Capítulo 4

Vi como mi hermanita salía de la cocina y respiré muy aliviado.

El día se había dado muy bien, había sobado el culo a mi madre y había presenciado el numerito que mi hermana había hecho por teléfono. ¿Qué más podía pedir?

Me giré y vi a mi madre preparando la cena, estaba de espaldas y su culazo me tenía hipnotizado, era una provocación para la vista.

Separó ligeramente las piernas para coger algo del cajón y vi su abultada vulva marcada en las mallas que llevaba puestas.

Joder, era enorme, tenía unos labios protuberantes y carnosos que casi se comían la tela.

Cerré un segundo los ojos e imaginé que metía mi polla entre ellos.

Bufff. Sería la leche poder coger mi verga y rozar el capullo entre sus labios vaginales. ¡Quien pudiera hacerlo!

Que calorón sentí en ese momento.

Podía imaginar la humedad de su sexo al empujar despacito mi verga para meter el glande entre sus labios y dejarlo ahí tranquilo, sin moverlo, solamente disfrutando de la presión de sus gajos rodeando el capullo.

Como todos somos libres para soñar, pensé como me gustaría hacerlo.

—–

“Mi madre se apoyaría en la encimera y me diría que podía hacer con ella cuanto quisiera, yo me acercaría contento y bajaría sus mallas muy lentamente.

Siiii. Ahora me ofrecía de forma impúdica su culazo de nalgas firmes y bien paradas con una braguita de encaje tapando solo la parte superior de los cachetes.

¡Qué imagen más excitante! Estaba recreando lo que había visto multitud de veces en las revistas porno pero con mi madre como protagonista.

Podía imaginarla con los codos apoyados y moviendo eróticamente las caderas en una actitud obscena y provocativa.”

—–

Miré mi pijama y ya tenía la polla otra vez erecta, la cabrona parecía un garrote empujando la tela para salirse.

Miré el culazo de mí madre y vi como la malla se ceñía a su piel como si fuera parte de ella, parecía que estuviese desnuda.

Podía percibir perfectamente sus caderas, la raja del culo y mirando entre sus piernas, los abultados labios vaginales separados por la costura.

Joder, no llevaba bragas.

Mi cerebro dio marcha atrás y volví a pensar en lo de antes.

—–

“Mi madre seguía apoyada en la encimera y yo tenía su culazo delante con unas braguitas mínimas que se metían entre la raja mostrando a ambos lados los cachetes.

  • Desnúdame, mi vida. – me invitó de forma lasciva –

En mi imaginación, cogí las tiras de la braga y las bajé lentamente mientras ella sacudía el culito de forma pícara para ayudarme.

  • Así, cariño. – dijo provocativamente – Bájamelas para que puedas ver mi culito.

Las tenía por debajo de las nalgas y podía ver su anito marrón oscuro y el comienzo de sus labios vaginales.”

—–

Solo de imaginar esa visión tan excitante, empecé a sudar y con mucho disimulo me acaricié la verga por encima del pijama.

—–

“Con la braguita a esa altura, no pude evitarlo y la di una cachetada tan fuerte que la puse el culo como un tomate.

  • Ummm. Te gusta ver mi culazo. ¿Verdad? Mi rey.

Estaba soñando despierto pero era un sueño tremendamente excitante.

Bajé más la braguita, hasta dejarla en sus rodillas, y pedí que separara las piernas.

Mi madre lo intentó pero la braguita no se lo permitía.

  • ¡Rómpela! Rey mío. – pidió con una obscenidad increíble –

Obedeciendo al instante, di un tirón muy fuerte y la rompí desgarrándola por los lados.

Ella no me miraba pero sonreía, movía el culazo contenta y separaba mucho las piernas ofreciéndome una visión divina de su culo y de su sexo.”

—–

Imaginarla en una postura tan obscena hizo que me acariciara de nuevo la polla.

Y por supuesto volví con mi sueño.

—–

“Metí la mano entre sus piernas y pasé los dedos por su vulva, la toqué dándole golpecitos y vi lo empapada que estaba.

¡Chop! ¡Chop! ¡Chop! ¡Chop!

