Buenas noches, mi nombre es Alejo y para mis amigos y amigas soy El Negro.

Para aquellos que hayan leído alguno de mis relatos anteriores, soy un adicto a las maduritas desde que tengo uso de razón, pero no por ello dejo de lado al resto de las mujeres.

Les cuento que mientras espero la aprobación de Helena para los próximas dos entregas de la “Empresaria suelta en…”, voy a comentarles algo que me sucedió este mismo fin de semana.

El miércoles recibí un mensaje de WhatsApp donde un amigo de la infancia me avisaba que vendría a mi ciudad por un par de reuniones con ex compañeros de escuela. Pero no vendría solo, lo haría con una amiga y su hija adolescente ya que ambas están dedicadas a la organización de un evento en su ciudad y necesitaban ver algunos materiales para la ocasión.

Alguna vez le había ofrecido a él hospedaje en casa, ya que hay un par de habitaciones que quedaron vacías luego de que mis hijos formaran pareja, y tan solo eran ocupadas cuando alguno de mis nietos venía de visita.

Llegarían el día viernes durante la mañana, dejarían sus pertenencias en casa, se acomodarían y luego cada uno partiría a hacer sus diligencias, juntándonos en casa a la hora del almuerzo. Exactamente así sucedió, Joaco, Lula y Lila se hicieron presentes a las 9:30 aproximadamente.

Joaco tiene 56 años, viudo, comerciante y se radicó en La Pampa hace ya unos 20 años, seguimos manteniendo contacto por mail y cruzamos mensajes por WhatsApp regularmente. Me presentó a Lula, morocha, cabello bien oscuro y corto tipo melena, ojos negros, figura “rellenita” pero con muy buenas formas (se nota que dedica horas al gimnasio), divorciada y al llegar vestía las típicas ropas cómodas para un viaje en auto: leggins color azules con dibujos en celeste, una remera algo escotada y una campera deportiva.

Lila es la típica adolescente de 18 años: enfundada en jeans ajustados en la cintura pero amplios de la rodilla hacia abajo, calzado deportivo, campera de moda (aunque de poco abrigo) cerrada hasta el cuello, cabello más claro que el de su madre, ojos igualmente negros y necesitada de una buena dosis de alimentación (muy delgada), aunque con pechos casi tan notorios como los de su madre. Los dedos amurados el celular y auriculares que no se quita ni de casualidad.

Apenas llegaron, les mostré las dos habitaciones para que se ubicaran a gusto, preparé un mate y le ofrecí a la joven un café, que rechazó con un gesto de mano. Mientras conversábamos un poco con Joaco y Lula, Lila estaba muy preocupada por la contraseña del wifi, para no perder contacto con sus amigas.

Sobre las 11 de la mañana, se fueron las dos mujeres de compras a un shopping, avisando que volverían para las 13:30.

Joaco: ¿cómo andas loco? ¿Todo bien? ¿No te jode que haya traído a las chicas?

Alejo: todo en orden por ahora, no hay problema con las mujeres. ¿Lula es tu novia?

Joaco: algo así, somos bastante liberales: ella en su casa, yo en la mía y nos juntamos los fines de semana y alguna que otra noche en la semana. Nada serio por ahora.

Alejo: me imagino que no querías traer a la piba, pero se te enganchó, ¿no?

Joaco: y no, quería una escapada a solas. Si hasta van a dormir juntas…

Alejo: te pudrió la escapada romántica, ja ja ja.

Joaco: qué vas a hacer…

Juntos, preparamos el almuerzo, y nos fuimos poniendo al día de nuestras vidas. Él tenía una juntada el viernes en un bar con un grupo de amigos de la primaria y el sábado había una reunión en casa de uno de ellos, con cena, joda y sin parejas. El domingo si se juntarían con sus familias y el lunes completarían sus trámites y se volvería a su ciudad.

Joaco: ¿te molesta si te pido que las saques el sábado a conocer un poco?

Alejo: ni un problema

El clima no ayudaba mucho, demasiado frío pero al menos la lluvia estaba dando un respiro después de 4 días seguidos de precipitaciones.

