En toda la frente

En toda la frente

Primero me presento, con cierta discreción porque no quiero que me reconozcan y en un mar de dudas por el trance en el que me acabo de encontrar.

Por eso les escribo.

Espero no ser muy largo.

Estoy mediando la treintena y con varios hijos en común con mi mujer, Nieves, de mi misma edad, con quien llevo casado una docena de años.

Soy una persona normal, con el paso de los años cada vez más obsesionado con el sexo y también cada vez más abierto a conocer y disfrutar de cosas nuevas referentes al sexo, que lo es también de la vida.

Mi mujer siempre presumía de ser más fogosa que yo en la cama (o donde fuera) y decía –como en broma, qué ironía- que conmigo no tenía bastante -lo que en el fondo me ponía a cien-, pero lo cierto es que siempre lo hemos pasado muy bien juntos.

Además, desde hace algunos años mis instintos están desbocados y cobijamos (me gusta esa expresión) varias veces al día a iniciativa e imaginación mía.

Y ella cada vez más encantada, lo que ratificaba asegurando que ahora sí es verdad que conmigo estaba completa y que yo parecía capaz de satisfacer a más de una mujer de aquella manera, para inflar más mi ego, que después bien demostraba en nuestro tálamo.

Señalaré para los interesados que mi mujer está pero que muy apetecible, y aunque ha perdido algunas cosas ha ganado otras con el paso de los años; para ser claros hay que reconocer que se ha puesto cada vez más buena.

Es morena, de boca sabrosa y carnosa, de hermosos ojos negros, arrebatadores al mirar con su ligera miopía, al natural, con gafas o lentillas.

Delgada, de 1,69 de altura, con unos 50 kilos repartidos exquisitamente por sus curvas a pesar de los embarazos. Tal vez los pechos un poco pequeños para mi gusto pero con ricos pezones de color negro y unas caderas, nalgas y piernas más que suficientes sin sobrar en nada.

Sin querer ser ordinario admito que Nieves no era muy buena mamando mi verga pero se movía y agitaba sus caderas y nalgas al follar que era una gloria, con un vaivén de vértigo, tanto al gusto como al tacto, como con vida propia, una auténtica delicia para el mejor paladar.

Nunca me dejó que le diera por el culo a raíz de una mala experiencia en una relación que tuvo antes de conocernos, y apenas podía en un descuido rozarle su agujero con el dedo, darle un beso o un lametón.

Entiendo que en todo este tiempo la fidelidad fue absoluta por ambas partes, al menos eso creo –tal es mi confusión- y con total sinceridad nos excitábamos hablando de nuestras fantasías, yo más explícito, pues ella se decía satisfecha, pero me seguía la corriente.

Yo quería probar consoladores, bolas chinas o sexo anal, entre otras cosas, pero se negaba, sólo valían las fantasías.

Con todo, lo que yo más quería era hacer un trío con dos mujeres (una de ellas quería que fuera ella), pero me decía que no le gustaban las mujeres y que no me podría compartir, que antes prefería que lo hiciera sin contar con ella y tampoco enterarse de nada.

Yo le proponía hacerlo con otro tío además de conmigo, y otra vez me seguía la corriente pero sólo como fantasía porque aseguraba que en realidad no le hacía falta, que estaba bien así.

Sin embargo, yo deseaba que mi fantasía se hiciera realidad por lo que periódicamente, cuando estábamos bien calientes o en momentos de intimidad, volvía con el asunto y le insistía si preferiría hacer un trío con conocidos o desconocidos, que si había pensado o deseado a alguien (algo que considero normal como fantasía), pero no soltaba prenda y cada vez más enfadada con estas conversaciones.

Un día quiso dar por zanjada la cuestión admitiendo que alguna vez, siendo jovencita había pensado alguna vez lo de estar con dos tíos pero que eso ya no la excitaba, que en cualquier caso eso sería inadmisible con conocidos, que ella no participaría nunca en un trío con otra mujer, pero que si para mí era tan apremiante (lo decía con ironía) pues que entendería que yo lo hiciera, con desconocidas (para que no hubiera sentimientos afectivos ajenos a los sexuales) y con las debidas precauciones (usando preservativos y que la historia no trascendiera a ningún conocido).