Mi madre gemía al tocarla y eso a mí me ponía cachondo.

  • Ummmm. Siiii, mi rey, sigue, sigue.

Intentó decirme algo pero yo no quise escucharla y sacudí otra guantada en su culazo dejando la mano marcada.

En mi sueño ella no hablaba, al menos no de momento.

Movió el culo satisfecha y ya no dijo nada.

Me pegué bien a su culo, la cogí por las caderas y froté el miembro contra ella.”

Ufff. Tenía una mente calenturienta y no podía controlarme, volví a llevar la mano al pijama y me acaricié de nuevo la verga.

“Sujetándola por las caderas, mi madre movía el culo arriba y abajo restregándose contra mi polla.

  • Ummmm. Cógeme bien el culo, mi rey. – decía libidinosamente –

¡Que visión más deliciosa! Contemplaba sus nalgotas bien paradas y la punta de mi rabo apareciendo entre ellas a cada momento.”

—–

Volví a fijarme en mi madre, que seguía a lo suyo preparando la cena, y el movimiento de su culo me seguía hipnotizando.

Mi imaginación me había calentado tanto que decidí probar una estratagema.

Me aproximé por detrás y la abracé cogiéndola por la cintura.

Giró la cabeza sorprendida y me miró con una sonrisa.

  • ¿Y esto?
  • Es que te quiero mucho, mami.
  • Ayyyy, mi niño. – respondió encantada por mi respuesta –

Intentó darse la vuelta para besarme, pero la sujeté con fuerza y pegué mi paquete a su trasero.

Sin yo quererlo, noté como mi verga se acoplaba entre sus nalgas y me quedé paralizado de repente. Estaba tan nervioso y excitado al mismo tiempo, que la di un beso en el cuello y solté lo que se me ocurrió en ese momento.

  • Jo, mamá. Nunca hemos bailado juntos.
  • Pero hijo mío, estás desconocido.
  • Espera. – dije improvisando –

Puse música en el móvil y volví a abrazarla como antes, mi madre dejó lo que hacía y rodeó mis brazos con los suyos apretándolos contra su vientre.

Así, tal como estábamos, me pegué como una lapa y con pequeños movimientos volví a meter mi dureza entre sus nalgas.

Ella movía inocentemente las caderas al ritmo de la música, y yo disfrutaba del repaso que su trasero le estaba dando involuntariamente a mí paquete.

Intenté subir las manos para acercarlas a las tetas, pero como las tenía cogidas con las suyas me resultaba imposible.

Bueno, me conformaré con frotarme en su culo, pensé al no conseguirlo.

Ella seguía contoneándose tarareando la canción y yo empujaba las caderas con disimulo restregando mi verga por su trasero.

Si seguía así iba a acabar corriéndome.

Soltó mis manos para apartar la sartén del fuego, y una de ellas fue a la base de sus pechos.

Bufffff. Tenía el dedo pulgar presionando su pecho y lo moví despacito subiéndolo poco a poco.

Como la camiseta que llevaba era muy fina y no llevaba sujetador debajo, podía notar con la yema del dedo la rugosidad de la areola.

Bufff. Su pezón estaba a tiro

¿Qué hago? Pensé muy nervioso.

Me daba miedo meter la pata ahora que mi madre estaba tan cariñosa.

Si se daba cuenta que mis caricias no eran por cariño sino por deseo, podía montarme una bronca de la hostia y además decírselo a mi padre.

Eso no. ¡Joder! Si mi padre se enteraba de lo que hacía era capaz de matarme.

Mi madre dejó la sartén y se echó hacia atrás de nuevo.

Se pegó a mi como antes y mi polla se metió con más fuerza entre sus nalgas. Pero lo más bueno es que cogió mis manos con las suyas y las apretó contra su pecho tal y como estaban.

Joder, casi me tiemblan las piernas, por primera vez en mi vida estaba tocando unas tetas.

Deslicé los dedos como si fuera por culpa del baile, y así, involuntariamente, fueron directos a los pezones.

Estaban tan erectos, que se marcaban en la tela y sobresalían de una forma exagerada.

