Capítulo 1

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  • El secreto en el recuerdo I: MILF

Los tres amigos iban meneando la cabeza -y los puños en el caso de Tadeo- al ritmo de una nueva canción que sonaba desde hacía poco, una muy bailable con los ritmos que empezaban a sonar a principios de los años 90. Iban camino a la naturaleza a pasar una noche de acampada. Los tres; Juan (quién había tenido la idea aquella vez), Tadeo y Ramón se conocían desde el instituto, y tenían como costumbre el ir de acampada, al menos, una vez al año. La primera vez surgió por diversión y, como les gustó, repitieron hasta la actualidad. Aquella vez fue Juan el encargado de juntar a sus dos amigos y llevárselos, aunque ahora había algo más, algo que le reconcomía por dentro y no sabía cómo podrían recibir dicho dato Ramón y Tadeo. Los amaba. Y, si por un casual lo dejaban de lado en aquella situación, para Juan sería como echarse un cubo de agua fría encima. Pero tenía una estrategia: les instigaría para contar sus secretos íntimos más guardados; aquéllos que, por muy amigos que fuesen, se guardarían para uno mismo.

El camino se fue haciendo más agreste pero, como ya sabían de memoria adónde iban, no les importó seguir adelante. Además era un camino donde había cierta vía libre con el que entrar hasta un riachuelo con el coche. Llegaron y el sol inundaba todo hasta sacar destellos que alumbraban la vista de quién mirase el agua, aparcaron a unos metros de la orilla del pequeño río y comenzaron a montar las tiendas. Normalmente llevaban una bastante grande para caber los tres pero, con el tiempo, se fue deteriorando y necesitaron una nueva. El problema era que no encontraron una como la anterior y tuvieron que comprar dos en lugar de una. Alguno de los tres tendría que dormir solo.

Como no tenían mucha idea de cómo montar las nuevas tiendas, comenzaron primero con una de ellas repartiéndose las tareas y después la segunda. Tardaron más de lo que esperaban pero, orgullosos, aunque descamisados tras el calor, tanto del ambiente primaveral, como del esfuerzo con los bártulos; echaron a andar espesura adentro del bosque en busca de ramas para cuando necesitasen encender el fuego. Los tres eran bastante diferentes entre si, no solo de forma de pensar, sino también física. Tadeo era alto y musculoso y ya no le hacía mucha falta peinarse tras tremendas entradas que tenía en el cabello, se lo rapaba casi al cero; Ramón era pequeño, ágil y delgado, y llevaba una barba que ya empezaba a clarear con sendas canas; Juan era de estatura media, algo gordito pero guapo y llevaba el cabello recogido en una coleta, además de tener un pecho bastante turgente a causa de la grasa. Los tres marchaban con cuidado pero seguros entre raíces de los árboles, musgo verde y alguna flor por aquí y por allá; los insectos revoloteaban pero no les importaba mucho, ya estaban acostumbrados.

-¿Podemos hacer algo cuando volvamos al campamento -imploró Juan.

Aquello pilló a los otros dos de improviso. Aún así, Tadeo le preguntó un escueto <<¿Qué?>> y Juan no tardó en explicarse.

-Bueno… -comenzó nervioso- Había pensado que podríamos ponernos al día. En todo. Incluso con los secretos más adentro nuestro.

Juan esperaba la negativa de sus amigos ante aquello. Pero, por el contrario, Ramón se lo pensó un tanto y comentó:

-Por mí, bien. Así sabremos si realmente somos los mejores amigos que decimos -y sonrió.

La respuesta de Tadeo se hizo de rogar.

-¿Y eso ahora por qué? -quiso saber.

Juan no supo que responder. Pero fue ver el rostro que ponía el hombre gordito y Tadeo, con una sonrisa tierna en los labios, dijo:

-Sí, me parece bien. A ver qué se supone que nos escondemos. Tal vez sea divertido.

-Pero prometedme que, pase lo que pase, seguiremos siendo amigos -instó Juan.

Ambos hombres asintieron e hicieron saber a Juan que por nada discutirían tras confesarse.