No le hice entonces mucho caso viendo su rictus de enojo, pero esa noche –y hasta el día siguiente, pues los niños durmieron en casa de la abuela- la pasamos de manera salvaje, follando hasta casi destrozar la cama y también en el cuarto de la azotea….

Tengo que decir que no creo haber forzado los acontecimientos posteriores, pero estos se dieron….

Al poco tiempo y como consecuencia de mi trabajo trabé contacto con Soledad, una muchacha que me solicitaba información sobre cuestiones a mi cargo para la empresa en la que se desempeñaba.

Puede ser que me mostrara coqueto con ella o así me viera ella (según me contó después) pero no fue de manera premeditada.

En lo físico me considero una persona normal, con 1,75 kilos, 73 kilos y con un aparato decente, ni descomunal ni pequeño, capaz de soportar buenas sesiones de sexo. No obstante, pienso que cuando se practica el sexo con asiduidad emana de uno como una especie de invisible atracción ante el sexo contrario (igual le pasaba a mi mujer, pero con los hombres), cuestión de feromonas, sin que uno presuma de ello, y ese algo tuvo que surtir efecto cuando Soledad se fue mostrando más sugerente con los días, lanzándome sutiles indirectas y buscándole segundas lecturas a cualquier comentario –también afinado- que hacía yo.

Sus insinuaciones pronto se hicieron hueco en mi fantasía y pude comprobar en mis ojos la preciosidad de esta mujer.

Eran 27 años de una linda hembra, soltera pero con mucho recorrido, con un cuerpo hasta entonces disimulado por sus ropas largas y grises, pero ceñido ahora en cada una de sus curvas, con las carnes justas para agarrar bien y dos tetas que algunas mañanas en la oficina aparecían dominantes en su blusa, como si fueran el mejor de los desayunos posibles.

A principios de esta semana, el grado de intimidad en nuestras conversaciones era ya muy elevado, yo le comentaba con soltura de lo bueno que era hacer el amor y ella me lanzaba insinuaciones de que estaba como dispuesta…y –sin que yo le hubiera hablado de mis fantasías- se refirió a su hermana, dos años mayor que ella y separada, «con la que comparto todo», dijo, al tiempo que se mordía muy suavemente el labio inferior….y yo sentado en una posición forzadísima para disimular el empalme de mi polla…que resultaba evidente.

Ese viernes el trabajo se iba a complicar hasta muy tarde ese día…y yo tenía planes para salir con mi esposa a cenar por ahí y seguir de fiesta (los niños estaban ya con los abuelos y se quedarían con ellos hasta el domingo).

La llamé a media mañana para explicarle que llegaría avanzada la noche y que me disculpara, que todavía nos quedaría el sábado para disfrutar.

Ella me comentó que pasaría toda la jornada con unas amigas y que no me preocupara, que lo entendía.

Ocurrió entonces que como a las 12:30 de la mañana se cayó la conexión informática en el trabajo y que el problema iría para largo.

Toda mi tarea se quedó paralizada y Soledad, que se encontraba por allí, me invitó a tomar algo a una cafetería cercana lo que acepté con bastante gusto, dando aviso en el trabajo de que iba a solucionar gestiones en la calle y que me avisaran en cuanto reactivaran la red.

Soledad se me antojaba radiante con una falda de tela a la altura de las rodillas la cual dibujaba sus caderas y su culo de una manera irresistible, pero tenía claro que no debía pasar nada entre nosotros, al menos en ese momento.

Sentados juntos, muslo con muslo, en una mesa del bar pedimos sendos cafés.

Apenas servidos, a Soledad se le escurrió la taza de sus manos y fue a caer en mi pantalón, que quedó salpicado.

