Capítulo 3

Buenas noches, mi nombre es Alejo y para mis amigos y amigas soy El Negro.

Todos los que tenemos familias numerosas nos hemos enamorado de tías y primas en algún momento. Tener cinco tíos y tías acrecienta esa posibilidad y mucho más cuando varias de tus primas tienen edades parejas con la tuya, algunas más grandes y otras más jóvenes. Además, durante la adolescencia estás en plena ebullición de hormonas y ellas otro tanto.

Continuación de la historia…

Tita fue a la casa de Elena a buscar a Teresa, dejando solos a Dany y Miry. Antes de salir, lo miró a Dany y con un gesto rápido le hizo seña de cuidado.

Ya solos, Miriam fue al patio donde Dany fumaba. “Por quedarte de jardinero, te perdiste una buena fiesta, pero si queres puedo hacerte una representación rápida” le dijo mientras levantaba su remera, mostrándole las tetas libres de prisión alguna.

Dany: nena estás totalmente loca, si tu madre te encuentra así, arma un escándalo.

Miriam: va a tardar mínimo media hora, cuando se junta con Elena se cuentan la vida. ¿Te gustan mis tetas?

Dany: estás muy caliente, se te nota y eso que venis de coger con otro

Miriam: ¿Cómo sabes eso?

Dany: tu biquini en el baño, tenía manchas de leche

Miriam: es un bobo, solo quiere ponerla y yo quiero más que eso

Dany: ¿Qué más querés?

Miriam se aproximó unos pasos para quedar a escasos centímetros de Dany. “Quiero que me chupen, que me manoseen, que me la metan por todos los agujeros” dijo mientras empezaba a bajarse la tanga. “tengo gana de ser una putita consentida, que me salpiquen de leche por todos lados, quiero chupar una verga y que me llenen la boca” murmuró mientras pasaba sus manos por las tetas y bajaba hasta acariciarse la concha. Trataba de volver loco a su primo con sus acciones, pero él se mantenía quieto sin siquiera tocarla, aunque le sobraban ganas de cumplir con el pedido de ella.

“Vamos, apurate y dame algo de todo lo que pido, estoy hirviendo…” le insistía de manera persistente.

Dany: Para todo lo que pedís, hace falta mucho tiempo y ahora no lo tenemos, tu madre ya debe estar por llegar.

Miriam: ¿le tenés miedo?

Dany: No, pero no quiero problemas.

Casi rendida por no poder lograr nada, se agachó a buscar la tanga del suelo pero en ese momento Dany se movió, le tomó la cabeza y la ubicó frente a su entrepierna. “tenés muy poco tiempo, date un gusto: chúpame la verga” le dijo mientras abría el cierre del short y sacaba la herramienta lista para la acción. Miriam se sorprendió de aquello pero no podía negarse a cumplir algo de lo que tanto había pedido, abrió la boca y con muy poca experiencia, comenzó una mamada torpe y rápida

“¿Ves por qué te lo decía? debe ser la primer verga que te metés en la boca” le comentó mientras la tomaba de los cabellos y le indicaba cómo llevar el ritmo de la mamada, llevando su instrumento desde los labios a la garganta. Las arcadas de Miriam se multiplicaban cuando el glande de su primo hacía tope en su garganta; Dany sintió que estaba a punto de explotar y no se detuvo hasta que la leche inundó por completo la boca de su prima.

Ella se atragantó, tosió y estuvo a nada de vomitar, no supo cómo aguantar el semen que recibió. Se retiró unos centímetros para tomar aire mientras el líquido fluía desde su boca: “Sos un animal, tenías que ser más delicado” le gritó mientras se ponía de pie y abandonaba la cocina rumbo al baño.

Dany rió y no pudo menos que comparar la habilidad de Tita para seducirlo con la falta de experiencia de Miry. Lo invadió una duda: ¿sabría Tita hacer una buena mamada o sería como su hija? Recordó las palabras de su tía “En el oral, me gusta más recibir que dar” y eso provocó que aumentaran sus deseos de saberlo, seguramente intentaría si la situación lo permitía, pero se conformaba con lo que la madura le había ofrecido y cómo le brindaba su cuerpo.

