Capítulo 3

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Fueron como 15 o 20 minutos que estuvimos sentados en la mesa, en ese tiempo solo hablo con la mamá y sus abuelos de sus planes, de lo que deseaba hacer cuando se fuera a la universidad, de pronto irse antes de lo planeado, ahí pensé que yo tenía que ver, apenas hable como dos veces, trataba de que no se notara mi angustia y con el miedo latente del desenlace con mi hija.

Estaba aturdido y no quería dañar la maravillosa noche de mi hija, era su fiesta, pensé en ese momento que no fue la mejor decisión contarle, me apresure en confesarle mi secreto.

De pronto se levantó y les dijo a todos en la mesa.

Hija: Me voy a robar un rato a mi papá, porque hoy es mi despedida, por favor entiendan.

Diciendo eso me tomó de la mano y me llevó a la pista de baile, temblaba todo, estaba de una pieza, era el final.

Hija: Ya no aguantaba más, por eso te dije que saliéramos a bailar, trate de pensar en otras cosas pero es imposible en estos momentos y pensar que es mi fiesta de grado, pero debes escuchar lo que te voy a decir ahora.

Hubiera querido que me preguntaras como me sentía y que pensaba de lo que tu hacías, hubiera querido que me dijeras porque hacías lo que hacías, que me tuvieras en cuenta y no me ignoraras, que no pensaras que era una niña tonta, porque así me siento ahora que me has contado todo y yo no te pregunte nada porque pensaba que me ibas a decir que estaba loca pensando en que tu hacías las cosas a propósito.

Dime ¿Que crees que hubiera pasado si me dices las cosas en ese momento?

Padre: Perdóname hija por favor, se que hice todo mal, pero nunca quise hacerte daño y no se que me hubieras dicho o mejor si, me hubieras echado corriendo de la casa y contado a tu mamá de una vez, eso pienso.

Hija: Te das cuenta, no entiendes nada, siempre pensando en tí, no seas tan egoista y por una vez en tu vida preguntame que pensaba y sentía en esos momentos y que pienso y siento hoy, porque no lo haces, ¿no crees que tengo derecho? o ¿acaso tienes miedo? o ¿no quieres saberlo?

Un hilo frío pasó por todo mi cuerpo, desde los pies a la cabeza, tenía razón, siempre la había ignorado y aún seguía haciéndolo, debía preguntarle qué sintió cuando hice todo pensando en que no le importaba.

Padre: Hija quiero saber que sentiste y qué pensaste esa primera vez que entré a tu cuarto sin permiso y te ví desnuda.

Hija: Sentí mucha pena contigo y pensé, porque tenía que pasar, ahora que va a pensar de mí y si depronto le gusto verme desnuda y quiere hacerlo otra vez, o, si por el contrario se arrepintió de haberme visto desnuda, será que quiere algo y no me dice, como hago para saberlo, todo esas cosas me preguntaba ese día, recuerda que era una niña, bueno aún sigo siendo una niña.

Padre: Cuanto lo siento hija, pero como me preguntas ahora quiero responderte, se que estuvo mal todo lo que hice como padre, pero como hombre no me arrepiento, eres una joven hermosa y quede maravillado la primera vez que te vi desnuda, en el momento no pensé hacerlo otra vez, pero después sí, porque queda esa sensación tan extraña dentro de uno. Ahora quiero que me digas que sentiste y pensaste la primera vez que me viste desnudo.

Hija: Gracias por tu respuesta, aunque es tarde. Esa vez tuve miedo, pensé que me ibas hacer o pedir algo, sobre todo porque tu pene estaba erecto y no creo que sea normal después del baño, además, nunca había visto un hombre así tan de cerca desnudo, no se porque me dio pena mirarte a los ojos, por eso miraba hacia abajo, ese día quise preguntarte porque lo hacías, pero me daba miedo lo que respondieras, vuelvo y te repito, era una inocente niña.

Padre: Otra vez lo siento hija, pero esa vez lo hice para llamar tu atención, pensé que si me veías desnudo te gustaría y te llenarías de confianza y te dejarías consentir, era lo que deseaba en ese momento, ¿te da miedo mi respuesta hija?

Hija: Sabes una cosa, me hubiera gustado preguntar ese día.