¡Más que pezones parecían dos pitones!

Bailábamos como dos tontos pero yo no perdía la oportunidad de restregarme contra sus nalgas. Tenía la polla tan tiesa que me extrañaba que ella no se diese cuenta.

Mi madre no dejaba de mover las caderas y con sus manos continuaba atenazando las mías apretándolas contra sus tetas. Y yo no me cortaba ni un pelo y movía disimulada los dedos acariciando sutilmente los pezones.

Cuando más a gusto estaba, la música cambio de repente y pusieron una canción más movida.

  • Jajaja. Mira. – dijo mi madre soltando una carcajada – Así es como baila tu hermana.

Se inclinó hacia delante y comenzó a mover el culo como si estuviera perreando. Se pegó tanto a mi polla y la agitó con tantas ganas, que no pude evitarlo y me corrí manchando la ropa.

Al ver que mi leche se notaba escandalosamente en el pijama, apagué la música y fui rápidamente a sentarme.

Mi madre se giró y me miró apenada.

  • Vaya por Dios. Con lo bien que lo estábamos pasando.
  • Si. – respondí secamente –
  • Pues tenemos que repetirlo. – contestó ella muy animada –

Se acercó y me dio un beso en la mejilla.

  • Mis amigas dicen que sus hijos adolescentes son unos bordes maleducados y tú eres cada vez más cariñoso.
  • Ya ves. – y pregunté dudando – ¿Te gusta que sea así?
  • Claro, mi vida. Ojalá seas así siempre.

Se giró para seguir cocinando y me quedé acojonado, tenía una mancha en la malla a la altura de las nalgas que era producto de mi corrida.

Joder, como vengan mi hermana o mi padre y se den cuenta, no quiero pensar la que me cae.

Se movía por la cocina y la mancha de semen no desaparecía, cogí el móvil y la hice una foto, era la primera vez que me corría sobre mi madre y quería tenerla de recuerdo.

Como se acercaba la hora de la cena tenía que solucionarlo, cogí un vaso de agua y al pasar junto a ella hice que tropezaba y derramé un poco de agua en su culo.

  • Ay. Lo siento. – dije disculpándome –

Cogí un trapo de cocina y se lo pase por el culo limpiando como pude mi semen.

  • Tontorrón. – dijo moviendo la cabeza de lado a lado – Hay que tener más cuidado.

Me senté de nuevo en el taburete y pensé en lo sucedido.

¿Mi madre no se había dado cuenta de que me había pajeado en su culo?

En todo caso, mi adicción al porno la daba por terminada, con las dos mujeres de mi casa iba a estar más que servido.

A la hora de la cena nos sentamos a la mesa y yo no podía evitar mirarlas, llevaba toda mi vida junto a ellas y en todo este tiempo no me había dado cuenta que tanto mi hermana como mi madre eran dos monumentos.

Cuando veía que estaban despistadas, los ojos se me iban sin querer a sus escotes o directamente a sus tetas, me resultaba imposible evitarlo.

Acabada la cena, recogimos la mesa y mi hermana dijo que se iba a su cuarto a estudiar un rato, mi padre se sentó en su butaca y en diez minutos se quedó dormido, y mi madre y yo nos tiramos en el sofá cada uno en una esquina.

Encendimos la tele y mi madre cambió varias veces de canales. En otra situación me hubiese quejado por ser tan pesada, pero mientras lo hacía, gesticulaba y protestaba por la programación y yo no paraba de mirarla, me tenía hipnotizado con sus movimientos.

Estaba tumbada con la cabeza apoyada en el reposabrazos y las piernas ligeramente abiertas. Yo intentaba evitarlo, pero la vista se me iba a cada momento al mismo sitio y podía ver a la perfección el abultamiento de su vulva.

En la finísima malla se marcaban los labios, que eran anchos y prominentes, y parecían comerse la tela.

Empecé a cavilar qué podía hacer para tenerlos más cerca y tuve una idea que podía ser muy buena, solo faltaba que mi madre estuviese dispuesta.

  • Mamá. – pregunté fingiendo interés – ¿No te duelen los pies después de estar todo el día trabajando?

Me miró sorprendida.