Observó los restos de líquido que había dejado su prima en el suelo, y rápidamente buscó un trapo húmedo para limpiar y eliminar cualquier rastro de lo sucedido. Tras hacerlo, se fue al patio a fumar.

Desde uno de los sillones, escuchaba como corría el agua en el baño del primer piso, seguramente Miriam se estaba duchando nuevamente y quizá estaba lavando su biquini para borrar las marcas.

Cuando estaba apagando la colilla de cigarro, escuchó la puerta de ingreso a la casa y las voces de Tita y su hermana.

Tita se asomó al patio y lo vio sentado en uno de los sillones. “¿Está todo bien? ¿Dónde está Miriam?” le preguntó. Él le guiñó un ojo y con una sonrisa le respondió: “Todo bien tía, Miriam está arriba dándose una ducha o lavando su ropa en el baño”. Se aproximó y hablando en tono bajo, preguntó.

Tita: ¿intentó algo con vos?

Dany: algo así, pero no quise generar problemas.

Tita: gracias por resistir.

Dany: tiene su premio.

Le dio una palmada en el hombro y se fue a ver a su hija.

La cena transcurrió casi en silencio, solo interrumpido por algunas acotaciones circunstánciales. Al momento de los postres, Tita informó que la mañana siguiente viajarían a la ciudad por las compras, buscar algunas prendas necesarias y pasar por el centro de estética, por lo que deberían acostarse temprano ya que madrugarían para cumplir con todo.

Miriam, enojada porque pensaba salir de marcha, subió al dormitorio a regañadientes junto a su prima. Dany ayudó a juntar la vajilla y lavarla, para luego ir a ducharse y volver a su bolsa de dormir, mientras Tita apuraba una copa de vino. “Esta chica me está volviendo loca, está desatada y no sabe controlarse. Ya empiezan a haber murmullos en la villa y eso no es bueno” le contó a Dany mientras dejaba la copa en la mesa. Se acercó a su sobrino, le dio un beso en la frente sin permitirle que sacara las manos de la bolsa de dormir, tenía en claro que si la tocaba no resistiría y él tampoco se detendría. “Vamos, dormite que mañana tendremos que irnos temprano para llegar a todo lo que tenemos que hacer”. Apagó la luz de la habitación y él se tuvo que conformar con mirarla mientras subía las escaleras meneando el culo.

“Espero que se den algunas cosas para poder tocarla otra vez, me vuelve loco pese a su edad. Sabe manejar muy bien los tiempos y me hace desearla más que a su hija” pensó Dany mientras se deleitaba con el ascenso de Tita a su habitación. Estuvo muy tentado de dedicarle una paja pero se conformó con saber que podría entregarle toda su leche en cuanto hubiese alguna posibilidad, decidió dormirse y esperar la oportunidad.

Los primeros ruidos de la mañana lo despertaron, ya había aroma a café y un murmullo que venía de la cocina: Tita y su hermana estaban desayunando.

Salió de la bolsa de dormir, acomodó su clásica erección matinal en el bóxer, se calzó un short y remera, fue al baño a asearse y acudió a la cocina. Lo esperaba el termo y el mate preparado para el desayuno, lo recibió su tía con un beso en la frente y la hermana con un pedido inesperado: “Dany, extraño a mamá y papá, me quiero volver a casa” le dijo mientras apuraba el café con leche y una medialuna.

“No te hagas problemas Dany, tuvo una mala noche con pesadillas y terminó durmiendo en mi cama. Es normal con una niña de su edad. Tranquilo” comentó su tía.

Miriam apareció en la cocina, con su pijama ajustado, los ojos hinchados y rasgos de una mala noche. “¿Pudiste dormir nenita? ¡¡Qué pesada estabas anoche!!” le disparó a su prima.

