Una tarde de cine

Me llamo Manolo, tengo 24 años, soy de Madrid, y lo que voy a contar es un hecho real que me sucedió cuando tenía 17 años.

Aunque me pasase lo que a continuación voy a relatar tengo novia y no me considero gay. También diré que soy bastante normal, 1’75 moreno, ojos oscuros, hago deporte y tengo una verga supongo que normal.

Cuando esto sucedió nunca había tenido una relación sexual completa, no había pasado de los magreos con chicas bailando y algún que otro morreo con una chica que por entonces nos gustábamos, y aunque no se podía decir que éramos novios, sí que más o menos salíamos, y de vez en cuando nos pegamos un buen lote, pero sin pasar de ahí. Nunca le había tocado el chocho a pelo, ni ella a mí la verga.

Pero como todos los chicos me hacía pajas casi a diario, incluso algunos días más de una vez.

Con esta calentura había intentado en alguna ocasión entrar en una Sala X, pero no me dejaron entrar, porque era evidente que no tenía los 18. Aquel día volví a intentarlo y con sorpresa para mí me dejaron entrar.

Cuando el taquillero me pidió el dinero, eso suponía que podía pasar me puse tan nervioso que no encontraba ni el monedero.

La verdad es que nada más traspasar la puerta y que el portero me picase el ticket de entrada, me entro una sensación de miedo-angustia-calentura todo mezclado que me temblaban las piernas. Estaba cortadísimo, y un poco acojonado. No podía levantar la mirada, solo lo justo para no chocarme con las puertas.

Cuando entré en la sala me quedé ciego. Estaba totalmente a oscuras no se veía absolutamente nada. Solo la pantalla en la que enseguida pude ver a un tío, con una verga enorme, y una tía que se la estaba mamando. Era increíble lo grande que la tenía y como la tía se la mamaba, con una mano se la estaba meneando y con la otra le acariciaba los huevos, a la vez que se metía el capullo en la boca que casi no le cabía, luego sacaba la lengua y se la pasaba por todo el moro de la verga, deteniéndose en el frenillo y en la corona del capullo. Para mí, que era la primera vez que veía una mamada, era la leche, era un espectáculo ver aquella mamada, se me puso la polla que me reventaba.

Estuve un buen rato de pie hasta que la vista se me acomodó a la oscuridad, sin perder ni un detalle de las escenas en las que abundaban las tetas, los culos, los chochos y unas vergas enormes, con unas corridas inmensas. Yo estaba más caliente que una perra en celo. Tenía la polla que me ardía, dura como un palo.

Cuando reaccioné y me pude dar cuenta de que aún estaba de pie, me dispuse a sentarme. Ya más o menos podía distinguir las filas de butacas y como pude me fui a sentar en una fila de las del medio más o menos, cerca de un pasillo aunque no en la primera butaca, si no dos o tres butacas más adentro de la fila. Yo no dejaba de mirar la pantalla, estaba embelesado con la película, no me interesaba nada de lo que pasaba a mi alrededor.

Después de un buen rato me despertaron de mi embeleso unos ruidos extraños, no estaban muy lejos, eran unos movimientos de roces, y con un acompasamiento que me recordó a los ruidos que yo hacía con mi verga cuando me hacía una paja. Miré a mi derecha y al final de la fila había dos tíos de unos 25 años, más o menos. Mientras miraba pude distinguir que uno tenía rasgos de magrebí o de por ahí cerca, mientras que el otro no, se veía que era de por aquí.. Este último le estaba haciendo una paja al otro. El magrebí tenía una verga enorme, o al menos a mí y a esa distancia y con lo oscuro que estaba me lo pareció así.

Yo miraba de reojo, y podía verlo, pensaba que podría verlo cualquiera, y que si pasaba el acomodador se organizaría el taco y los echaría del cine, y de paso a mí. Pero no pasaba nada, y ellos seguían dale que te pego. Al rato el magrebí también le sacó la verga al otro y se puso a hacerle otra paja. Para mi aquello era la leche, ya no sabía si mirar a la pantalla o a los dos tíos como se la meneaban el uno al otro. Se estiraron en la butaca, casi tumbados con los pantalones por las rodillas, y se distinguía perfectamente la verga del magrebí, que era el más próximo a mí, cogida por la mano del otro y como la mano se deslizaba a lo largo de la verga. De verdad que me parecía una polla muy grande, sobre todo muy larga. También veía como la mano del magrebí se movía aunque no la veía bien.

