Una nueva historia, he tratado de variar un poco el tema (aunque creo que con poco éxito), de cualquier forma, como siempre, espero sus comentarios y por supuesto, sugerencias para nuevos relatos.

Ana Raquel

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Cuidado con las fantasías

(Pueden transformarse en realidad)

– Pero porqué no?

– Ya te dije Roberto que no me gusta.

– Tratemos una sola vez, si no quieres, no lo hacemos mas.

– Otra vez con lo mismo, no me siento cómoda.

– Como sabés que no te sentís cómoda si nunca lo hicimos?

– Ya te dije, cuando lo decís, solo imaginarlo me siento incómoda. Porqué no probamos con otra cosa? Preferiría que intentásemos algo nuevo.

– Que diferencia hay entre una cosa y la otra, son lo mismo.

– Estoy dispuesta a intentar sexo anal, de hecho no me molesta, pero ese es mi límite.

Verás, somos una pareja, yo Roberto, 35 años, delgado, 1.70 metros, y mi mujer Alicia, misma edad, un poco mas alta que yo 1.75 metros, delgada pero de generosas caderas y un busto sencillamente hermoso, sus pechos son firmes y con el soutien adecuado puedo asegurarte que llama la atención en la calle.

La discusión, provenía de mi pedido (por vigésima vez) que ella jugara un rol mas dominante durante el sexo. Verás, ya llevamos cerca de diez años de casados, no tenemos hijos, y el sexo se estaba transformando en una rutina para los dos, en esto estábamos ambos de acuerdo.

Sin embargo, ella directamente no quería saber absolutamente nada sobre este tema, proponía en cambio, incorporar nuevas rutinas, como el sexo anal, intentando convencerme de probar algo distinto.

Yo por otra parte, siempre he tenido la fantasía de ser dominado y adoptar un rol sumiso y estaba firmemente determinado a por lo menos una vez, llevarla a cabo.

– Por lo menos piénsalo y luego me dices, le propuse.

– Bueno, vamos a hacer una cosa, me tomaré una semana y mientras tanto voy a explorar foros de discusión a ver que encuentro, voy a documentarme sobre el tema y hacer el mayor esfuerzo por entender tu punto de vista, después de una semana te doy mi respuesta y si es no, no quiero oir una palabra mas. Estás de acuerdo?

– Me parece un trato justo.

Esto fue un lunes, durante el resto de la semana ví que pasaba bastante tiempo frente a la computadora, muchas veces leyendo y en otras oportunidades también la encontré escribiendo largos textos. Intenté infructuosamente examinar su historial de navegación, pero como teníamos dos perfiles distintos me fue imposible saber que foros y blogs estaba recorriendo.

En un par de oportunidades pregunté inocentemente: – Has encontrado algo interesante? Tienes respuestas a tus dudas?

Su contestación era siempre la misma: – Quedamos que me darías una semana, todavía estoy asimilando la documentación que encontré.

Llegamos así al lunes siguiente, no pudiendo contenerme le dije: – Ya es lunes, la fecha pactada, has llegado a alguna conclusión?

– Si.

– Y cual es?

– Haremos algo, pero hay algunas condiciones primero.

– Las que quieras, respondí mas que ansioso pensando que mis fantasías dentro de poco se harían realidad.

– No tan rápido, primero debes oir las condiciones.

– Por supuesto.

– Son las siguientes, dijo acercándome una hoja de papel impresa que leí inmediatamente.

1. Obedecerás todas mis órdenes sin cuestionar.

2. Yo seré quien esté a cargo.

3. Te dirigirás a mi como Señora.

4. Aceptarás los castigos que te imponga, sabiendo que son para tu educación.

5. Agradecerás el tiempo que dedique a tu educación.

6. Una vez que comencemos no hay vuelta atrás, yo decido cuando termina tu educación.

Era un poco mas que lo esperado, yo solo aspiraba a que se vistiera con un corset, medias, botas, me diera un par de chirlos en la cola y luego tuviéramos sexo, esto en cambio parecía un poco mas intenso. Sin embargo, o aceptaba o me olvidaba de mis fantasías, la elección parecía clara.

– Estoy de acuerdo.

– Perfecto, entonces firma al pie y aclara la firma.

Firmé, le alcancé el papel, lo examinó y entonces se dirigió al cajón de la mesa de noche y volvió con una pequeña caja cuadrada de mas o menos cinco centímetros de lado, y me la entregó.

– Esto que es?

– Abrelo, es un dispositivo de castidad.

– Y para que? Con el no podré tener erecciones.

– Esa es justamente la idea, luego de un tiempo te volverá más dócil.

– Porqué no me lo pones vos?

– Porque si lo pongo yo, te conozco y enseguida tendrás una erección. Además, es mas humillante si te lo colocas vos.

Procedí entonces a colocarme el dispositivo, no sin cierta dificultad, parecía demasiado pequeño, aprisionaba mi pene y era un poco incómodo, una vez que cerré el candado me dice: – Dame las llaves.

Se las alcancé y se las colgó en una cadena alrededor del cuello.

– Y esto por cuanto tiempo se quedará?