Tita: no seas mala Miry, tuvo pesadillas

Miriam: No dejó dormir mamá

Tita: dale, cámbiate que desayunas y nos vamos

Miriam: ufa, ya voy…

Desapareció de la vista de todos, rumbo al baño, demoró bastante para volver con un vestido playero, livianito y bastante trasparente. Virtualmente deglutió el desayuno, tomó el libro que estaba leyendo y rápidamente se fue a ubicar en el automóvil.

Tita y Dany cerraron puertas y ventanas y aprovecharon que estaban solo para un beso y un magreo leve, estaban muy calientes, pero tenían que irse rápido para no despertar sospechas. Se ubicaron en el vehículo y partieron rumbo a la ciudad. Eran solo 20 minutos de viaje, Tita puso música en la radio y manejó rumbo a la casa familiar.

Al llegar, vieron la camioneta de Román (el marido de Tita) estacionada y las persianas abiertas. Era extraño, ya que en ese horario debería estar en su estudio. “¡¡Buenos días!! ¿Hay alguien en casa?” se adelantó Tita, esperando no encontrarse con su esposo y su amante en el lugar.

Román: si, acá estoy

Tita: ¿no fuiste al estudio?

Román: anoche llamó Beto (el hijo), avisando que encontró una pensión y un mono ambiente disponibles.

Tita: ¡¡Buenísimo!!

Román: pero hay que confirmar la ocupación entre hoy y mañana o pierde el lugar

Tita: ¿qué vamos a hacer?

Román: después de mediodía me voy para allá a cerrar el trato. Vemos los dos hoy y decidimos que lugar ocupará.

Tita: Román, hay que hacer las compras para el finde, llegan tus amigos de San Luis

Román: hacete cargo vos, ya sabés que comprar.

Tita: teníamos planes con Miry.

Román: aprovechen la mañana

Miriam: Pá, ¿puedo ir con vos? Quiero comprar algo allá que aquí no hay

Román: ¿dónde vas a quedarte?

Miriam: en casa de la tía, con Mecha (la hermana de Dany)

Las caras iban cambiando a cada momento, enojo en Tita y Román, alegría en Teresa que veía la chance de volver a casa rápidamente. Dany no tenía reacción.

Román: Tita, que Dany te ayude con las compras, mañana a la tarde estamos de vuelta y nos vamos a la playa.

Tita: Pero…

Miriam: buenísimo, ya acomodo las cosas y la llamo a Mecha

Román: ¿ayudarías a tu tía Dany?

Dany: si tío, no hay problema, si ella quiere.

Teresa: ¿me pueden llevar a casa? Extraño a mi mamá y mi papá…

Román con alguna mueca de fastidio accedió. Solo quedarían Dany y Tita en la casa, se tendrían que hacer cargo de las compras y preparar todo para volver a la villa playera.

Marido y mujer se fueron a su habitación, Dany los escuchaba hablar mientras se cambiaba de ropas en la habitación de su primo. “Román, quiero ir a la depiladora y la peluquería ¿qué hago con Dany mientras tanto? Ya tenemos turno pedido con Miriam” le decía Tita a su esposo “pedile que te dé turno en la mañana, mientras hago que él me ayude a preparar las cosas que tenemos que llevar a la playa, pero no te atrases que tengo que juntarme con Beto hoy a las 17 horas y tenemos 3 de viaje” le respondió mientras acomodaba algunas prendas en un bolso y bajaba rumbo a la cocina.

Tita tomó el teléfono, llamó al centro de estética y consiguió que le diesen un turno solamente para antes de mediodía; cortó la llamada y le contó a Miriam que no podía acompañarla a la esteticista. Lejos de enojarse, la joven le dijo que se las arreglaría, que quizá su prima le consiguiera quien solucionara el problema mientras su padre y hermano recorrían las dos locaciones.

Dany y su tío pusieron manos a la obra en la búsqueda de parrilla, leña, cañas de pescar y otros elementos mientras Tita partió rumbo al centro de estética, Miriam aprovechó el momento y se fue a la piscina con amigas y amigos aunque tuvo que llevarse a Teresa.

A mediodía, Tita regresó con unos paquetes con una vianda para el viaje de su marido, hija y sobrina, se la veía con un nuevo tono de cabello y un peinado muy descuidado, producto de su nuevo corte de cabello.