Yo estaba que ardía, pasado unos minutos estuvieron hablando, y el magrebí se agachó y supongo que se la empezó a mamar al amigo, allí ya no podía ver más que la espalda del que tenía la cabeza agachada entre las piernas del otro. Así que me volví a concentrar en la pantalla sin dejar de mirar de vez en cuando a la pareja que cada vez estaba más sofocada, y hacían más ruido. En la pantalla se sucedían escenas de nabos, tetas, culos, mamadas, polvos, corridas, cada vez estaba más caliente.

Después de un buen rato noté que alguien se sentaba a mi lado. Al lado contrario de la pareja. De reojo miré para ver quién era y vi que era un hombre mayor, de unos 50 años, con chaqueta, bien vestido y la verdad es que no tenía mala pinta. Esto me alivió ya que desde que noté que había alguien tan cerca pensé en cambiarme de sitio. Pero a un lado tenía a la pareja y al otro lado estaba él, y como me inspiró confianza, decidí quedarme donde estaba, aunque hubiera preferido estar solo como antes, no era plan moverse, además no quería alejarme de la pareja y perderme este otro espectáculo.

Yo seguía concentrado en la pantalla, poniéndome ciego de ver de todo, la verga la tenía que me iba a reventar. Los dos tíos de mi derecha cada vez eran más descarados metiéndose mano, pero casi no se veía nada, solo la enorme verga del magrebí de vez en cuando entre las manos del otro tío sobándola muy despacio, recreándose con ella. Y por supuesto la película

Había pasado un buen rato cuando noté que el hombre de mi lado se movía, miré y se estaba desabrochando los pantalones, y se los bajó con los calzoncillos hasta medio muslo. Con mucha lentitud se cogió la verga, la tenía aún morcillona y empezó a sobársela. Se la estuvo tocando hasta que se le puso dura, muy dura diría yo. ¿Dónde me había metido?. Yo alucinaba. Me quedé de piedra. Me entro un poco de miedo.

Yo miraba al frente pero de reojo miraba lo que hacía el tío. Como si estuviese solo se estaba haciendo una paja monumental. Tenía una buena verga, o mí me lo parecía. Me pereció como doble que la mía. Se la sobaba muy despacio, recreándose cuando asomaba el capullo, parándose al descapullarla. Cuando se sacaba el moro con la otra mano se lo apretaba. Se echó saliva en esa mano y a la siguiente vez que se descapulló la verga se refregó la saliva por todo el moro para lubricarlo. Pero todo lo hacía muy despacio, como si estuviese además de haciéndose la paja, mostrándomelo para que yo le viese.

Era increíble lo que me estaba pasando, pensé en irme, pero yo con la calentura que tenía no podía moverme estaba como hipnotizado, mirando de reojo como un tío se hacía una paja, o mejor un pedazo de paja. Pensé que debía marcharme pero era como si estuviese atado a la butaca y no pudiera moverme, quería irme pero las piernas no respondían a mis órdenes.

Ya no sabía si mirar a la pantalla o a la mano del tío deslizándose a lo largo de esa verga enorme. Casi podía olerla. Podía ver cómo le brillaba el moro de la saliva que se había puesto antes, y que lo tenía como inflamado, hinchado. Era bastante más grueso que el tronco y cuando asomaba siempre se detenía un rato, dejando el moro fuera del pellejo. Volvía a tocárselo con la otra mano. Esa operación la repetía continuamente.

Yo seguía mirando a la pantalla y de reojo miraba al tío. Una de las veces me pareció que me hacía como señas. Cuando se descapullaba la verga y era como si la apuntase hacia mí. Se la dejaba con el moro al aire y la sacudía apuntándome. Me empecé a asustar. Yo ya se la miraba descaradamente. Era casi evidente que el tío se dirigía a mí, que quería que yo le hiciese la paja. Me hice el sueco y me concentré de nuevo en la película. Tenía que haberme marchado, pero no podía moverme, y la verdad que tenía más calentura que nunca. Nunca había estado tan excitado. Tenía casi mojados los calzoncillos del líquido preseminal que me salía de la verga, aunque aún no me había corrido. Incluso casi tenía molestias de lo dura que la tenía.

Al rato volví a mirar de reojo, procurando que el tío no viese como miraba, pero no podía evitar mirar. El tío parecía que estaba esperando a que le mirase, y volvió a hacerme las mismas señas que antes. De nuevo volví la mirada a la pantalla, pero el tío en esta ocasión se acercó a mi oído y me dijo:

– ¿Quieres tocármela?.

