Complacencia

Todo empezó hace varios meses, cuando mi esposo y yo estábamos cogiendo.

Él me preguntó que si yo tenía fantasías sexuales y que cuáles eran, no me atreví a contarle y le hice la misma pregunta, y me dijo que tenía varios meses pensando que le gustaría ver como me cogía otro hombre; de momento me quedé atónita porque siempre había sido muy celoso y pensé que sólo me estaba tratando de sacar mis sueños eróticos.

Pero continuó diciéndomelo en varias ocasiones, y yo también ya me imaginaba con alguien más.

Un día entramos a un chat juntos, y nos ofrecimos como pareja.

Ahí, un chico me “cogió” mientras mi esposo observaba; vi como verdaderamente se encendía y me daba ánimos a continuar, claro, yo la estaba pasando muy rico pues me metía tres dedos en mi papaya.

Después de ese día, acepté complacerlo y nos dedicamos a buscar a un chico de mi gusto, inicialmente en los Chats… Entre los que me mandaron sus fotos, escogí a uno, nada fuera de lo normal sólo que se me hizo muy lindo en su forma de ser, y claro, también guapito.

Quedamos de vernos en un lugar tranquilo y discreto, donde pudiéramos tomar la copa y bailar para conocernos mejor y romper el hielo.

Por fin llegó el día esperado para mi esposo y claro, también para mí.

Fue un sábado en la noche del mes de octubre. Llegamos mi marido y yo y nos condujeron a una mesa en el rincón, para esperar al muchacho.

Cuando me di cuenta, él ya estaba en la barra y al vernos se acercó, nos saludamos y lo invitamos a sentarse.

Discretamente vi que mi esposo y él estaban nerviosos y yo muy excitada por el momento. Pedimos las copas y en la plática, sentí que ya estábamos los tres más relajados.

Como a la tercera copa, él le pidió permiso a mi esposo de sacarme a bailar y mi consorte le dijo que adelante.

Era melodías románticas y tranquilas; así que bailamos abrazados, donde me percaté de su nerviosismo. Me dijo que le gustaban mucho las mujeres de más de 30 años, porque ya sabíamos lo que queríamos y no andábamos con rodeos, ¡qué chico, era directo!…

Después de bailar algunas canciones, me preguntó que si ya estaba decidida a tener relaciones con los dos; le dije que sí que le quería dar ese gusto a mi marido.

Nos sentamos y después de tomarse otra copa le dijo a mi esposo que a la hora que él dispusiera nos podíamos ir, que él ya estaba listo. Entonces me preguntó mi esposo que si seguíamos adelante, y le dije que sí.

Salimos del lugar y nos fuimos a un motel cercano, que ya se tenía previsto.

En el trayecto, compramos unas Caribe Cooler (sidra), y me tomé rápidamente dos, para darme más valor, porque aunque ya le había sido infiel varias veces a mi marido, no sabía como lo iba a tomar al verme bien ensartadota por otro hombre.

Cuando entramos al cuarto, mi esposo se sentó muy cómodo y nos dijo:

– Empiecen solos, yo sólo quiero observar

El chico me tomó de las manos y me abrazó, buscando mi boca.

Mientras me estaba besando, empezó a desnudarme muy lentamente; volteé a ver a mi marido y con las manos me dijo que continuara.

Así que yo también empecé a desabrocharle la camisa y a quitarle los pantalones; él ya me tenía sólo con mi tanga, pues ya me había quitado todo… Me besó el cuello suavemente y me volteó, continuando con mi espalda y acariciando mis tetas y mi redondo culo.

Recorría todo mi cuerpo y me sentía muy húmeda. Bajó su boca y me quitó la tanga, besando y apretando mi buen par de nalgas, las que mordisqueaba suavemente.

Siguió recorriendo mi cadera y muslos con su boca, yo la verdad ya estaba encendida y de reojo volteaba a ver a mi marido, quien tenía los pies estirados y se sobaba la verga por encima del pantalón.

El muchacho me volteó y me acostó en la esquina de la cama con los pies colgando, metió su cabeza en medio de mis piernas y sentí que con su lengua se abría paso en medio de mis vellos, buscando mi clítoris; cuando lo encontró, empezó a jugarlo con su lengua.