Román la vio y emitió un silbido de aprobación, se aproximó a su esposa y algo le murmuró al oído, ella retribuyó el murmullo y Dany pudo observar como cambiaba la expresión del rostro de su tío. “¿Eso también te hiciste? Cuánto tiempo que no lo hacías” le comentó con sorpresa. “Una de mis mallas es muy clara, y se notaría demasiado” fue la respuesta de Tita.

Él asintió con la cabeza y le dio una sonora palmada en el culo.

Dany supo rápidamente que Tita se había depilado completamente, algo que ambos habían hablado en medio de sus refriegas sexuales. Le sonrió a su tía que se sonrojó cuando entendió que su sobrino ya se había dado cuenta.

A las 12:30, llegaron Miriam y Teresa, la niña con cara de aburrida y la joven con señales de haberla pasado mucho mejor. Ambas subieron al dormitorio a mudarse de ropas, para afrontar el viaje; Miriam con un pequeño bolso con algunas ropas y Teresa con su mochila de viaje.

Román tomó los paquetes con las viandas, colocó los equipajes en la cajuela del auto y le entregó las llaves de la camioneta a Tita. “La vas a necesitar para traer todo, me llevo el auto”, Tita se adelantó y sacó algunas cosas del asiento trasero del vehículo y lo dejó sobre la mesa del comedor. Acompañó a su esposo, hija y sobrina al automóvil, ajustó los cinturones de seguridad de las mujeres, cerró convenientemente las puertas y se despidió de su marido. “Cuando llegues, me llamás y avisas como llegaron. Lo mismo si vuelven hoy o mañana por la mañana, así dejo para último momento las compras de carne. ¿Ok?” le dijo mientras cerraba la puerta del conductor.

Se despidieron, Román puso el auto en marcha y haciendo sonar la bocina, se puso en marcha.

Apenas desaparecieron de la vista de los dos residentes de la casa, Tita se encaminó a la puerta de acceso, hizo que su sobrino ingresara y cerró la puerta tras él.

Tita: ya escuchaste a tu tío Dany, tenés que ayudarme en todo lo que te pida

Dany: de acuerdo tía

Tita: vamos a guardar todo lo que traje y buscaremos lo necesario para mañana, lo acomodamos y dejamos todo preparado

Dany se sintió descolocado, imaginó que cuando todos se fueran se desataría el descontrol, pero nada de eso. Su tía bajó un par de cajas, se dispuso a guardar víveres y apilarlas una vez completas en el garaje.

Luego lo hizo subir a las habitaciones y abriendo una baulera, retiró bolsos, donde fueron colocando ropas que llevarían a la villa. Finalmente se dirigieron a la cocina, abrió el refrigerador y retiró un par de latas de cerveza, un paquete con sándwiches de miga y tomó un paquete de servilletas de papel que dispuso en la mesa para almorzar.

Tita: prepará la mesa que voy a ponerme más cómoda, así comemos

Abandonó la cocina y volvió rumbo a su habitación. Pasaron unos 15 minutos y no volvía; Dany estaba inquieto ya que nada se estaba dando como esperaba. “Podes subir por favor, necesito una mano” escuchó a Tita que lo llamaba. Dejó el sándwich que estaba a punto de comer y subió las escaleras, se asomó a la habitación del matrimonio y no la vió allí. “¿Dónde estás tía?” preguntó. “En la pieza de Beto” fue la respuesta. Se dirigió por el pasillo hasta la puerta entornada, abrió y la vio subida a una silla buscando algo en el placard. Llevaba puesto uno de sus clásicos camisones cortos y bastante livianos, el cabello húmedo producto de una ducha rápida, y al filo del camisón se veía una tanga breve de color roja. “No llego a bajar esas dos cajas” le dijo sin voltearse, parecía querer estirarse un poco más para llegar a las cajas y eso hacía que se subiese más el camisón, dejando a la vista como la tanga se perdía entre los cachetes del culo.

La visión hizo que la empalmada de Dany fuera automática. Se acercó lentamente y sin saber qué hacer, se afirmó en la silla para que no se voltease.