Aquello fue como si me hubiesen dado un martillazo en la oreja. Le dije que no y la verdad es que estaba deseando tocársela. Él no se inmutó y siguió sobándose la verga con esa lentitud que a mí me parecía desesperante. Aunque no miraba en esta ocasión podía sentirla como la movía, como se sacaba el moro, como se lo sobaba con la otra mano. Y estaba a mi lado. Tan cerca de mí que podía oír como el pellejo se pegaba y se despegaba de su capullo, como subía y bajaba la mano deslizándose por toda la verga.

Volví a mirar de reojo y aquello seguía lo mismo, se volvió a acercar a mi oído.

– Sé que estas deseando tocármela, cógemela que no muerde. Verás cómo te gusta tocármela. – Me dijo.

– Mira como la tengo de dura, es por ti. Esta desando que tú la toques.

Y la decir esto miré y me la acercó aún más, pude verla más cerca. Era increíble que tuviese esa verga tan cerca y yo tantas ganas de tocarla. Pero yo seguía como hipnotizado y seguía acojonado, así que haciendo un esfuerzo sobre humano para no tocar ese pedazo de verga, me volví a negar. Pero esta vez el tío puso su otra mano en mi paquete. Al notarlo pegué un brinco que casi me caigo de la butaca. Pero el tío acertó de pleno y me puso la mano encima de la verga. Notó como la tenía. Me la cogía por encima de los vaqueros. Me dio un pequeño pellizco en el capullo. Casi me corro.

– Joder. Como la tienes. Sé que esto te está gustando. Estás así de ver mi verga – Me dijo acercándose a mi oído y sin retirar la mano.

– Sé que estas asustado pero aquí no pasa nada, ¿has visto los dos que tienes al otro lado?. Sé que estas deseando tocarme la polla. Cógemela. Estas deseando. Mira como tengo el capullo.

Miré a la pareja de al lado, que ya ni me acordaba que estaban allí, ni lo que estaban haciendo, y me quedé aún más pasmado. El magrebí estaba completamente estirado en la butaca, con la verga tiesa, apuntando al techo, con la mano del amigo meneándosela y su mano encima de la del amigo, guiándosela e imprimiéndole un ritmo muy rápido, se iba a correr. En un instante empezó a convulsionarse y a salir leche de su verga, era la hostia lo que estaba viendo. Nunca había visto a un tío correrse, y menos de aquella manera. Era impresionante la corrida y la cantidad de leche que salió de esa verga. Cuando terminó de correrse el amigo agacho la cabeza y fue pasando le lengua por todos los restos de leche que encontraba, hasta dejarlo todo limpio, y luego se puso a morrearse con el magrebí, disfrutando así los dos del sabor de la leche.

Con la visión de esa corrida y con el sobeteo que el tío me estaba dando en el nabo, yo estaba que me derretía, estaba inmóvil, no podía hacer nada, pero estaba que me corría. No dije nada, tampoco se la quise tocar. Pero el tío lejos de desistir siguió masajeándome la polla.

– Sé que te ha gustado ver como se corría el moro. Me volvió a decir al oído.

– ¿A que ha sido la hostia?. No contesté. Pero noté que mientras que me hablaba me estaba desabrochando el pantalón. Intenté reaccionar y detenerlo, pero pensé que para detenerle tendría que tocarle la mano, que era con la que se sobaba el moro de su verga, y de ninguna manera quería tocar a ese tío. Cuando quise darme cuenta me había desabrochado el pantalón y me había sacado la verga y me la había cogido a pelo, me la apretaba y la rodeaba con su mano. Empezó a moverla muy despacio, cuando me la descapulló la primera vez tuve que hacer un esfuerzo para no correrme.

– ¡Que buena verga tiene ese moro!. ¡Como se ha corrido!. ¡Qué cantidad de leche le sale cuando se corre!. Sé que te ha gustado verlo. – Me decía al oído, sin dejar de sobármela. Supuse que conocía al magrebí. Que ya eran conocidos.

Estuvo un rato meneándomela, despacio, hasta que de pronto paró en seco dejándome el moro descapullado. Con la yema del dedo gordo me daba un masaje en el frenillo y en la corona del capullo. Era inmenso el gusto que me estaba dando. Me derretía de gusto.