– Depende de vos, si te comportas correctamente, el lunes siguiente podremos retirarlo.

– El lunes, es demasiado tiempo.

Me miró severamente, arqueando una ceja. – Perdón? Tengo que recordarte que hace cinco minutos firmaste un contrato?

– Perdón Ama.

– Ama no, todavía no soy tu Ama, por ahora me dirás Señora.

– Si, Señora.

– Bien, nos vamos entendiendo, de aquí en adelante, realizarás todas las tareas de la casa, lavar, planchar, cocinar, la limpieza, etc., Si las realizas correctamente, tendrás tu premio el lunes próximo. Ahora ponte los pantalones y ve a preparar la cena.

Debo confesar que durante la preparación estaba distraído, como dije antes, no conocía esta faceta de Alicia, yo solo esperaba un juego, no estar encerrado durante una semana entera. Cuando la cena estuvo lista, la encontré frente a la PC escribiendo un largo texto.

– Señora, la cena está lista.

– No te quedes ahí, vamos a cenar.

Cenamos como siempre, no me atreví a tocar el tema de mi castidad y luego antes de dormir, se sentó en la cama, abrió sus piernas y se limitó a indicarme: – Bésame, chupame el clítoris que quiero tener un orgasmo.

La tortura fue durante la semana, me provocaba varias al veces al día me llamaba por teléfono para preguntar: – Como está el pajarito?

– Enjaulado, era mi única respuesta.

– Porqué no vas hasta el baño? Tomas una foto y me la envías?

Obedientemente, cumplía con sus instrucciones, cada vez mas excitado, ella recordándome permanentemente de mi condición. Luego en casa, tal como me había ordenado, limpiaba, cocinaba, lavaba, etc. y durante las noches, practicaba sexo oral hasta que llegara al orgasmo.

Llega el lunes y estaba entusiasmado es decir poco, durante todo el día imaginaba el acto en el cual mi dispositivo sería removido, soñaba con el momento en que la penetraría. Tengo que reconocer que el mantenerme en castidad durante una semana había tenido un efecto positivo, yo estaba permanentemente excitado, y además, siguiendo sus indicaciones, me estaba transformando en un experto en el sexo oral.

– Bien, hoy es el gran día Señora.

– No creo, tomó una libreta y comenzó a enumerar:

1. El lunes la comida tenía demasiada sal.

2. El martes le faltaban especias.

3. El miércoles, la vitrina acumulaba polvo.

4. El jueves, mis faldas no estaban bien planchadas.

5. El viernes, no pusiste a lavar mi ropa interior.

– Lo siento pero son muchas faltas, es imposible que te libere.

– Pero no puedo mas.

– Lo hubieras pensado antes, es responsabilidad tuya realizar las tareas correctamente.

– Y ahora? Me dejas así?

– Perdón.

– Me va a dejar así Señora?

– Si, espero que recapacites y realices como corresponde tus tareas, el lunes próximo tendremos otra evaluación.

No tengo que decirte que el lunes siguiente también fallé en la evaluación, y el otro, y el otro. Siempre había algún inconveniente, que una capa de polvo en el aparador, que la ropa interior no estaba bien lavada (yo tenía la culpa que el lavarropas no funcionara bien?, aparentemente si).

Esto se prolongó durante dos meses, las provocaciones diarias, la limpieza de la casa, las atenciones que le brindaba, poco a poco se fueron incorporando tareas, en las que por supuesto, fallaba. Le preparaba un trago y este tenía demasiado alcohol o demasiado poco, me ordenaba que le diera un masaje de pies y lo hacía incorrectamente, etc.

Al finalizar el segundo mes de castidad, diría que estaba desesperado, aunque en realidad es decir poco. El dispositivo me había llevado a un estado de sumisión total, haría cualquier cosa para librarme de el.

– Hay algunas fallas que me aburriría enumerar me dice, sin embargo, en virtud del esfuerzo que has hecho y viendo tu estado, creo que sería conveniente que por hoy y solo por hoy, tuvieras un orgasmo.

– Si por favor, gracias Señora.

– No me agradezcas todavía, recuéstate en la cama.

– Obedecí inmediatamente, esperando que liberara mi pajarito de su jaula. En cambio, se acercó con un vibrador en su mano y lo aplicó sobre el dispositivo.

– Te prometí un orgasmo, no que te liberaría.

Comenzó a recorrer todo el dispositivo con el vibrador, la trepidación se transmitía directamente al dispositivo y de ahí a mi encerrado pene. Tomó una botella de lubricante y aplicándolo en sus dedos me dice: – A ver si esto te ayuda.

No terminó de decirlo que introdujo primero un dedo y luego dos en mi ano.

– Cuidado, que nadie ha entrado por ahí.

– Quieres que pare? Si lo deseas puedo parar ahora mismo.

– No por favor, sigue, necesito eyacular.

Continúo entonces aplicando el vibrador sobre el dispositivo, mientras jugaba con sus dedos en mi ano. Tengo que confesar que al principio la sensación fue extraña, no dolor, no era desconfort, era simplemente una sensación nueva. Al poco tiempo me abandoné y casi sin darme cuenta comencé a disfutar del momento, sus dedos explorándome, las vibraciones sobre mi pene terminaron provocando un orgasmo por demás copioso.