  • ¿Por qué dices eso? Rafi.
  • No sé, es que después de estar todo el día limpiando, cocinando y comprando. Bueno, debes tenerlos hinchados.

Sonrió y me respondió lo que esperaba.

  • La verdad que si, cariño. Pero ya estoy acostumbrada.

Era el momento de mi jugada maestra.

  • Ven. Pon las piernas aquí encima y deja que te de un masaje.

Como vi que dudaba, me levanté y me senté junto a ella cogiendo sus piernas y poniéndolas sobre las mías.

Me miró alucinada.

  • ¿De verdad vas a masajearme las piernas?
  • Claro, mami. Ya verás que relajada te quedas.

Comencé a pasar los dedos por las plantas de los pies y de ahí subí a los tobillos. Después de varias pasadas, vi como mi madre se acomodaba en el sofá y cerraba los ojos.

  • Ummm. Sigue, mi vida. – dijo con ellos cerrados –

Mis manos comenzaron a subir poco a poco por sus piernas, pasando de los tobillos a las pantorrillas y de ahí directamente a los muslos.

  • ¿Dónde has aprendido a dar masajes? – preguntó extrañada –

Inventé rápidamente una historia que fuese convincente para que la creyera.

  • Tengo una compañera de clase que hizo un curso el pasado verano y en los descansos me ha explicado como se hace.
  • Vaya, pues te ha enseñado muy bien, se siente riquísimo.

Se incorporó levemente, abrió un poquito los ojos y me miró con picardía.

  • ¿Esa chica no será más que una amiga?
  • Noooo. – respondí rápidamente – Es solo compañera.

Al ver que se tumbaba otra vez, pensé que tenía que tensar un poco más la cuerda.

  • Aunque dice que lo normal es darlos con menos ropa, al masajear con los pantalones puestos los dedos no llegan a relajar los músculos.

Pareció no hacerme caso, pero al ver que mi padre se levantaba y decía que se iba a la cama, se incorporó de golpe y se fue con él a su cuarto.

¡Vaya por Dios! Ahora que la cosa iba tan bien, me dejaba tirado.

Cuando iba a apagar la tele, para ir a mi habitación a ver porno, vi como mi madre volvía al salón con un pantaloncito corto.

  • Venga. – dijo decidida – Ahora puedes darme le masaje como dice tu amiga.

Se echó en el sofá de nuevo y puso las piernas sobre las mías, pero esta vez se había tumbado tanto, que su culo estaba pegado a mi cuerpo y sus muslos sobre los míos.

Ni en el mejor de mis sueños hubiese esperado una oportunidad como ésta.

Busqué música relajante en el móvil y la puse muy bajita, alargué la mano hasta la lámpara y la apagué dejando solo la luz que desprendía la tele.

  • Ahora cierra los ojos y piensa en algo que te relaje. – dije con tono misterioso y sosegado –
  • Jajaja. – rio al escucharme – Ahora lo hago, mi vida.

Al ver sus ojos cerrados y su actitud tan positiva, tuve claro que era el momento.

Volví a masajear sus tobillos, sus pantorrillas, y por fin subí hasta sus muslos. Mis dedos subían por el exterior y luego bajaban por el centro, pero no me atrevía a meterlos por el interior de sus piernas.

De pronto hizo un movimiento y las separó lo justo dejando un hueco entre ellas. Tuve un sofocón del carajo y mi polla comenzó a enderezarse.

Subí de nuevo por fuera, y cuando iba a bajarlas me dije. “Venga Rafi, échela cojones”.

Metí los dedos entre sus muslos y masajeé la cara interna muy pegado a sus pantalones.

  • Ummm. – gimió entonces mi madre – Que bien, mi vida. No sabes cuanto relaja.

Seguí acariciando sus muslos y empujé levemente con los dedos para que las separara.

Siiii. Mi madre me hizo caso y las abrió un poco más dejándome mucho más hueco.

Miré entre sus piernas y el pantalón se había levantado un poquito dejando su lencería expuesta.

Ufff. Entre la tela y la pierna se veía perfectamente una pequeña braguita que se justaba completamente a su sexo.