Las mujeres volvieron con varias bolsas con ropas y calzado, pidieron un tiempo para ducharse y probar lo comprado pues si los talles no correspondían, solo tenían el resto del viernes y el sábado en la mañana para los cambios.

El caso es que a las 14 horas estábamos almorzando. La joven ahora lucía leggins igual que su madre y un buzo a tono algo ajustado para el tamaño de sus pechos que se notaban demasiado. Lula, había cambiado los suyos por unos nuevos que tienen ciertas costuras que simulan las marcas de tangas y se calzan notoriamente entre las cachas del culo y ni hablar de lo que marcan la raja delantera. Con ese panorama, era difícil concentrarse en las charlas y la comida, en realidad, daba ganas de comérsela a ella y empacharse mamando las ubres de la nenita.

Joaco comentó lo que habíamos arreglado para el sábado y se dispuso para su primera juntada en el bar. A las 19 horas, se fue, dejándome con las dos mujeres y prometiendo volver “en condiciones” sobre la media noche.

La adolecente se fue a la habitación con su celular y nos dejó a solas a su madre y a mí.

Mientras tomábamos un café para combatir el frío, me contó un poco de la relación con Joaco, sus dificultades para desprenderse de Lila y aprovechó a preguntarme cosas de él, cómo era de joven, si había conocido a la esposa, entre otras cosas.

Lula: no estoy muy convencida de formalizar con él, está muy cómodo en su soltería y yo quiero un poco más de relación

Alejo: ¿se lo dijiste? ¿Lo hablaste con él?

Lula: cuesta mucho, nos vemos poco y aprovechamos el tiempo a full, cuando Lila no interrumpe. A ella no le cae nada bien y hemos tenido roces

Alejo: ¿cuánto llevan juntos?

Lula: apenas 4 meses, muy poco

Alejo: vas a tener que tomarte tiempo y dejar que esto madure un poco

Lula: no somos chicos, y no quiere saber nada de convivir, eso me extraña

Alejo: ¿por?

Lula: creo que tiene algo más por ahí. Se sabe que es muy mujeriego

Alejo: no te dejes llenar la cabeza

Algo más seria, Lula contó que él hace giras de una semana a diez días por ventas y lo ha acompañado algunas veces y notó como ciertas clientas la miran con recelo cuando ella está con él, Alguna hasta deslizó su desagrado por que no viajaba solo. Eso en cierta manera confirmaba sus sospechas.

Estábamos en plena charla cuando a las 23:30 llegó Joaco, bastante “alegre” por el alcohol. Se unió a nosotros y comentó de un cambio en la juntada del sábado: no sería en casa de uno de los organizadores sino en una casaquinta alquilada donde además se alojarían otros viajeros, además de iniciarse a media tarde. Eso molestó a Lula, ya que la idea del viaje era compartir tiempos juntos y él la dejaría sola (conmigo en mi casa); al notar cierta tirantez en el trato entre ambos, me despedí y me dirigí a mi habitación, dejándolos solos en el comedor.

Pude escuchar varios reproches de ella por ese tema, a los que Joaco respondía que se calmara ya que aprovechando el momento, la llevaría a la cama y cumpliría con ella. Eso enojó aún más a Lula, que mencionó que no había viajado solo para acostarse con él, se puso de pie y se fue a la habitación junto a su hija. Joaco trató de convencerla pero fue inútil: “Ma sí, ándate a dormir loca…” dijo antes de ingresar al baño y después de unos minutos, también se acostó.

Desperté temprano, preparé un ligero desayuno y esperé a que mis visitas fueran apareciendo. Curiosamente, la primera fue Lila, con una remera larga que oficiaba de camisón a través del que podía notar sus pechos sin sostén.

Lila: buenos días, veo que ya preparaste el desayuno

Alejo: buenos días Lila, si. ¿Te sirvo un café?

Lila: gracias, con leche por favor.