– ¿A qué te está gustando?. Lo sé. – Me volvió a decir. Estuvo así un rato repitiendo el masaje insistentemente hasta que debió de notar que me iba a correr. Entonces se paró en seco.

– ¿Nunca te la han mamado? – Me pregunto. No me dejo ni contestar, sin soltarme la verga se agachó y se metió mi polla en la boca. Entera, se el trago entero, no es que la tuviese muy chica en esos tiempos, sino que por la posición que tenía yo en la butaca y por la práctica que tenía el tío le entro entera. Era la primera vez que soltaba verga con su mano, porque la tenía entera en la boca. Aunque con la mano me agarró los huevos y empezó a acariciármelos.

Yo no podía creer lo que me estaba pasando, el gusto que me estaba dando en la verga era tremendo, y solo de dos lametazos me corrí. No aguante más, me fui de varillas. El tío se tragó toda mi leche. Siguió mamando hasta que me sacó hasta la última gota. Y me dejó la polla completamente limpia. Aunque seguía teniéndola envergada, la verdad es que casi me molestaba que siguiese mamándomela después de correrme. Debió notarlo y se sacó mi verga de la boca. Al incorporarme me miró a los ojos y yo aparté la vista.

– Después del pedazo de corrida que has tenido no me puedes decir que no te ha gustado. Te has corrido como un toro. – Me dijo, supongo que para animarme después de lo poco que había resistido a sus sabios lametones. Aunque estaba más relajado, seguía con la polla envergada y el me la había vuelto a agarrar, aunque con más suavidad.

– Ahora te toca a ti, venga tócamela, sé que estas deseando – me dijo en tono un tanto imperativo, acercándose a mi oído, pero esta vez se acercó tanto que me tocó la oreja con sus labios y su aliento me entró dentro del oído. Me hizo sobrecogerme. Además mientras me estaba hablando me apretó el nabo, me lo sobó un poco y volvió a pasarme la yema del dedo gordo por el frenillo, me volvió a entrar el gusto que antes me estaba dando con ese dedo, el tío sabía muy bien lo que hacía.

Parecía que había vuelto a la realidad, pero esto me volvió a hipnotizar. Volví a perder la voluntad. Me quedé de nuevo inmóvil, sin poder siquiera contestar. No me movía. Volví instintivamente la mirada a la pantalla, en ese momento una verga enorme ocupaba toda la pantalla y estaba soltando correones de leche. Cuando la verga acabó de soltar leche, de nuevo volvió a arrimarse a mi oído y rozándome con los labios de nuevo me dijo:

– Por lo menos mírame la verga, si te gusta ver la de la película seguro que te gusta más mirar la mía que está más cerca. Mira como la tengo, está deseando que tú la toques. Me puse a mirar. Estaba que reventaba, se movía sola, me resistía a tocarla, pero estaba deseando. El tío debió de darse cuenta que estaba a punto de decidirme, que me faltaba solo un pequeño empujón para que se la agarrase.

Decidió que había llegado el momento de forzar un poco la situación, así que mientras que yo estaba embelesado mirándole la polla pude ver cómo me cogía mi mano y la ponía encima de su verga. Puso su mano encima de la mía y apretó fuerte contra esa enorme polla que estaba ardiendo. Cuando note la polla contra mi mano casi me da algo, estaba tocando una polla que no era la mía, bastante más grande, estaba muy suave del sobeteo que se había dado el tío y de la saliva que se ponía en el moro con la otra mano. No me atrevía a mover la mano.

-¿A qué te gusta?. Esta tan dura solo de esperar que te decidieses a tocarla. – Apretó mi polla. – Puedo notar en mi mano que te está gustando. Cógemela como yo tengo la tuya. – Sin esperar que yo lo hiciese, cerro su mano encima de la mía de manera que no me quedaba más remedio que agarrarla. Apretó la mano y yo transmitía el apretón a su verga con mi mano.

– Aprieta fuerte, no tengas miedo, me decía. Mueve la mano. Hazme una paja. – Pero yo estaba inmóvil, no sé si por todo lo que estaba pasando que era la primera vez que me ocurría o de lo caliente y excitado que estaba.

– Coño. Mueve la mano como si te estuvieses meneando tu polla. No te has hecho nuca una paja ¿o qué?. – Dijo el tío como un poco cabreado de tanta pasividad. Me volvió a apretar mi verga y a la vez empezó a subir y bajar su mano sobre la mía arrastrando la mía sobre su nabo.

