Capítulo 3
Parte 6: El sexto día – Con mi mejor amigo
Al sexto día decidí cambiar las cosas. Invité a Andrés, mi mejor amigo de toda la vida: blanco, delgado, con cara de niño bueno y una curiosidad que siempre había notado y no solo eso ademas tenia un culote y una cadera devina
era algo impresionante sobre todo que le gustaba usar los jen apretados de esos que llaman levanta cola
su culo era algo magnetico yo creo que nadie podia resistirse a verlo
Quería que estuviera ahí para sentirme más protegido… o tal vez para tener un cómplice. Le conté por encima lo que venía pasando y le pedí que no me dejara caer.
que ya llegaría el momento en que no los íbamos a follar pero que los hiciéramos esperar
entonces el acepto
Javier, Raúl y Kevin llegaron juntos, como ya era costumbre. Cuando vieron a Andrés sentado en la cama conmigo, se miraron entre ellos con una mezcla de sorpresa y fastidio.
—¿Y este quién es? —preguntó Kevin con su voz grave, tocándose el bulto sin disimulo.
—Mi mejor amigo —respondí—. Hoy estamos los cinco.
en ese momento ellos estaban como unos toros
y comenzaron a darnos vueltas examinando nuestro cuerpo de arriba a bajo
imaginando como estariamos sin ropa
entonces ellos nos preguntan que ropa interior estabamos usando
y nosotros le mostramos era esta ropa interior femenina que no es una tanga pero si un poco chica
se les podia ver el desespero
cuando le mostramos un poco del tirante por medio del pantalon
claro eran rosas y eso los enloquece
Los tres negros se pusieron cómodos. Se quitaron las camisetas, mostrando esos torsos oscuros y marcados. Pronto estaban sentados alrededor, con los pantalones bajos y sus tres vergas gruesas, negras y pesadas ya medio duras, balanceándose.
Javier se acercó a mí y me rozó los labios con su verga.
—Vamos… seis días ya. Hoy no te vas a escapar.
Raúl le puso una mano en el hombro a Andrés y le dijo sonriendo:
—Tú también puedes probar si quieres. Hay para todos.
Andrés me miró nervioso, pero yo negué con la cabeza. Le había dicho antes: “Hoy no les damos nada”. Y cumplimos.
Cada vez que uno de ellos intentaba acercar su verga a mi boca o a la de Andrés, nos hacíamos para atrás. Yo giraba la cara, Andrés cerraba los labios fuerte. Los tocábamos un poco con las manos, los masturbábamos despacio para mantenerlos duros y desesperados… pero nada de boca.
—No hoy —decía yo sonriendo provocador—. Nos hacemos de rogar.
Kevin gruñó frustrado y me agarró el pelo suavemente:
—Maricón, seis días con las bolas llenas. Abre esa boca de una vez.
Pero ni Andrés ni yo cedimos. Solo roces, manos, miradas… los tres vergas negras palpitando, brillando de precum, rozándonos las mejillas, los labios cerrados, el cuello… pero sin entrar.
Estábamos en pleno juego —yo masturbando a Javier y Raúl al mismo tiempo, Andrés tocando a Kevin a regañadientes— cuando escuchamos los pasos.
Mi mamá se paró justo afuera de la puerta otra vez. No tocó. Solo se quedó ahí parada, como vigilando.
—¿Hijo? Todo bien por allá? —preguntó.
Los cinco nos congelamos. Las tres vergas duras seguían rozándonos la cara. Kevin tenía la punta contra la mejilla de Andrés. Yo sentía el calor de la verga de Javier latiendo contra mis labios cerrados.
—S-sí mamá… todo bien, estamos hablando —respondí.
Ella se quedó unos segundos más en silencio antes de alejarse.
Los tres negros estaban rojos de frustración. Javier me miró con los ojos llenos de rabia contenida:
—Seis putos días. Trajiste refuerzos para que no te dejáramos hacer nada… Esto ya es una tortura, carajo.
Raúl y Kevin se guardaron sus vergas duras con dificultad, maldiciendo. Andrés y yo nos miramos, excitados pero firmes en nuestra decisión.
Antes de irse, Javier me susurró al oído con voz ronca:
—Mañana venimos solos otra vez… y te juro que aunque tengamos que amarrarte, te vamos a llenar la garganta entre los tres.