Se sentó y después del primer sorbo, levantó la cabeza e inició un monólogo sobre lo sucedido la noche anterior. “Volvieron a discutir ¿cierto? Lo hacen bastante seguido y me doy cuenta porque mi vieja se pone bastante mal y cabreada. Generalmente yo ligo las consecuencias, por eso trato de estar en casa cuando él viene: si estoy yo, discuten menos. La verdad, tu amigo no me cae nada bien y en algún momento se ha hecho el vivo conmigo, con dichos desubicados y hasta algún roce, pero de eso mi vieja no lo sabe o ya lo habría despachado pero está como pendeja alzada con él” dijo antes de beber un nuevo sorbo del café. “Sé que en los viajes que hacen por el trabajo de él, la lleva solo a algunos negocios, y en otros no quiere que lo acompañe porque se come a las dueñas o empleadas, no hace falta ser muy despierta para darse cuenta. Si tengo algo de suerte, en éste viaje mi vieja se va a convencer y a la vuelta, se acabará la relación” finalizó su exposición.

Le conté que me parecía un poco extraña su postura pero al no estar en el día a día, no podía emitir opinión. Le consulté por qué no había dicho a su madre lo de los roces y lo demás, ya que eso no era correcto.

“Si le digo a mi vieja que su amante me toca el culo y me dice que me comería las tetas, ¿pensás que me creería?, más que nada sabiendo que me cae mal y no estoy de acuerdo con la relación, seguramente diría que exagero para que corten. Lo único que pido es que no piensen en vivir juntos, ahí sería más jodido para mi” concluyó cuando sentimos el ruido de la puerta de una de las habitaciones abrirse. Segundos después, Lula aparecía en el comedor.

Lula: buenos días gente, ¿Cómo están? Nena, te hubieras puesto algo encima, no estás en casa

Lila: buen día ma, te acostaste arriba de la bata.

Lula: huy, perdón, andá a la pieza y ponetela, por fa.

La joven se puso de pie, me guiño un ojo y fue a la habitación a buscar la prenda. Mientras eso sucedía, Lula se sentaba a la mesa y recibía de mi mano el primer mate.

Lula: disculpala, como vivimos solas hace que pierda un poco la referencia y se olvide de andar algo más cubierta

Alejo: todo bien, además estuvimos charlando y parece muy ubicada para su edad. ¿Pudiste descansar?

Lula: costó un poco dormirme, pero logré descansar bastante. En cuanto a Lila, si le das un poco de confianza, se va a desatar y te va a invadir.

Me sonreí y continué con la ronda de mates. Lula me pidió si podía alcanzarlas al shopping para los cambios de las prendas, ya que seguramente Joaco despertaría muy tarde producto del alcohol y al tener que irse a la tarde a su juntada, andaría a las corridas. Acepté el pedido, de paso haría un par de compras necesarias, mientras ellas hacían lo suyo.

A las 10 de la mañana, con ambas mujeres duchadas y vestidas para el momento, le dejamos un mensaje en la mesa del comedor a Joaco y partimos rumbo al shopping. Una vez allí, coordinamos en encontrarnos en el café central de lugar y cada uno partió a sus tareas. Lo mío fue sencillo y rápido, dejé en el auto las bolsas con las compras y luego aproveché a pasear un poco por los distintos locales. En uno de ellos, pude observar a través de la vidriera a Lula cambiando lencería: unos conjuntos de color claro por otros más oscuros y con algunos detalles. No vi a Lila con ella, cosa que me sorprendió. “¿Podés creer que se pone esos conjuntitos la vieja?, no le cubren nada. Te diré que son más para mí que para ella” sonó la voz de la joven a mis espaldas. Giré y debo haber estado rojo como un tomate, porque ella se rio al verme.

Lila llevaba un par de bolsas de indumentaria deportiva en una de sus manos, pasó la otra bajo mi brazo y me llevó rumbo al café donde habíamos quedado en encontrarnos, nos sentamos en un sillón alejado y pedimos un jugo y un café para amenizar la espera.

“¿Te la imaginás a mi vieja entangada? Ya está algo grandecita para eso y además tiene un culo bastante grande, le va a quedar como hilo dental, perdido entre los cachetes” dijo con una sonrisa pícara.

“A veces uno compra determinadas prendas para momentos especiales” le respondí tratando de bajar un poco el nivel de la charla.