Volvieron al campamento que se habían improvisado con los brazos cargados de ramas, más de la cuenta, aunque algunas servirían para ir avivando el fuego y, cansados del ejercicio añadiendo ahora la caminata, se sentaron en las sillas plegables que llevaban, sacaron los bocadillos y unas birras y empezaron a comer y beber. Estuvieron un rato masticando sin hablar, Juan cavilando mirando los reflejos del sol en el agua del pequeño río sin saber cómo abordar el tema en cuestión.

-¿Qué? ¿Empezamos? -sugirió Tadeo marcando músculo.

-¿Tienes que hacer eso? -se quejó Ramón haciendo un mohín de asco.

-No es culpa mía, chaval, que tú no tengas músculos duros como los míos.

Juan sonreía ante la escena. Sus amigos siempre estaban igual mientras él los observaba, divertido, por las pullas que se metían; siempre sabiendo que, entre los tres, había cariño. Hizo una pelota plateada con el papel de aluminio que envolvía su bocadillo y lo dejó en la bolsa que habían decidido asignar para la basura. Ramón hizo otro tanto, tanto con el papel como con la lata vacía, y Tadeo, siempre fardando, lo hizo lanzando en puntería.

Tras aquello, Juan ya no pudo estirar más el chicle, o comenzaban con el «juego» o nunca se pronunciaría ante ellos tal y como había pretendido. Su corazón comenzó a golpear como un martillo dentro de su pecho, sus ojos comenzaron a anegarse en lágrimas, que evitó dejarlas salir, se las secó de forma disimulada logrando que no se diesen cuenta y habló.

-He hecho tres papelitos con nuestros nombres -comenzó cogiendo su mochila y sacó de un bolsillo pequeño una gorra, la cual llevaba los papeles dentro, y se los mostró a Tadeo y Ramón. Los removió y continuó-. Si alguno quiere ser la mano inocente…, que coja uno y lea el nombre. Así todos tenemos las mismas oportunidades de contar nuestra historia escondida.

Tadeo se levantó y cogió uno, lo desenvolvió y sonrió escuetamente.

-Tadeo -dijo-. Vale, pues soy el primero. Venga, nene, que quieres saber.

-No sé… Tú sabrás si nos escondes algo o no.

Tadeo se lo pensó dos veces mirando a uno y a otro; a Juan con cierta mirada resignada. Suspiró hondo y señaló a su amigo sin poder evitar sonrojarse y sonreír de forma extraña.

-¿Recordáis la historia que os conté sobre cómo perdí la virginidad? -los dos amigos asintieron- Pues os mentí. Sobretodo a tí, Juan.

-¿Qué quieres decir? -se extrañó el interpelado. Ramón también fruncía el ceño sin saber a qué se refería Tadeo.

-Mi primera relación sexual -comenzó- la tuve a los veinte, no a los dieciocho, como os dije en su momento. Y… -volvió a suspirar- tampoco fue con Miranda, la de clase.

-¿Y con quién fue? -quiso saber Ramón.

A Tadeo le costaba seguir adelante con su historia. Resopló y dijo:

-Creo que es mejor que comience por el principio.

_Diez años antes_

Un Tadeo de veinte años se disponía a visitar a su amigo Juan para pasar la tarde en la piscina, tal y como le había expresado su amigo. Además, era algo que Tadeo necesitaba tras el batacazo que acababa de recibir la noche anterior, donde su chica rompió con él y por una razón bastante absurda a ojos del muchacho. A veces le invadía la rabia, otras la tristeza. En aquellos momentos era una mezcla de ambos sentimientos y por ello, pasar la tarde haciendo el tonto en el agua junto a su mejor amigo, le vendría bien. Ojalá Ramón también estuviese, pero éste estaba de campamento con los chavales, trabajando.

Llamó al timbre y se sorprendió cuando vio a la mamá de Juan, Toñi, llorando.

-Ay, hola cielo, no sabía que vendrías -le espetó la mujer sonriendo como pudo y limpiando sus lágrimas.

-¿Va todo bien, señora Carmona? -se interesó Tadeo.