Mi polla pegó tal salto que fue inevitable que mi madre se diera cuenta. Abrió un segundo los ojos y me dijo preocupada.

  • ¿Te molesto así tumbada?

¿Molestarme? ¡Estaba en la gloria!

Me centré en lo que me interesaba y la masajeé de tal forma que el pantalón se subiera más arriba y quedara mayor hueco entre las piernas, de esa manera podía ver con más facilidad esa braga que tanto me excitaba.

Y lo mejor de todo, era que con cada movimiento, sus muslos rozaban mi verga como si me estuviera masturbando.

  • Que va. – respondí a su pregunta – Así estás perfectamente. – y añadí por si acaso – ¿A ti te gusta el masaje?
  • Ummm. – gimió estirando los brazos – Estoy en la gloria, estaría así todo el día.

¡Bien! La cosa iba por buen camino, si ella no protestaba iba a seguir avanzando.

Deslizar mis dedos por sus muslos me producía un placer enorme, nunca hubiese pensado que mi madre tuviese una piel tan suave, aunque lo cierto es que hasta ahora tampoco me había importado un carajo.

Fui subiéndolos muy despacio hasta rozar con ellos la tela, estirando el dedo meñique por si podía meterlo debajo y acariciar aunque solo fuera un poco la telilla de la braga.

¡La tenía tan cerca!

Mi madre se estiró un poco, y al juntar las piernas, apresó mi mano entre ellas.

Al intentar moverlas di un tirón sin querer y golpeé con ellas su vulva.

Me quedé petrificado esperando que protestara o que directamente se marchara, pero en lugar de eso, volvió a su posición anterior, con mi mano aún entre el pantalón y la braga, pero justo encima de su sexo.

Sin mucha convicción, moví ligeramente los dedos sin separarlos de su vulva.

Ufff. ¡Vaya calentón! El calor de su coño estaba llegando a mis dedos.

Continué acariciando esa zona olvidándome del resto, ni los pies ni las pantorrillas, lo que realmente me interesaba lo tenía ahora pegadito a los dedos.

Estiré el dedo meñique todo cuanto pude y lo metí bajo el pantalón acercando la yema a la braga.

Lo pasé rozando la tela y noté el abultamiento de sus labios.

Joder. Por primera vez en mi vida estaba tocando un coño, aunque solo fuera de pasada, pero un coño al fin y al cabo.

Apretaba los otros dedos fingiendo que hacia un masaje, pero ese lo mantenía todo el tiempo apoyado en la braguita sin dejar de acariciar su sexo.

¡Vamos Rafi! Pensé para darme ánimos, tócaselo un poquito.

Lo moví con disimulo y pasé la yema por sus gajos. Me quedé esperando un segundo pero vi que no había respuesta.

¡Joder! ¡Joder! Venga que no protesta. Pensé loco de contento.

Acaricié con suavidad la braguita deslizando el dedo por ella.

Al sentir el calor y la humedad que desprendía, mi polla dio un respingo frotándose contra sus muslos.

¡Wow! Mi madre se movió en ese momento y me quedé acojonado.

Casi subí las manos para tapar mi cara esperando un guantazo, pero en lugar de eso, vi como levantaba un poquito la pierna allí donde empujaba mi verga.

  • Ummm. – gimió de nuevo sin abrir en ningún momento los ojos –
  • ¿Te gusta? – pregunté temeroso por su movimiento –
  • Me encanta, cariño, estaría todo el día en esta postura. – y añadió riendo – Te voy a contratar para que lo hagas todos los días. Jajaja.
  • Por mi no hay ningún problema. – respondí muy contento –

Sus palabras me dieron confianza y continué haciendo el masaje centrándome en el interior de sus muslos.

¡A por ella!

El pantalón era tan corto y estaba tan abierto, que poco a poco fui subiendo la mano hasta que mis dedos acariciaron parte del pubis.

  • Ummm. – suspiró arqueando levemente las piernas –

La tenía a mi merced pero necesitaba acariciar mejor su cuerpo.

En un acto de valor la dije que se tumbara, esperé su reacción, y vi como obediente se colocaba a lo largo en el sofá conmigo metido entre sus piernas.