“Vamos… desde hace unos dos años viene cambiando todo el vestuario. Arrancó con vedetinas y sostenes deportivos y de a poco fue pasando a tangas chiquitas y algún que otro hilo. Ni te cuento las ropas de rodos los días, de vaqueros elastizados y clásicos, a otros más ajustados y ahora vive de leggins bien apretaditos, se le marca todo, más que a mí. Se está volviendo pendevieja” contó mientras bebía el jugo.

“Quizá tenga ganas de rehacer su vida y un primer paso es volverse más atrevida con la vestimenta, para atraer a los hombres. Es una mujer joven todavía” respondí.

“Puede ser, pero no necesita mostrar todo, se pasó de un extremo al otro. ¿Viste cómo se le marca todo? Entre la ropa y el gimnasio…” preguntó.

“Es innegable que tiene un buen cuerpo para su edad y busca la forma de exhibirlo” rematé justo cuando la vi acercándose a nosotros.

Se dejó caer en el sillón y con un suspiro confirmó que había logrado todos los cambios y pidió un café, se unió a la charla que seguía girando en torno a su cambio de físico, siempre remarcado por Lila. Estábamos a full en el tema cuando le sonó un mensaje en el celular: era Joaco avisando que a las 14 lo pasaban a buscar por casa para ir a su juntada y así evitaba llevar el auto. La cara de Lula se transformó, paso de la risa a la seriedad, le respondió con un par de monosílabos y guardó el teléfono. Lila se dio cuenta rápidamente y la sacó de sus pensamientos con el pedido de almorzar allí mismo y que le hiciéramos el aguante un rato más, había visto un par de películas en cartelera de los cines del lugar y pensaba pasar la tarde allí, viéndolas.

Lula accedió con resignación. “Alejo, ¿me acompañás a sacar las entradas? Así se donde tengo que ir por cada peli y después vamos a comer ¿sí?” dijo haciéndome un gesto para dejar un rato sola a Lula. Nos pusimos de pie y fuimos hacia las boleterías.

Tardamos más nosotros en salir que Lula en tomar el celular y ponerse a hablar, hacía gestos y se pasaba la mano por los cabellos, se la notaba enojada.

Lila: te lo dije, la relación muere acá. Tengo mis dudas si cuando vuelvan a casa no te pide que la ayudes a buscar un hotel y nos vamos de tu casa.

Alejo: no creo que sea para tanto…

Lila: te apostaría algo picante, para que veas lo segura que estoy

No la dejé terminar la expresión y enfilamos para las boleterías. Sacó las entradas y se aseguró el horario de finalización de la segunda para saber a qué hora tendríamos que venir por ella. “llevala a pasear un poco, que trate de distraerse, ¿sí?” me pidió cuando volvíamos a la mesa.

Lula tenía los ojos enrojecidos, quizá había dejado caer alguna lágrima durante la comunicación, pero estaba tratando de recomponerse.

Lila: bueno chicos, tienen hasta las 20 para pasear, a esa hora los espero afuera. La primer peli arranca a las 15:30 y la segunda a las 18, en el medio me dedico a pavear acá adentro.

Lula asintió con la cabeza y yo le respondí que estaría unos minutos antes para que no tomara frio. Almorzamos y luego nos despedimos.

Lula estaba sería y no emitía palabra.

Alejo: ¿estás bien? ¿Vamos a dar un paseo?

Lula: te pido que tardes un poco en llegar a casa, Joaco se va a la juntada y se queda allí, en la casaquinta hasta el domingo, está armando el bolso.

Después de esa confesión, me separé un poco de ella, tomé el celular y lo llamé a él: “¿Qué pasó amigo? Me dijo Lula que te vas”. “Si, nadie me va a poner trabas a esta altura de mi vida, si quieren ir a un hotel, guialas y gracias por la casa. Ya te voy a escribir o llamar en la semana” dijo y cortó la llamada.

Volví con Lula y nos fuimos caminando rumbo al auto en el estacionamiento.

Apenas subimos, se recostó en el asiento y comenzó a llorar: “Lo sabía, no puede mantener una relación, es un desgraciado” contó entre sollozos, la dejé descargarse y le ofrecí un pack de pañuelos descartables, que tomó para limpiarse.

