Capítulo 2
- 10 Años con la hermana equivocada
- Le ayudé a mi cuñada y me pago con el culo
Era un sábado por la mañana cuando Carla me mandó un mensaje: “Cuñado, ¿me puedes venir a ayudar? Se me acabó el gas y no puedo cambiar el tambo sola”.
Llevaba casi un mes desde aquella noche en la fiesta familiar donde nos cogimos por primera vez. Desde entonces nos mandábamos mensajes calientes a escondidas, pero aún no habíamos podido repetir. Ana, mi novia, se había ido a pasar el fin de semana con unas amigas, así que era la oportunidad perfecta.
Llegué a su casa como a las once. Carla me abrió la puerta con una sonrisa peligrosa. Traía unos shorts de mezclilla cortos que se le enterraban en ese culo grande y redondo, y una playera blanca sin brasier, se le marcaban perfectamente los pezones. Se veía más rica que nunca.
—Qué bueno que viniste —dijo, dándome un abrazo más largo de lo normal, presionando sus tetas contra mí—. No sabía a quién más pedirle ayuda.
—No hay problema —respondí, tratando de no mirarle el escote descaradamente.
Fuimos al patio de atrás donde estaba el tambo vacío. Hacía bastante calor. Me quité la playera y me quedé solo con shorts para trabajar mejor. Mientras yo forcejeaba con el tambo viejo, Carla se paraba cerca, “supervizando”, pero en realidad solo me estaba provocando.
—Se te ven bien los brazos así sudados —comentó con voz coqueta.
Me reí y seguí trabajando. Cuando por fin logré quitar el tambo viejo y poner el nuevo, estaba sudando bastante. Carla me pasó una botella de agua fría y se quedó mirándome mientras bebía.
—Ven, pasa a lavarte las manos —me dijo.
Entramos a la casa. Apenas cerré la puerta del baño, Carla se me echó encima. Me besó con ganas, metiendo su lengua en mi boca mientras me agarraba del cuello.
—Llevo días pensando en ti —susurró entre besos—. Cada vez que veo a mi hermana, me acuerdo de cómo me cogiste esa noche.
No me hice del rogar. La cargué y la senté en la lavadora. Le quité la playera de un tirón y sus tetas grandes y pesadas saltaron libres. Empecé a chuparle y morderle los pezones mientras ella gemía bajito.
—Ay, papi… sí, chúpamelas fuerte.
Le metí la mano dentro de los shorts y la encontré completamente mojada. Le metí dos dedos mientras seguía comiéndole las tetas. Carla jadeaba y movía las caderas contra mi mano.
—Quiero que me cojas aquí mismo —me pidió con voz urgida.
La bajé, le di la vuelta y la incliné sobre la lavadora. Le bajé los shorts y la tanga de un solo movimiento. Ese culo enorme y blanco quedó completamente expuesto. Le di varias nalgadas fuertes que le dejaron la marca de mi mano.
—¿Esto es lo que querías, cuñada puta? —le dije mientras sacaba mi verga dura.
—Sí… métemela toda —suplicó, abriendo las piernas.
La agarré de las caderas y se la metí de un empujón hasta el fondo. Carla soltó un gemido largo y ronco.
—¡Joder! Qué gruesa la tienes… —gimió.
Empecé a cogérmela con fuerza, entrando y saliendo mientras veía cómo su culo rebotaba contra mí. El sonido de piel contra piel llenaba la cocina. Le jalé el pelo y le arqueé la espalda.
—¿Te gusta que tu cuñado te coja así? —le pregunté entre embestidas.
—Me encanta… ¡más duro! Cógete a tu cuñada cuando quieras —respondía ella entre gemidos.
La cambié de posición. La senté en la mesa de la cocina, le abrí bien las piernas y se la volví a meter mirándola a la cara. Sus tetas saltaban con cada golpe. Carla me clavaba las uñas en la espalda y me besaba desesperada.
—Estoy a punto… —le avisé.
—Adentro… lléname toda —me pidió.
Le di las últimas embestidas profundas y me corrí fuertemente dentro de ella, soltando chorros calientes. Carla se corrió casi al mismo tiempo, temblando y apretándome la verga con su concha.
Nos quedamos un rato pegados, recuperando el aliento. Mi leche le escurría por los muslos.
—Esta vez no fue a escondidas en una fiesta… —dije sonriendo.
Carla me miró con ojos llenos de deseo y me contestó:
—Y no va a ser la última. Cada vez que necesites una excusa para venir, yo te voy a necesitar “ayuda” con algo en la casa.
Me besó de nuevo, lento y profundo.
—¿Quieres quedarte un rato más? Todavía no hemos probado la cama…