– Mira que desastre has hecho. Vamos a tener que tomar medidas al respecto, ahora cambia las sábanas, y bésame hasta que yo también tenga un orgasmo.

Que mas podía hacer, cambié las sábanas por un juego limpio y enterré mi lengua en su entrepierna hasta que oí sus gritos llegando al orgasmo.

Otra vez, durante la semana seguimos con la rutina habitual, yo realizando las tareas de la casa, ella provocándome, luego le daba sexo oral hasta que tenía al menos dos orgasmos y mientras tanto, continuaba cada vez mas conmocionado.

Otro lunes y otra evaluación, que falle, por supuesto. – Ahora que vamos a hacer? Parece que no estás interesado.

– Al contrario Señora, estoy tan agitado que no puedo concentrarme. Le ruego me permita tener un orgasmo.

– No sé porqué soy tan buena. En fin, recuéstate en la cama, nuevamente, soñé con que me retiraba el dispositivo, sin embargo y para mi desaliento, comenzó a aplicar el vibrador una vez mas en el dispositivo. Esta vez en cambio, no utilizó sus dedos, deslizó su mano por debajo de la almohada y mostrándome un plug anal de tamaño pequeño me dice:

– Casi lo olvido, tengo un pequeño obsequio para vos.

Inmediatamente comenzó a ejercer presión en la entrada de mi ano hasta que estuvo por completo dentro mío, no era muy grande, quizá cinco centímetros de largo por dos de diámetro, sin embargo, era mas grande que sus dedos y sentí la invasión. Empezó entonces a meterlo y sacarlo lentamente mientras me estimulaba con el vibrador.

Una vez mas, me abandoné a los nuevos placeres que Alicia me estaba haciendo conocer y al poco tiempo, volví a tener un orgasmo.

– Vamos a tener que hacer algo al respecto, no puede ser que siempre termines ensuciando las sábanas. Ve a cambiarlas.

Hice ademán de retirar el plug e inmediatamente me dice: – No señorito, eso se queda ahí para recordarte que todo esto fue tu idea.

Así, dormí con el plug puesto, y además, lo tuve puesto durante toda la semana, había llegado para quedarse. Salvo que ahora cuando llamaba para provocarme preguntaba:

– Como está el pajarito?.

– Encerrado.

– Como.

– Encerrado Señora.

– Y la cola?

– La cola está llena Señora.

– A ver, envíame unas fotos. Entonces iba al baño, bajaba mis pantalones, tomaba una foto de mi dispositivo, el cual por supuesto, sabía que yo no tenía oportunidad de remover, y luego tomaba otra foto con el plug firmemente insertado en mis nalgas.

– Que bonito, me excita verte así.

Bonito, que humillante pensaba yo, ahí estaba con mi pene aprisionado, sin posibilidad de utilizarlo y con mi cola dilatada, exhibiéndome para ella sin siquiera protestar.

Seguimos así, al siguiente lunes se repitió la escena, salvo que cambió el plug por uno de mayor tamaño, no mucho, mientras decía: – Hay que entrenar esa colita para que aprendas a disfrutar.

Aprenda a disfrutar, que quería decir con eso. No me dejó preguntar porque la otra novedad fue que trajo un pequeño plato de postre, y lo colocó debajo de mis genitales mientras me estimulaba.

– Encontré la solución, así no tendremos que cambiar las sábanas, no te parece una idea excelente?

– Si, Señora, una gran idea.

Cuando tuve mi orgasmo semanal, este llenó por completo el platillo.

– Ahora bébelo fue su orden.

– No esperarás que lo beba.

– Acaso quieres que lo haga yo, es tuyo, a vos te corresponde limpiar lo que ensucias, bueno, en realidad te corresponde limpiar todo.

– Pero es asqueroso.

– Dos cosas señorito, primero yo nunca me quejé las veces que te practicaba sexo oral, y segundo, tengo que recordarte una vez mas el contrato que has firmado?

– No señora.

– Si no lo haces, olvídate de tus orgasmos semanales.

De alguna manera extraña y perversa, me había acostumbrado tanto a esos orgasmos que haría cualquier cosa con tal de continuar con ese deshaogo.

– Vamos, estoy esperando, me dijo mientras acercaba el plato a mi rostro.

Obedientemente, extendí mi lengua y comencé a lamer hasta que quedó completamente limpio.

– Ves, no es tan difícil, ahora a lo tuyo, dijo abriéndose de piernas.

No te aburriré con los sucesos de las siguientes semanas, baste decir el tamaño de los plugs se fue incrementando durante el siguiente mes, hasta que fuí capaz de acomodar uno de generosas dimensiones, por otra parte, ya ni siquiera protestaba, inmediatamente luego de tener un orgasmo, y sin necesidad de indicación por parte de ella, tomaba el plato y comenzaba a beber mi propio semen.

– Sabía que terminaría gustándote. Es como podríamos decir…, un gusto adquirido.

