Capítulo 1
Esto que me pasó es tan su-real que decidí escribirlo. Les juro que todo, excepto los nombre, es cierto. Todo comenzó con la invitación que me hizo Daniela a su casa pues su esposo e hijos habían ido de vacaciones, por más de dos semanas, al otro lado del país.
– Dani al teléfono: Entonces!? Vienes o no!?
– Yo: Sí claro, a qué hora paso por ti?
– En mi casa a las 8 de la noche para que cenemos juntos.
Cuando llegué ahí estaba ella, aunque con algo más de peso que la ultima vez, mantiene su cintura estrecha, haciendo resaltar sus caderas. Dani es de mediana estatura unas piernas perfectas con muslos gruesos y un culazo enorme, a la muy suertuda le crecen los mejores lugares. Sus tetas son medianas pero el escote de su vestido solo cubría la mitad.
Dando una vuelta para mostrarse ante mí con aquel vestido ceñido a su figura me dice: – Sí, adivinaste: no llevo ropa interior! Ellos están de vacaciones y yo también, hoy quiero hacer todo lo que no me permiten y este vestido va así, sin ropa interior! Nos vamos!? Yo con una sonrisa y sin poder dar crédito a lo que estaba viendo le dije: estas bellísima! Le extendí mi mano, como señal de invitación, y nos fuimos del brazo hasta un restaurante a un par de cuadras.
Daniela tiene a penas 24 años, una figura que muchas envidian, un rostro lindo con ojos grandes y negros, labios carnosos con una sonrisa perfecta. Ella es de piel morena y cabello sedoso que le corre hasta la mitad de la espalda. Quien no desea una mujer así!
– Sabes por qué te llamé!? -me dice
– No, tu dirás. Si algo he aprendido de las mujeres, es que hay que oírlas sin juzgarlas
– Siempre me he sentido bien contigo!
No lo había contado, pero Dani y yo habíamos tenido “encuentros amorosos” antes, pero siempre fueron rápidos, sin poder disfrutar uno del otro.
– En ti encuentro una paz que siento con pocas personas – me dice Dani – y cómo se que eres un caballero que me vas a saber respetar pero a la vez se que puedo explorar muchas cosas contigo.
– Me agrada que pienses así – le dije.
– Estoy aburrida de lo mismo siempre con mi esposo, siempre la misma posición, el mismo tiempo. Y yo quiero hacer otras cosas, otras posiciones, en otros lugares de la casa…Tu me entiendes?
– Sí, te entiendo, pero primero tienes que liberar un poco de tensión sobre ti, sobre nosotros, sobre este momento, dejemos que todo fluya. Así que brindemos por una noche diferente!
Ya de regreso en su apartamento ella se adelanto unos pasos para dejar su bolso sobre el sofá y fue cuando en movimiento brusco le jalé del brazo y quedó junto a mí, con su boca pegada a la mía, gesto que estalló en beso lleno de deseo. Que boca tan sabrosa como fruta fresca! Fui subiendo por sus muslos lentamente hasta alzar su vestido hasta la cintura y descubrir sus nalgas sintiendo como se le erizaba la piel mientras las recorría.
La incliné y caímos sobre el sofá, ella boca arriba trató de abrir sus piernas para exponer su sexo pero con un gesto suave no se lo permití. Le tomé un pierna y empece a besar su pantorrilla mientra apoyaba mi pene sobre su vulva para que lo sintiera a través de mi pantalón. Poco a poco fui entre beso y ligeras caricias bajando por su tobillo hasta llegar a la parte de detrás de sus rodillas y así por todo el muslo hasta llegar al punto donde comienzan sus nalgas. Para ese punto ella estaba con la espalda totalmente apoyada sobre el sofá y sus abiertas apuntando al techo solo para permitir mi cabeza entre ellas.
Con uno de mis dedos pude descubrir un hilo de su propia humedad que salia de su vagina y corriendo hacia su ano. Con un movimiento lento pero firme recorrí toda su vulva con mi lengua hasta quedarme en su capuchón y pude sentir cómo estremeció su cuerpo con un gemido de placer, moví mi lengua ahora algo mas rápido con movimientos cortos y ella sola se acomodó ahí donde sentía más placer. Introduje suavemente dos dedos en su vagina y pude escuchar otro gemido mas fuertes que se alternaba con otros más débiles y una respiración entrecortada. Estaba toda caliente y mojada, comencé a mover mis dedos estimulando sus zonas erógenas, mojé mi dedo pequeño y lo presioné suavemente sobre su ano, pensé pronto vas a ser mío, pero tengo que ir con clama. Estimulándola pude sentir cómo se humedecía su vagina cada vez más y se contraía en un orgasmo mientras empujaba mi cabeza sobre su sexo. Métemela ya! – logré oír, cuando me haló de la camisa que todavía llevaba puesta rompiendo dos botones: métemela, métemela!
Me apresure para quitarme toda la ropa para cumplir sus deseos. Qué vagina tan caliente húmeda y estrecha! Se la metí toda de un golpe, estaba tan excitada que la recibió completa. Con sus piernas sobre mis hombros y mis manos alrededor de su cintura la penetré repetidas veces mientras ella me pedía más duro! Así hasta que tuvo un segundo orgasmo, y me dice: – quiero sentirte dentro de mí córrete adentro!
Cuando terminé y quedamos los dos jadeando uno al lado del otro llegaron las confesiones: nunca me había sentido así, nunca había tenido dos orgasmos seguidos. Pues bienvenida Dani – le dije – ustedes las mujeres son capaces de eso y mucho más. Quédate – me dijo – sé que tienes que trabajar mañana pero quiero que durmamos juntos. Ok, yo también quiero dormir contigo.
Una vez en su recámara, los dos desnudos sobre la cama de cucharita no pude resistir: sentir su suave olor, su cabello sobre mí y sus nalgas rozando mi pene no pude evitar excitarme: pensé que íbamos a dormir – me dijo – . Sí, vamos a dormir pero no dije que solo viniéramos a dormir. Con una sonrisa pícara se subió encima de mí: que rica la tienes, yo también estoy excitada, pero pensé que ibas a estar cansado. Diciendo eso se la metió toda de golpe de nuevo y empezó a contonearse. Esta vez puede disfrutar de sus tetas moviéndose con su va y ven. La deje que buscara su ritmo, tenia ganas de apretar sus muslos y nalguearla pero no podía dejar marcas. Nos estábamos entendiendo tan bien que nos corrimos juntos. Nunca voy a olvidar esta noche – me dice. Yo tampoco – le dije. Y esta vez si nos quedamos dormidos de cucharita con mi pene entre sus nalgas.
A la mañana siguiente cuando me estaba despidiendo llegaron más confesiones: sabes yo quiero que me cojas el culo, pero tenia miedo que me lastimaras, las veces anteriores que estuvimos, fue de forma rápida y casi sin previos, pero anoche me demostraste que sabes como excitarme bien. De verdad que quiero hacer más cosas contigo! Vas a venir esta noche?
Yo: Después de esa invitación, crees que me puedo negar?…
Se rió.