Soy su perra.
Estoy temblando mientras escribo esto. Siento el pecho apretado, como si apenas pudiera respirar, pero tengo que confesarlo… porque la culpa me está ahogando y la vergüenza me quema tan fuerte que ya no me la puedo guardar.
Amo a mi novio. De verdad. O al menos eso me digo a mí misma. Es tierno conmigo, me abraza cuando estoy triste, me hace sentir segura. Con mis dos anteriores novios tuve sexo, con él hago el amor. Pero ahora cada vez que lo veo, lo único que veo es la mentira en la que estoy viviendo. Porque a sus espaldas, lo estoy traicionando de la forma más asquerosa e íntima posible… y no puedo obligarme a parar.
Mi hermano ha estado en mi vida desde siempre. Soy mayor que él por dos años, yo veinte, él dieciocho. Los cumplió hace dos meses. Conoce cada parte de mí —la verdadera yo-. Esa que le escondo a mi novio. Todo empezó hace unos días atrás. Estaba en la playa con mi futuro esposo, de repente, un insecto me picó en el valle en medio de mis tetas, durísimo.
Le hice videollamada a mi mamá para mostrarle, no caí en cuenta que mi hermano estaba ahí y me quité completo el sujetador para que ella viera. El también me vió.
Pasado el consejo de mi madre, mi hermano fue a su cuarto y me pidió que le mostrara más, que quería verme bien, lo hice con el mayor desparpajo, «es mi hermano y me conoce»- me dije para mí misma.
De repente, me pidió una foto de mis tetas. Al principio me reí, con el corazón latiendo a mil, diciéndome que era solo coqueteo, un juego pendejo. Mi futuro esposo dormía profundamente, luego de una sesión de sexo intenso. Pero cuando me escabullí y le mandé esa primera foto —las tetas por fuera, los pezones duros, la cara roja de culpa y de morbo— algo se rompió dentro de mí.
Sus palabras cargadas de morbo, sus halagos, sus ojos verdes abiertos como platos, su evidente excitación, todo me revolvieron la cabeza y se convirtió en mi droga.
Ahora ya no es un juego. Es una adicción.
Cada vez que me pide nudes, sin importar qué esté haciendo, obedezco. Si estoy abrazada con mi novio en el sillón, le digo que voy al baño y me encierro ahí, desvistiéndome con lágrimas en los ojos mientras me tiemblan las manos. Me aprieto las tetas, son grandes y firmes para él, me pellizco los pezones hasta que me arden.
Luego me pide fotos de todo mi cuerpo. Y yo, tremenda idiota, le obedezco, me agacho para que me vea las nalgas, abro las piernas y le enseño qué tan mojada me pongo de solo saber que se va a hacer una soberbia paja pensando en mí.
Luego tuvo la osadía de mostrarme su verga ¡Que pedazo de verga se manda!
Gruesa, no tan larga, pero curva hacia arriba, con cabeza en forma de hongo y cruzada por una red de venas muy extensas.
Confieso que casi me desmayo cuando se la vi, y las pulsaciones en mi panocha por poco me hacen perder el equilibrio.
A veces grabo videos —metiéndome los dedos en silencio- mordiéndome el labio para no hacer ruido, susurrando su nombre como si fuera una oración cochina mientras mi novio está a un palmo de distancia.
Me siento sucia después. Cada pinche vez. La vergüenza me cae encima como agua helada. Me veo al espejo, con el rímel corrido, pensando “¿qué estoy haciendo?”. Soy un asco. Soy una infiel. Le estoy haciendo daño a la única persona que de verdad me quiere. Pero en el segundo en que mi hermano me vuelve a pedir… la panocha vuelve y me palpita, se me revuelve el estómago con esa sensación horrible y a la vez deliciosa, y lo hago de todos modos. Le mando todo lo que quiere. Al instante. Sin preguntas. Sin negarme.
Me odio por lo mucho que se me antoja su atención. Me dice que mi cuerpo está perfecto, que se viene viendo mis fotos cada noche, que soy su secretito sucio. Y me derrito. Mi novio jamás me podría hacer sentir tan cochina y deseada al mismo tiempo. Así que sigo traicionándolo. Una y otra vez.
Lo siento tanto. Un montón..
Pero cuando él me pide, aún así dejo todo, me encuero, poso como su perra personal, y le doy enviar con las lágrimas escurriéndome por la cara.
No sé cómo parar.
Y en el fondo, en la parte más oscura de mí, sé que cuando nos volvamos a ver, algo muy sucio va a suceder… me da tanto pánico, que ni siquiera quiera parar. Y que pase lo que tenga que pasar.
Me he soñado siendo penetrada por esa deliciosa salchicha, me despierto sudando, delirante y con lágrimas en los ojos, mi futuro esposo me mima, y por todo alivio, me hace el amor, mientras yo sueño que es la verga de mi hermano la que ingresa por mi caverna de hembra.
Faltan pocos días para nuestro encuentro…