Una humillación tras otra, cuatro meses habían pasado desde que me ordenó colocar el dispositivo, ya ni siquiera recordaba lo que era tener una erección, estaba completamente domesticado.

Durante la semana sucedió algo que me llamó la atención, Alicia estaba frente a la PC intercambiando mensajes cuando recibió una llamada de trabajo en su celular, fue hasta la sala para contestar y me dió la oportunidad de atisbar el contenido del intercambio, era con alguien que se llamaba Mistress Samanta.

– Samanta, vas por buen camino querida, por lo que me cuentas casi no presenta resistencia.

– Tu sugerencia del dispositivo de castidad ha sido excelente, luego de un par de semanas estaba mas dispuesto, mas dócil.

– Esa es la idea, refuerza el vínculo con la Ama y es un recordatorio constante de su posición.

– Estás en lo cierto, te diría que está condicionado a eyacular y beber su propio semen, es mas, creo que ha comenzado a interpretarlo como una recompensa.

– Entonces, cual es tu duda?

– Bueno, no se si es correcto.

– Recuerda que era una fantasía de el, fue el quien ha pedido lo que está sucediendo.

– Si por supuesto, es necesario quebrarlo de esa manera? Su fantasía era casi diría infantil, que yo me vistiera de dómina, le diera un par de nalgadas y luego haríamos el amor como siempre.

– Si ese hubiera sido el caso, el dominante habría sido el y tu simplemente ejecutabas un papel, una actuación.

– No puedo negar eso, además, no me gusta la violencia, la idea de azotarlo o dejar sus nalgas marcadas no me excita el sufrimiento del otro.

– Ni siquiera para educarlo?

– Ni siquiera. Sin embargo, he visto que puedo controlarlo de otras formas, pero quebrarlo así?

– Es esencial, tiene que verse a si mismo como un mero objeto para tu placer.

– Eso es claro, de hecho tengo que confesarte algo, me excita dominarlo así, algo que jamás hubiera pensado.

– Excelente, el cumple su fantasía y es obvio que tu debes obtener algo a cambio.

– No dejo de sentir cierta culpa.

– Culpa?

– No se si es culpa exactamente, lo que realmente me excita es sentir el poder que tengo sobre el, es como una droga, una vez que la has probado, quieres siempre un poco mas.

– No te detengas entonces.

– No pienso detenerme, quiero llegar hasta el final.

En ese momento sentí sus pasos, indicando que la llamada había terminado y me retiré rápidamente con la esperanza de no haber sido descubierto examinando sus conversaciones.

El lunes siguiente surgió otro cambio, antes de proceder al ritual habitual, Alicia me dice: – Sabes que? Me molesta un poco todo el vello de tu cuerpo, me gustaría que te depilaras.

– Que me depilara? Para que? Tampoco tengo mucho pelo en el cuerpo.

Tomó el vibrador y pasándoselo de una mano a la otra en un movimiento que terminó siendo sensual y provocador me dice: – Quieres o no quieres?

– Si, Señora, puedo usar tu crema depilatoria?

– Por supuesto querido, ve yo te espero.

Fuí hasta el baño, apliqué crema en todo el cuerpo y luego de esperar los 10 minutos que indicaba el tutorial del empaque, me duché viendo como con el agua se escapaba todo el bello de mi cuerpo, incluso el de los genitales.

– Perfecto, estás hermoso, ahora ven aquí.

Repetimos el proceso habitual, estimularme con el plug, llevarme al orgasmo, beber mi semen y luego lamer su clítoris hasta que tuviera al menos dos orgasmo.

Al día siguiente, a la noche, casi como al pasar me dice: – Hoy quiero que uses esto. Mientras me alcanzaba un camisón de seda.

– Porqué?

– Sin preguntas, sin cuestionamientos, o acaso no quieres tu premio hoy?

Premio, un día que no fuese lunes, dos días seguidos podría beber mi semen? En fin, las cosas estaban mejorando un poco.

Me puse el camisón de seda, un escalofrío de placer recorrió mi cuerpo al sentir la textura contra mi piel depilada. Ese día, para mi sorpresa, alcancé un orgasmo mucho mas rápido que anteriormente.

Se produjeron entonces dos cambios, aún en castidad, comencé a gozar de un orgasmo todos los días, por otra parte, los lunes se agregaba invariablemente una prenda femenina nueva, primero ropa interior, luego pantymedias de nylon, después portaligas con medias de nylon de 7/8, zapatos de taco alto, el toque final fue un corset muy ajustado que afinaba mi cintura y daba la apariencia de tener un busto.

– Pero que hermoso que estás. Me excita verte así, me decía cuando agregaba una nueva prenda.

Al mismo tiempo, era obligado a ir a trabajar ya no solo con el dispositivo de castidad y el plug anal, también con ropa interior femenina y pantymedias.

Las provocaciones diarias por supuesto siguieron:

– Como está el pajarito?

– Encerrado.

– Y la cola?

– Llena.

– Toma una foto de tus piernas, quiero que también se vea el dispositivo.

Inmediatamente acudía al baño, me bajaba los pantalones y tomaba le enviaba una foto donde se mostraba el dispositivo y mis piernas enfundadas en un par de pantymedias.