Puse en marcha el auto y enfilé rumbo al centro. “No tengo ganas de nada, vamos a casa” me pidió. Cambié el rumbo y al llegar noté que ya no estaba el auto de Joaco, bajamos y entramos rápidamente. Se sentó en el sillón y con la cabeza entre sus manos siguió sollozando.

Es difícil saber qué hacer en ese momento, ya que no conoces a fondo la situación y mucho menos te sentís capaz de dar consejos, por lo que solo me senté a su lado y le hice compañía. Estuvo así casi media hora hasta que se recompuso.

Lula: te pido mil disculpas, no tenés por qué estar en medio de esto. ¿Me ayudas a buscar un hotel? No debemos molestarte.

Alejo: nada de eso, hoy se quedan en casa y mañana con la cabeza en frío vemos, ¿sí?

Lula: gracias, voy a acomodar las cosas y vuelvo.

Se levantó y salió con las bolsas de las compras rumbo a la habitación. Pasó un buen rato allí, demasiado diría, por lo que me acerqué a ver si necesitaba algo. Golpeé la puerta y tras recibir la aprobación, entré. Sobre la cama estaban desparramadas varias prendas, de todo tipo y tamaño, propias y de su hija. “Ya casi no entra más nada en mi bolso, no sé dónde meter el resto” dijo mientras doblaba tan apretada como le era posible cada cosa, pretendiendo que ingresaran donde ya no había más espacio. “Te paso un bolso que no uso y las ubicás ahí ¿te sirve?” le dije. “Obvio, ¿pero cómo te lo devuelvo?” respondió. “Ya habrá tiempo” finalicé.

Fui a mi cuarto y traje el bolso en cuestión. Lo abrí y le ayudé a guardar las cosas, prestando mucha atención en las prendas íntimas, costaba diferenciar cuales eran de ella y cuáles de su hija. Haciéndome el gracioso, tomé la más pequeña y la extendí a distancia, como si la enfrentara a su cuerpo: “Esta es de Lila, sin dudas” dije sonriendo. “No te creas, yo suelo usar de esas” devolvió la risa mientras la tomaba en sus manos para guardarla.

Alejo: no lo tomes a mal, pero ¿cómo te podes poner algo así? No es incómodo

Lula: al principio cuesta adaptarse, pero son comodísimas, de hecho tengo puesta una de esas en este momento.

Alejo: mmm mentime que me gusta…

Lula: ¿dudás? no me desafíes…

Alejo: jamás te desafiaría, pero…

Lula: ¿a sí? Ya vas a ver…

Se giró y llevando las manos a la cintura de los leggins hizoel gesto de iniciar la bajada del mismo. Apenas bajó unos 4 centímetros y me miró con sonrisa pícara. “¿Me lo bajo y verificas?” dijo soltando una carcajada “Mejor, voy a optar por creerte o esto se pudre todo…” respondí también en medio de una carcajada.

Haciéndose la misteriosa, bajó un par de centímetros más y pude apreciar el elástico de la tanga, de la misma marca que las que había visto antes sobre la cama. “Creo que ya lo demostré, ¿no?” finalizó la prueba.

Nos reíamos de las locuras que estábamos haciendo ambos y cómo se había olvidado al menos por unos minutos el mal momento que ella había pasado.

Lula: Gracias por la buena onda y por no dejarme caer.

