Capítulo 3

Se fue para el apartamento, se me olvidaba decir que la reunión se hizo en el salón social de nuestro condominio. En mi cabeza rondaba lo último que ella me había dicho, tal vez esperaba una respuesta negativa para darme el perdón, porque no podría ser otra cosa, no era posible pensar que existiera la más remota posibilidad que ella accediera a mis deseos, pero no entendía porque a pesar de reprocharme las cosas, me repetía que nunca le pregunté cómo se sentía o qué pensaba, eso me ponía a pensar y ahora cuando me dice que si deseo que pase todo lo que le dije, me deja peor y ¿si tal vez ella en algún momento de esos quiso que pasaran las cosas y eso es lo que trata de decirme?, ¿será que por eso me dijo que la escuche y que le hubiera gustado saber esas respuestas antes?

Tantas cosas pasaban por mi cabeza en esos minutos que no sabía qué hacer, pero en el fondo solo quería que ella me perdonara, que no se fuera a la universidad con ese dolor que le causé por todas las cosas que le hice, estaba sumido en mis pensamientos que no me dí cuenta que mi esposa me hablaba.

Padre: Por Dios, me quede pensando en que le pasó a Cristina que no te escuche, perdoname.

Madre: Precisamente de eso quería hablarte, se veía bien, ¿será que le sentó mal algo en la comida?

Padre: Si ella estaba bien, viste como bailamos y no le note nada extraño, igual no me dijo nada, solo que estaba un poco cansada pero nada más, ¿Te parece si voy un momento a verla?

Madre: Me parece bien, ve que yo estoy pendiente de todo, no te preocupes y si puedes la traes de una vez.

Me fui para el apartamento, iba dispuesto a responderle la pregunta, sin importar que pasará, se lo debía, era lo menos que podía hacer.

Cuando llegué, abrí la puerta suave; no quise hacer mayor ruido. Luego me dirigí a su cuarto, pero estaba a medio cerrar la puerta. Entonces golpeé antes de entrar; debía hacerlo; no podía repetir lo que hacía años atrás. Al momento, ella preguntó:

Hija: ¿Eres tú papá?

Padre: Sí hija , soy yo, ¿puedo seguir?

Hija: Qué bueno que preguntes, si puedes seguir.

Padre: Hija, no me pude quedar esperando en la reunión a que bajaras, me has dejado sumamente preocupado y la verdad, quiero de una vez terminar todo este asunto, por el bien de los dos, no sé si quieres que continuemos o ¿prefieres que hablemos mañana?

Hija: Cuánto me alegra que me preguntes las cosas y me tengas en cuenta, es lo que siempre debiste hacer, papi.

Padre: Lo sé, hija, debí tenerte en cuenta, perdóname por no haberlo hecho, pero es tiempo de remediar todo, solo busco tu perdón por el daño que te ocasione cuando eras una niña, por eso te voy a responder la última pregunta que me hiciste para que estés tranquila.

Hija: Recuerda lo que te dije, piensa bien las cosas antes de responderme y siempre con la verdad.

Padre: Lo se hija, aunque me duela tengo que decirte la verdad… si deseo que pasen todas esas cosas, pero no quiero, después de todo lo que me dijiste y ver tu cara, estoy seguro que fue mejor que no pasara nada, pero es importante para mí saber que sientes y piensas ahora que lo sabes.

Hija: Me alegra que me digas la verdad, es importante para mí y que me preguntes que pienso y siento ahora papá, pero antes creo que es mejor que llames a mamá y le digas que estoy bien, no quiero que se preocupe y salga también de la fiesta y los invitados se queden solos.

Me pareció algo bonito de su parte que le dijera a la mamá que estaba bien, eso hice, la llamé a su móvil y le dije que Cristina está bien, que solo quería descansar un momento pero que después bajaría con ella.

Hija: Si tu me hubieras preguntado y tenido en cuenta en ese entonces, te hubiera dicho que tenía miedo porque no entendía porque hacías esas cosas conmigo, te hubiera pedido que me dijeras si te gustaba o no como me veías, que me dijeras que querías hacer conmigo y que si me prometias que no me ibas a obligar a hacer nada que yo no quisiera, yo lo hubiera permitido papá, pienso que tal vez te hubiera dicho esas cosas, porque igual que tú, sentí curiosidad y necesidad de saberlo, porque tal vez quise que me vieras desnuda y me dijeras algo y sacarme de esa zozobra en ese momento, eso hubiera querido que pasara, pero nunca me preguntaste.