Me lo lamía, lo succionaba, chupaba, y yo, levantaba las nalgas y abría más las piernas para que me la mamara mejor; succionaba mis labios vaginales, y también los mordisqueaba.

En ese momento sentí mi cuerpo vibrar intensamente, estaba teniendo mi primer orgasmo copiosamente, él lo sintió y continuó con más ganas.

Le busqué su verga y le dije que me la diera, entonces me subió más a la cama y nos acomodamos para hacer el 69; ya para entonces no me acordaba que ahí estaba mi esposo, ya sólo quería disfrutar plenamente.

Cuando sentí en mi boca su dura verga, la saboreé con mi lengua; ya le salía lubricante por su ojito y su sabor era un poco salado y me dejaba cierto cosquilleo en los labios, pero me gustaba su olor a hombre limpio.

Me la metí lo más que pude a la boca, tratando de darle placer como él me lo había dado. Así estuvimos y de nuevo me volví a venir, este chico sí que sabía como darle placer a una hembra caliente.

Cuando vibraba quería comerme su verga, me la llegué a pasar un poco por la garganta cuando oía que suspiraba de placer; así que continué mamándosela y sentía que se le ponían rígidas las piernas y me la saqué porque quería que esto no terminara todavía.

Entonces le dije que ya me cogiera, que no aguantaba ya más.

Me acostó para cogerme pero entonces mi esposo nos dijo que quería que me cogiera de a perrito, para poder ver como me la comía; así que me puso a gatas en el borde de la cama y él parado en el piso.

Me agarró de las caderas y me colocó su verga en mi vagina.

Sentí la rigidez de su garrote y me jaló de mis ancas, yo eché mis nalgas hacía atrás y sentí como se deslizó su caramelo completamente dentro de mí.

¡Qué rica cogida me estaban dando!… Yo me estaba agasajando con un chico y a mi esposo le estaba dando donde más le gusta, verme bien empalada.

Mi esposo estaba excitadísimo, viendo como se cogían a su mujercita; creo que ya no aguantó, pues tenía la verga de fuera y se estaba masturbando…

Empecé a mover mis nalgas suavemente, mientras mi chico me cogía muy rico, marcando el vaivén de mis movimientos.

Yo le agarraba los huevos por debajo y se los acariciaba; y él me decía que le gustaba como se veía mi cuerpo en esa posición.

En eso sentí que me metía un dedo en mi culito, traté de no moverme y relajarme, él también lo hizo más suave; y luego, con los jugos de mi panocha, metió dos dedos más y yo ya estaba más relajada, queriendo que me metiera su verga también por ahí.

Entonces me moví hacía adelante para sacarla de mi vagina y me acomodé para que me penetrara de nuevo.

Él entonces puso su verga en mi culito y me la empezó a deslizar muy suavemente; yo suspiraba, pues sentía como su vaina me abría los pliegues del ano. Ya cuando me la metió toda, me acarició todo el cuerpo dando tiempo a que me acostumbrara a ella.

– ¡Mira cómo tengo a tu vieja, bien enculada; con toda mi verga abriéndole las nalgas y haciendo que se retuerza cada vez que se la meto hasta el fondo!-, dijo el muchacho para mi asombro.

–  ¡Es bien puta esta cabrona y le encanta le verga! ¡Nalguéala y verás como se orina cuando se esté viniendo!-

Al escuchar las palabras de mi marido y sentir un buen par de tortazos en mis nalguitas, ya no aguanté más y me empecé a mover, quería sentirme totalmente una puta…

Los dos nos movíamos como loquitos, entonces sentí como volvía de nuevo a tener otro orgasmo, pero no me detuve, quería que él también se viniera en mi culo; y seguí zarandeando mi trasero al compás de sus embestidas.

Y no tardó tanto, pues me apretó las caderas y sentí como su verga se movía dentro de mi ano. Se vino copiosamente, y cuando me sacó la verga, vi el condón lleno de leche.

Nos duchamos y el chico se fue dándonos las gracias por el placer; yo lo besé de nuevo, agradeciéndole también su esfuerzo.

Cuando nos quedamos solos, mi esposo se desnudó y me dijo que se la mamara, pues había quedado súper caliente; se la mamé hasta que quiso y me le monté sabroso.

Cogimos como hacía varios meses o tal vez años que no lo hacíamos.