Alejo: nada que agradecer

Se acercó y me abrazó como signo de gratitud, pero hubo algo extraño. El abrazo duró algo más de lo necesario y nos despegamos unos centímetros, nos miramos a los ojos y sin mediar palabras, nos fundimos en un beso, algo tímido al principio pero que fue subiendo la intensidad. Ella jugaba con mi cabello y yo recorría su espalda con mis manos. Cuando la lengua de ella invadió mi boca, mis manos traspasaron el borde de los leggins y se aferraron al culo, atrayéndola más hacia mí. Seguro notó como me había puesto de duro y bajó sus manos apretándome mucho más contra su cuerpo. Las tetas se prensaban contra mi pecho y los pezones parecían querer traspasar las prendas que los separaban de mi piel. Dimos un par de pasos, sin soltarnos y caímos en la cama, ella sobre mí. “no pienses, solo hacé lo que quieras, yo haré lo mismo” dijo mientras luchaba por sacarme la remera. Unos minutos después, ya no había nada entre sus pechos y el mío, solo los leggins y mi jogging separaba la piel de nuestras piernas. Se los bajé como pude y al fín tuve en mis manos la piel de su culo firme. Ella giró y me dejó sobre su cuerpo, con mucha habilidad usó sus pies para bajar mi jogging y ahora solo el bóxer y la tanga eran las barreras entre el sexo de ambos. No dejábamos de besarnos y acariciarnos como locos poseídos. Un movimiento más y mis dedos corrieron a un lado la tanga, haciendo contacto la yema de mis dedos con la raja húmeda, la recorrí y lanzó un gemido de placer. “Lula, que rica y caliente estás” le murmuré al oído, “Que dura la tenés, sacala y pasamela por la raja, quiero sentirla ya” respondió entre gemidos cortitos. Le hice caso, pero ella tenía otros planes, porque después de la segunda recorrida arqueo el cuerpo y me llevó a su interior.

Había experiencia en esa mujer, no solo la habilidad para llevarla adentro sino la amplitud de su cueva me lo hacía notar. Volvió a girarse sobre mí y montándome, comenzó a moverse, apoyó sus manos en mi pecho y me ofreció los pechos para mamar, al tiempo que con movimientos acompasados me hacía entrar y salir de su concha caliente y jugosa.

Aceleraba y frenaba, prolongando el momento, cuando notó que yo ya no resistiría mucho más, apuró los movimientos y me hizo acabar de manera intensa y prolongada. En mis últimos movimientos de eyaculación, apretó sus piernas y con tres o cuatro sacudidas, completó su orgasmo.

Se dejó caer en mi pecho y descansó, sin palabras, bajando la intensidad de su respiración.

Un rato después, mi erección bajó y ella acompañó el movimiento, para acostarse a mi lado.

Alejo: ¿te sentís bien? ¿Por qué lo hiciste?

Lula: estoy genial y lo hice por deseos y gratitud. No me arrepiento para nada

Alejo: no debimos llegar a tanto

Lula: yo quise y lo necesitaba, si no eras vos aquí, hubiera sido otro que conociera en un bar esta noche. Créeme que lo disfrute mucho.

Se aferró a mí y posando su cabeza en mi pecho descansó un buen rato. Luego se levantó, me mostró la tanga, casi hilo dental que estaba usando antes de tener sexo. “¿La querés? Te la dejo de regalo y así sabrás que no mentía” dijo mientras se la frotaba por entre las piernas para después tirármelas. Se fue a duchar, juraría que hasta tarareaba alguna canción mientras se bañaba. Volvió envuelta en un toallón, se acercó al bolso y tomó de uno de los envoltorios de las compras un conjunto color azul oscuro, dejó caer el toallón y se mostró totalmente desnuda mientras se colocaba las prendas: “¿Cómo me queda?” dijo mientras lo modelaba a los pies de la cama. “Te los sacaría con los dientes y te volvería a traer acá conmigo” le mencioné.

Lula: no por ahora Alejo, quizá esta noche, siempre que Lila se haya dormido, vas a tener que esperar.

Alejo: lo haré, quiero comerte despacio, cada centímetro de ese hermoso cuerpo

Lula: te tomo la palabra, me encanta el sexo oral. Ahora terminemos de acomodar y vamos por mi hija, si no queremos que sospeche nada.

Me levanté de la cama, la ayudé a guardar todo y pasamos las cosas a la otra habitación, para ventilar un poco esa. Luego una ducha rápida y al horario previsto llegamos a buscar a Lila.

La hallamos acompañada por un grupo de chicos y chicas, eran amigos del pueblo que habían venido a la ciudad con la idea de ir a bailar a un boliche de moda y se volverían al día siguiente, luego de desayunar en la terminal de micros. Lila pidió salir con ellos a bailar y después volverse acompañándolos, Lula aceptó a regañadientes pues debía dejarla sola y no era lo que más le convencía.