– Que lindo, como me gusta.

En mas de una oportunidad, encerrado en el cubículo y tomando fotos, otras personas ingresaron al baño, había un cierto placer perverso en estar enviando imágenes mías con el dispositivo, el plug y medias, mientras alguien orinaba a apenas dos metros sin sospechar lo que estaba haciendo.

Luego, un lunes, cuando ya habían pasado al menos ocho meses del contrato, no recuerdo muy bien, ella me dijo: – Creo que debemos dar el paso final.

– Paso final, a que se refiere Señora?

– Bueno, mírate, estás depilado, tienes un corset que te da una figura excelente, medias con portaligas, zapatos de taco alto, que es lo que falta?

– No se, no tengo idea.

– El último paso tonto, maquillaje, peluca y accesorios y serás mi amante lesbiana.

Mi voluntad ya no existía, al usar el dispositivo durante tanto tiempo, terminé dependiendo de Alicia, ella determinaba como tendría mis orgasmos, cuando los tendría, estaba constantemente atento a sus deseos, con la esperanza de obtener un pequeño premio, el poder sobre mí era absoluto. Con total resignación lo único que pude decir fue:

– Como desee Señora.

– Excelente, procedamos entonces. Me guío hasta el tocador, y allí comenzó a aplicar base, depilar mis cejas, delinear mis ojos, aplicar pestañas postizas, rubor en mis mejillas y finalmente delinear mis labios, marcando la v del labio superior y pintándolos de un rojo intenso.

Luego continuó aplicando uñas postizas y barnizándolas con el mismo tono de mis labios.

Aros, anillos y pulsaras completaron el atuendo.

Y ahí estaba yo, totalmente depilado, corset, el pecho plano, medias con portaligas, zapatos de tacón alto, uñas postizas, maquillada, con un aspecto bastante andrógino.

– Ahora el toque final, dijo mientras colocaba una peluca negra sobre mi cabeza, el corte no era muy largo, apenas encima de mis hombros, con un flequillo al frente.

– Hermosa, me dijo. Mientras tanto yo me contemplaba a mi misma en el espejo, ya no quedaba rastro de Roberto, ahora solo miraba una hermosa mujer.

– No podemos seguir llamándote Roberto, ahora eres Giselle.

– Si, Señora.

– Ven aquí Giselle, me dijo, ocúpate de mi después de todos mis esfuerzos que he hecho por tí.

Se abrió de piernas y me mostró sus genitales, casi sin pensarlo, me sumergí entre ellos y comencé a besarla hasta que llegó al orgasmo.

Acostumbrado a nuestras sesiones anteriores, esperaba que jugara con mi plug y me llevara al orgasmo para luego beberlo, sin embargo me dice: – Por ahora suficiente, esperaremos al lunes siguiente para tu premio, mientras tanto, cuando llegues a casa quiero que te vistas exactamente como estás ahora, encontrarás en el armario vestidos mas que suficientes, tampoco puedes andar por la casa en camisón.

Me quité los zapatos y no tuve mas remedio que dormir así, totalmente transformada, sintiendo el abrazo de mi esposa, sus pechos contra mi espalda, rogando que llegara el lunes.

Durante el resto de la semana se estableció una nueva rutina, llegaba del trabajo, me maquillaba, vestía y así, completamente transformada, realizaba las tareas habituales de la casa, al llegar ella ya no solo inspeccionaba la limpieza y el orden, ahora también yo misma caía bajo su escrutinio.

– Las medias no están correctamente puestas.

– El maquillaje deja bastante que desear, mira tus ojos, son diferentes.

– Has arruinado el esmalte de tus uñas, usaste los guantes de látex para la limpieza?

– Caminas como un pato, a ver practica delante mío que te enseño.

– Modula tu voz, mas bajo, mas suave. No falsete no, es ridículo, mas sensual.

Y así, invariablemente, encontraba algún detalle, si no era en la casa era en mi misma. Mi misma? Estaba pensando en mi con un pronombre femenino cuando me transformaba, la percepción de este detalle me asombró por un momento.

Durante el fin de semana, fuí Giselle durante todo el tiempo, incluso me ordenó que recibiera al joven del delivery que traía algunas cosas que había comprado por internet en el supermercado.

El lunes me pidió que me vistiera especialmente para ella, el infaltable plug anal, zapatos taco aguja, medias de nylon negras con costura, corset, agregó unas prótesis mamarias de tamaño doble D, presté especial atención al maquillaje, ojos delineados, con una graduación de sombras para dar un aspecto de gata, rubor, pestañas postizas, labios también delineados y pintados de color rojo, la misma peluca que había utilizado el primer día.

Anillos, un collar y pulseras completaron la transformación, finalmente, un vestido negro de mangas cortas, con escote cuadrado que revelaba parte de mi busto y con falda tubo muy ajustada que realzaba mis nalgas.

Cenamos como de costumbre. Por fín llegó el día pensaba, comencé a hacer cuentas y si no me fallaba la memoria hacía ya casi nueve meses que estaba en castidad. Cuando terminamos el postre me tomó de la mano: – Vamos al cuarto?