-Sí, tranquilo. Es que me han dado una mala noticia que me ha puesto triste, nada más. Por cierto, ¿qué haces aquí? -le preguntó dejándole entrar.

-Juan me había dicho que viniese a disfrutar de la piscina.

-Vaya… Pues no está, cariño. Se ha tenido que ir con el idiota de su padre.

Aquello sentó a Tadeo como un jarro de agua fría. No sabía qué hacer. Lo necesitaba, necesitaba contarle lo sucedido con Mara y que le consolasen, pero Juan se había ido. Y, si se quedaba, sentía que podría ser una molestia, más viendo la situación de Toñi. Viendo la incertidumbre en el rostro del muchacho, la mujer tomó una decisión y comentó:

-Pues venga, pasa y ponte cómodo. En seguida iré yo también. ¿Te gustan los margaritas? Ya tienes edad suficiente para beber alcohol, verdad. Vamos, ve y date un chapuzón. Ahora voy yo con las bebidas.

Tadeo le hizo caso, aunque bastante dubitativo. Aún así, subió al cuarto de Juan para dejar sus cosas, se cambió rápido y, llevando solo el bañador y la toalla, pasó primero por el baño a orinar. Estaba algo nervioso. Se lavó las manos y se miró al espejo, peinando su abundante cabello oscuro que le caía revuelto por la frente. En sus ojos azules se denotaban las dudas de aquello que iba a hacer con la madre de su amigo. Tampoco era algo de otro mundo, solo nadar, tomar el sol y beber un margarita; pero se sentía como si estuviese haciendo algo malo. Los músculos del cuerpo entero se le tensaron. Le encantaba pasar horas en el gimnasio y ya se le notaba bastante dicho trabajo. Tadeo era todo un adonis.

Bajó lentamente las escaleras, echó una mirada a la cocina donde estaba Toñi en pleno proceso con los margaritas y, despacio, sin prisas, se dirigió al patio donde estaba la piscina grande y dejó la toalla en una tumbona. Decidió esperar de pie, le parecía una falta de respeto no hacerlo. Pero la espera duró bastantes minutos y Tadeo reclinaba su peso de un pie al otro, de vez en cuando. Pero, entonces, Toñi apareció y Tadeo se quedó sin habla tras ver el monumento de mujer que se le acercaba. A Toñi le había dado tiempo de subir y arreglarse, y parecía una de esas ricas de sitios snobs. Se había recogido el cabello en un moño bajo, llevaba una pamela, gafas de sol negras y un bikini que quitaba el hipo, mostrando un cuerpo escultural. A ver, que Tadeo ya se había dado cuenta de que Toñi estaba toda hecha una mujer hermosa, pero aquello le hizo tragar saliva. Nunca la había visto con escote, enseñando abdomen y mostrando unas piernas preciosas. El chico tuvo que mirar para otro lado y pensar en corderitos para que su polla no despertarse.

-¿Aún no te has dado un chapuzón? -se extrañó la mujer dejando una jarra y las copas en el suelo, entre las tumbonas.

-Ah… -balbuceó Tadeo.

-Que mono.

Tadeo no pudo más que sonreír avergonzado sin saber qué decir.

Toñi sirvió la bebida en las copas y ambos la tomaron de golpe. El toque salado inundó las papilas gustativas del chico y le hizo torcer el gesto, lo que logró otro cumplido de la mujer, quién lo miraba de reojo. Dejaron sendas copas en el suelo y se metieron en el agua. Al principio fue algo incómodo pero, al cabo de pocos minutos, comenzaron a acercarse más, chapotear y hacer carreras para comprobar quién nadaba mejor. Toñi salió de forma sexi, captando la atención de Tadeo, y regresó con una pelota hinchable. Estuvieron largo rato en la parte que no cubre pasándosela y charlando. El sol les daba en la piel. Al final, sin saber cómo, ambos se sinceraron sobre su malestar. Comenzó Tadeo tras ser preguntado por Toñi, y le comentó que acababa de dejarlo con la novia, así sin más, y todo porque el chico seguía siendo virgen. Toñi lo consoló debidamente diciendo que, esa muchacha, tenía serrín en el cerebro. Toñi le contó algo que no se esperaba: al parecer, ella y su marido ya no se llevaban bien y habían decidido separarse, algo que no había gustado a Juan. <<Ahora lo entiendo>>, pensó Tadeo. Juan debería de estar dividido en

tre el cariño de ambos. Normal que se fuera a comprobar cómo estaba su padre sin decirle nada.

