Hola que tal amigos soy Sandraa ya les contare la tercera parte de cómo fue la primera vez de una larga noche y madrugada de sexo zoo con mi lindo perrito Balti.
Lautaro: (En voz baja, con los ojos llenos de lágrimas de impotencia) — Romi... mirame, por favor. Sé que me odiás. Sé que sentís que te usé de escudo para cubrir la mierda de mi amigo, y tenés razón. Fui un imbécil. —
Romina: (Sin mirarlo, con la mandíbula apretada y la vista fija en Federico) — S
—¿Estás seguro de que es buena idea? —preguntó ella, jugando con el borde de su blusa—. No quiero que piensen que soy... no sé, ¿y si les caigo mal? —No te hagas drama —le aseguró él, tomándola de la mano—. Santiago y Viviana son copados. Además, estoy seguro de que les vas a caer re bien.
La noche
Él comenzó a repartir besos húmedos y hambrientos sobre el encaje, humedeciendo la tela con su lengua mientras sus manos volvían a sujetar sus caderas, apretándola contra su cuerpo desnudo. Romina soltó un gemido más agudo, un sonido que rebotó en las paredes de metal del taller, y enredó sus pierna
- Tranquilo santi, ¿Qué pasó? - pregunto con algo de preocupación, pero consciente que seguro su amigo había tenido algún problema complicado con su auto o tal vez en el trabajo, entonces pregunta - ¿Qué quieres que lleve? ¿birra o una bolsa y una pala?
Era una pregunta típica que se hacían cuando p
Lautaro y Santiago son amigos de toda la vida. Se criaron juntos en el mismo barrio y asistieron a la misma escuela, pero la vida los llevó por caminos diferentes, aunque nunca rompieron su amistad. Hoy, a los 41 años de ambos, Lautaro trabaja en un taller en su propia casa (tiene su departamento ju
Despertamos con sed y ganas de revancha. Después de que admitieras que te quedaste dormido a media mamada, pediste hielo y montaste un espectáculo de "agua y fuego". Me diste una sesión oral brutal con hielo y azotes, pero yo no me quedé atrás: me senté en tu cara hasta dejarte sin aire y luego, jug
Lucie y Joel, inicialmente incómodos en una playa nudista, se rinden a la libertad y al deseo, descubriendo una conexión íntima bajo el sol y las olas.
Tras días de mensajes que quemaban la pantalla, llegó el momento.
Valentina, con voz temblorosa y ronquita, me soltó:
“Papi… ¿te puedo hacer una pregunta? Si me vieras hablando con otros hombres, ¿sentirías celos?”
Me quedé mudo.
No era solo curiosidad. Era ella sintiendo algo real, rompiéndose sus
Hay momentos en la vida en los que reencontrarse con la persona adecuada supone más un tormento que una bendición, a pesar de que después de la tempestad, siempre llegue la calma.