Días de sexo y sexo VIII

Resumen de lo publicado: Oscar hizo la mili en Canarias, y su novia Eva es iniciada en el sexo lésbico y en grupo a instancias suyas, pero ignorando que él ha tenido mucho que ver en ello. A la vuelta, ella pasa de él, y éste se enrolla con su hermana. Ahora ambas están en la misma rueda del deseo (y si quieres más, lee las 7 partes anteriores).

Encontré a Sara diferente, una víctima propiciatoria para el disfrute de todos nosotros. No sé cómo ni cuándo, pero se había depilado el sexo, y ahora su cintura parecía aún mucho más estilizada. Su cabeza reposaba cómodamente en un cojín, pero estaba estirada, y era incapaz de ver la agitación que había entre sus abiertas piernas.

Una de las mujeres le abrió los labios, de manera que su clítoris afloró, cosa que le permitió a la encargada de hacerla gozar usar una de sus largas uñas, en rascar suavemente su botoncito. Lo hacía con parsimonia, sin prisas, sabiendo que logrará el objetivo. Todos mirábamos, pero además, ninguno tenía las manos libres. Hugo se puso cerca de la cabeza de Sara, y le acercó su mástil a la boca. No hicieron falta palabras, ella lo engulló como si hiciera días que no comía.

Eva, tenía uno de los tipos detrás, con la verga cogida entre sus muslos, y torturada en sus pezones por unas manos ciertamente nada hábiles, puesto que tenía rictus de dolor. Una mirada más atenta me hizo cambiar de opinión: deliberadamente le hacía daño, pero no parecía excesivo, puesto que ella se estaba masajeando el clítoris.

El tercer hombre, empezó a hacer algo similar con los pezones de Sara, cuya vulva ya brillaba por sus jugos. Y sólo cuando se le escapó un quejido agudo porque le habían pellizcado demasiado fuerte el pezón izquierdo, la mujer se amorró a su chocho.

La mujer que quedaba libre me cogió la mano, y la acercó a su coño. Estaba encharcado. Como por resorte, mi verga la saludó, y nos hicimos un 69, en el que ella se lo tragaba todo, mientras yo le sorbía el clítoris, y sumergía tres dedos en su culo, que ya había sido visitado anteriormente, a tenor de la facilidad con que entraron.

La corrida de Sara me sacó de la concentración con que degustaba el salado agujero de María. Había restos de esperma en su boca, y Hugo ya se había apartado, y el otro hombre ocupaba su lugar.

Vi a Eva un poco alejada, estirada sobre un sofá mientras aquel tipo la bombeaba salvajemente, mientras usaba sus pechos como asideros para no caerse. Cruzamos miradas de deseo. En aquel momento, deseaba ser yo quien la poseyera, quien hundiera mi polla en su gruta hasta que la punta chocara con su útero. Justo entonces, María decidió que ya estaba bien de usar su boca, y se empaló con mi verga, de espaldas a mí, para ver cómo usaban a Sara. Se movía de delante hacia atrás, con lo que su culo quedaba desprotegido. Esta vez fueron cuatro los dedos que se sumergieron en su puerta trasera. Ya estaba lanzada, se movía con desespero, y cedió un orgasmo antes de izarla, y clavársela en su culo de golpe.

Y así se movía ella, cuando vi que Hugo apartaba suavemente a Olga del coño de Sara, y procedió a verter sobre la ansiosa vagina un chorro de aceite de oliva. Y luego repitió la misma operación con su mano, una mano gruesa, de dedos largos. Sara, permanecía ajena a ello, tragándose la corrida del segundo tipo. A una señal, Olga se subió a la camilla, y se sentó sobre la cara de Sara. Como un perrito goloso, empezó a sorber los jugos que aquella mujer le ofrecía; pero el objetivo era inmovilizarla. Todos dejamos de hacerlo para centrarnos en ver cómo la mano de Hugo desaparecía entera en el coño de Sara, quien intentaba zafarse de la presión y el dolor. Gritaba, suplicaba, pero Hugo fue inflexible, y sólo dejó de empujar cuando sólo era visible el reloj de pulsera que llevaba.

Entonces empezó a abrir y cerrar la mano. Lo notamos por las convulsiones del vientre de Sara. Su hermana se había acercado a su cabeza, y le susurraba cosas al oído y le acariciaba el cabello. Sólo acerté a escuchar: » cuando te hayas corrido, lame su coño, lámelo sin parar”. En breves instantes, lo hizo, entre lágrimas en los ojos.

Su coño se había adaptado a colosal intruso, que ahora entraba y salía con un ruido sonoro, como de chapoteo, y nos invitó a todos a hacer lo mismo. Yo fui el penúltimo, y puedo jurar que fue una sensación increíble, notar sus rugosidades internas apretar mi puño. Cerré la mano y empujé mucho, eso le gustó, aunque ya se quejaba del dolor que sentía en la entrada.

La guinda la puso Eva, quien no sólo desfondó definitivamente la abierta vulva, sino que además le puso su otra mano en el pequeño culito. Cuando acabó todo, la desataron, y le ofrecieron, si quería marcharse. Sin embargo, declinó la oferta, aunque dijo que por hoy sólo usaría la boca y las tetas, ya que el resto lo tenía muy dolorido. No obstante, durante la noche se dejó lamer sus dos agujeros. Yo pude disponer del cuerpo de Eva, pero en mi cabeza estaba el de Sara. Lo notó, y cuando se corría, se apretó a mí, y me dijo que le encantaba ver que su hermana era ya importante para mí. La orgía acabó bastante tarde, pero quedé con Sara para hablar. Necesitaba aclarar conceptos con ella. Ya sentía que formaba parte de mi vida, y que ya ocupaba en mi corazón una porción mucho más grande que Eva. No era sólo el sexo, eso lo sabía de los días anteriores, pero ahora sabía que con ella, nada sería aburrido.

Al día siguiente, al recoger a Sara, estaba radiante, nada que se pareciera a lo de anoche. Acordamos que seguiríamos yendo a las reuniones de la casa, y que podríamos intentar salir juntos. De ello hace ya cinco años. Hugo se casó con Eva, pero eso era un puro formalismo. Lo cierto es que básicamente, los cuatro follamos casi siempre juntos, con algunos amigos a veces.

Fin.

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