El salto que di al sentir el calor quemándome desde la pierna a la barriga fue abortado por la mano de Soledad, impulsivamente posada en la mancha del pantalón, en la zona más comprometida, al tiempo que se disculpaba.

No sé si su petición de perdón fue por mancharme de café o por su «descuido» al poner su mano sobre mis genitales, que reaccionaron de inmediato.

Soledad, que me miraba a los ojos, azorada y hablando despacio, retiró lentamente su mano de la bragueta y me invitó a ir a su casa, a pocos metros de allí, como comprometida a ayudarme a limpiar mi ropa.

La situación se estaba poniendo muy excitante y decidí dejarme llevar por el destino.

Lo siguiente fue antológico.

Un instante antes de que Soledad sacara la llave de su bolso, la puerta se abrió y ante mis ojos apareció Mariel, su hermana.

Estaba descalza, con una blusa larga de color verde que le cubría apenas hasta medio muslo y las piernas al aire.

Nos recibió con una sonrisa brillante en unos labios carnositos:

-Les estaba esperando…

-Pues aquí tienes a Antonio, dijo Soledad, al que tanto querías conocer.

Yo estaba alucinado, pero entré en la casa ayudado por el leve contacto de las manos de Soledad en mi espalda, que me empujaban y masajeaban a un tiempo.

En las dos horas siguientes disfruté como nunca.

La excitación de ver cómo se cumplían mis fantasías fue el mejor de los afrodisíacos.

Tenía para mí a dos hermosas mujeres, de similar estatura, Soledad, de pelo castaño con destellos caoba, y más rubia Mariel, morenas de piel.

Dos buenos pares de tetas me apuntaban, poco mayores que mis manos, con rosados pezones puntiagudos –algo más claros los de Mariel- y unos cuartos traseros que daba gusto tocarlos, con muslos carnosos y formados y unas colas de lo más apetitosas para hundir mi cara.

Me desnudaron entre las dos completamente, casi sin tocarme la piel, y me sentaron en una gran cama de matrimonio.

Se dispusieron cada una en mis flancos y se agacharon despacio pasando sus lenguas por mi polla, ya a tope en lo alto.

Así estuvieron jugando un rato para mi delirio.

Desnudas, de cuclillas, ensalivando con sus lenguas todo el largo del tronco, el glande, la punta y los testículos.

Literalmente me lavaron el aparato, además de los muslos y el culo, por si habían quedado restos de café por alguna parte, comentó con gracia una de ellas y provocando las risas de ambas.

Después se empeñaron en tragar mi semen entre las dos pero no quería correrme todavía, por lo que me levanté y procedí a hacer lo mismo con ambas.

Las puse sentadas a las dos y me esmeré en repartir mi boca, labios y lengua en una y mis manos en la otra…intercambiando…aumentando sus gemidos y sus voces pidiendo más guerra….hasta casi hartarme del mejor festín que recuerdo en mucho tiempo.

Hice que se corrieran a la vez poniendo a Soledad encima de Mariel, echadas y con las piernas abiertas mientras pasaba mi lengua a lo largo de los dos coños –depilados sus labios vaginales- e introducía alternativamente dedos de mis dos manos en esas dos vaginas bañadas en jugos.

Bebí sus líquidos durante algunos minutos, mientras chillaban.

Pasamos más tarde a follarlas desde detrás, las dos con sus culos en pompa, un rato a una y a la otra con los dedos, y viceversa.

Echado boca arriba comí tetas por un buen rato mientras intercambiaban sus bocas en mi polla, hasta que vertí una explosión de semen en el interior de la cueva de Mariel justo en el instante que Soledad se corría en mi boca y derramaba sus jugos en mi cara. Fue apoteósico.

La cosa podía haber seguido.

Ellas querían y mi polla también, pero me entró un fuerte remordimiento de conciencia.

