra de la cintura y me dice:
—¿Te puedo coger la cola?

Mientras me lo decía podía sentir su miembro duro entre mis nalgas, resbalando entre ellas queriendo entrar en mi agujerito. Yo estaba tan caliente que le digo que sí. Se agarra su miembro con su mano, lo apoya en mi agujerito y empieza a empujar. Empieza a introducirlo lentamente. Mientras lo metía me decía:
—¿Te duele, papi? ¿Te duele mi pija? ¿Te gusta como te la estoy metiendo? Qué linda colita que tenés, qué lindo que entra bien apretadita. Te voy a dejar la cola bien dilatada, papi.

Seguía repitiendo mientras me la seguía empujando. Una vez que estuvo todo adentro me dice:
—Ay papi, cómo te entró. ¿Te duele? ¿Te duele mi pija?
—No —le digo yo.

Entonces, agarrándome de la cintura, empieza a moverse cada vez más y más rápido. Se podía escuchar cómo retumbaba su cuerpo chocando contra el mío. Yo no podía creer lo que me estaba ocurriendo. Ella se movía más y más rápido. En un momento mi cuerpo se estremeció por completo. Mis manos agarradas a ese árbol, mi cuerpo inclinado entregándole por completo mi cola. Ella se movía más y más rápido. Entonces empiezo a sentir cómo mi pija empieza a largar chorros y chorros de leche. Ya se dio cuenta porque mientras acababa con cada contracción su pija le apretaba. Entonces me dice:
—Ay papito, cómo te hice acabar con toda mi pija bien adentro.

Me dice mientras seguía moviéndose más y más fuerte. Al momento de acabar mis piernas me temblaban y si me aflojaba. Apretaba mis labios para no largar gemidos fuertes por si alguien pudiera escuchar. Ella en un momento la saca por completo y, abriéndome con sus manos mis nalgas, me decía:
—Uy papito, cómo te lo dejé bien abierto. ¿Ya te habías comido una pija así como la mía?

Yo no le contestaba nada, estaba muy excitado y recién había acabado con la respiración agitada. Ella me seguía hablando mientras me daba un cachetazo en la cola y me dice:
—¿Quién te cogió por primera vez?

Yo no le decía nada. Entonces me dice:
—Ponete acá en cuatro, putito, que ahora voy a acabar yo.

Yo me coloqué en cuatro en el suelo. La verdad que me hizo un favor porque no podía estar más en pie, me temblaban mucho las piernas. Ella se para atrás mío. Pude sentir cómo me cubría con su vestido y, agachándose un poco y de un solo envión, me la metió toda de una.
—Haaaay —dije yo al sentir su miembro entrar hasta el fondo.

Ella me decía:
—Sí, así putito, gemí. Quiero escuchar cómo gemís mientras estoy cogiendo.

Sus movimientos eran cada vez más rápidos. Yo no podía aguantar y largaba mis gemidos cada vez más fuerte hasta que de un momento se quedó con todo su miembro adentro mío y pude sentir cómo se hinchaba. Al mismo tiempo ella gemía y repetía:
—Toma mi leche, putito. Qué lindo, hace mucho tiempo que no cojo una colita tan hermosa como la tuya.

Yo podía sentir los chorros de leche dentro mío. Cuando saca su miembro de mi cola podía sentir cómo chorreaba su leche por mis piernas. De entre sus bolsas de mandado saca un papel higiénico, se limpia la pija llena de leche. Me limpié las nalgas mientras yo seguía en cuatro en el suelo y me decía:
—¿Te gustó, papi?
—Sí —le decía yo agitando la cabeza sin hablar.

Entonces ella, apretándome las nalgas, me pregunta mi edad y me pregunta otra vez a qué edad me cogieron por primera vez. Ya no le contesté. Cuando me estaba por levantar ella me dice:
—Quedate ahí un cachito que quiero mirarte. Qué lindo que sos, cómo te ves esa cola que tenés.

Repetía mientras yo escuchaba cómo caminaba de acá para allá mirándome. Hasta que en un momento siento que se pone atrás de mí otra vez. Con sus manos me pone saliva en mi agujerito de vuelta y le digo:
—¿Otra vez?
—Sí —me dice—, porque una colita como esta no me voy a volver a comer, me parece.

Siento que apoya la cabeza de su pija en la entrada de mi agujerito y le empieza a meter. Siento su pija flácida mientras la introducía. Mi cola no estaba dura como me la había metido anteriormente, pero mucho tiempo no pasó para que se vuelva a poner firme otra vez. Yo estaba en cuatro en el suelo y ella arrodillada atrás mío, agarrándome la cintura, metiendo y sacando su pija. Admito que me volví a excitar, empecé a moverme con ella hasta que me volví a hacer acabar. Entonces, cuando sintió que acabé, sacó su pija de mi cola, se paró, se fue hacia adelante y me dice:
—Levantá la cabeza y abrí la boca.

Ya levanté la cabeza, abro la boca y veo cómo se estaba masturbando con mucha fuerza. En un momento apoya la cabeza de su pija en mi boca y empezó a largar la leche mientras la hacía y me decía:
—Toma!!! Tómate la lechita de mami.

Los chorros de leche me pegaban en la garganta. Con mi boca le cubría la cabecita para que nada de su leche se me escapara. Me tragué toda su leche mientras se la succionaba sacándole hasta la última gota. Luego volvió a sacar papel de su bolsa de mandado, me limpió, se limpió. Yo me vestí, ella solo se acomoda la tanga y dejó caer el vestido. Me dio un beso de lengua y me dice:
—Chau, ojalá nos volvamos a ver.

Y salió caminando por el caminito, sube a la vía y se va. Yo estaba ya agitado todavía. Me prendí un cigarrillo y me quedé fumando hasta terminarlo. Luego de eso…

Bueno, espero que les haya gustado. Si quieren les puedo contar qué ocurrió después que ella se fue. Gracias.