Padre: ¿Eso quiere decir que no te dio miedo mi respuesta?, pero no quiero preguntar más.

Hija: Nunca me dí cuenta como me sentaba en tus piernas, lo veía normal por eso lo hacía, solo recuerdo una vez que sentí tu pene erecto y me incomodo un poco, no te diste cuenta porque no me lo dijiste, bueno eso creí, esa vez también quise preguntarte porque te pasaba, pero ahora lo se, me deseabas y yo toda inocente, por favor respondeme algo sobre eso, ¿Pensabas que si yo sentía algo te iba a decir que si o iba a dejar que pasara?

Padre: Hija se que necesitas todas las respuestas, pero no creo que sea justo contigo, es tu día, por favor dejemos las cosas así por hoy y te prometo que mañana te respondo todo, me angustia que tu mamá piense algo.

Hija: Ahora si tienes miedo de lo que pueda pensar mamá, ¿antes no? quiero que me respondas.

Padre: Perdoname por lo que te voy a decir, pero si, siempre que te sentabas en mis piernas tenía erecciones, al rozar tus muslos con los míos, porque sentía la suavidad de tu piel y en algunas ocasiones la humedad de tu panty y puedo decirte también que sentí tu vagina, por eso me excitaba y pensaba que si tu sentías mi pene, te excitarías y te quedarías un poco más sobre mis piernas, pero no para que me dijeras que sí, pero si que te dejaras consentir, siempre fue mi esperanza, perdóname pero es la verdad, me pregunté muchas veces si lo sentías, pero ahora se que solo fue una vez.

Hija: Apenas termine esta canción no quiero seguir bailando, me siento mal por todo esto, creo que necesito salir un momento, mejor dicho, subir al apartamento y descansar unos minutos para luego bajar, lo necesito con urgencia. No entiendo porque dices que no querías estar conmigo, siempre me dices que consentir, ¿acaso no es lo mismo o me equivoco?

Estaba perdido, si ella subía en esos momentos al apartamento, seguramente la mamá se preguntaría qué pasó y no quería dar explicaciones, pero era su decisión y lo menos que pensaba en ese momento era decirle, no lo hagas.

Padre: Hija, ya que piensas subir, es mejor que dejemos esta conversación por hoy y mañana la terminamos, por favor.

Hija: Quiero saberlo antes de subirme al apartamento, espero que lo entiendas y me escuches esta vez, te repito, tengo el derecho a saberlo todo.

Padre: Bueno hija, perdóname por favor, pero consentirte no es precisamente buscar hacer el amor contigo, no porque no quisiera, en ese momento eras una inocente niña, consentirte era poder contemplar y acariciar cada parte de tu cuerpo, llenarte de besos y decirte cuanto te deseaba.

Hija: Eres chistoso papá, no crees que si hubiera pasado lo que tu querías en ese momento, seguramente terminamos haciendo lo que tu querías, yo era una inocente niña que sentía, no era de piedra, entonces para terminar por ahora, te pregunto otra vez, si me hubieras dicho que me querías consentir y te digo que si, ¿Me hubieras consentido?

Padre: Tienes razón hija, porque como tu dices, no eras de piedra, fue egoísta de mi parte no preguntarte nunca y como te deseaba tanto porque en mi mente siempre estaba presente la figura de tu cuerpo desnudo, seguramente te hubiera consentido y no una sino varias veces, pero por fortuna no pasó.

Terminaba de responder cuando la canción terminó, era el final de esa noche para mi.

Hija: Se que no hemos terminado, pero es suficiente por hoy, no me voy sin antes preguntarte, ¿Aún deseas que pase todo eso que me dijiste? Piensa bien antes de responder y por favor escúchame, por cierto, tienes algo bueno, eres un buen parejo de baile.

No entendí porque me dejó con esa respuesta en la boca, tan solo se alejó hacia la mesa de sus amigas, yo me dirigí a nuestra mesa y luego me senté, cuando al momento apareció ella, que hermosa que se veía.

Se nos acercó y nos dijo que se iba a descansar un rato al apartamento porque se sentía un poco mal pero que no sabía porque, yo si sabia, que si la preguntaban dijeran que se había ido a cambiar de ropa y que luego regresaba.

Sigue «IV»

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