– Por supuesto querida.

Llegamos al cuarto y me pidió que la esperara sentada en una silla mientras ella se cambiaba.

Bravo, aleluya, hoy me liberan. Me senté en la silla tal como me había indicado, crucé mis piernas en una pose femenina (ya había internalizado los movimientos) y encendí un cigarrillo mientras la esperaba.

Demoró un buen rato, ya había dos colillas marcadas con labial en el cenicero cuando retornó.

Estaba convertida en la diosa de todas mis fantasías, guantes de cuero casi hasta los hombros, un corset también de cuero, que reducía su cintura hasta lo imposible, con una media taza que realzaba su busto, medias de nylon color natural, con costura, ajustadas a ocho tiras que pendían del corset, botas de caña alta, con un taco aguja de al menos doce centímetros.

El maquillaje intenso y oscuro, ojos negros, labios de color vino tinto, el cabello amarrado en una cola de caballo que le daba un aspecto aún mas severo.

Sin embargo, existía un pequeño detalle que me hizo sospechar que las cosas no transcurrirían de la misma forma que lo había soñado. En su entrepierna portaba un strapon de al menos 28 centímetros por cinco centímetros de diámetro.

– Te gusta?

– Está hermosa Señora, pero eso que tiene puesto me da temor.

– No seas tonta, es un regalo para vos.

– Para mí? Pregunté mientras ella se acercaba con movimientos que me hacían recordar una gata cazando un ratón.

– Para vos, no tenés ganas de besarlo?

– No se, la verdad no me gusta mucho.

– No seas tonta, te va a gustar. Cuando dijo esto ya estaba parada frente a mi, simplemente puso una de sus manos en mi nuca y comenzó a ejercer presión.

– Vamos, no te hagas rogar, besalo.

No pude resistirme a la presión de su mano, mis labios se acercaron y comenzaron a recorrerlo en toda su longitud con mi lengua.

– Mételo en tu boca, despacito, yo te ayudo.

Abrí mis labios y comencé a introducirlo en mi boca.

– Eso, así, como me excita, quiero ver el labial marcado en la base, quiero ver como te lo tragás todo.

Luego comenzó a guiarme. – Así, jugá con tu lengua, mirame a los ojos cuando lo besás.

Después de un tiempo me ordenó levantarme, se paró detrás mío, podía sentir su pene presionando contra mis glúteos mientras corría el cierre de mi vestido, este cayó a mis pies.

– Dejalo ahí y ponte de cuatro, con tus brazos apoyados en el respaldo de la silla.

Hice lo que me ordenó, y sentí como retiraba el plug, presionó con la punta de su pene contra la entrada.

– Querés que siga?

– No se, me da miedo que me duela.

– No seas tonta, voy a ir despacito y te va a gustar.

– Está segura Señora?

– Por supuesto, pero tenés que pedírmelo.

– Por favor siga Señora.

– Querés ser mi mujer?

– Si, Señora, quiero que me haga su mujer.

– Querés que sea tu dueña?

– Si, Señora, quiero que sea mi dueña.

– Entonces pedímelo como corresponde.

– Por favor Ama, quiero ser su mujer, quiero que usted sea mi dueña, por favor penétreme.

– Si ese es tu deseo.

Comenzó entonces a introducirlo lentamente, tengo que confesarte querido lector que mis temores eran infundados, yo ya estaba lo suficientemente dilatada como para que el strapon entrara sin dolor, casi diría con cierta facilidad y la sensación de placer era indescriptible. No pude contenerme mas y comencé a rogarle:

– Por favor Ama, mas profundo.

– Te gusta?

– Me gusta mucho.

Incrementó el ritmo, introduciendo y sacando el dildo en toda su extensión, yo transpiraba, mi maquillaje se corría, lloraba pero de placer, no podía mas, jamás en mi vida había experimentado un goce así, al mismo tiempo me sentía totalmente femenina, sumisa haría cualquier cosa que mi Ama me pidiera, mis fantasías se habían cumplido con creces, mucho mas de lo que jamás hubiera soñado gracias a ella.

Finalmente, terminé eyaculando en el clasico plato que estaba justo debajo de mi pene encerrado, ella en vez de dármelo a beber como de costumbre, frotó el strapon contra mi orgasmo y me lo ofreció nuevamente para que lo besara.

Cuando terminó, se quitó el strapon, se puso en cuatro patas en la cama y me dice: – Hoy quiero probar algo distinto, bésame el culo.

Exhausta, me posicioné detrás de ella y comencé a jugar con mi lengua en su ano, mientras tanto, ella utilizó el vibrador para estimular su clítoris.

– Como me gusta tu lengua en mi culo, si lo hubiera sabido antes, ya hace rato que lo habríamos hecho.

Puedo decir que gozó por lo menos tres veces con mi lengua recorriendo tan delicioso orificio y ella masajeando su clítoris con el vibrador.

Agotadas las dos, nos quedamos dormidas así vestidas.