Pensé que no me estaba portando bien con mi esposa, a pesar de que casi me había invitado a probar esa experiencia, pero sentía que la había engañado. Me había dejado llevar, no fue una cosa propuesta, había sido con «pseudoconocidas» y sin preservativos…

Bueno, me disculpé con Soledad y Mariel de la mejor manera que pude, les dije que había sido fantástico pero que un tonto como yo no podía seguir disfrutando del paraíso…

Me dieron dos hermosísimos besos y me dejaron ir, satisfechas –decían- por haber más o menos podido cumplir su fantasía….

Eran casi las tres de la tarde. Llamé al trabajo y la avería difícilmente se subsanaría a lo largo de la tarde por lo que opté por dirigirme a mi casa.

En el camino iba como abobado.

Mi aspecto me delataría –pensaba yo- ante la astucia de mi mujer para estas cosas y, en cualquier caso, estaba más bien por la labor de plantear lo sucedido de manera que se lo pudiera contar –si es que estaba dispuesta a escuchar- y afrontar las consecuencias.

Por un momento se me ocurrió que tal vez quisiera vengarse formando un trío por su cuenta, lo que me provocó cierta reacción de celos y morbo.

No sabía si estaría ya en casa, pero entré sin hacer mucho ruido, como con mala conciencia y llegué a la cocina para prepararme algo de comer, cuando escuché ruidos en el piso de arriba, a la altura de nuestro dormitorio.

Estaba a punto de advertir de mi presencia pero el sonido de varias voces hizo que me callara, al tiempo que me acercaba a la alcoba.

Distinguía ya, asombrado, la voz de mi mujer y la de Carmelo, el padrino de uno de mis hijos.

Al momento se oyó la de Santiago, un amigo común desde los tiempos de la Universidad.

Me asomé despacio y agachado a la puerta entornada y lo visto se me quedó grabado en la mente a fuego.

Nieves estaba tumbada en nuestra cama mientras Carmelo le chupaba los senos con evidente disfrute y Santiago le lamía sus labios vaginales en pleno regocijo de los tres.

Mi esposa dirigía la operación con una mano en cada una de las cabezas, mientras gemía y hablaba:

-Así…así…, muy bien Santiago….sigue chupando fuerte, Carmelo…

Sus suspiros se convirtieron en poco tiempo en chillidos y Nieves se corrió como una loca…estaba radiante…y a mí la sangre me subía a la cabeza al tiempo que me excitaba…

Imaginaba que los había dispuesto así para disfrutar mejor del roce de la perilla de Santiago en su vagina y de la barbilla afeitada de Carmelo en sus tetas…

Nieves siguió hablando sonriente después de recobrar el resuello:

-Si Antonio viera lo que estamos haciendo…jajaja,…menudos cuernos le estoy poniendo….aunque él está al tanto de todo esto, quería que me follaran ustedes, dos de sus mejores amigos, pero sin que nadie se dé por enterado…..

Yo estaba alucinando,…menuda golfa más grande tenía por esposa, con una mentira en toda regla….

Nieves prosiguió:

-Ahora, después de perforarme el coño y el culo me voy a comer esas pollas hasta secarlas….

Mi asombro no tenía límites.

Les había cedido un culo que a mí siempre me negó….y de inmediato empezó con una doble mamada que no había visto en ninguna de las mejores películas porno,…con gusto, relamiendo, hasta el fondo, por los testículos, metiendo dedos en sus anos, suspirando con vicio…hasta que se corrieron los dos y ella se tragó todo…..

Sin hacer ruido bajé las escaleras, como un sonámbulo y me fui a la calle para tomar aire y pensar….me pesaba la cabeza, no sé si de los cuernos…

Media hora después la llamé por teléfono a casa y me dijo muy risueña que acababa de llegar, que tenía muchas ganas de verme….muy seco le dije que me retrasaría un poco más…

Llegué de noche a casa y Nieves dormía…

Les escribo esto porque no sé que hacer…toda esta situación me ha dejado trastocado.

Ahora escucho que se ha levantado y viene a verme….aquí les dejo…ya les contaré mis próximas decisiones…

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