Ella notó el movimiento he hizo un esfuerzo más por alcanzarlas sin lograrlo, pero ya dejando a la vista de manera descarada la tanga perdida entre sus nalgas. Dany dudó unos segundos y luego se decidió a acercar su rostro al culo y pasar la lengua suavemente por sobre la tela. La nariz de él ya se introducía entre las nalgas y el aroma a hembra le invadía los sentidos.

Puso la rodilla sujetando la silla y habiendo liberado sus manos, las puso en el lateral de los muslos, subiendo lentamente hasta toparse con el elástico de la tanga; hizo que la mano izquierda se aferrase a las carnes de ella y la mano derecha se paseara por el frente acariciando la abultada vulva de su tía.

Brotó un gemido de los labios de la mujer, abrió apenas las piernas para permitirle una caricia más completa. Ella bajó los brazos, se afirmó a la puerta del placard y encorvó la cintura, echando atrás su culo.

Tita: Te lo había dicho, no en mi cama…

Retiró la mano derecha del frente y la metió entre ambas piernas, dibujando con el dedo mayor la raja completa de la hembra. Lo detuvo unos segundos en la abertura de la vagina y trató de meterle la tela dentro de su cuerpo. Eso le hizo perder el equilibrio a Tita y dejarse hacer en sus brazos.

Tita: estoy lista para cumplir tus deseos, ya no hay un solo vello

Dany: me lo imaginé cundo el tío te dio un chirlo en el culo

Tita: pero él no se merecía ser el primero en disfrutarlo

Dany: ¿segura tía?

Tita: totalmente, hoy cuando llegamos estaban las sábanas en el lavarropas, anoche estuvo aquí con su hembra, las había cambiado antes de irnos

La ayudó a bajar, haciéndole notar la verga dura en el culo, mientras le apretaba las tetas. Dejó caer su cabeza hacia un costado, ofreciéndole su cuello para que lo llenara de besos; mientras se desprendía el camisón para que tuviese contacto directo con sus pechos erectos y pezones duros de deseo. Con los ojos cerrados, se giró y se puso de frente a él, dejó caer el camisón al piso y se quedó solo cubierta con la tanga. Se entregó a besos y caricias, de pie mientras él la recorría con sus labios.

Rápidamente metió la mano entre las piernas y acarició con ardor la vagina de la mujer, tironeó del elástico para desplazarlo hacia abajo y la desnudó por completo.

La tomó por el culo, la levantó en andas y la llevó hasta el borde de la cama, la posó sobre el piso y le permitió que le ayudase a quitarse toda vestimenta. Ambos desnudos, volvió a cargarla, la pegó a su cuerpo y la hizo bajar lentamente, llevando las piernas de ella alrededor de su cintura, y encajando lentamente la verga en su interior.

Una vez clavada, empezó a sacudirla arriba y abajo, entrando hasta donde más podía, haciendo topes con las embestidas. Ella colgada de su cuello, gemía y gritaba ante cada clavada, se entregaba al sexo y deseo sin reparos, olvidando aquellas reglas que le había impuesto.

Quería venganza, gozar la venganza, gozar el sexo, sentirse perforada, embestida, empalada… A sus 54 años no podía creer como su cuerpo se sacudía y estremecía con las estocadas.

“No quiero que acabes todavía, tengo la necesidad de que te comas mi concha, pero está sucia ahora” le decía entre los rebotes.

Dany: así quiero comértela, sucia, empapada en jugos, chorreando de ganas

Bruscamente cayeron en la cama, que estaba lista, esperándolos, solo cubierta por una sábana que sería testigo de la satisfacción de ambos.

Salió de su cuerpo, le abrió las piernas y las dispuso en sus hombros para que fuese más sencillo chupar y absorber cada hilo de jugos que destilaba.

Al no tener vello alguno, la zona se veía amarronada en los laterales y con un rosa intenso en el centro, que se volvía un rojo más intenso cuando el chupaba y mordía los labios mayores.