Pensarás que la historia termina aquí, estás muy equivocado, durante el resto de la semana realizamos variaciones de la misma situación, es decir, ella penetrándome, yo teniendo un orgasmo y luego besando su culo, pero con sutiles alteraciones, al llegar a casa por la tarde, encontraba en el armario la ropa que había seleccionado para mí, fuí desempeñando distintos roles, secretaria, alumna de secundario, mucama francesa, etc.

El viernes por la noche decidió realizar un cambio de roles total, yo vestida como una esposa de los años cincuenta, ella amarró su cabello usando por encima una peluca corta que apenas cubría sus orejas, un traje con saco y corbata, zapatos de hombre y el detalle final, un bigote postizo.

Con la voz mas grave que pudo me dice: – Mucho gusto preciosa, soy Roberto.

– Encantada caballero, soy Giselle.

Esa noche se desdibujaron los roles de Ama – Esclavo, ella sencillamente se transformó en un hombre atento que por todos los medios intentaba seducirme. – Estás muy bonita hoy. Como es que no nos conocimos antes?

– Que hermosas piernas tienes.

– Gracias Roberto.

Sus manos acariciaban mis piernas y subían atrevidamente hasta llegar a mis muslos. Yo jugaba el papel de una pin up, sensual pero al mismo tiempo reticente, hasta que finalmente cedí a sus encantos. Esta fue una experiencia que fascinó, me sentía hermosa, totalmente femenina, el placer que se obtiene cuando alguien trata de seducirnos es algo que no puedo transmitir.

Obviamente terminamos haciendo el amor, ella como Roberto y yo como Giselle para terminar quedándonos dormidos con Roberto dentro mío.

El sábado por la mañana me levanté y como supondrás, seguí el ritual matutino para adoptar la personalidad de Giselle, dispuesta a pasar el fin de semana como tal.

En ese momento, Alicia me anunció: – Prepara la casa que esta noche tenemos invitados a cenar.

– Invitados? Entonces me cambio, me dirigía al cuarto cuando me detuvo.

– Al contrario, vienen a conocer a Giselle, me gustó mucho ese estilo pin up que usaste ayer, quiero que estés hermosa esta noche.

No supe que decir, hasta ahora todo había sido un juego en la intimidad, jamás, ni en la mas loca de mis fantasías, me imaginaba presentándome en público.

– No te quedes ahí parada, hay mucho que hacer.

– Si, Señora.

Durante el resto del día me dediqué entonces a realizar las tareas, limpiar, preparar todo, cocinar y luego arreglarme para recibir a las visitas.

Decidí tal como me lo había indicado buscar un estilo pin up, un corselette (un corset que solo cubre la cintura), medias de nylon con costura de color natural, zapatos negros de taco de 12 centímetros, un sostén del tipo torpedo o bullet con prótesis mamarias que le daban forma, una falda tubo de color negro, que resaltaba mi cintura angosta y mis nalgas, finalmente, un sweter marrón claro, de manga corta, muy ajustado que resaltaba mi busto.

Para el cabello, una peluca negra con peinado alto, maquillaje apto para la noche, con contrastes marcados, ojos con sombras oscuras, pestañas postizas y los labios por supuesto, delineados y de un color rojo intenso haciendo juego con las uñas acrílicas, completaban el ensamble varias pulseras, anillos y un collar simil perlas rodeando mi cuello.

Al poco tiempo de terminar de prepararme suena el timbre.

– Abre la puerta Giselle, me dice Alicia.

Fui a atender la puerta no sabiendo que me encontraría, era simplemente una pareja, sin embargo, en ningún lugar cualquiera de los dos pasaría desapercibido, la mujer, alta y voluptuosa emitía un aura de autoridad, poder y suficiencia, ingresó al recibidor como si estuviese ingresando en su casa, tomó mi barbilla con una de sus manos perfectamente manicuradas mientras decía: – Alicia ha realizado un trabajo excelente educándote.

Mientras tanto, el hombre que la acompañaba, muy elegante, alto, al menos 1.80 metros ya que me llevaba una cabeza a pesar de estar yo con tacos altos, moreno, me miró con unos ojos verdes y tomándome de la cintura mientras me daba un beso en la mejilla mencionó: – Eres hermosa, tus fotos no te hacen justicia, un placer, mi nombre es Marcelo.

– Fotos?

– Por supuesto, oí la voz de Alicia detrás mío, Samanta me pidió que le enviara algunas fotos tuyas para conocerte. Pero pasen por favor, no se queden ahí parados.

Ingresamos a la sala, mientras los presentes tomaban asiento, me dirií al bar y serví bebidas para todos, vino blanco para Alicia, un margarita para Samanta y para mi, mientras que Marcelo prefirió un whisky.

Alicia mencionó: – Samanta me ha ayudado mucho en tu educación Giselle, ella merece mucho crédito en este sentido.

Entendí entonces que esta era la Samanta con quien había estado intercambiando correspondencia y quien le había brindado todos los consejos que terminaron en mi situación actual.

Luego de un tiempo, pasamos al comedor, y ya sentados cenando, comenzó la conversación.

– Como ha sido el último paso Alicia? preguntó Samanta.

– Excelente, Giselle ha sido muy receptiva.

– Te ha gustado.