Sin saber cómo proceder, el muchacho tuvo fuerzas para decirle unas buenas y bien elegidas palabras a Toñi. La mujer, sorprendida por la candidez del chico, se acercó a él y le dio un beso en la mejilla. Tadeo se sulfuró un tanto sonriendo de forma automática y la mujer también le sonrió con cierto cariño.

Tal vez fuese por el malestar que llevaba tras la ruptura, tal vez no, pero la cuestión fue que, Tadeo, sin saber muy bien por qué, se acercó a Toñi y la besó de forma muy torpe, en los labios. Ambos se miraron. No sabían qué decir ni qué hacer. Tadeo no sabía cómo descifrar el rostro de la mujer y se fue poniendo colorado por momentos, hasta comenzó a hiperventilar. Toñi le acarició el rostro como dándole a entender que no existía problema alguno, pero aquello no hizo más que agravar el asunto y Tadeo intentó salir del agua para recoger sus cosas y marcharse de allí echando leches. Pero Toñi no lo dejó, lo cogió del rostro y lo besó también. Un beso tierno, apasionado, sus lenguas se enroscaban cuando se encontraban la una a la otra, ella mordía el labio inferior del chico, el muchacho succionaba el labio superior de Toñi. Al final incluso se encontraron abrazados y sintiendo cierto placer ante el contacto. Toñi sonrió sin despegar los labios de los del chico cuando notó como el miembro de Tadeo se tornó duro como una piedra. Por si fuera poco, aunque el chico no lo notase por estar ya mojados, Toñi mojó la braga del bikini con su excitación. La espalda de Tadeo era dura al tacto en comparación con la de su exmarido, que estaba delgado el hombre pero fofo. El muchacho no se lo pensó dos veces y llevó sus manos al trasero prieto de la mujer, metiéndolas bajo la tela.

Salieron de la piscina y volvieron a juntar sus bocas. Sin despegarse, la mujer dirigió al muchacho a que se echase sobre la tumbona y, acariciando las piernas fuertes de él, Toñi se relamía queriendo aquel falo que había sentido antes en su vientre, en su boca. Pero tuvo consideración con él, pues era virgen y no sabía si realmente estaba preparado para aquello. Pero Tadeo, harto de no haberlo hecho nunca todavía hasta llegar a perder una relación, fue él quien no dudó en quitarse el bañador liberando su excitación ante la mujer.

-¡Dios mío, que bestia! -exclamó Toñi. La pobre estaba acostumbrada a la de su marido, la cual no era muy agraciada. Sin embargo, la de Tadeo era grande, gruesa, venosa y con un glande suculento- No me puedo creer que ninguna chica la haya probado todavía.

-Ya… -respondió Tadeo nervioso- Yo tampoco.

Entonces, poco a poco, Toñi comenzó moviendo sus manos de arriba a abajo por el miembro de Tadeo. Éste se relamía y se mordía el labio. Ambos se miraban de forma tierna, pero lujuriosa; querían aquello. La mujer quiso seguir y, pidiendo permiso, no hizo nada hasta tener el consentimiento del muchacho, quién dijo que sí con un leve movimiento de cabeza, pero muy nervioso. Toñi dio un beso en la cabeza del pene y Tadeo jadeó. Aquello gustó a la mujer y volvió a besar el glande, está vez usando también la lengua. El pobre muchacho volvió a jadear, deseaba más y volvió a asentir, relamiéndose. Toñi, ya sin parsimonia, se metió la punta en la boca e hizo presión con la lengua alrededor del glande. Tadeo echó la cabeza hacia atrás dándose un leve golpe en el respaldo de la tumbona. La mujer se la sacó y, masajeando el falo, río un tanto ante el pequeño golpe del chico, quién también se echó a reír.