Verla allí tumbada, con una de sus piernas a cada lado, me produjo más que sudores.

Empecé a masajear las rodillas, subiendo poco a poco hacia arriba, centrándome en la parte interior de los muslos. Cuando llegué al pantalón, lo subí con los pulgares y metí los dedos debajo acariciando su sexo por los bordes de la braga.

Subí y bajé varias veces por los muslos para fingir que hacia el masaje, pero cada vez que mis dedos se deslizaban bajo el pantalón, lo hacían más profundamente y metía los pulgares más adentro bajo la braga.

Noté los poros del pubis con el vello recortado y lo acaricié un buen rato haciendo círculos con los dedos.

Guau. La estaba metiendo mano y mi madre no se quejaba, al menos de momento.

Pero con eso no me valía y quise meterlos más al centro. El adolescente pajillero no se conformaba con rozarlo y quería tocarlo por dentro.

¡Joder! Lo tenía justo al lado.

Unos centímetros más y podría acariciar su coñito.

  • Ummm. – gimió muy bajito pero sin quejarse por ello –

Los deslicé en dirección a su sexo y tiré con suavidad hacia afuera.

¡Wow! Pensé excitadísimo. En ese momento mi madre debía tener el coñito expuesto, si no tuviera el pantalón y las bragas, su sexo estaría con la rajita abierta mostrándome el agujerito rosado.

Al ver a mi madre con los ojos cerrados y las piernas abiertas conmigo en medio. Bufff. Mi polla se empinó como un mástil y sentí unos calores del carajo.

Metí más adentro los dedos y llegué a tocar la humedad de los gajos, pero esta vez no por encima de la braga, esta vez tocando directamente su sexo.

Los pasé muy despacio y noté como se mojaban con los juguitos que segregaba del coño.

Bufff. Tenía la polla que parecía un cohete metido bajo la ropa.

Sin dejar de acariciar su pubis, cerré los ojos e imaginé que ella me provocaba.

—–

“Me miraba directamente a los, ojos y me decía con voz sugestiva.

  • Te veo muy caliente, cariño.
  • Si, mamá. – contesté babeando –

Mi madre apartó la braguita y con una picara sonrisa me mostró su coñito rosado.

  • ¿Te gusta? Mi vida.
  • Guau. Lo tienes perfecto.

Sonrió al oír mi respuesta y guiñándome un ojo me dejó sorprendido.

  • ¿Quieres ver cómo me toco?

Yo no pude emitir palabra y contesté que sí con la cabeza.

  • Mira como abro mi coñito para que lo veas.

Separó los gajos con los dedos y lo abrió mostrándome su cuevecita rosada.

  • ¿Quieres que me meta los dedos? Cariño.
  • Si, mami. Por favor.
  • Ummm. Mira, mi vida. – dijo con voz cautivadora – Mira como me toco.

Se acarició suavemente el clítoris y metió un poquito los dedos pero sin llegar a penetrarse.

  • Ummm. Ven, mi vida. – pidió cogiendo mi mano – Méteme aquí tu pollita.

Me incliné sobre ella y coloqué el capullo rozando su sexo.

  • Siii. Métela, mi amor. Ummm. Métemela pronto. – pidió sofocada –
  • Si mamá. Voy a metértela.

Empujé las caderas y mi glande separó los gajos penetrando suavemente el coñito.

  • Ummmm. Me gusta follarte, mami. – dije al notar el calor en mi glande –

Pero los nervios me atenazaron y me puse nervioso al hacerlo.

  • Sigue, mi vida. No tengas vergüenza.

Ufff. Sus cálidos labios envolvían mi capullo y me costaba penetrarla porque tenía el coñito muy estrecho.

  • Jo, mamá, es que lo tienes muy cerradito.
  • Sigue, cariño, empuja y métela más adentro. – rogó desesperada –

Empujé como pude y metí entero el capullo.

  • Ufff. Despacio, mi amor. – pidió apretando los dientes –
  • No, mami, no te preocupes. – respondí para tranquilizarla – Te voy a follar con mucho cuidado.
  • Sí, mi vida, sé que no me vas a hacer daño.

