Capítulo 3

Parte 5: Mamá afuera de la puerta

Al quinto día llegó un amigo nuevo. Se llamaba Kevin, otro negro alto y musculoso, amigo de Javier y Raúl. Tenía la piel bien oscura, tatuajes en los brazos y una forma de mirarme que me hacía sentir pequeño. Los tres entraron a mi habitación con cara de pocos amigos. Ya estaban hartos de tanta interrupción.

—Hoy no salimos de aquí hasta que nos la mames —dijo Javier cerrando la puerta.

Kevin se sentó en la cama y se tocó el bulto grueso por encima del pantalón.

—Javier y Raúl me contaron que te gusta rogarte. Hoy te vamos a hacer suplicar tú a nosotros —agregó con voz grave.

Empezamos a juntarnos el uno al otro. Yo me hice el difícil, diciéndoles que no, que mi mamá estaba en casa y que mejor otro día.

en ese momento paso algo inesperado

me alzaron por los pies mientas cada uno estaba en una parte de la habitacion

mientras me arrojaban por el aire mientras ellos me agarraban y asi sucesibamente

lo hicieron como 4 veces

Ellos se reían y se bajaban los pantalones poco a poco, sacando sus tres vergas negras grandes, gruesas y ya medio duras. Me rodearon.

Raúl me frotaba la suya contra el brazo, Kevin me rozaba la cara con la cabeza de su verga gruesa y Javier me agarraba el culo por detrás.

—Anda… solo un rato. Chúpala aunque sea por turnos —susurraba Kevin, casi rozándome los labios.

Yo seguía haciéndome de rogar, girando la cara, apretando los labios, aunque estaba durísimo y con la boca hecha agua. Ellos se ponían más insistentes, frotándose contra mí, respirando pesado, tocándome por todos lados. El olor a hombre y deseo llenaba toda la habitación.

Estábamos en lo mejor: yo de rodillas frente a los tres, con sus vergas rodeándome la cara, cuando de repente…

Se escucharon pasos justo afuera de mi cuarto.

Y no se alejaron.

Mi mamá se quedó parada ahí, del otro lado de la puerta. Podíamos ver su sombra por debajo. No tocaba, solo estaba ahí quieta, como si estuviera esperando algo o escuchando.

Los tres nos quedamos congelados. Kevin todavía tenía su verga gruesa a centímetros de mi boca. Raúl me tenía agarrado del pelo. Javier maldijo en voz baja.

—¿Hijo? —dijo mi mamá desde afuera, sin abrir la puerta—. ¿Estás bien? Llevo rato escuchando ruidos… ¿todo normal ahí adentro?

Mi corazón latía a mil. Sentía las vergas palpitando cerca de mi cara, calientes y desesperadas.

—S-sí mamá… estamos jugando videojuegos —respondí con la voz temblorosa.

Se quedó callada unos segundos más. Seguía ahí parada. Los chicos no se atrevían ni a moverse. Kevin me rozó los labios con la punta sin querer y tuve que contener un gemido.

—Está bien… cualquier cosa me avisas —dijo finalmente, pero no se movió de inmediato. Pasaron como diez segundos eternos antes de que sus pasos se alejaran un poco.

Los tres soltamos el aire que estábamos conteniendo. Javier me miró con pura frustración acumulada de cinco días.

—Cinco putos días con las bolas hinchadas… y tu mamá ahora se pone de vigilante justo afuera. Esto ya es tortura.

Kevin se guardó la verga dura a regañadientes y susurró:

—Mañana nos vamos a un motel o a mi casa. Porque si sigo así te voy a coger la boca aunque tu mamá esté sentada en la cama mirando.

Me dieron un último apretón cada uno en el culo y salimos disimulando. Mi mamá estaba en la sala, mirándonos raro.

Cinco días de pura provocación, tres vergas negras desesperadas y yo cada vez más loco por probarlas… pero siempre con mi mamá arruinándolo todo en el peor momento.

 

La provocación interrumpida

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