– Así, así, sigue, sigue. – y después de cuatro o cinco meneos, apartó su mano de modo que me dejó a mí solo descapullando aquella verga. Yo estaba a punto de correrme otra vez, veía como mi mano se movía a lo largo de aquella polla, no podía apartar la mirada, era increíble cómo se deslizaba mi mano. Yo iba a reventar de un momento a otro.

– Sigue, sigue, decía el tío, más despacio, apriétamela más fuerte. Que gusto me estás dando, despacio, aprieta. – El tío no paraba de hablar y yo de obedecer. Notaba que de tanto mover mi mano por su verga se estaba secando, y a veces era como si se me quedase pegado el pellejo de su verga en la palma de mi mano. Sin avisarme me paró tiró de la mano hacia abajo para que quedase el capullo fuera se volvió a escupir el su mano y todo el escupitajo se lo refregó por el moro.

– Sigue, sigue, que me estás dando mucho gusto, lo haces de puta madre, sigue aprieta, despacito. Y yo obedecía, haciéndolo lo mejor que podía.

Después de un buen rato así, haciéndole la mejor paja que yo hacía en mi vida, y de nuevo sin avisar, me volvió a parar la mano con su mano, agarrando la mía. Tiró hacia abajo para que saliese el moro, yo creía que iba a repetir la operación de la saliva, pero esta vez estaba bien lubricado.

Se acerco a mi oído y me dijo:

– Mírala. ¿Te gusta?.

– Sí. – Contesté. Era la primera vez que hablaba desde que llegué al cine.

– ¿Te gusta mi verga?.

– Sí.

– ¿Te gusta vérmela?.

– Sí.

– ¿Te gusta tocármela?.

– Sí.

– ¿Cuánto?.

– Mucho. Me estaba asombrando de lo que yo decía.

– ¿Te gusta mi capullo?.

– Sí.

– ¿Porqué?, ¿Te parece grande?.

– Sí.

– ¿Quieres darle un beso?. – Me quedé de piedra. No sé porque, quizás porque suponía que me lo pediría, o porque estaba deseando hacerlo. Me volví a quedar inmóvil. Me apretó la mano alrededor de su verga, estirando hacia abajo para que pereciese el moro más grande. Ni siquiera conteste.

– Mira mi capullo, dale un beso, sé que estas deseando, y sé que te va a gustar. – Mientras decía esto, y como veía que no me decidía debió pensar que necesitaba otro empujoncito, así que me soltó la verga y con esa mano me fue empujando despacio la cabeza hacia su verga. Intenté resistirme, aunque sin mucho convencimiento, pero él al notarlo aumento la presión en mi cabeza para impedir que desistiera.

Para mí esto ya era demasiado, solo de tener el moro de su verga al alcance de mis labios, hizo que mi polla se pusiera como una piedra, tenía que frenar la corrida. Podía olerla, ese olor me embriagaba, me excitaba. Estaba excitado como nunca antes en toda mi vida lo había estado, en el fondo pensaba que eso no había hecho más que empezar.

Cuando tuve su capullo a mi alcance se lo besé con la intención de retirarme rápido, pero el tío me lo apretó fuente contra mis labios, entonces retrocedí y trató de impedir que me retirase. Pero como yo insistía en retirarme, me dejó. Supongo que no vería conveniente forzar la situación.

Cuando me estaba retirando para incorporarme, pude ver que en las butacas de atrás había un tipo incorporado sobre las nuestras que no se debía de haber perdido ni un solo detalle, no sé el tiempo que llevaba allí. Me dirigió una mirada como de complicidad, y me imaginé por la posición que tenía y por los movimientos, que se la estaba meneando a mi costa.

Esto hizo que me cortase un poco, pero a la vez me subió la calentura, me puse más caliente. Me volví hacia la pantalla, dándole la espalda. Ignorándole. Volví a mirar la verga que acababa de besar. Movió mi mano varias veces sacudiéndosela y me la soltó, yo seguí meneándosela.

– ¿Te ha gustado? – Me preguntó. No contesté. – ¿Te ha gustado?- insistió.

– Sí. –

– Sabia que te iba a gustar. Yo seguía haciéndole la paja.

– Apriétamela, no tengas miedo, me da más gusto si me la aprietas. Despacio.