-¿Deseas más, cariño? -preguntó Toñi con una sonrisa pícara.

-Sí, nena -soltó Tadeo como respuesta.

Aquello gustó a Toñi y, sin pensárselo dos veces, se la metió de nuevo, está vez entera. Cosa que pilló a Tadeo de improviso y lo hizo gemir fuertemente.

-¡Joder! -exclamó.

Sin soltarla, la mujer movió acompasadamente la cabeza engullendo todo el miembro del joven, logrando más jadeos guturales. Jugaba con su lengua recorriendo todo el glande cuando sus labios llegaban a la punta y, vuelta a empezar. Así duró varios minutos hasta que Toñi dijo:

-¡Ostras, tienes aguante!

-Gracias…, supongo -logró articular Tadeo.

Y la mujer siguió chupando el pene del joven un poco más. Mientras, con una de sus manos, se fue masturbando el clítoris bajo la tela del bikini. Con el miembro en la boca, Toñi gemía ante su placer. Tadeo se dio cuenta y, con ojos desorbitados, quiso ver cómo aquel monumento se tocaba la vagina. Era la primera vez que hacía aquello, que lo sentía en sus carnes, que lo veía con sus propios ojos más allá del porno. Estaba extenuado pero, aún así, tuvo aguante y no llegó a eyacular, de lo cual hasta se sorprendió.

-Nene, cómeme el coño -argulló Toñi llena de lujuria.

-Cuándo quieras, nena -susurró él, gustoso.

Y cambiaron de postura. Ahora era Toñi quien se echó sobre la tumbona y Tadeo acariciaba las sedosas piernas de la cinquetona. Con parsimonia, llegó hasta la braga del bikini y, pidiendo permiso, cosa que hizo gracia a la mujer, le quitó la braga y dejó al descubierto una vagina grande y abultada, de labios carnosos y un clítoris que se hacía ver. Tadeo se relamía. Le gustaba mucho más aquel coño que los que solía ver en las pelis para adultos. Más que nada porque lo tenía ante sus ojos, podía observarlo, tocarlo, saborearlo. Y lo hizo. Sin pedir permiso, el chico amodorró su cara en las ingles de Toñi. Fue muy torpe, pero parecía que la mamá de Juan lo disfrutaba. Primero con la lengua, saboreó todo incluyendo el trasurado que echaba. Era un líquido abundante y sabroso. Acabó metiendo el clítoris en su boca como había hecho ella con su pene. Lo sorbió, lo mordió, hizo presión con su lengua. La mujer disfrutaba de lo que Tadeo hacía. El joven fue más allá y metió la lengua dentro del orificio. Aún sabía más sabroso. Con cierta confianza en sí mismo, acabó lamiendo todo mientras iba metiendo sus dedos en la vagina de Toñi. Toñi no hacía más que disfrutar arqueando la espalda y agarrando al muchacho por el cabello en señal aprobatoria. Los minutos pasaban de forma que ninguno sabía si lo hacían deprisa o despacio. Aún así, llegó un momento en el que la mujer no pudo aguantar más y eyaculó de forma abundante dentro de la boca del joven, quién se limpió los hilillos que le caían por la comisura de la boca tras engullir el líquido.

-Joder, que bien lo haces, nene. -sentenció Toñi.

Y, sin más, se levantó, cogió al muchacho por el pene y lo arrastró hasta el sofá del salón, echándolo como si fuera un saco de patatas. Jadeando, Tadeo se sorprendió viendo cómo la mujer se le puso encima y juntaba su vagina contra el falo, acariciándolo. Se miraron. Tadeo jadeaba torpe y la madre de Juan se acercó a su rostro para besarlo. El beso fue lento, apasionado, las lenguas bailaban juntas, los labios no se despegaban. Ambos con los ojos cerrados. Tadeo notaba cómo su polla se pringaba del trasurado de la mujer con cada caricia, moviendo el cuerpo adelante y atrás. Además, la tenía sujeta por el trasero, acariciándolo y dándole palmadas que resonaban en toda la estancia. Sin despegar sus bocas, la mujer no aguantó más y, con lentitud, se fue introduciendo el pene erecto de Tadeo.