Tita ya no gemía, gritaba de placer y aceptaba la invasión y mordiscos sin reparo, a tal punto que cuando estaba al filo del primer orgasmo, sus jugos habían empapado el orificio prieto de su ano, que fue penetrado por el dedo mayor de su sobrino. El cuerpo de la mujer se tensó, las manos de ella se clavaron en la espalda de él y despachó un chorro potente desde la concha, que acompañó con un grito feroz. Hacía años que no tenía un orgasmo similar, ya ni recordaba cuando fue la última vez que había sentido algo así.

Sentía como latían los músculos de su vagina, la cabeza le retumbaba, las piernas no le respondían y el ano latía desaforado.

Sintió que se desmayaba de placer, por momentos su mente se puso absolutamente en blanco.

Solo reaccionó cuando sintió que la lengua era reemplazada por la verga de su sobrino, que lejos de permitirle un descanso, prolongaba el orgasmo con embestidas profundas. Los músculos internos de su vagina apretaban la verga, a punto de tener un segundo orgasmo ¿dos veces seguidas? ¿Acabaría por segunda vez en tan poco tiempo? Sintió la leche llenarle cada centímetro de la concha y ya no pudo más, simplemente perdió la conciencia.

Despertó tendida en la cama de su hijo, mojada, agotada, toda cubierta de flujos y leche. No supo cuánto tiempo había pasado hasta que pudo levantarse y llegar a duras penas al baño. Abrió los grifos de la bañera y se metió en ella buscando relajarse y reponerse. Las piernas le temblaban y la concha le seguía latiendo… Pasó un buen tiempo en la bañera, cuando notó que ya podía moverse sin titubear, completó el baño y se calzó otro camisón limpio, sin ropa interior ya que las costuras le molestaban. Bajó las escaleras y lo encontró sentado en la cocina, comiendo, reponiendo las energías gastadas. Se acercó a él, lo abrazó y besándole las mejillas le dio las gracias por semejante momento vivido.

“Hacía años que no tenía un momento así, ¿qué puedo decirte? Me hiciste muy feliz y me dejaste más que satisfecha” murmuró al oído de su sobrino.

“Yo también la pasé mucho más que bien, me encanta haberte dejado tan contenta. Esta noche, dormiremos juntos y quién sabe, quizá completemos algo más” fue la respuesta de su sobrino, mientras deslizaba las manos bajo el camisón de su tía.

“¿Algo más? ¿Qué se te ocurre?” le preguntó inquieta. “Quiero verte cabalgarme, y como se sacuden tus tetas mientras cogemos” fue la respuesta.

“Uff, no te prometo nada. Solo sé que esta noche quiero sexo otra vez, ya que será la última en un tiempo, ¿sí?” le dijo con algo de tristeza.

Dany: pienso cumplirte, y que te dejes hacer, como lo hiciste hace rato

Almorzaron y tras un breve descanso se vistieron y salieron de compras. Al volver, ordenaron las cosas que habían traído; se dieron una ducha para quitarse el sudor, cenaron liviano. Esperaron la llamada de Román, confirmaron que no llegarían hasta pasado el mediodía del día siguiente.

Ordenaron la vajilla y apagaron las luces para irse al cuarto de Miriam, bajaron un par de colchones al suelo e improvisaron una cama de dos plazas, se tendieron juntos y bajo una luz tenue, se enroscaron en abrazos, besos y caricias. No había amor, era solo sexo y ambos lo sabían.

Eran casi las 12 de la noche cuando pasaron a la acción directa. Se despojaron de toda ropa, quedando desnudos en la cama. Ella empezó a trabajar la verga de él, buscando que se pusiera dura, le costaba un poco, la acción de la mañana los había dejado algo agotados, y esas 8 horas no habían sido suficientes. Él cambió de posición y se acercó a la concha depilada y algo húmeda, pero que necesitaba más calor: no lo dudó y empezó a trabajarla con la lengua, de manera más delicada que en la mañana pero con la misma intensidad. La humedad en ella crecía rápidamente, pero no lograba que él tuviese su máxima expresión.