– Bésame el moro otra vez. – En esta ocasión no me preguntó si quería, solo me dijo que se la besase. Yo ya no quería resistirme así que me agaché y se la besé. Antes de que me retirase me dijo:

– Pero más despacio que no me da tiempo a sentir que me la has besado. Le di otro beso en el moro pero esta vez procuré que no fuese tan rápido, era la primera vez que notaba mis labios en contacto con el moro, lo tenía ardiendo y húmedo. Noté como apretaba el moro contra mis labios. Cuando quise retirarme me sujetó la cabeza impidiendo que pudiera retirarme. Tampoco me resistí mucho. Aumento la presión que hacía con el moro en mis labios. Insistía.

– Abre la boca. – Volví a quedar a su merced, sin poder moverme. Aumentó la presión en mis labios y en mi nuca hasta que los abrí y el capullo se coló entero en mi boca. El tío debió de sentir un gustazo porque se estiró en la butaca y quiso que me entrase más en la boca pero no me cabía, apretó pero me dieron arcadas, así que no empujó más. La verga sabía a su saliva mezclada con meaos, y otro sabor, como ácido que supuse que era a leche. Me gustaba como sabía, me gustaba lo suave que era el pellejo del moro, además que empecé a segregar saliva y aquello se puso como un charco, todo mojado, la saliva se me salía por la comisura de los labios, y casi ya no me sabía cómo al principio.

– Chupa fuerte, chupa, así, así, que gusto me estás dando, sigue, sigue, chupa fuerte. –

– Que gusto me estás dando – Me soltó la cabeza y yo seguía chupando el moro como si fuese un chupa – chups. Al soltarme la cabeza con la mano que me la sujetaba me volvió a coger la polla y a sobármela. Me la apretaba como para guiar mis movimientos.

– Que gusto. – Decía – Sé que a ti también te está dando gusto, sigue, chupa fuerte, así, sigue, así, no te pares.

Y era verdad me estaba gustando chupar esa verga que antes había estado meneando, y que aún tenía agarrada con la mano. Al darme cuenta empecé a mover la mano, a meneársela. No sé cuánto tiempo estuve chupando, pero me di cuenta que empezó él a mover la verga, como si quisiera follarme la boca. Me volvieron a dar arcadas porque me la metía más adentro de lo que yo era capaz de mamar. El tío lo notó.

– Sigue mamando, chupa fuerte. – No había terminado de decir esto cuando noté que empezaba a estirarse. Se paró un poco.

– Me voy a correr ¿quieres que me corra en tu boca?. A pesar de que estaba deseando de que me llenase la boca de leche, me dio miedo y un poco de asco.

– No. – le dije sacándomela de la boca.

– Cógemela con la mano, apriétamela, fuerte, que me voy a correr.

– Menéamela fuerte y rápido, que me voy a correr, estoy a punto. Apriétamela fuerte.

Entonces se estiró en la butaca, con la verga apuntando a techo y se la cogí sin pensarlo siquiera y empecé a hacerle una paja, cogiéndosela muy fuerte y con un movimiento muy rápido a lo largo de la verga. Yo notaba que mi mano en el movimiento no le tocaba el moro. Me paró y con su mano cogió la mía y la puso más arriba de forma que al cerrarla le agarraba el moro, me apretó la mano con fuerza y empezó a moverla arrastrando la mía por su verga, apretando muy fuerte y muy deprisa, pero ahora sí que siempre terminaba el movimiento hacia arriba apretándole el moro. Era muy excitante notar en tu mano como una verga que no es la tuya casi temblado está a punto de correrse, lo puedes notar.

Estuvo con ese ritmo un buen rato, cada vez más deprisa, hasta que empezó a convulsionarse, bufaba, tiró de mi mano hacia abajo, descapullando el moro y vi como empezaba a salirle la leche por el agujero del capullo. Yo tenía la cara a unos diez centímetros de su verga y era impresionante ver cómo le salía la leche, casi me corro solo de sentir como se corría la verga y ver cómo le salía la leche. Me cayó la leche caliente chorreando por la mano y seguí meneándosela, su mano seguía sobre la mía apretándomela y a cada subida el agujero del moro escupía otro chorro de leche, hasta que dejó de salir leche y él me aflojó mi mano, entonces paré aunque sin soltársela. Tuvo una buena corrida con mucha leche, a mí nunca me había salido tanta leche. No me atrevía a soltársela aún, además era increíble ver su polla, mi mano y la suya llenas de leche, como pegajosas y hasta los pelos del pubis y de los huevos empapados de leche.