Empecé a balancearme y empujé suavemente hasta que mi verga entró casi entera.

  • Ummm. Así, mi amor, así. – dijo gimiendo – Ummm. Siii, ya la noto.

La cogí por las piernas y comencé a penetrarla sin ningún miramiento.

  • Despacio, despacio. – pidió mi madre en mi sueño – Que es la primera vez que lo hago.

Me detuve un instante y continué penetrándola con ritmo pausado, si mi madre era virgen no quería hacerla daño.

  • Ummmm. Sigue, mi amor, sigue. – pidió empezando a mover las caderas –
  • Me gusta follarte, mami. Tienes el coñito muy estrecho.
  • Ummmm. – gemía sin poder contenerse – Lo he reservado para ti, mi vida. Fóllalo cuanto quieras.

Los dos no movíamos al unísono y nos complementábamos perfectamente, era la primera vez para mí y la primera vez para ella.

  • Ummm. Vaya pollita más rica tienes, mi vida. Me encanta que me la metas.
  • Si, mami, si. Te la meteré todos los días.
  • Ummm. Siiii. Todos, todos. Cuando se vayan tu padre y tu hermana me follaras cuanto quieras. Ummmm. Como me gusta.
  • Jo, mamá. Tu coñito aprieta mucho mi polla.
  • Si, cariño. Mi chochito es muy estrecho y tú tienes la polla muy grande.

Se la metí muy seguido y ella meció con rapidez las caderas.

  • Ummmm. Que bien me follas, cariño. Sigue metiéndola hasta que te corras.

Levantó un poco las piernas y ya no pude contenerme, al ver como me ofrecía su sexo se lo folle mucho más fuerte.

  • Ayyy. Mi rey, vas a conseguir que me corra.

Se la metí con mucho ímpetu y sus gemidos fueron más altos.

Me dijo que se corría y disfruté viendo su cara, mi madre tenía un orgasmo y se mordía los labios con lujuria mientras me arañaba la espalda.

  • Eres el primero, mi vida. – dijo al terminar de correrse – El primer hombre que me folla.

Me sentí tan feliz de ser el primero, que la penetré con más fuerza para vaciarme por completo en su coño.

  • Sácala, por favor, sácala. – pidió preocupada – Si te corres dentro podría quedarme embarazada.

Saqué la verga rápidamente y me masturbé frente a ella eyaculando sobre su pubis.

Mi madre pasó un dedo recogiendo mi semen y lo llevó pícaramente a los labios, se lo metió en la boquita y lo chupó de forma obscena sin dejar de mirarme.

  • Me encanta tu leche. – dijo con el dedo en sus labios”

—–

Estaba disfrutando de mi sueño cuando noté que mi madre levantaba de golpe las caderas.

¡Joder! Sin darme cuenta había metido un dedo en su sexo.

Me puse tan nervioso que retiré las manos rápidamente.

Cómo si no hubiera ocurrido nada, volví a masajear los muslos bajando hacia las rodillas.

  • Ya está bien de masaje. – dijo mi madre nerviosa – Tenemos que ir a la cama que mañana te toca ir a la universidad.

Vaya por Dios, cuando estaba en lo mejor de mi sueño, mi madre daba por terminada la fiesta. ¿Se habría enfadado conmigo?

Cuando me levanté, en el pijama tenía una erección del carajo. Mi madre me miró de reojo y noté su cara nerviosa.

Me aproximé temeroso, pero ella me dio un beso de buenas noches al tiempo que me pellizcaba el culo.

  • Te la debía. – dijo riendo – Esto por la de esta tarde.

Bueno, al menos no estaba enfadada.

Y yo vaya sueños tenía. ¡¡Mi madre era virgen y yo quien la desvirgaba!!

Me fui a la habitación, y cuando iba a acostarme, oí la puerta del baño.

¿Quién sería, mi madre o mi hermana?

No lo dudé un segundo y salté por la ventana, pegué el ojo a la rendija y allí estaba, de pie frente al espejo.

Mi madre y mi hermana me excitan

Cuando te pille te follo