Volvimos a casa, en el recorrido Lila nos contó las películas y lo bien que lo había pasado al encontrarse con amigos. Lula le contó de la ruptura con Joaco y que volvería a casa en un servicio puerta a puerta, para poder llevar las cosas que habían comprado. Hubo una expresión de alegría por parte de la joven al enterarse de la ruptura y abrazó a su madre desde el asiento trasero: “Te lo dije, él no era para vos. Perdón Alejo, aunque sea tu amigo”.

Llegamos a la casa, preparamos un par de pizzas para cenar mientras Lila se preparaba para la noche. Se vistió con prendas nuevas y se maquilló de manera delicada.

Cenamos en un buen ambiente y pasadas las 23 la llevamos al punto de encuentro son sus amigos, al bajar miró a la madre y le despachó sin la menor delicadeza: “Ojo con lo que hacés, un clavo no saca a otro, dormí sola en tu cama” mientras reía y me guiñaba el ojo, “No te aproveches de mi mami Alejo” y cerró la puerta del auto.

Lula me miró y sonrió, estaba ruborizada.

Lula: no tiene filtros mi hija

Alejo: me doy cuenta

Antes de volver, pasamos por un bar temático de los ’80 y tomamos un par de cafés, no queríamos que algún control de tránsito nos amargara la noche con el alcohol. Charlamos casi hasta las 2 de la mañana y nos volvimos a la casa.

Allí sí compartimos un par de copas, brindamos por habernos conocido y cada quien se fue a su habitación. Habré pasado una hora viendo tv y me dispuse a ir al baño antes de dormir, pude observar que la habitación de Lula aún tenía resplandor de la luz de noche, me asomé y la vi revisando el celular. Se sobresaltó al verme: “Le estaba respondiendo a Lila, recién entraron al boliche, le dije que si se aburría, me avise y la esperaba sin molestarte” dijo mientras dejaba el teléfono en la mesa de noche.

“Tranquila, la va a pasar bien con sus amigos. Seguro mañana te llama antes de volverse, descansá” traté de calmarla y me retiré.

Al salir del baño, noté que la luz de su cuarto ya estaba apagada, entonces me fui a la mía. Al ingresar me encontré una sorpresa: Lula estaba en mi cama, acostada sobre el sector que había dejado tibio al levantarme, tapada hasta la cabeza y me miraba con una sonrisa pícara.

Lula: vengo a que cumplas con tu promesa, yo cumplí la mía, ahora te toca

Abrió la cama y me mostró que no había prenda alguna que la cubriera, estaba totalmente desnuda, allí esperándome. Me metí en la cama y ella me tapó extendiendo las frazadas. “Calentate un poco que estás muy frio y necesito calor humano.” dijo mientras me abrazaba. Me quité el bóxer y lo arrojé a un lado, igualando su condición y comencé a besarla y acariciarla.

En cuestión de minutos, éramos un nudo de brazos, piernas y lenguas. “Espero cumplas lo prometido” dijo antes de apagar la tv y dedicarse de lleno a excitarme y permitiendo que hiciera lo mismo.

La atraje a mí, la subí y comencé por comerle los pechos, chupándolos fuertemente y tironeando con mis dientes de sus pezones, mientras mis manos bajaban en busca de su entrepierna, abrían los labios de su raja y buscaban hallar el clítoris para estimularlo. La humedad no tardó en llegar y los gemidos en brotar de sus labios, cuando mis dedos resbalaban con facilidad en ella, quité las sábanas y frazadas, me arrodillé y comencé a recorrerla desde la boca hasta la vagina, pasando la lengua lentamente por cada rincón de su cuerpo. Ella abrió bien las piernas para facilitar mi tarea y se dispuso a gozar del tratamiento, ubiqué mis manos bajo sus caderas y traté de levantarla sin poder hacerlo bien, por lo que ella se separó un poco, se acodó a la cama y se puso en 4 patas, abriéndose bien las nalgas, para que pudiese recorrer con mi lengua desde el inicio de la raja hasta detenerme en el hoyito prieto de su culo.