– Me fascinó, la sensación de poder al penetrarla ha sido increíble, de hecho, no creo que tengamos sexo nuevamente de la manera convencional.

– Y no extrañas ser penetrada?

– Un poco, pero la talentosa lengua de Giselle lo compensa con creces, me he acostumbrado a tener tres orgasmos al día y no te imaginas como gozo con su lengua en mi culo. Deberías probar algún día.

– La compartirías conmigo?

– Sin ningún inconveniente, es mas, sería un paso mas en su educación.

Y ahí estaba yo, sintiendo que hablaban de mi como si fuese un libro en la biblioteca o una lámpara en la sala, reducida a un mero objeto.

Después de esta última humillación, pasamos a la sala, donde serví café. Hasta ese momento, Marcelo había hablado practicamente nada, le conocía la voz tan solo por su saludo al conocerlo. En determinado momento Samanta menciona:

– Sabes, aquí Marcelo también es dominante, claro que sus gustos son algo particulares.

– Particulares, pregunté.

Podríamos decir que sí, el solo tiene sexo con sisis como tu, y luego de ver tus fotos insistió mucho en conocerte.

Al oir esto me puse a temblar de los nervios, había caído en una trampa tejida por Alicia y Samanta para entregarme a Marcelo? Mis nervios me traicionaron y el café se terminó volcando sobre mi falda.

– Creo que debo ir a cambiarme la falda, mencioné.

– No es necesario, me dice Alicia, mejor quítatela.

Comencé a quitármela cuando me interrumpe Samanta: – No así no, haz un pequeño streptease para los presentes. Mientras tanto, Alicia ponía una música de fondo.

Obedecí, bajando el cierre lentamente, acariciando mis piernas en el momento, tratando de hacerlo de la forma mas sensual posible, bailando al ritmo de la música y finalmente, dejando que la falda cayera a mis pies.

Ahí estaba yo, exhibiendo mi dispositivo de castidad, una joya anal incrustada dentro mío, con medias, portaligas, zapatos de tacón y el sueter que realzaba aún mas el sostén torpedo que tenía puesto.

Marcelo en ese momento se levantó, y acercándose a mi me abrazó por la cintura y me plantó un beso en los labios, luego introdujo su lengua en mi boca y debo confesar que muy a mi pesar respondí al mismo, tomando su nuca entre mis manos mientras nuestras lenguas jugaban una con la otra.

Luego se separó y bajándose los pantalones dejó expuesto un miembro masculino de mas que generosas dimensiones, era mas grande que el strapon que había utilizado Alicia anteriormente.

– Vamos preciosa, muestrame como lo besas.

Yo me senté en el sillón, Marcelo parado delante mío, de forma que su pene quedaba a la altura de mi boca y apenas a diez centímetros.

En ese momento, siento una presión en mi nuca, mientras Alicia me dice: – Vamos, bésalo, es el último paso para convertirte en mujer.

Ante la insistencia de mi esposa y mi escasa resistencia, me acerqué y comencé a besarlo, con una mano sostenía sus testículos mientras que recorría todo su miembro con mi lengua.

– Deja de jugar y mételo en tu boca de una vez. Me ordenó Alicia.

Gracias a la práctica de la última semana pude introducirlo en mi boca hasta que estuvo por completo dentro mío. Ahí comencé a chupar y jugar con mi lengua mientras el realizaba un movimiento de vaivén con sus caderas.

– Que boca deliciosa, no le has hecho justicia Alicia, mencionó Marcelo.

Después de un tiempo, Marcelo me dice: – Da la vuelta preciosa, apoya tus rodillas en el sillón y tus manos sobre el respaldo. Lo hice y así quedé con mi cola expuesta, lista para el que estaba segura era el siguiente paso.

Siento como retiran el plug anal mientras menciona: – Que linda, ya estaba lubricada.

Comenzó a penetrarme muy lentamente, poco a poco, sentía como su prodigioso miembro buscaba su camino dentro mío mientras me dilataba.

Cuando estuvo por completo dentro, comenzó a cabalgarme.

– Te gusta?

– Si.

– Quieres que siga?

– Por favor.

– Un gusto complacerte.

Su ritmo se incrementó hasta que en cierto momento dice: – Estoy por llegar, date vuelta que quiero verte la cara.

Tal como lo ordenó, me dí vuelta y lo miré a los ojos, con la boca abierta dispuesta a recibir mi premio.

Casi inmediatamente, sentí por primera vez, el chorro del semen cayendo dentro de mi boca. Su sabor era distinto al mío, agradable al fin y al cabo.

– Disculpenme un momento, les pedí.

Fuí hasta el cuarto, retoqué mi maquillaje que estaba corrido, busqué una falta limpia y retorné a la sala.

– Has estado excelente, me dijo Alicia, me siento muy orgullosa de vos.

Y ahí continuamos la velada, como si absolutamente nada extraordinario hubiera ocurrido, pero yo no sería nunca mas la misma.

Y esta es la historia, por eso decía, cuidado con las fantasías, no solo se pueden hacer realidad, sinó que quizá sean mucho mas de lo que esperabas.