Se relajó un poco, se le calmó la respiración y se le empezó a poner la verga morcillona, se le estaba desenvergando.

– Ha sido la mejor corrida de mi vida, lo has hecho de puta madre – me dijo. ¿A que también te ha gustado a ti?. Dime si te ha gustado.

– Si me ha gustado. – El con la otra mano no me había soltado nunca la polla, sabía que yo seguía envergado.

– Estaba seguro que te iba a gustar y en mi mano he notado que a tu polla todo esto la tiene ardiendo.

Se removió en la butaca y sacó un pañuelo, más bien parecía una toalla se ve que venía al cine bien preparado. Me soltó la mano, se limpió la suya, luego la mía y luego se limpió la verga y los pelos. Se guardó el pañuelo, se subió primero los calzoncillos guardando la verga y se subió los pantalones. Yo observaba con detalle sin moverme, seguía con mis pantalones y mis calzoncillos por las rodillas y con la verga muy dura, tenía la sensación de que aquello no terminaba ahí.

Cuando terminó se acomodó en la butaca y me volvió a agarrar la verga, me la sacudió varias veces.

– Sigues caliente ¿he?. La tienes todavía como un palo. Es que casi no te has enterado de la mamada que te he hecho. – Siguió sobándomela como para que terminase.

– ¿Quieres saber lo que es una buena mamada?. – Yo no me atrevía a contestar pero estaba deseando y además era verdad que no me había enterado de la mamada que me hizo, porque cuando se metió mi verga en la boca me corrí al instante, y desde entonces estaba envergado porque no se me había bajado, así que yo seguía más caliente que una burra. La película no sé ni por donde iba, si había terminado o si había empezado otra vez, no tenía ni idea.

– ¿Quieres que te la chupe o no?. – Volvió a insistir ya que yo no le contesté. En ese momento pensé que si no decía nada me tendría que ir a casa con la verga como la de un burro.

– Si.

– ¿Sí qué?. Quiero oírtelo decir. ¿Qué sí qué?

– Que si quiero que me la mames. – Esto me cortó un poco, no sé por qué me lo había hecho decir así, a lo mejor quería que se me relajase un poco la verga y que esta vez aguantase más tiempo.

Se agachó, me la descapulló, sacó la lengua y empezó a pasearla por todo el moro, se detenía en el frenillo y me metía la punta de la lengua en el agujero del capullo, sorbía las gotas que salían. Yo estaba en la gloria era la primera mamada que me hacían, bueno la segunda pero en realidad la primera.

Joder que gusto me estaba dando, se metió el moro entero en la boca y empezó a sorbérmelo entero, podía oírse en todo el cine los chupetones, pero ya me daba igual todo, yo estaba que no aguantaba el gusto que me daba la boca del tío. Cuando llevaba un buen rato se la sacaba otra vez y me paseaba la lengua por toda la verga, me lamía también los huevos, aunque eso lo tenía difícil y cuando me los levantaba me hacía un poco de daño. Luego se volvía a meter el moro en la boca y volvía a los chupetones. Era la hostia, que gustazo me estaba dando en la verga. ¡Que gusto!.

Después de un buen rato, esta vez sí que duré más tiempo empezó a mover la cabeza de arriba abajo sobre mi verga con rapidez y chupando con fuerza, empecé a notar que me corría, y él también lo debió notar porque aceleró en ritmo hasta que me volví a correr en su boca.

Fue la mejor corrida de mi vida nunca he sentido tanto gusto en una corrida. No sé la cantidad de leche que me sacó, pero se la tragó toda. Cuando deje de correrme me la siguió mamando un rato hasta que se la sacó, me la dejó limpia, y lo que le había rebosado por la comisura de los labios se lo limpió con la lengua. Fue la hostia, solo de recordarlo me pongo a punto de correrme, y ya han pasado siete años.

Cuando me calmé un poco, me fui recogiendo la polla y me subí los calzoncillos y los pantalones, ahora me sentía raro, cortado, no me atrevía a mirar al tío con el que hace un momento nos la habíamos mamado y se había tragado mi leche, tenía como un sentimiento de culpabilidad por haber hecho algo que no era bueno. Pensé en irme sin decir ni pío.

– ¿Te ha gustado como te la he mamado?. – Me despertó de mis disquisiciones. No quería contestar, pero tenía que hacerlo, la verdad es que además tenía un poco de miedo.

– Si me ha gustado.