Creo que me gustó verte desnudo.. quería preguntarte si era normal que tuvieras tu pene erecto cuando me veías, me parecías todo lindo por las formas que usaste para que te viera así, parecías un adolescente y el día de la toalla me hubiera gustado que me tomaras de la mano y me preguntaras si quería quedarme, creo que lo hubiera hecho, recuerdo mucho que ese día no tenía miedo, por el contrario, esperaba que me lo pidieras y me hubiera quedado para que me consintíeras, tenía demasiada curiosidad por saber todo, te das cuenta lo que te perdiste por no tenerme en cuenta papi.

No salía del asombro, no podía creer lo que ella me confesaba en esos momentos, no sabía qué decir ni hacer, quedo hipnotizado con las palabras que me acababa de decir, ella en todo momento quiso vivir esa experiencia conmigo y nunca le pregunté, por eso me decía que hubiera querido saber antes mi respuesta y que nunca la tuve en cuenta.

Hija: Te quedaste mudo, te das cuenta, por eso te decía que eras un egoísta y que no me tuviste en cuenta y menos trataste de escucharme, solo hasta hoy veo me pudiste entender y escuchar.

Padre: No se que decir, es la verdad hija, ahora entiendo todo, tarde pero lo entiendo, en el fondo como padre me alegra que no haya pasado, pero como hombre me arrepiento de nunca haberte preguntado y menos escuchado, siento que haber sabido es el peor castigo que he recibido hasta hoy Cristina, pero tengo que decirte algo ahora y tendrás que perdonarme porque necesito saberlo ¿Te gustaría que pudiera consentirte en estos momentos?

Hija: Tú lo dijiste, es demasiado tarde y es tu castigo, te lo mereces porque fuiste egoísta conmigo muchas veces y me dejaste con las ganas de saber porque me mirabas como mujer y no como tu hija, te imaginas que me hubieras preguntado al menos una vez en esos días, hubieran sido diferentes las cosas, aunque sé que no estaba bien, algo dentro de mí me impulsaba a experimentarlo, quería vivirlo, tener respuesta a todas mis preguntas que no pude hacerte, pero me daba miedo y pena decirlo, por temor a lo que pensarás de mí, no sabía que sentías todas esas cosas por mí, era sola una niña, tu hija a la que le despertaste esa curiosidad por saber porque lo hacías y porque yo sentía la necesidad de saber, no sé hasta dónde hubiera llegado en ese momento, tal vez hubiera pasado todo eso que me dijiste que deseabas conmigo.

Padre: Cristina, quiero saber si te gustaría que te consintiera en estos momentos ahora que lo sabes.. que me permitas apreciar la belleza de tu cuerpo y poder consentirte como siempre lo quise hacer y puedas por fin experimentar y tener respuestas a lo que deseabas de niña. Voy a decir algo que no debería hacer después de todo lo que te dije, pero quiero que me des la oportunidad de vivirlo y así podrás saber hasta dónde podemos llegar, es lo justo para los dos, ¿no lo crees?

Hija: No lo sé, dijiste que ahora no lo quieres, sabes, cuando te ví entrar por esa puerta, me alegré, porque entendiste mi mensaje y la excusa que usaste para subir, me encanto; por fin te arriesgaste cuando viste todo perdido, siempre haz querido hacer algo conmigo, bueno consentirme como tú dices y aunque te disculpaste de todo, en el fondo quieres que pase, ¿estoy en lo correcto?

Padre: Estás en lo correcto Cristina y quiero que pase, siempre guardé la esperanza que pasara, pero no fui capaz de dar el último paso y menos darte la oportunidad de hablar y me dijeras todas las preguntas que tenías, pero siento que hoy es el día.. pasan las cosas o renuncio a tí como mujer, pero no quiero renunciar a tí ahora que sabes lo que siento por tí.

Hija: Voy a cambiarme de vestido, creo que ya casi es la hora de bajar, no creo que sea oportuno hacerlos esperar tanto tiempo, si quieres te puedes quedar en mi cuarto mientras lo hago, o ¿prefieres salir?

Padre: Me quedo, no voy a perder la última oportunidad de poder ver el hermoso cuerpo que tienes, solo que no me haz respondido.

Hija: No estés tan seguro que vas a ver mi cuerpo, no he dicho que me voy a cambiar delante tuyo, solo dije que me voy a cambiar de vestido, pero lo haré en mi baño. En cuanto a tu pregunta sigo pensando.

Padre: No puede ser, no juegues conmigo, ya me castigaste mucho, no perdamos el tiempo, nos queda poco tiempo como tu dices, al menos cámbiate aquí en tu cuarto y si necesitas ayuda me dices.

Hizo una risa burlona, eso me encantó, pensé que ella me dejaría verla desnuda solo para mortificarme, pero para mí era suficiente.

Hija: Está bien, voy a complacerte en cambiarme delante tuyo por ahora, solo eso, espero te sepas comportar y me escuches, por favor no lo vayas a olvidar.

Sigue el final…..

El mejor sueño de mi vida

El mejor sueño de mi vida II