Dudó un poco, pero se decidió: amparada por la oscuridad, abrió sus labios y comenzó a mamarle la verga, tímidamente, como si no recordara como hacerlo.

Él sintió el calor de los labios de su hembra y un escalofrío le recorrió la espalda, sabía que no era lo que más le agradaba a ella pero lo aceptó de buen grado y para hacérselo notar, se aferró a su culo y le puso más intensidad a la comida de concha.

Ella agradeció la actitud de su sobrino poniendo más esfuerzo en su mamada, entendió que era algo mutuo y que si quería llegar al máximo placer, debía mejor su desempeño. Metía la verga a fondo, la llenaba de saliva, chupaba fuertemente, acariciaba con su lengua la cabeza mientras acariciaba los huevos. Ponía todo su empeño mientras notaba como él aceleraba la recorrida de su raja, hasta aceptó que humedeciera su ano y metiese la lengua dentro. Comenzó a descontrolarse, y apurar las chupadas, con más fuerza y pasión.

“ya, ya, estamos listos, déjame montarte o voy a terminar otra vez” pidió ella, pero no le hizo caso, siguió comiéndose la concha y el culo de su tía que ya no pudo alejarse y terminó por propinarle una mamada intensa que acabó con leche llenándole la boca y la presión de sus piernas para que él no saliera de allí y le hiciera llegar a su tercer orgasmo del día.

Hizo un esfuerzo y tragó todo lo que pudo, no se arrepintió de haberlo mamado así. No dejó que se le bajara la verga, lo montó y se puso a cabalgarlo alocadamente, sabiendo que ya no llegaría a otro polvo más, pero quería cumplirle su promesa.

Cinco minutos después, ambos rendidos y si poder concretar, detuvieron la acción. Ella se levantó y se fue a lavar, para volver y dormirse acurrucada contra su cuerpo. Él tan solo se acopló a ella y así se rindieron.

Cuando el sol les dio en el rostro a ambos despertaron.

Tita miró el reloj, eran las 7 de la mañana. Sintió algo que se metía entre sus piernas, la verga de él había despertado, no así su dueño. “¿Qué mejor que esto?” pensó ella, abrió un poco las piernas, la guio a su interior y la abrigó. Se movió muy lentamente, buscando que su concha se mojase un poco más y cuando estuvo húmeda, bajó una de su manos a la entrepierna y ayudó con una masturbación a la búsqueda de su último orgasmo de venganza. Él despertó algo sobresaltado, pues los dedos de ella acariciaban su verga metida en la concha, se aferró a la cintura de su hembra y comenzó el vaivén para completar la tarea. Un par de minutos después, los últimos dos chorros salía disparados en busca de la vagina de la mujer, mientras los flujos de ella lo empapaban.

Era el último polvo, no lo quisieron arruinar con palabra alguna. Descansaron unos minutos más, aún con el dentro de ella hasta que la erección desapareció. Ella se levantó, se dio una ducha, se vistió delante de él, regalándole la última visión de su cuerpo. Le pidió que se levantara, retiró las ropas del colchón, llenas de manchas de flujo y semen, abrió la ventana para ventilar la habitación y bajó por el desayuno.

Tras higienizarse, el también bajó a desayunar. Se miraran y sellaron su pacto de silencio con un beso, profundo y delicado. “Gracias por todo” dijo ella, “Ha sido un hermoso placer” respondió él.

Completaron el desayuno, partieron a realizar las compras que faltaban y volvieron a esperar a los viajeros. Eran casi las 12 del mediodía cuando se cruzaron por última vez a solas y el no pudo soportar la tentación y le dedicó una recorrida con sus manos a sus pechos, concha y culo, se estaban encendiendo nuevamente, cuando oyeron la bocina del auto de Román. Se despegaron instantáneamente y mientras Tita salía al encuentro de su familia, Dany encendió un último cigarrillo.

Habían pasado 3 días intensos y que quizá en algún momento se podrían llegar a repetir, pero no por ahora.

Espero tus comentarios, y más que nada tu opinión.

Saludos,

Alejo Sallago – alejo_sallago@yahoo.com.ar

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Secuelas de un casamiento familiar II