-¡Ostras! -susurró el muchacho cuando notó como la cavidad húmeda de la mujer se adhería al miembro.

No pudo más que cerrar los ojos. Toñi iba despacio. Sabía que aquello era nuevo para el muchacho.

Para Tadeo, aquello era indescriptible. Sabía que se le llamaba sentir placer, y lo sentía, pero no lo entendía para nada. Solo sabía que le gustaba tener su polla dentro de la vagina de Toñi. Jadeaba con los lentos movimientos que hacía ella. Cada vez lo notaba más pringoso, más húmedo de lo que esperaba que fuese el sexo. Lo estaba haciendo; estaba manteniendo una relación sexual aunque fuese con la madre de uno de sus mejores amigos. Era algo espectacular y especial. Aquel agujero se pegaba mucho a su pene y era lo más gustoso que había experimentado nunca. Sin saber cómo, agarró a la mujer por la cintura, apoyo la cabeza en un hombro de ella, y también comenzó a mover su pelvis de la misma manera sensual y despacio que Toñi. Ella también jadeaba. Se miraron moviéndose un poco más rápido y se besaron. Tadeo acariciaba la espalda, la cintura y las nalgas de Toñi, les daba cachetadas que hacían que la mujer se estremeciera.

Sin parar de hacer el amor, Tadeo llevó sus manos bajo el sostén del bikini. Al final, Toñi se lo quitó y dejó al descubierto unos pechos grandes, que ya se notaba la edad de ella tras ver cómo la gravedad los mantenía abajo, pero también eran preciosos. A Tadeo les gustó muchísimo. Los agarró fuerte con sus manos, le acarició los pezones grandes y amarronados, se los llevó a la boca y, creyendo ser experto, hasta los succionó y mordisqueó. Toñi estaba extasiada ante tanto placer.

-Joder, nene, por ser tu primera vez…

-Sí, parece que lo hago bien, no.

-Más que bien, eres perfecto.

Entonces, un Tadeo lleno de orgullo por recibir tal alago, la echó de espaldas al sofá y él hizo otro tanto volviendo a llenar la vagina con su carne. Comenzó a moverse como antes logrando más jadeos de Toñi. Toñi le arañaba la espalda y aquello gustó al muchacho; le dio vía libre para ir más deprisa. Toñi gemía, a su vez, más y más fuerte, llenando de orgullo y placer los oídos del joven. Fuerte, cada vez más, ambos gemían de manera que podría escucharse hasta más allá de la casa. La vagina se inundó de semen y Tadeo soltó un improperio lujurioso. Al final, llegó un momento en que Tadeo ya no pudo más tampoco y expulsó su primera eyaculación tras su primera vez ante el sexo. Algo asustado, y antes de terminar de eyacular, salió de Toñi con tal rapidez que cayó de culo al suelo. Hasta manchó el suelo con algunas gotas blanquecinas. Ante aquello, el chaval no se pudo controlar y se echó a llorar.

-Lo siento -sollozó- no quería mancharle el suelo.

Toñi, con dulzura, lo abrazó y le susurró:

-Tranquilo, amor. En realidad ha sido mi culpa. Yo he sido quien nos ha llevado a esto y creo que se me ha ido de las manos -hizó una pausa- Aunque…, cierto es que lo he disfrutado, y mucho.

Y le dio un beso en la frente.

-Debe de pensar que soy un idiota -se lamentó Tadeo.

-Para nada. Eres todo un hombre.

Y volvió a darle un beso, está vez en los labios. Se miraron un momento y Tadeo le devolvió el beso con gusto.

-¿Mejor, cariño?

-Sí -respondió Tadeo.

Y durante un largo rato, tras limpiar las pocas gotas de semen del suelo, se sentaron y se quedaron desnudos y abrazados en un silencio solemne, mientras se acariciaban. No encendieron la tele, ni pusieron música, no sé vistieron. Aquello acabó siendo algo suyo, un secreto que deberían guardar y, si era para siempre, mucho mejor.