Mi hermanita se lo monta con su novio en un parque y por la tarde, al regresar a casa, mi madre entra en mi habitación y la meto mano de forma descarada.
Mi hermana me cuenta que la enseñaron un vídeo en el que vio a mi madre gimiendo y pidiendo rabo como loca a un desconocido. Al final no es tan angelical como parece y su pasado oscuro me deja confundido.
La morbosidad y excitación que me provoca el escuchar piropos al pasar por un taller mecánico, me llevaron de la mano a entregarme en los brazos de un mecánico, cobrando venganza de mi exesposo. Un encuentro sexual fuerte, con mi culo lubricado por el aceite y la grasa automotriz de un sucio taller.
Una mujer muy abierta a lo sexual con ucon un cuerpo bastante conservado a pesar de la edad 41 para ese momento, con mucha experiencia . pero cansada de no tener algo estable
Su nombre es Sebastián tiene 37 años, está felizmente casado con Andrea y tienen un hijo. Como resultado de un accidente de auto, lleva en silla de ruedas desde el último año y medio. Como si esto fuera poco, también padece impotencia sexual, pues no siente nada de la cintura para abajo.
Años atrás
Gonzalo: —¿Y cómo la pasaste?
Paula: —Igual de bien que vos —(dice con cierta ironía).
Paula se levanta y va hacia el lugar donde tenía escondida una cámara. Gonzalo se queda mudo al verla.
Gonzalo: —¿Y eso?
Paula: —Bueno, no hay que ser adivino para saber lo que es. No sabía que eras tan
Era una noche de sábado de un 6 de diciembre, caluroso en la Patagonia argentina en donde Sabrina y Alan, en su casa. El reloj marcaba las 22hs, y el aire estaba cargado de tensión. Sabrina, una mujer de treinta y dos años con curvas generosas que siempre habían hecho girar cabezas.
Confieso que por una infidelidad que cometí con el jefe de mi marido, Carlos (así le llamaré), un importante oficial de policía, me vi envuelta en algo que no pensaba. Necesitaba dinero extra, así que me rendí a la los encantos de Carlos en la cama.
Este relato cuenta la historia de una de las nuevas familias modernas, las denominadas “integradas”. Un padre separado y su hijo, una madre divorciada y su hija. Cuarentena y sexo. Final.
Con apenas unos meses de casada, nos mudamos a un nuevo barrio, donde uno de los vecinos, no solo entraría en nuestras vidas de manera amable, entraría en mi de manera apasionada y traeria bastante emoción.
Andrea tiene la vida que siempre soñó: un marido, dos hijas maravillosas y una casa. Pero tras años de crianza su vida sexual es un desierto. Todo cambia con un encuentro fortuito en el ascensor.