– ¿Tanto como mamármela? – No sabía que contestar.

– Igual.

– ¿Lo habías hecho alguna vez antes?.

– No nunca.

– ¿Ni con una tía?.

– No.

– ¿Entonces tampoco habrás follado ningún chocho ni ningún culo?. – Casi no sabía lo que era follar, y menos pensaba que se pudiesen follar los culos. Y menos el culo de un tío.

– No nunca. – Estuvimos un poco tiempo callados y empecé de nuevo a pensar en largarme de allí.

– ¿Quiere follarme el culo?. – Me dijo. Me quedé de nuevo de piedra, como al principio. Empecé a sentir la misma confusión. Estaba de nuevo como atontado sin saber que decir ni que hacer. Pero el tío conocía bien su estrategia, volvió a poner la mano en mi paquete, por encima de los vaqueros y empezó a sobarme la verga otra vez. Como un resorte se me envergó en un instante, aunque notaba algunas molestias, ya que acababa de correrme como un caballo. Me la agarro encima del pantalón y enseguida notó lo dura que se me había vuelto a poner.

– ¿Has visto el gusto que da meterla en una boca?, pues mucho más gusto da meterla en un culo, y más follarlo hasta correrte dentro. – Yo no quería contestar, pero dejaba que siguiese tocándome la verga por encima de los pantalones. Estaba otra vez muy caliente. La verdad es que quería follar por primera vez.

– Quiero que me folles el culo. Vamos a los servicios. – Dijo mientras que se levantaba y agarrándome por el brazo me hizo levantar para seguirle hasta los servicios. Por el camino empecé a sentir un poco de miedo porque yo quería follarle el culo pero no estaba dispuesto a dejarle que me lo folláse él a mí, eso sí que lo tenía muy claro.

Cuando llegamos me tranquilicé un poco porque los servicios estaban vacíos, entramos en un WC y yo cerré la puerta con el cerrojo. El tío se bajó los pantalones y se puso de espaldas a mí, agachándose un poco para que le saliese el culo.

– La tienes bien dura, chico eres la hostia. – Dijo agarrándomela con la mano y sobándomela un poco. Me la soltó y se ensalivó un dedo para metérselo en el agujero del culo. Después de metérselo varias veces se lo sacó y con una mano se separó una de las cachas del culo, con la otra me agarró la verga tiró del pellejo hacia atrás hasta que me sacó el moro y empezó a refregárselo por el agujero del culo. Luego lo apuntó y tiró de mí.

– Empuja despacito.

Me la agarré y empecé a empujar pero no me entraba. Él se dio cuenta de que no entraba. Se separó la otra cacha para abrirse más el culo.

– Empuja. Échate saliva en el moro y empuja. Me escupí en la mano y me refregué bien el moro. Intenté de nuevo metérsela pero no me entraba. Empujé con fuerza y después de muchos sudores me entro el moro, pero me hacía daño, me dolía mucho el capullo. Intento relajar el ojete, pero me seguía haciendo mucho daño. Saqué el capullo del ano y el tío protestó, noté como si alguien nos estuviese espiando, miré al techo y vi la cabeza del tío que estaba sentado en la butaca de detrás de nosotros haciéndose una paja. Me asusté mucho y con el dolor que me producía cada vez que intentaba metérsela, decidí que era el momento de irse.

-¿Qué haces? ¿Por qué no empujas?.- Protestaba el tío con el culo en pompa. Me guardé el nabo aún envergado, me subí los calzoncillos y los pantalones, y salí corriendo. Cuando salí vi al tío que nos espiaba subido a un WC con los pantalones por los tobillos y haciéndose una paja, también tenía una buena verga, debía de estar a punto de correrse por la forma en que se la meneaba.

– No te vayas. – Me dijo el otro con el culo al aire. Pero yo seguí corriendo y no paré hasta que entré en la boca del metro.

Cuando iba en el metro pensaba en lo que me había pasado. No podía creer lo que me había sucedido. Sentí otra vez como miedo y algo de nauseas. Pero cuando llegué a casa me hice la mejor paja de mi vida solo de recordar lo sucedido, aunque ya casi no me salía leche, pero el gusto fue inmenso solo de pensar en la verga del tío y en todo lo que habíamos hecho.

Nunca he vuelto a tener una experiencia con un tío, pero aún hoy cada vez que me hago una paja me acuerdo de lo que me sucedió en ese cine, y como he dicho ya han pasado más de siete años.

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