Lula: mmm, que lindo se siente, me gusta, quiero más…

Alejo: lo que pidas…

Y repetí por un buen rato el trabajo en la zona, noté como llevaba una de sus manos al clítoris para estimularlo y la otra en una de sus tetas, apretándola y tirando del pezón mientras yo seguía comiéndola. Discretamente, ensalivé el culito y mientras le recorría la raja, empecé a presionar para meter uno de mis dedos dentro de ese agujero apretado.

“ay mi culo… despacio que es virgen, me encanta, pero duele, despacio” dijo mientras recibía la mamada y la penetración. Lentamente fue relajando el esfínter y el dedo empezó a resbalar con más facilidad.

Yo necesitaba penetrarla de alguna manera, mi calentura era mucha y quería tenerla. Hizo un movimiento y se clavó el dedo a fondo, gimió profundamente y se detuvo un momento, sin quitarlo de su interior. “Ahora, métemela, que ya estoy acabando, lléname de leche…” pidió y me dio el espacio justo para que la verga se perdiera en su interior. La concha latía en paralelo con el culo que me oprimía el dedo, sentí como desde la concha le brotaba líquido espeso que me empapó y me llevó a una descarga intensa de leche dentro de ella. Dos, tres bombazos más y ya no quedaba más leche en mí. Me aferré a su cintura y retuve lo más posible mi verga y mi dedo en su interior, prolongando por un buen tiempo el orgasmo. Rendidos, nos dejamos caer y así permanecimos hasta dormirnos.

Cerca de las 9 de la mañana, sonó su celular, era Lila avisando que ya estaba subiendo al micro de vuelta a casa. Lula, agradeció la llamada y se quedó más tranquila, se despidió y volvió a acomodarse en la cama para dormir un rato más. Pasado el mediodía, nos levantamos, acomodamos la habitación y fuimos a la cocina a desayunar, en eso estábamos cuando sonó una llave en la puerta del garaje. Segundos después Joaco apareció en el lugar. “Alejo, olvidé algunas cosas, ya me voy. Lula ¿qué haces acá?” dijo sorprendido. “Me ofreció quedarme y acepté, en dos horas me viene a buscar la combi” le respondió. “te dije que te buscaras un hotel” casi gritó Joaco.

Alejo: tranquilo, yo le dije que se quedara, le iban a cobrar más caro por la hora de ingreso y salida y aquí había lugar

Joaco: gracias negro, pero no era lo hablado entre ella y yo

Lula: ya no hay nada que hablar entre vos y yo

Él fue a la habitación, buscó un par de cajas que había olvidado y me saludó antes de partir. “Ojo que es manipuladora y exigente, que no te enganche” dijo y me entregó la llave de casa. Segundos después, se escuchaba su auto partir.

Lula: Uff, si hubiera venido una hora antes nos encontraba en tu cama

Alejo: no recordaba que le había dado una llave el sábado

Terminamos de desayunar, y nos dedicamos a esperar su transporte, a las 14 llegó, cargamos todo y se despidió de mi con un beso corto en los labios. “Cuando llegue te llamo para que te quedes tranquilo. Gracias una vez más” dijo antes de subir y cerrar la puerta.

Así se fue Lula de casa. A las 15 mientras ponía a lavar las sábanas de todas las habitaciones, recibí una llamada de Lila.

Lila: Buenas tardes Alejo, espero que hayas disfrutado una muy buena noche con mi vieja

Alejo: ¿qué decis Lila?

Lila: no te hagas el tonto, te olvidaste el bóxer azul en la cama que usamos con mamá el viernes. Joaco usa slips… No soy tonta…

Alejo: no sé qué decir…

Lila: que la pasaste bien y te cayó de una mi salida al boliche, la noche a solas

Alejo: bueno Lila, pido que guardes el secreto ¿sí?

Lila: obvio, ya me vas a contar como se portó

Alejo: es algo de adultos…

Lila: en dos meses cumplo 18 y vengo a unos exámenes, Yo arreglo que mi vieja te pida alojamiento para mí y me contas. Nos vemos

Cortó la llamada, era tal y como Lula lo había dicho, si le dabas espacio, te invadía y todo hace suponer que en dos meses me piensa invadir, ya veré como zafo cuando ese tiempo llegue.


Espero tus comentarios, y más que nada tu opinión.

Saludos,

Alejo Sallago – [email protected]